Conquista portátil

La innovadora serie de estrategia de Sony vuelve a PSP con otra entrega que sigue la línea de la primera parte. Conviértete en un Dios y lleva a tu tribu hasta la victoria. ¡Todo sin que el ritmo se detenga!

Es curioso que, entre tantas adaptaciones de PlayStation 2 y versiones de sagas conocidas existentes en la portátil de Sony, hayan sido dos series, Patapon y Locoroco, las que más de qué hablar hayan dado en PSP. En este caso, esta reputación se la ha labrado gracias a la curiosa mezcla de géneros de la que hace gala el original título desarrollado en exclusiva por Pyramid. Una jugabilidad que repite en esta secuela.

Tambores de guerra

La mecánica de Patapon 2 vuelve a ser diferente a lo experimentado en el resto de juegos de estrategia del mercado. El juego nos pone en el papel de una divinidad, con la cual tenemos que guiar a nuestras criaturas, los patapons, a través de diferentes peligros. Nuestro fin último pasa por conquistar una isla antes que lo hagan nuestros rivales, un par de razas llamadas Akumapon y Kamenpon. Para ello tenemos que servirnos de un tambor mágico con el que marcar el ritmo. Es decir, que mediante combinaciones de botones tenemos que ordenar a nuestra tribu que haga una cosa u otra: avanzar, atacar, defenderse, etc. Todo el tiempo sin perder el ritmo de la música. Así dicho puede sonar un poco raro, pero es fácil cogerle el truquillo a los pocos minutos de juego.

Aunque la idea parece sencilla al principio, el juego tiene un alto componente estratégico. Los patapons son capaces de hacer todo tipo de acciones, que incluso pasan por enfrentarse a monstruos gigantescos. Para ello, nuestro deber también pasa por elegir en cada momento el tipo de miembro que más le favorece al grupo. Sobra decir que, a medida que avanzamos en el UMD, nuestro ejército se vuelve más y más poderoso.

Pon-pon-pata-pon

También el título incluye varias novedades con respecto al original. Por ejemplo, ahora podemos elegir entre varios niveles de dificultad, y contamos con un abanico mayor de héroes, armas, enemigos, etc. Esto hace que el juego resulte más variado en líneas generales. En cualquier caso, la clave sigue siendo la misma: tocar la melodía oportuna en el momento adecuado.

Artísticamente el juego sigue manteniendo unos niveles sencillos aunque muy coloridos. Fondos con tonalidades llenas de contrastes que hacen que los personajes, pequeños pero de simpáticas animaciones, resalten bastante. Por supuesto, como podéis imaginar, la música es fundamental en un juego así. A nuestros tambores hay que sumar también los gritos bélicos de nuestros “protegidos” que no se callan ni un minuto. Por último, hay que reseñar que el juego permite partidas para hasta cuatro jugadores a nivel cooperativo.

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