Saltando bajo la lluvia

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Taito vuelve a la carga, asociada con Ocean para las versiones de ordenadores personales, para seguir con su saga iniciada en Bubble Bobble y continuar sacándose el máster en juegos de plataformas. Toca sacar el paraguas en Parasol Stars.

Muy raro era entrar en unos salones recreativos a comienzos de los años noventa y no encontrar ni una máquina de Taito. Y es que igual que ahora hay compañías que nos parecen de talla mundial, en aquel entonces de hace casi un cuarto de siglo los japoneses podían codearse sin ningún problema con gigantes de la talla de Capcom, Konami o SNK. Eso sí, ellos libraban sus mejores batallas en otros terrenos, porque si la especialidad clara de Capcom y SNK eran los juegos de lucha, a los que los primeros sumaban los brawlers o beat’em ups, Taito se hizo un nombre especialmente notorio gracias a juegos de plataformas coloristas, con un control sencillo pero con numerosas posibilidades y más profundidad de la que parecía.

Taito, en realidad, le daba a todo, y jamás hay que olvidar que una de sus grandes licencias, Darius (actualmente de vuelta al ruedo con el lanzamiento de Darius Burst para PlayStation Vita y PC) llegó a ser competencia directa, pero que muy directa, del Gradius de Konami, uno de los shoot’em ups más legendarios de todos los tiempos. Pero pese a que, como decíamos, Taito tiene en su catálogo juegos para todos los gustos, fueron sus arcades para todos los públicos los que posiblemente contribuyesen en mayor medida a su fama, ya que no solo abrieron el espectro de jugadores sino que además le dieron una popularidad inusitada. Una recreativa de Taito en un salón era una apuesta razonablemente segura. Especialmente, una máquina como Bubble Bobble.



Con este mueble lanzado hace ya casi 30 años empezó la atracción de jugadores más allá del rango de adolescentes masculinos para llamar la atención también de niños y de chicas jóvenes. El secreto, un juego que a nivel de diseño era sólido como una roca, con un manejo exquisito y una adictividad espectacular, especialmente si se jugaba a dobles. Viendo que habían dado con una veta de oro, la historia de los humanos Bub y Bob transformados en dragones y luego vueltos a transformar en humanos seguía en Rainbow Islands, que llega a ser, si cabe, mejor incluso que su antecesor. La sucesión de pantallas pasa a ser series de cuatro niveles de alturas cada vez más extensas localizados en islas temáticas pobladas de enemigos de pautas similares pero aspecto variado. Las burbujas se cambian por arcoiris y su uso ya es distinto, puesto que se pueden utilizar como arma en un contacto directo o derribándolos para que caigan sobre los monstruos, además de suponer plataformas extra para darnos impulso y alcanzar la meta en las alturas. Sigue habiendo secretos ocultos, ítems especiales, se introducen jefes de zona y la propia Taito se da el gustazo de autohomenajearse en referencias a juegos propios como Arkanoid, The Fairyland Story o el propio Bubble Bobble. No obstante, y por exigencias de diseño, el modo de dos jugadores simultáneos desaparece.

Algo a lo que una continuación debía de poner remedio, y la oportunidad se presenta en 1991, aunque fuera de las recreativas. Si Rainbow Islands venía con el subtítulo “The Story of Bubble Bobble II”, su secuela Parasol Stars lucía un claro “The Story of Rainbow Islands II”, salvo en su versión para PC Engine, donde podía leerse “The Story of Bubble Bobble III”. En cualquier caso, el spin-off iniciado en el título anterior volvía a sus raíces en un arcade de plataformas que regresa a la fórmula de nivel por pantalla, con como mucho algo de scroll para dar más amplitud a algunos niveles, pero con con claras reminiscencias de Bubble Bobble en la disposición de las plataformas y el recorrido de los enemigos para poder aprovecharlo a nuestro favor.

El percal que los hermanos Bubby y Bobby tienen entre manos esta vez no se ciñe a las Islas del Arcoiris, sino que en esta ocasión el mal se cierne sobre otros siete mundos, representados en forma de planetas desprovistos de su color a los que hay que acudir para dar estopa a los, por otro lado, adorabilísimos y altamente achuchables monstruos que pululan por ellos y poner orden. A tal fin, y dado que los hermanos están desprovistos de sus poderes de bubble dragons y de su habilidad para crear arcoiris, su arma en esta ocasión es un paraguas mágico que permite aturdir, recoger y lanzar a los enemigos en línea recta a través de la pantalla. Además, puede recoger hasta cinco gotas de agua que caen de ciertas plataformas para formar un enorme gotarrón con efectos dados por el icono que contenga, si es que lo contiene. No acaba aquí la cosa, porque jugado a dobles, un hermano puede usarse del paraguas de otro a modo de plataformas. Y un último uso, puede servir para frenar las caídas y planear hasta otro punto del nivel durante el descenso. Y todo esto se hace solo con un botón y el pad direccional. Por manco que sea uno a los mandos, no hay excusa para acabar cogiéndole el truco al manejo del juego, y eso siempre era de agradecer.



Mal hubiera hecho Taito si hubiese descuidado algunos de las señas de identidad de la franquicia que tenía entre manos, y Parasol Stars no es el caso. Sumado a la sencillez de manejo, vuelven los objetos y secretos ocultos, y Parasol Stars se saca su parte. En primer lugar, ítems especiales asomarán, como en Bubble Bobble, en puntos determinados pasado un tiempo. Obviamente, aquí no tendremos mejoras de disparo porque, en fin, no hay disparo, nuestra defensa será nuestro mejor ataque. Pero sí tenemos el clásico calzado rojo (una bota en esta ocasión) que nos concerá el plus de velocidad, el anillo que incrementará nuestra puntuación con el movimiento, el báculo que hará aparecer una fruta o dulce gigante una vez completado el nivel o los objetos de destrucción que nos harán el trabajo sucio como la bomba o los crucifijos.

Pero esto es, más o menos, de esperar. Lo que sí resulta más llamativo, y esto es herencia de Rainbow Islands, es que igual que en el precedente podían aparecer bonus bajo los arcoiris disparados en ciertas localizaciones concretas, en Parasol Stars hay determinadas filas que esconden una hilera de objetos de bonificación que son revelados al lanzar algo, monstruos o gotas, en esa dirección. Los primeros tendrán un valor irrisorio, pero si repetimos la maniobra, es probable que salga una segunda hilera. Y una tercera, y una cuarta… y sucesivas hasta que los objetos concedan cerca de los 10.000 puntos y culminen con coronas y un ítem muy curioso: una moneda de 100 yenes. Esta moneda no es, ni más ni menos, que un crédito extra que nos da una continuación tras perder todas las vidas.

Así que si esto ya hace importante ir tanteando los niveles para activar estas series de objetos y amasar continuaciones, más aún si queremos ver el final bueno es localizar y recoger los Iconos Milagro, una especie de tarjetas que aparecerán también de manera definida. Tres iconos recogidos son una vida extra, pero si los tres coinciden, el efecto que provocan es que tras derrotar al jefe del mundo en cuestión aparezca un objeto especial con propiedades que van desde revelar objetos ocultos a aumentar drásticamente la puntuación obtenida con los objetos que dejan caer los enemigos derrotados. O, en el caso de que este icono sea el de una estrella, el darnos acceso a los dos niveles ocultos que esconden la verdadera conclusión del juego y que, siguiendo la tradición, rinden homenaje a Rainbow Islands y a Bubble Bobble.



Parasol Stars no se prodigó en muchos sistemas, en realidad salió para Amiga y Atari ST de la mano de Ocean, que de nuevo vuelve a cumplir con su reputación, para Game Boy y para NES por la parte que le toca a Nintendo, y para PC Engine, TurboGrafx-16 en occidente, en la que seguramente es su mejor versión. Nuevamente es un juego con una jugabilidad que es pura dinamita, con altas dosis de diversión y una banda sonora animada y pegadiza. Y hablando de ello, si en Rainbow Islands podíamos reconocer los compases de Over The Rainbow, en los escenarios de jefes de nivel de Parasol Stars suenan las notas de nada menos que la Lambada, aquel éxito que provocó no una sino dos películas que además andaron a la greña. Pero la menor repercusión y, todo sea dicho, no poder alcanzar el listón tan alto dejado por sus predecesores jugaron en contra de Parasol Stars, que pese a todo es un excelente juego injustísimamente olvidado. Ah, pero Bubble Bobble aún tenía mucho que decir, incluyendo su vuelta a los arcades. Aunque esa es una historia para contar en otro momento.

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego:

Canción: Gene Kelly – Singing in the Rain

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