Calles de fuego

La juventud es una época de rebeldía e inconformismo. Un momento de la vida en el que los malos hábitos y las compañías nos pueden llevar por senderos equivocados. Aunque Kunio-kun tiene las cosas muy claras tanto cuando está en Japón midiéndose el lomo con macarras de otros colegios como si se encuentra en los barrios bajos de Estados Unidos zurrándole a punks. Como muestra el arcade Renegade, que es la adaptación que hizo Taito de una recreativa original de Technos.

La compañía Technos, hoy desaparecida, es uno de esos casos de desarrolladora de la que se conocen más sus juegos que su propio nombre. Solo hay que mencionar el más famoso de todo ellos, Double Dragon, un título que seguro que muchos hubiesen atribuido a empresas como Capcom o Data East antes que a su legítimo estudio. Ya es un poco triste que esto suceda una vez como pasa con la cabalgata de bofetadas que llevan a cabo los hermanos Lee y que tantas y tantas monedas de cinco duros, 25 centavos y 100 yenes se han llevado por delante. Pero que suceda dos veces y además con su mascota y el antecesor espiritual del mencionado Double Dragon ya es más serio.

En realidad, el caso de Renegade tiene una mayor coartada, dado que técnicamente es otro juego distinto. Es una transformación estética de pies a cabeza realizada por Taito para distribuir un arcade que Technos movía por Japón en el extranjero. El problema es que éste estaba tan plagado de localismo que Taito tuvo que darle un toque bastante más de suburbio desaconsejable. Algo menos propio de la Shonen Jump y más de Walter Hill.

Las bandas campan a sus anchas por la ciudad y por si eso fuera poco han raptado a la novia de Mr. K, el protagonista de esta historia. Tendrá que atravesar y luchar con los jefes de 4 territorios y sus sicarios para poder verla de nuevo en este arcade de peleas callejeras con un toque marcadamente punk y con lo mejor de lo peor de los submundos callejeros.

Se da un curioso caso con Renegade, y es que la occidentalización de este juego hizo que las cosas se fuera un poco de madre y que el tremendismo se adueñara de un juego que en Japón tenía una imagen bastante más local. Si viésemos la recreativa que Technos lanzaba al mercado japonés, Nekketsu Kouha Kunio-kun, Lo que tenemos enfrente es algo tan propio de la cultura japonesa como las reyertas entre bandas de instituto, esos peligrosos delincuentes con tupé, mascarilla y vendas en el abdomen que tantas páginas de mangas del género shounen han copado. En él, a lo que asistimos es al lamentable espectáculo de ver a Hiroshi, el amigo del alma de Kunio, haciendo de saco de tortas de los matones de un instituto distinto por nivel, algo que Kunio no puede tolerar, y como parece que Hiroshi no está por la labor de cambiarse de instituto, la única solución que queda es partirles la cara y quedar como caballeros.

Pero viendo la versión occidental que Taito introdujo en Estados Unidos y para la cual cambió sprites y quitó escenas (en concreto la panadera de leches que se lleva el pobre Hiroshi cada vez que sale del insti) parece que estemos en mitad de The Warriors o que la civilización haya caído finalmente y la barbarie imperie en las calles. En Renegade, Kunio ha pasado a llamarse Mr. K, simple y llanamente, y de vengar a amigos que no tienen ni media torta no entiende mucho, pero alguien se ha llevado a su novia y por ahí sí que no pasa. Así que en vez de vérselas con macarras de instituto nipones se las ve con macarras de bajos barrios en escenarios similares a los originales, pero algo más perjudicados. Por ejemplo, la estación de metro donde tiene su base la pandilla de Riki, el primero de los rivales de Kunio, alberga hasta una terracita y parece mucho más decente que la estación llena de pintadas y dejada de la mano de Dios que pinta Taito.

Lo que sí que no cambia en ninguno de los dos casos es lo que Kunio o Mr. K pueden hacer con su cuerpo, un arma mortal. Puede moverse por el decorado, saltar y golpear o bien de frente a puñetazos o bien lanzar patadas a retaguardia. De esta manera, el esquema de control se reduce a una palanca y tres botones de tal modo que el botón izquierdo y derecho sirven para atizar según hacia dónde esté encarado el protagonista, mientras que el de enmedio sirve para dar un salto que se puede culminar en una patada voladora. Es un esquema que Technos repetirá en su magna opus Double Dragon, que también hereda algunas de las maniobras presentes en Renegade. Por ejemplo, tras atizar una somanta a un bribonzuelo, podemos acabar agarrándolo de la pechera y o bien castigarle el bajo vientre a rodillazos o, pulsando el botón de la dirección opuesta a la que miremos, lanzarlo por los aires como el pingajo que es. Otras, como echar a correr para embestir con un puñetazo o saltar contra una pared y devolver una patada voladora, se quedan en esta entrega.



En cada una de las fases, el objetivo de K es derrotar al jefe de la pandilla, ya que si éste cae en combate, la zona dejará de ser un problema. Pero este jefazo no entra en juego de buenas a primeras. Se limita a ver cómo K les da más que a una estera a sus subordinados, y finalmente, cuando ya solo quedan unos pocos presentes en pantalla, es cuando pasa a la acción. Cada uno de estos jefes suele ser un tipo más fuerte y ágil, por lo que pueden llegar a sacudir un ramo de guantazos en apenas instantes y minar la salud y la honra de K. Así es con el líder de la banda del metro, el de los moteros, la enorme mujer del, digamos, barrio de luces (en el original un grupo de gamberras de colegio femenino) y finalmente la fase definitiva donde tras partir la jeta de un tipo armado con una pistola (algo que también recuerda al enfrentamiento con Mr. Big en Double Dragon) aguarda la novia de K esperando para retomar su vida feliz en un mundo donde no parece que quede mucha cordura. Ellos sabrán.

Renegade es un juego de 1986, igual que su versión original, y eso conlleva ciertos detalles. Es un juego en el que los escenarios no son excesivamente grandes, pero donde hay un buen número de adversarios presentes en pantalla. Y estos implica caídas de velocidad serias que, sin embargo, nos pueden venir bien. Las llegamos incluso a echar de menos cuando K se queda cara a cara con el líder y vemos que sus puños son verdaderas centellas. Pero quitando de este aspecto técnico, Technos acertó con la jugabilidad de Kunio-kun hasta el punto de llegar a cimentar un género, el del “yo contra el barrio” tomando elementos que ya existían de otros juegos. Por supuesto, hay mucho margen de mejora en el Renegade original, pero las sucesivas secuelas, comenzando por Double Dragon y pasando desde luego por el genial Target: Renegade, demuestran que es la caballería ya estaba en camino.



Renegade es uno de esos arcades que cuenta sus conversiones a puñados, y esta vez, de la mano de Imagine, logrando algo que no se da a menudo, y es que la propia conversión de lugar a un spin-off solo para ordenadores con sus dos secuelas, el mencionado Target: Renegade, más cercano a Double Dragon que el propio Double Dragon para sistemas de 8 bits, y Renegade III, un juego en el que ya se va todo de las manos y donde lidiamos con viajes en el tiempo y una jugabilidad criminal. Nada queda en él de este arcade que llegó a ser de culto y que si bien es bastante complicado de dominar y las primeras partidas ni siquiera veremos venir los golpes, cuando se le coge el truco es una joya. Lo de que su nombre se tomara para una serie televisiva con Lorenzo Lamas a lomos de una chopper es otro tema en el que no vamos a entrar.

Juan Elías Fernández

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Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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