El día de manaña

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Al fin ha llegado. Después de cuatro años de desarrollo, la nueva bestia del estudio id Software está en las tiendas. Un juego de acción rotundo e inmenso a partes iguales que no dejará a nadie indiferente.

Es cierto que Rage ha sido uno de esos juegos que tardan lo suyo en llegar, víctimas de un desarrollo largo y presumiblemente duro. Pero como se suele decir, en este caso la espera ha merecido con creces la pena. Por resultado tenemos uno de los juegos de acción en primera persona más completos y atractivos de la actual generación de consolas. Y con el sello tan personal que los padres de clásicos como Doom y Quake dan a todas sus obras.

Futuro incierto
Rage
da comienzo en un futuro devastado como consecuencia del impacto de una serie de meteoritos. Nosotros, de hecho, somos uno de los pocos supervivientes del planeta tras el fracaso del Proyecto Edén, un apresurado intento por salvar a la humanidad salvaguardando en unas cápsulas a tan solo unos cuantos cientos de personas. Nada más despertar nos encontramos con que la Tierra es muy diferente a como la habíamos dejado: los mutantes están por todas partes, en mitad de áridos explanadas en decadencia, y las pocos comunidades sociales que existen están enfrentadas entre sí.

Al poco de empezar la aventura, nos damos cuenta de por qué Rage ha tardado tanto en ver la luz. El título no solamente consiste en abatir enemigos, que también, sino que la exploración es una pieza importantísima en su desarrollo. Y hay que destacar que el mundo post-apocalíptico del título es considerablemente grande. Por suerte, ya durante los primeros minutos de juego nos encontramos con que los vehículos van a ser otro elemento a tener en cuenta en Rage.

Así pues, y siempre sin renunciar a sus raíces como desarrolladora veterana, id Software ha evolucionado sus planteamientos clásicos. Ya no estamos simplemente ante un título “pasillero” a lo Doom, sino que hablamos de una aventura que poco o nada tiene que envidiar a Fallout o a Borderlands, si bien cuenta con su propia personalidad. Para hacerse una idea de dicha evolución, nada mejor que echar un ojo al desarrollo: Rage está compuesto de misiones, que nos mandan los muchos personajes que vamos conociendo poco a poco, y que a la vez nos permiten ganar dinero y mejorar nuestro armamento. De esta forma el componente progresivo ya necesario en este tipo de aventuras está presente, aunque no hablemos de rol.

Y es que en Rage tan pronto estamos pululando perdidos por una ciudad fantasma repleta de criaturas salvajes que corren sin control a por nosotros, que compitiendo en carreras de coches o jugando a las cartas. Una variedad que se agradece y da carácter propio al juego.

Es, como no podía resultar de otra manera, en los momentos de acción en los que id ha seguido los cánones más clásicos. Después de explorar los gigantescos y detallados escenarios, hablar con personajes o mejorar nuestro arsenal, nos encontramos con niveles sorprendentemente cerrados, donde los enemigos no se andan por las ramas a la hora de ir a por nosotros. Es ahí donde, al más puro estilo Quake, nuestra velocidad disparando lo es todo. ¿Dos juegos en uno? Podría decirse, pero el resultado final que se genera en el jugador no es ese, sino el de equilibrio. Rage nos reta a decidir por nosotros mismos qué queremos hacer.

Es decir, que si pretendemos pasarnos la historia a tiro limpio y en poco más de diez horas, como si esto fuera un Call of Duty pasado por la arena del desierto, es posible hacerlo; pero si por el contrario preferimos explorar cada rincón del Yermo hasta encontrar todos los pequeños secretos que se esconden en él, también es factible. Como conclusión, podemos decir que Rage es un título que se adapta al usuario, y no al contrario.

Pero eso no es todo. Además de su modo Historia, el título también cuenta con un multijugador que, si bien ni quiere ni puede compararse con los de otros juegos similares, aporta algo de duración extra al juego, y nos permite jugar tanto en cooperativo como en competitivo misiones independientes y pruebas variadas.

Además, Rage puede presumir de tener uno de los apartados gráficos más impresionantes que se han visto -tanto en consolas como en PC, sin desmerecer en PlayStation 3 y Xbox 360-. Los efectos visuales, el tamaño de los escenarios y la calidad de las texturas hacen que se note el esfuerzo que han llevado a cabo los programadores. El mundo de Rage es un lugar realista a más no poder, pese a mostrar una total decadencia en cada uno de sus rincones.

Una experiencia, por lo tanto, que ningún amante de la acción se debería perder, y una prueba más de que id Software son una de las grandes desarrolladores de la actualidad. Por si a alguien aún le quedaba alguna duda.

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