Si a Persia tú vas

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Trepar por todo un palacio desde la mazmorra más profunda no le bastaba a Jordan Mechner. Para ser merecedor del trono de Persia hay que subir las apuestas. Algo que hizo el diseñador francés en Broderbund y la aclamada secuela de su gran éxito. La magia oriental se desata a conciencia en Prince of Persia 2: The Shadow and the Flame.



A los más jóvenes, seguramente el nombre de Jordan Mechner les diga más bien poco. A los más mayores, este nombre les dirá mucho. Porque es el nombre de uno de los más grandes diseñadores que el mundo ha dado a los videojuegos, y desde luego, uno de los más insignes que ha salido de Francia. Destacó primero con una historia de venganza y artes marciales contada en ordenadores Mac en la piel de un Karateka fabulosamente animado. Y esas dotes para la animación, pero sobre todo unas inusitadas para el diseño de niveles, le valieron la fama – y a la imagen de su hermano aupándose a una litera – con Prince of Persia, el gran melocotonazo de los galos.

Un Prince of Persia que iniciaba una andadura pre-Ubisoft dando comienzo a su propia saga, como poco con una trilogía inicial en la mente de Mechner de la que en 1989 y sobre todo 1990 con su paso a MS-DOS solo se vió la punta del iceberg. Aquel juego en el que un individuo con movimientos increíblemente veraces y fluidos saltaba, trepaba, corría, andaba y hasta se batía en duelos a espada causaba sensación a los incrédulos ojos que lo veían. “¡Si parece una persona de verdad!”, es un comentario que servidor escuchó con estas orejitas que me juego ahora mismo para afirmar que no fui el único en el mundo. Trampas y peligros aguardan en Persia, pero cuando el bigardo al que únicamente conocemos como el Príncipe consiguió llegar a las dependencias del visir y derrotarlo, poco se imaginaba lo que le venía encima cuando se lanzase Prince of Persia 2: The Shadow and the Flame.



Érase una vez en la antigua Persia, un viajero que llegó al palacio del sultán y quedó prendado de la hija de éste. Pero el gran visir Jaffar, que con ese nombre no puede tramar nada bueno, no quiere más gallos en ese corral. Los planes de Jaffar pasan por contraer matrimonio con la princesa y merced al braguetazo obtener el poder absoluto, porque siguiendo la ley asociativa del buen villano, primero Persia y luego el mundo. Jaffar ordena encarcelar al extranjero y para no andar perdiendo el tiempo lanza un ultimátum a la princesa: tiene sesenta minutos para casarse con él o morir, lo que mejor le venga. Pero finalmente, el Príncipe obtiene su título consiguiendo escapar y vencer a Jaffar antes de ese plazo de hora. Hechos que acontecen en el juego original y que Prince of Persia 2 nos resume amablemente en una secuencia introductoria, la misma en la que se nos comunica que la pareja vivió feliz en su matrimonio, pero solo once días.

Y es que ni dos semanas tarda Jaffar en volver a liar la marimorena. Esta vez el visir pasa a mayores y usa sus artes arcanas para lanzar un hechizo sobre el Príncipe, haciéndole ver de nuevo como un mendigo y usurpando su aspecto para suplantar su lugar en el trono. Pero en esta ocasión, el Príncipe no se queda para dar con sus huesos en el calabozo sino que huye a toda prisa por los tejados de la ciudad. Y así empieza un periplo en el que el héroe de la saga descubrirá, y nosotros con él, parte de su origen y del poder que debe reclamar por derecho para poder enviar a Jaffar al infierno que le corresponda de manera definitiva. Porque, una vez más, si no lo hace en 90 minutos de juego, la princesa será consumida por una maldición.



Si uno empieza a jugar a Prince of Persia 2: The Shadow and the Flame sin colocarlo en su contexto temporal, o sin estar familiarizado con su antecesor, puede tener la impresión de que este juego es una aventura al uso como tantas otras que han pasado por los 16 bits. Pero si uno tiene en el recuerdo el primer Prince of Persia, lo que ve desde el minuto uno es un juego con un planteamiento muchísimo más cinematográfico que el original, sobre el que la mecánica tenía un gran peso específico incluso para diseñar sus estancias. Esta segunda parte ya no se pone al servicio de la jugabilidad, sino que usa esta como un vehículo para contar una historia que va bastante más allá de la vaga premisa de escapar de los calabozos y atravesar el laberinto para dar con el malo.

En Prince of Persia 2, lo que tenemos es una historia que tiene toda la pinta de haber estado luchando por escapar del cerebro de Jordan Mechner desde tiempo atrás. Ya no son pinceladas, es una gesta en toda regla que bien podría haberse llevado a un formato literario, cinematográfico o incluso de cómic (como sucedería muchos años después), pero sobre todo es una historia que rebosa elementos fantásticos como principal apuesta para ir a lo grande.



El control del Príncipe no estaba roto, por lo tanto eso no había que tocarlo. El protagonista puede hacer exactamente lo mismo que podía hacer en el anterior juego, pero esta vez lo hará en más localizaciones y de maneras más vistosas. Empezando por una huída por los tejados que culmina en un salto casi in extremis, pero medido, a un barco mercante para darse a la fuga y que arranque esa nueva historia con un Príncipe devuelto al status quo de proscrito. El destino es aquí el que más tiene que decir, y ante la treta del propio Jaffar para hacer naufragar el barco, el Príncipe escucha la llamada de una mujer que desconoce pero que le insiste en que acuda a ella. Irá a parar a varios lugares que le irán proporcionando poco a poco las llaves para acudir a su siguiente parada. Montará en una alfombra voladora que le llevará al antiguo palacio de su familia donde descubrirá su origen. Cabalgará a lomos de un corcel mágico hasta llegar a otro templo donde descubrirá el secreto que ocultan la Sombra y la Llama, y finalmente combatirá a Jaffar no solo en el mundo físico, sino que tendrá que liberar su poder interior cuando éste le transporte a una extraña dimensión mágica tan retorcida como el propio hechicero.

Y si todo esto te lo presentan en una narración con bellísimas ilustraciones y digitalizaciones, incluídas las voces, además de vivirlo en niveles más coloridos y detallados que en la ocasión anterior, pues es miel sobre hojuelas. Los guardias casi pasan de moda al instante en Prince of Persia 2, porque aquí se lleva lo sobrenatural, el enfrentarse con esqueletos que cobran vida, con cabezas flotantes de lo más molestas o con unos extraños sectarios que guardan el secreto del juego. Un secreto para el que hay que entregar la vida, literalmente. Y también están las trampas, las baldosas de presión, las plataformas que se desmoronan, los pinchos, las cuchillas, un festival de la tortura que haría sentir al malo de Saw como en Disneylandia. Es un cúmulo de factores y detalles que huelen a que es el juego que Mechner siempre había querido hacer a la legua. Si no lo es, desde luego se debió quedar muy a gustísimo. Tanto que hasta dejó caer una tercera parte que no llegó en la mismísima escena final del juego, cuando, spoiler, la feliz pareja de príncipes vuela sobre la alfombra mágica… observados por una bruja de la que nunca más se supo.



Porque además, Prince of Persia 2: The Shadow and the Flame, es un muy buen juego. Cierto es que sigue teniendo una mecánica de prueba y error, lo que había por entonces, y que a veces el control requiere que los comandos se introduzcan con una precisión milimétrica, pero cuando escapamos por los pelos de una trampa mortal con un rápido salto en carrero y nos cogemos al siguiente borde en el último segundo, el subidón de adrenalina lo compensa todo. Ubisoft cambiaría el planteamiento de la serie y crearía su propia tetralogía pasando la saga a las tres dimensiones (no por primera vez, eso ya lo hizo el fallido Prince of Persia 3D), pero hizo falta esperar diez años desde el último juego inspirado de Prince of Persia. Éste mismo. Y visto su canto del cisne, lo cierto es que echamos de menos esta inspiración. Jordan, si aún puedes devolver al Príncipe al buen camino, nosotros firmamos donde haga falta. Frotamos las lámparas que sea menester a ver si hay suerte y podemos pedir ese deseo.

Juan Elías Fernández

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Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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