Teoría de cuerdas

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Segunda parte del original título desarrollado por Valve. Habilidad y puzles se dan la mano en una secuela que vuelve a romper con los estereotipos del género.

El primer Portal fue un juego que llamó la atención a todos los aficionados. Pese a formar parte de la Orange Box de Valve, su sorprendente mezcla de géneros e ingeniosa propuesta supo atrapar a quienes le dieron una oportunidad. Ahora los autores de Half-Life han desarrollado su secuela, que supone una clara evolución en todos los aspectos del original. Un título que sin duda no se puede comparar a la mayoría de juegos de acción que ven la luz continuamente.

De aquí para allá

Como decíamos, Portal 2 es una mezcla de géneros. Por un lado, a primera vista, parece un juego de acción subjetiva más. Pero no es así, en absoluto. En realidad se trata de un juego de puzles, de habilidad. Pero tampoco penséis en Tetris ni nada por el estilo. La mecánica del título consiste en poder crear portales (como su propio nombre indica) para transportamos por los escenarios y así resolver distintas situaciones. ¿Complicado? No lo es. Simplemente utilizamos dos disparos, uno azul y otro rojo, que abren puertas interconectadas, por así decirlo. Por ejemplo, si lanzamos un primer disparo al suelo y otro al techo, podemos dejarnos caer por el primero para aparecer por el segundo, como por arte de magia. Una idea original que juega con el espacio como ningún otro videojuego se ha atrevido a hacer.

Así pues, el título está lleno de pruebas o retos que superar. A medida que avanzamos en él y descubrimos su singular historia que no desvelaremos, nuestra tarea consiste en utilizar no sólo los portales con nuestra pistola, sino también interruptores, objetos y muchas cosas más para ir solucionando cada situación. Por supuesto, todo de forma progresiva. En realidad el juego enseguida sabe atrapar, gracias a que la mecánica, lejos de ser complicada, se hace muy adictiva y accesible.

Portal 2 dura alrededor de diez horas. Claro, que en este tipo de juegos resulta muy difícil calcular algo así, más que nada porque todo depende de nuestro ingenio. Podemos estar media hora dando vueltas a una situación que luego no tenía complicación alguna. Pero, en cualquier caso, el juego completa su oferta con un multijugador que nos reta con más niveles, esta vez compartidos. Y lo cierto es que la misma fórmula también funciona muy bien en compañía, llegando a enganchar bastante.

Visualmente, Valve ha apostado por un acabado sencillo, aunque sumamente eficaz. No es que el juego no cumpla en cuanto a texturas o iluminación (lo hace de sobra), sino que artísticamente es muy simple, a propósito. Una estética metálica, futurista y algo angustiosa que hace que no nos despistemos de nuestros auténticos objetivos.

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