A volar, joven

Cuando Hitler y su Tercer Reich ataca usando un fantástico mineral que solo puede encontrarse en la luna y que puede reducir el cociente intelectual masculino, la solución está bien clara. Cargar Rocket Ranger, ponerse la mochila cohete y despegar hacia el cielo en este juego.

No a todo el mundo le pirran las historias de ciencia-ficción ligeras, pero la verdad es que conocerlas es amarlas. Incluso si no son santo de nuestra devoción, hay que quitarse el sombrero ante la inventiva de una época en la que los avances científicos se daban tan rápido que echar una gota en una probeta podía desencadenar cualquier majarada. Admitámoslo, la ciencia en sí misma no es una fiesta, por lo menos no la parte de hacer largas ecuaciones y revisar sesudos cálculos. Pero cuando la ficción entra en escena todo es posible, incluso que el hombre pueda volar de manera autónoma con un cohete a su espalda.

En 1949, y para estimular las mentes más inquietas, un nuevo serial llegaba a las pantallas para tomar el testigo de Superman en lo de hacer creer que un hombre puede volar. Se titulaba King of the Rocket Men, y su personaje principal, Rocket Man, era un héroe ataviado con un extraño casco con forma de bala y un no menos extraño cohete propulsor, que se lanzaba a los aires a combatir contra un científico loco de los que solo piensan maldades. Suena marciano, pero la emoción estaba servida en la platea cuando Rocket Man alzaba el vuelo para detener el último invento de su archienemigo. Y como algo tendrá el agua cuando la bendicen, los años ochenta vieron el nacimiento de un sosías de Rocket Man en el cómic de Dave Stevens titulado The Rocketeer, quien sería llevado al cine la siguiente década para terminar de asociar a este nombre la figura del joven volador con cohetes a cuestas.



Lo bonito de la cuestión no es pararse a pensar cómo se las apaña para maniobrar o frenar, o siquiera cómo no se chamusca vivo el interfecto. En realidad, el concepto está pensado como tantos otros para dejar volar, nunca mejor dicho, la imaginación y entrar en un juego de superciencia exagerada y viles planes que al bueno no le caen los anillos por frustrar. El tipo de cosas que capturaba también el asombro de los miembros de Cinemaware, el estudio del que te hablamos al tratar It Came From The Desert y que, de nuevo, bebe a manos llenas del lado más de andar por casa del cine para crear otro juego que dió bastante de qué hablar. Pero Rocket Ranger no es solo un juego de un tipo que vuela. Prepárate para descubrir un argumento de los que ya no se hacen. O si se hacen es con un Kickstarter de por medio.

Rocket Ranger nos cuenta como cierta noche de mayo en el año 1940, un científico del Ejército de los Estados Unidos se queda de pasta de boniato cuando ante sus narices se materializan diversos objetos acompañados de una nota. El mensaje no es menos asombroso, puesto que afirma haber sido enviado desde el futuro del año 2040, un futuro alternativo en el que Hitler y los nazis han ganado la Segunda Guerra Mundial, y la culpa la tiene el lunarium, un mineral extraído de la mismísima luna que tiene la propiedad de hacer caer en picado el cociente intelectual de los seres humanos masculinos. Las consecuencias de un bombardeo de lunarium desde dirigibles fueron que las fuerzas armadas aliadas se quedaron lelas perdidas, sirviendo el mundo libre en bandeja al Tercer Reich.

Por tanto, si los cálculos son correctos, aún se está a tiempo de que el protagonista enmiende las cosas. Para ello contará con un monitor de muñeca, una pistola de rayos y el meollo de la cuestión, un cohete propulsor que le permitirá desplazarse entre continentes surcando los cielos. Que se prepare el Eje para el contraataque del Rocket Ranger, es decir, servidores a los mandos de este juego en Commodore Amiga, PC, Atari ST, Commodore 64 o la consola NES. En ellas, Rocket Ranger nos tiene yendo de un lado para otro del mapa desempeñando diversas misiones con el fin de parar el avance de la tecnología nazi, pero también para rescatar científicos, mejorar el equipo o recuperar combustible para evitar que en pleno vuelo nos precipitemos a una muerte segura. A través del monitor controlamos el progreso y las acciones a realizar, y con la pistola damos cuenta de los enemigos en determinados escenarios, aunque tendremos que tirar de labia en otras. Incluso podemos dar con aliados que puedan organizar una resistencia contra los nazis. Pero el fin último será reunir las partes de un cohete que nos permita viajar a la luna y terminar con la amenaza de una vez por todas.



El inconveniente es que este festín de acción y majaradas pulps que nos servía Rocket Ranger podían pasar fácilmente desapercibidas por una razón, y es que el juego no es precisamente fácil. Es más, si no vamos muy bien de coordinación seguramente no consigamos despegar los pies del suelo, algo que se consigue tomando carrerilla apretando el botón de acción a cada paso. Un minijuego que a algunos jugadores ya resultaba exasperante y que les llevaba a perderse fases de disparos contra cazas o dirigibles, así como peleas a puñetazo limpio con oficiales alemanes. Ni siquiera viajar es fácil ya que ir de un lado a otro del mundo requiere la cantidad justa, sin pasarse ni quedarse corto, de combustible para poder hacer detonar el cohete y propulsarnos a la atmósfera.

Por otro lado, la calidad visual y sonora de Rocket Ranger era para quitarse el sombrero, algo que no es en absoluto ajeno a las producciones de Cinemaware. Y es que podían gustar más o menos, pero era casi imprescindible poder experimentar al menos una de ellas para poder ser consciente de hasta dónde podía llegar el poder del Commodore Amiga. Y sí, es verdad que la ejecución podía ser mejor, pero el que tanta gente lo recuerde como un clásico es debido a que el juego conseguía transmitir esa sensación de epicidad y lo que suele llamarse el sentido de la maravilla. En otras palabras, es entrar en una experiencia que acaba por absorber de manera diferente a como lo haría un juego de lucha, un arcade o un FPS. Y eso, en 1991 no estaba nada mal.

Precisamente, Cinemaware financió a finales del pasado año el desarrollo de un remake de Rocket Ranger a través de crowdfunding, que permitirá que el juego, titulado Rocket Ranger Reloaded, llegue a PC y móviles iOS y Android. Para ordenadores incluso se puede descargar una demo mientras el producto final se pone a punto. En cualquiera de los casos, solo hay un requisito para jugar a Rocket Ranger, y es dejarse llevar en sus vuelos, como hace ya 24 años

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego:

Película: Rocketeer, de Joe Johnston

Canción: Elton John – Rocket Man

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