Salto legendario

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Entre la crítica y los amigotes muchas veces solemos decirnos cosas como "tienes que probar este juego", o "¿no te has pasado tal juego? ¿Estás loco?". Pero hay contadas ocasiones en las que realmente nos veamos obligados a hablar de leyendas y de títulos que sí o sí, tienen que estar en nuestra estantería. Y no somos el Barney Stinson de turno, ojo.

Es el caso de Rayman Legends, el nuevo trabajo de Ubisoft, que ya os lo decimos en las primeras líneas de este análisis: estamos ante uno de los mejores títulos de plataformas de todos los tiempos. Además, en un género que está plagado de títulos míticos, icónicos y grandiosos.

¿Por qué tamaña excitación? Pues es bastante sencillo aunque os lo vamos a desgranar con toda la tranquilidad del mundo: Rayman Legends coge la fórmula del plataformas clásico en dos dimensiones sin alterarla lo más mínimo en su base y, desde ahí, arranca con innovaciones e ideas brillantes que nos hacen estar pegados al juego hasta que lo completemos. Es más, Rayman Legends es el típico título que una vez completado al 100% (y esto va a ser una tarea para valientes con mucho pero que mucho tiempo) no nos importará volver a jugarlo; no nos importará rememorar fases concretas que nos dejaron anonadados (prácticamente todas); y no nos importará fardar delante de los amigos con el juego para que ellos alucinen también.

Como seguramente sepáis, Legends es la secuela de otro juego que encandiló a la crítica también, Rayman Origins. Sin embargo, aquí lo de segundas partes nunca fueron buenas no tiene ningún sentido pues la evolución en el juego es más que palpable y a mejor.

De mano, Rayaman Legends parece el típico juego de me muevo, corro, con un botón salto y con otro golpeo. Sí y no. Sí, porque la jugabilidad básica consiste en eso (nada criticable, por otra parte); no, porque entra en acción Murphy, grandioso acierto fomentado por la exclusividad primigenia del juego en Wii U.

Murphy es el asistente que vamos a tener en un montón de fases del juego. Podremos manejarlo a la par que a nosotros mismos si decidimos jugar a Rayman Legends como un único jugador (la pericia y ritmo acrobático que hay que tener es digna de un hardcore) o podemos hacer que un segundo jugador se una a la partida y vaya cambiando entre Murphy y un personaje normal.

Murphy lo que hace es librarnos de los enemigos o distraerlos, activar palancas, mover ruedas, comerse trozos de pastel para abrirnos camino; cortar cuerdas… todo en pos de que podamos seguir avanzando.

Su tarea podría parecer liviana pero no lo es: cuando vamos andando tranquilamente sin que nadie nos moleste, manejar a Murphy es una cuestión de tiempo y calma. Pero si la pantalla nos come, como sucede en infinidad de fases y tenemos que ir corriendo a toda mecha… la cosa requiere de mucha coordinación (ya sea propia o con nuestro amigo). Además, no se puede ir realizando acciones a lo loco con Murphy por una razón de peso: si lo hacemos así, en muchas ocasiones nos cerraremos pasos escondidos o mataremos a un diminuto sin haberlo salvado.

Y esto no es cuestión baladí: como ya sucedía en Origins, nuestra obligación no es completar las fases de inicio a fin, sino completarlas salvando a todos los diminutos que se encuentran atrapados en las mimas. ¿Por qué? No solo por coleccionismo, sino que para abrir fases futuras tenemos que ir alcanzando números determinados de diminutos, sino no conseguiremos abrir cuadros que nos den acceso a las pantallas.

Esta obligación hace que estemos siempre muy pendientes de dónde están escondidas las dichosas criaturas: muchas son evidentes y se nos aparecen de frente. Pero otras están en paredes que tienen aperturas ocultas o en los sitios más insospechados. Y otras se nos aparecerán delante pero en mitad de una carrera por nuestra vida y tendremos que ser habilidosos para no perderlas.

Esto ofrece un hándicap la mar de interesante para los que buscan un plataformas más duro que la media en un juego ya de por sí desafiante (que no desquiciante, ojo).

Desafiante porque hasta los más duchos en el género van a sufrir en algunos momentos de la aventura en zonas puntuales. Pero el juego tiene un sistema de check points muy pero que muy bien medido para que no nos aburramos en zonas especialmente duras. No nos va a pasar como en otros juegos que se nos atasca un salto determinado y cada vez que nos matan tardamos varios minutos en llegar a la zona de la desdicha. 

Si aún así con la aventura principal, seguís pensando que el juego no os ofrece suficiente desafío porque os pasa como a nosotros en AlfaBetaJuega, que vamos a la redacción colgados de lianas a lo Tarzan, Rayman Legends va desbloqueando fases especialmente duras de contrarreloj en las que rescataremos a tres diminutos dependiendo de la velocidad a la que las completemos y sin ningún punto de control. Ya os decimos que llegar al oro en estas fases requiere de tener sacada la Licenciatura en Plataformas de la Universidad de la Desesperación. Contad con que hay una de estas fases por cada pantalla de la campaña principal (para que vayáis calculando las horas de duración del juego).

Tiene que quedar claro: el juego no es un paseo por los diferentes mundos que ofrece ni tampoco el Dark Souls de las plataformas. 

Estos diferentes mundos es otro de los sellos de grandeza de Rayaman Legends: en total vamos a encontrar cinco mundos (más uno que se desbloquea de manera especial) en el que encontraremos un número de pantallas determinado con una pantalla de Jefe Final y otra más "musical".

La variedad que ofrecen estos mundos a nivel temático es solo una confirmación de la enorme variedad que ofrecen todas y cada una de las pantallas del juego en las que siempre va a haber una nueva solución imaginativa cuando creemos que el juego se va a repetir (cosa que no hace en ningún momento y eso que en los juegos de plataformas, por la sencillez de dinámicas hay una tendencia hacia este hecho).

El único "pero" que podríamos poner en este asunto es que la estructura de los mundos sí que es siempre la misma: es decir, pantallas, jefe final, pantalla musical. Pero esta estructura asentada tiene una solución brillante: como se desbloquean un montón de pantallas a la vez dependiendo del número de diminutos que hayamos rescatado, nosotros podemos hacer el camino por los mundos como nos plazca y arrancar una fase del mundo tres cuando vayamos aún por la mitad del primero. Así tenemos algo de libertad de elección si se nos pasa por la cabeza que la estructura del juego se nos hace repetitiva.

La repetición en cualquier caso se salva con el ritmo. Y con el ritmo no solo nos referimos a la increíble banda sonora del juego (aquí deberíamos parar un segundo, aplaudir y luego seguir), sino que el diseño de las fases es tan excelente que en la misma pantalla podemos tener varios cambios de ritmo que nos lleven a: en un momento tener que explorar; en el siguiente tener que correr a menos que queramos que nos devore "el mal de la pantalla que no deja de perseguirnos", luego luchar y a continuación volver a frenar para hacer un momento de sigilo a lo Splinter Cell (por supuesto, hay guiños).

De la conjunción de estos dos ritmos que os comentamos, el de la soberbia banda sonora y el de la jubailidad, sale una fase por cada mundo que vuelven al juego en algo absolutamente memorable: la fases musicales.

¿En qué consisten? Una vez hemos derrotado al Jefe Final del mundo (brillantes sus diseños y las dinámicas para derrotar a cada uno), el mundo se va a ir destruyendo y nosotros tenemos que escapar de él.

En estas fases lo que hacemos es correr sin parar para no morir sí, pero es que todo lo que hacemos en estas pantallas: saltar, golpear, agarrarnos a una cadena, va sincronizado perfectamente con la versión a lo Rayman de un temazo musical que van a reconocer vuestros oídos por ser tremendamente populares.

Si ya en avances anteriores del juego os comentábamos como la mandíbula había golpeado contra el suelo y vuelto a encajarse con el nivel Castle Rock en el que se versionaba el mítico Black Betty de Ram Jam esto no es nada según avanza el juego. Y es que os aseguramos que se os van a poner los pelos de punta y va a ser un momento que guardéis en vuestra memoria jugona para los restos, la fase del Eye of The Tiger, versión mariachi.

Normalmente las bandas sonoras deben ser el complemente perfecto a un juego o película, pero es que lo de Rayman Legends es un escándalo que además afecta a la jugabilidad.

Si con todo lo dicho hasta ahora: ritmo, variedad constante, nivel de desafío o su impagable banda sonora todavía no os ha quedado claro que Rayman Legends es una compra obligada… vamos con más.

Una primera vuelta a la campaña (hasta que salen los créditos) supone unas 15 horas. Por supuesto, yendo a toda pastilla como Rayman que lleva el diablo y solo con las fases principales. Ahora duplicar el tiempo con las fases "contrarreloj" que os hemos explicado. ¿No es suficiente? Sumadle los desafíos multijugador en línea que además se van renovando con el tiempo. ¿Tampoco? ¿Estáis contando el modo de Kung Futbol en el que podemos hacer dos equipos y liarnos a puños mientras nos metemos goles? Pues ponedle horas. ¿Nada?

Vale, puede tenéis que saber que según vamos consiguiendo cupones de la suerte que obtenemos con los bichos-moneda del juego, terminamos desbloqueando al completo… redoble de tambor… tomaos un lexatín¡RAYMAN ORIGINS! Como lo oís, el primer juego de la saga se desbloquea según vamos consiguiendo diminutos y las pantallas de este juego nos dan más diminutos para seguir desbloqueando más extras y sorpresas en Rayman Legends (os vais a saturar, para bien, de cosas a desbloquear en el juego). Dos juegos por el precio de uno vaya.

Con todo esto podemos pasar por alto lo insustancial del argumento (héroes que tienen que salvar al mundo de bla bla…) o la repetición de "cinemáticas" en cada mundo como pasaba cuando en Mario ibamos descubriendo que en cada castillo no estaba Peach. Es un poco de pereza por parte de los desarrolladores, pero nada que ensucie especialmente este juego.

¡Qué leches! ¿Por qué no decirlo? Esta obra maestra de los títulos de plataformas.


 

Jugabilidad: La fórmula clásica que debe mantenerse inalterable en todo juego de plataformas dos dimensiones que se precie aquí no solo está sino que alcanza la maestría con los hallazgos e ideas originales del juego (mejor en Wii U pero nada descuidado en el resto de versiones).

Gráficos: Irreprochables con un estilo cartoon. La estética favorece a la originalidad y brillantez de todo el título.

Sonido: No solo la banda sonora es magistral es que encima afecta a la jubabilidad del título. Os vais a emocionar con las pantallas musicadas. Además está doblado al castellano (los pocos diálogos que tiene).

Duración: A las 15 horas de la campaña principal tenéis que doblarlas con las fases contrarreloj y empezar a meter horas hasta el infinito con los extras, el multijugador y, por supuesto, todo el Rayman Origins que se va desbloqueando.

Conclusión

El héroe sin cuello ni brazos firma una verdadera obra maestra de los juegos de plataformas. El mejor juego de esta generación del género y pauta que se debería seguir en la ya iniciada nueva generación a nivel jugable. Su variedad, ritmo, duración y toda la magia que desprenden hace que Rayman Legends sea una compra OBLIGADA.

 

Néstor García

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