Turismo de demolición

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Un día de furia lo tiene cualquiera. Ya sea por una mala jornada en el trabajo, por discusiones con la familia o amigos o por verse transformado en un monstruo gigante de varios pisos de altura. La recreativa Rampage nos dice qué podemos hacer en este último caso: demoler como si no hubiera un mañana.

Los monstruos gigantes, qué gran género. Servidor de ustedes es muy admirador de grandes criaturas como Godzilla, King Kong o Gamera, a veces héroes y a veces amenazas (especialmente el primero), dependiendo de si les toca darse de tortas con otro monstruo o simplemente aplastar y destruir a una humanidad que cada vez que mete la zarpa en algo la lía parda. Ya estén encarnados en maquetas animadas fotograma a fotograma, por señores sudando como pollos en el interior de un disfraz de goma o por gráficos generados infográficamente, los monstruos gigantes han hecho volar la imaginación de varias generaciones de espectadores. Y en los videojuegos también ha habido ración de ellos.

Lo que ocurre es que se tardó algunos años hasta empezar a dar con la tecla para trasladar la esencia de los monstruos a las pantallas de ordenadores y consolas. El primer intento serio fue Crush, Crumble & Chomp, un juego muy curioso de 1981 para ordenadores como el TRS-80, el Apple II o, ya un par de años después, para Commodore 64. La gracia de este juego era que nos poníamos en el papel de uno de los monstruos que llegaba para destruir una ciudad mientras que el ejército aparecía para para intentar abatirlo. Y lo cierto es que la idea estaba muy bien, cada monstruo contaba con habilidades propias y tenía que preocuparse de ir devorando personitas cada cierto tiempo para que el hambre excesiva no le hiciera perder el control.



Pese a que este es un juego muy desconocido para el gran público y perdido entre las mareas del tiempo, sí que sienta algunas bases de cara a juegos que vendrían después y que compartirían la misma temática de soltar a estos gigantescos seres en un frenesí de demolición en el que alguna de las grandes ciudades del globo podía acabar reducida a gravilla aplastada tras su paso. Aunque para dar el salto hacia las recreativas era mejor soltarse la melena y quedarse principalmente con la parte de destruir. Y es justo lo que hizo Bally Midway cuando en 1986 vió la luz Rampage entre gruñidos y derrumbamientos.

Una de las marcas de Bally Midway en sus máquinas era un peculiar aspecto visual que solía llamar la atención. Generalmente, Bally Midway tendía bastante a cuidar este apartado, sobre todo en lo que a colorido se refiere, pero era habitual que frente a los pixelazos habituales, en sus máquinas se viesen sprites algo más definidos de lo normal. Esto, en Rampage, un juego en el que controlábamos a entre uno y tres monstruos gigantescos en su afán de arrasar ciudades a lo largo y ancho de Estados Unidos hasta ser abatidos por el ejército, permitió que realmente se pudiera esteblecar una comparación entre los sprites de los monstruos y los humanos sin que unos se resientan especialmente por la diferencia de tamaño con los otros. De esta forma, podemos reconocer a varios tipos de personajes que asoman, en algunos casos en sentido literal, en mitad de la destrucción desencadenada por George, Lizzie y Ralph, un gorila, lagarto y lobo sobredimensionados respectivamente.

El origen de cada uno de estos tres personajes era muy similiar y estaba relacionado entre sí a través de la empresa química Scumlab. Los tres habían sido hasta no hace mucho seres humanos corrientes y molientes, pero tras diversos percances (tomar un medicamento experimental, bañarse en un lago radiactivo y probar un nuevo condimento, todo relacionado con Scumlab), la mutación se produce y la bestia aflora. En las versiones domésticas, al menos en lo que respecta a la Amstrad CPC, se hacía referencia en las instrucciones a que los tres protagonistas habían sufrido su transformación por comer hamburguesas en mal estado en una época de pleno auge de las cadenas de comida rápida. Que cada cual elija el origen que prefiera, pero desde luego lo de las hamburguesas es un puntazo.



Además explicaría también que George, Lizzie y Ralph se planteasen cambiar su dieta una vez transformados y pasar de la carne de ternera dudosa a genuinos humanos recogidos por ellos mismos, directos de sus hogares a la boca, como los alimentos de calidad. De este modo, cuando en cada fase sufrimos los embates del ejército, que nos atacará con dinamita, disparos, helicópteros, tanques y demás parafernalia, nuestra barra de salud disminuirá inmisericordemente, pero podremos recuperar un pequeño tramo si nos zampamos a esos soldaditos incautos que no dejan de disparar, o a los vecinos de los edificios que nos dedicamos a derribar a puño limpio y que se dejan ver esporádicamente, aunque no todos serán comida para monstruo. George, como buen mono gigante, se apiadará de las damiselas que clamen por ayuda para huir del edificio, Lizzie de los hombres y Ralph de los oficinistas (¿?), pudiendo dejarlos simplemente en el suelo para que salven su pellejo.

También será beneficiosa la comida que puede aparecer aleatoriamente tras las ventanas, en concreto deliciosos pollos asados y botellas de leche, el alimento equilibrado y sano que hace crecer bien fuertote a todo monstruo en edad de desarrollarse. Por el contrario, si nuestro monstruo se deja llevar por la gula y se zampa la primera marranada que encuentre, tendrá un amargo escarmiento que puede hacerle perder el equilibrio y precipitarse al suelo. Y es que en Rampage no todo es dar puñetazos sin ton ni son hasta que el edificio sobre el que nos encontramos se venga abajo, sino que hay fachadas en las que encontramos letreros luminosos que nos darán calambre si se nos ocurre aporrearlos.

Aunque el objetivo principal de Rampage es aguantar todo lo posible hasta que el ejército consiga dar buen cuenta de nosotros, es divertido embarcarse en un viaje de destrucción en compañía, y si es con el máximo de tres jugadores que permite el juego, mucho mejor. Se da una curiosa circunstancia, y es que podemos devorar a nuestros propios compañeros cuando, una vez que ya han resistido todo el daño que podían, vuelven a su forma humana convirtiéndose en avergonzados hombrecitos (o señorita en el caso de Lizzie) que abandona discretamente la escena tapando sus vergüenzas, momento en el que algún monstruo que quede en pie puede aprovechar para picar un poco de humano. O podemos añadir antes otro crédito y volver a transformar al personaje derrotado en su versión animal.



Rampage es un arcade que tuvo multitud de conversiones: Spectrum, Amstrad, Commodore 64, Amiga, Atari ST, Master System, Lynx, NES, Atari 2600, Atari 7800 y PC en su época, lo cual da una idea de la popularidad monstruosa de esta recreativa. Contó con un remake no muy afortunado, Rampage World Tour, y hasta se llegó a confirmar hace no muchos años la intención de rodar una película de imagen real basada en este juego, algo para lo que firmaríamos donde fuese. Si tenéis ocasión de recuperar alguna de sus versiones domésticas y jugarla con algún amigo, aprovechad la ocasión. Y si lo queréis rematar con una cena a base de hamburguesas, vosotros mismos.

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego:
 

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