Vendetta romana

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Uno de los chistes recurrentes que habréis oído en más de una ocasión y si no preparaos, es cómo Máximo en la Gladiator de Ridley Scott conseguía recorrerse Europa de punta a punta llegando a España en escasos minutos. Cosas del montaje. ¿Que cómo lo conseguía? Porque cogía el Ave César (sí, es muy malo, no hemos dicho que no).

La broma nos vale para arrancar pero la referencia al filme protagonizado por Russell Crowe es obligada a la hora de analizar Ryse: Son of Rome, uno de los juegos de lanzamiento de la consola de nueva generación de Microsoft, Xbox One.

Y es que desde que en 2000 se estrenara la película, el peplum (o películas de romanos), volvió a estar de moda y descubrimos que aunque nos pasáramos el rigor histórico por el arco del triunfo, se podía construir un gran producto tanto para el blockbuster como para la crítica.

Ryse: Son of Rome, sigue la estela de Gladiator. La sigue hasta tal punto que hasta tiene situaciones y premisas argumentales calcadas. El juego de Crytek tiene grandes luces y alguna que otra sombra tenebrosa y ahora os vamos a ir desgranando con detalle todo esto en AlfaBetaJuega.

La primera vez que supimos de Ryse fue bastante atrás en el tiempo y poco o nada tendría que ver con el resultado que nos encontramos al final. Se trataba de un juego desarrollado íntegramente para Kinect con una fórmula que se nos vendía como que fuéramos nosotros "el arma" y como uno de los arietes que demoliera la barrera de que Kinect le sirve de bien poco a los usuarios más experimentados en las consolas.

Sin embargo, algo no debió funcionar en el desarrollo del juego y este estuvo a punto de la cancelación hasta que Crytek anunció que tendríamos Ryse, que llegaría de la mano con la nueva generación pero que nos olvidáramos de lo que se había dicho hasta ahora porque del juego solo quedaría su ambientación en Roma.

Por ello, olvidaros de lo que hayáis escuchado por ahí (se llegó a decir que sería un juego exclusivamente de Quick Time Events o eventos de tiempo en la lengua de Cervantes), y hacednos caso ahora.

Ryse es un hack and slash puro y duro, es decir, un juego de combates callejeros con armas. La historia nos narra como Marius, el hijo de un antiguo general y senador de Roma tiene que proteger a Nerón de un ataque de los bárbaros que está asolando la ciudad. Nerón, el emperador, teme por Damocles, el espíritu de la venganza que cree ir tras él y Marius le acompaña hasta una cámara donde el emperador va a estar seguro. Sin embargo, las cosas no son lo que parecen y desde este punto Marius le irá contando su vida al emperador (que es el desarrollo de todo el juego) para que comprendamos por qué la situación ha llegado al punto en el que está.

Si hablamos de guión, Ryse tiene una premisa bastante potente (reforzada por su increíble ambientación) y nos deja destellos de puro espectáculo y emoción con momentos que erizarán la piel. Eso sí, no esperéis algo profundo ni por asomo y aunque en un principio cierto toque sobrenatural que no os desvelamos le dé un toque de lo más interesante a un guión sin giros ni sorpresas, en el final le condena a una idea un poco tonta, y eso que veníamos de una analogía social que hasta el momento estaba bien conseguida. Sin embargo, la historia se desarrolla bien, tiene mucho ritmo y es digna de cualquier película de palomitas de esas que triunfan con todo mérito en verano.

Este ritmo se produce también por la enorme variedad de ambientes que tiene el juego: tan pronto estamos en una Roma decadente, como una Roma esplendorosa, para pasar a protagonizar un increíble desembarco en Britania con su asedio al castillo, para entrar en una zona boscosa, en una de cuevas llenas de guerreros antiguos casi mitológicos… nos entendéis, ¿no? De esta manera es imposible aburrirse y la fórmula repetitiva del juego nunca nos va a cansar debido a que nuestros ojos se deleitan con fases muy distintas en cuanto a su diseño artístico unas de otras (también porque no nos da tiempo, pero eso lo dejamos para más adelante).

Por supuesto, el excepcional diseño artístico del juego en todos sus elementos es uno de los grandes puntos fuertes del juego junto a su acabado gráfico que es por donde nos va a entrar Ryse: Son of Rome. Y es que imaginaos: estamos hablando de Crytek, de un juego de Cevat Yerli, el tipo que inventó esa franquicia desconocida y que no habrá hecho explotar más de un ordenador como es Crysis; y estamos hablando del lanzamiento de Xbox One.

Todos estos elementos juntos consiguen que lo que vemos en pantalla no solo sea un espectáculo argumental, de ritmo y de juego, sino que tengamos que frotarnos los ojos en muchas situaciones para que intentemos creernos lo que estamos viendo.

Lo diremos de otra forma que a buen seguro quedará clara: sabéis que en muchos juegos hasta esta generación distinguíamos muy claramente entre lo que son los gráficos de las cinemáticas y los gráficos movidos por el motor del juego. Estaréis hartos de verlo: los primeros son los que reinan en los tráiler de los títulos y que son una auténtica pasada pues están producidos y rodados para que su aspecto sea esa, independientemente de que el motor del juego no pueda con ellos. Los segundos, sin embargo, son los que realmente van a imperar durante el desarrollo de todo el título mientras jugamos.

Pues en Ryse la línea que separa unos gráficos de otros es inexistente y casi podríamos decir que el juego corre continuamente con gráficos de cinemática. Habrá más de una y de dos veces en que o cerramos la boca o nos tragaremos alguna mosca.

¿Significa que Ryse es el pico gráfico de Xbox One? Por supuesto que no, todavía se notan detalles que pueden ser pulidos y dar más de sí: el fuego que en ocasiones se convierte en un efecto poco conseguido, sobre todo cuando los desarrolladores piensan que no nos estamos fijando en los detalles; o la captura facial que de aquí a unos años cuando revisemos Ryse diremos aquello de "que mal ha envejecido el juego". Aunque realmente aquí no es la potencia gráfica lo que rechina, sino más bien que las expresiones de los personajes, debido a su diseño artístico son un tanto raras, no parecen verosímiles. Algo parecido a la sensación que tendréis si metéis Heavy Rain ahora a vuestra PlayStation y os fijáis en las caras.

Sin embargo, estos detalles no ensucian un acabado gráfico que junto a una ambientación magistral en la Roma clásica, hacen que Ryse sea un juego que estemos deseando ver.

¿Vamos a estar deseando jugarlo también o es simplemente un escaparate de potencia gráfica? Vamos a estar deseando jugarlo también , tranquilos. Como os hemos dicho, Ryse es un hack and slash, y como juego perteneciente al género, si quiere triunfar tiene que ofrecer algo interesante en su sistema de combate.

Os lo explicamos: tenemos un botón para el ataque con la espada (si lo dejamos pulsado, haremos un ataque fuerte), un botón para realizar un ataque con escudo (si lo dejamos pulsado pasará igual) que nos servirá para eliminar las defensas del rival, es decir, su escudo; un tercer botón para hacer una evasión en forma de rueda y evitar ataques pesados de los enemigos que nos desequilibren o, las más de las veces, dañen; y un cuarto botón para cubrirnos justo cuando nos vayan a golpear y lo pararemos con el escudo para arrancar inmediatamente nuestro ataque.

Es un sistema de combate que os va a recordar muy mucho a juegos como la saga Batman Arkham o Assassin´s Creed, pero tiene un buen puñado de particularidades que lo hacen único y muy interesante. Y debe ser así porque es lo que más vamos a hacer en Ryse.

Nuestro objetivo, por tanto, cuando nos vemos rodeados, es saber llevar una coreografía bien acompasada. Machacar botones es inútil por muchos motivos: si repetimos varias veces el mismo tipo de golpe, nuestros enemigos nos van a esquivar el ataque y nunca los golpearemos. Pero además, si no vamos rítmicos en nuestros golpes (y machacar no es ir rítmico), no haremos cadenas y, por consiguiente, no conseguiremos disfrutar de beneficios del ataque ni de la experiencia extra para subir nuestras habilidades que nos va a venir de fábula.

Además, como sucede en Batman, hay bastante variedad de tipos de enemigos, y cada tipo de enemigo es inmune a ciertos ataques por lo que tendremos que tenerlos bien fichados para saber por qué golpe debemos empezar si queremos ocasionar un mínimo de daño. Y cuando nos enfrentamos a un puñado de enemigos es cuando empiezan a producirse los errores por nuestra parte.

Pero el combate no queda aquí pues estamos ignorando uno de los sellos puros de Ryse: las ejecuciones. Cuando un enemigo ha sido golpeado unas cuántas veces y está a punto de morir, podemos decidir ejecutarle apretando un gatillo (podríamos matarle sin más, pero nos quedaríamos sin beneficios extra).

Al entrar en la ejecución el tiempo se ralentiza y entramos, ahora sí, en un evento de tiempo. Nuestro rival, cambiará de color en momentos justos para determinar que botón debemos pulsar (solo varía entre los dos botones de ataque). Al hacerlo veremos una ejecución de lo más brutal en diferentes formas y planos de cámara. Ni os imagináis la de operaciones de amigdalitis que vais a tener a lo largo de toda la campaña.

Hay más de una decena de ejecuciones diferentes que se cargan de manera aleatoria y que varían para evitar que podamos predecir demasiado qué botón vamos a tener que pulsar. Deberían ser más, y deberían haber incluido más botones a la fórmula (aunque fuera en los niveles de dificultad más altos), para que fuera un sistema redondo.

Además, sin bien el juego nos recompensa dependiendo de lo rápido que pulsemos el botón que se nos pide (recluta si lo fallamos, legendario si apenas conseguimos ver el color, y todo un ramo intermedio), no nos castiga si fallamos el evento de tiempo. Con lo cual, al final la única tensión de hacer bien el evento de tiempo, es marcarnos una buena puntuación.

Sin embargo, de la arena surge una de cal: el juego nos permite elegir en todo momento entre cuatro potenciadores distintos que nos aumentan cuando hacemos ejecuciones.

Es decir, nosotros podemos elegir con la cruceta que queremos salud. Entonces, cuando conseguimos ejecutar a alguien nuestra barra de vida se recargará un poco (fundamental para los combates comprometidos). Sin embargo, podemos salir de la seguridad de la salud y ponernos un bonificador extra de experiencia para mejorar antes nuestro árbol de habilidades. O para ganar un potenciador de fuerza de ataque, o para mejorar nuestro foco.

¿Qué es el foco? Una especie de tiempo bala que nos permite ser mucho más rápidos que nuestros rivales durante el tiempo que dure nuestra barra y poder así quitarnos de encima a muchos enemigos de una sentada (aunque su uso suele ser bastante anecdótico pues nos preocupará más nuestra salud y experiencia que otra cosa).

Si optamos por la experiencia, como os hemos dicho, conseguiremos ir mejorando nuestras habilidades aunque, por desgracia, a la hora de la verdad, la incidencia de tener un personaje más potenciado en el juego es bastante nula (lo que más notamos es al aumentar nuestra barra de salud).

Lo que de verdad mola del sistema de combate es que es tremendamente físico, tremendamente bruto y cercano, verosímil y con un ritmo relativamente lento muy acompasado a la realidad de lo que debía ser la lucha romana. Por momentos, Ryse: Son of Rome, os recordará a God of War, aunque las coreografías en el juego de Crytek, como os decimos, son más veristas, y el machacar botones a toda velocidad está vetado.

La fórmula de combate se complementa con otras situaciones, como la de lanzar Pilums (las lanzas romanas) para acabar con arqueros, o ponerse en escorpiones fijos (unas ballestas gigantes que hacen que por momentos parezca que estamos en un shooter), o incluso tenemos situaciones en las que encabezamos una formación romana de esas que Astérix y Obélix se devoraban con unas solas gotas de poción mágica y que nos dan momentos de verdadero espectáculo en pantalla.

Todas estas opciones lo que dan a Ryse es variedad dentro de los combates y las situaciones y hacer que el juego no cargue. 

Por otro lado tenemos el uso activo de Kinect en determinadas partes del juego y que solo se realiza mediante comandos de voz: podemos gritar a la consola una serie de frases cuando nos lo marca el juego lo que producirá, por ejemplo, que nuestros arqueros disparen a enemigos que nos incordian a nosotros o nuestros compañeros.

Además esto no es tan anecdótico como parece pues, aunque la orden la podemos realizarla con un botón, el tiempo de carga de la misma con el botón es enorme y nos va a molestar mientras combatimos, mientas que Kinect nos va a detectar al instante y a la perfección la orden que demos que se ejecutará en el acto. Además, eso favorece a la inmersión en un ambiente que ya de por sí hacía parecer que vivíamos en la Roma clásica.

La variedad también combate con lo pasillero que resulta el juego (con todo el sentido del mundo, pese a quien pese). Aunque si esta dinámica no os va, tenemos coleccionables que en algunos casos están muy pero que muy escondidos y hay momentos (los menos), que nos permitirán tomar ciertas elecciones estratégicas que nos cambiarán el modo de juego de una zona dependiendo de lo que hayamos elegido.

¿Cuál es la gran tara de Ryse, su mayor sombra? Su, a todas luces, escasa duración. Hacemos la cuante rápida después de completar el juego: si cada capítulo dura en torno a los 40 minutos (jugando en difícil), más algún minutillo de secuencias de cine, y el juego tiene 8 capítulos… el resultado son 320 minutos, o lo que es lo mismo, una campaña de poco más de 5 horas y media. Tenemos multijugador sí, pero no tenemos del todo claro, que el foco del juego debiera ser ese.

Y no debería ser ese el foco porque el multijugador poco tiene que ofrecer. Se trata del clásico modo supervivencia en el que podemos enfrentarnos junto a un amigo en línea (no en local, lo cual ya hace que pierda buena parte del interés la fórmula) a hordas de enemigos manejados por la inteligencia artificial del juego. En las rondas tenemos algún objetivo como destruir catapultas o tomar zonas, pero básicamente consiste en matar a todo lo que haya en el coliseo.

No da para mucho más y gustará si os apetece liarlos a combates sin tener que pasar por la campaña pero si se quitara del juego a buen seguro que nadie protestaría.

Así pues, insistimos, la experiencia en Ryse es más que notable, engancha y es puro espectáculo tanto en lo que plantea, en su ambientación y en su brutal apartado gráfico. Pero en vuestra cartera mandáis vosotros y la duración del juego es la que es.

Néstor García

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Valoración final

Jugabilidad: El sistema de combates es muy físico y bruto y lo que plantea engancha. Con algo más de trabajo de desarrollo se hubieran conseguido redondear temas como la inexistente penalización en los eventos de tiempo y lo accesorio del árbol de habilidades.

Gráficos: Sin lugar a dudas lo mejor del juego: un increíble espectáculo de nueva generación en el que es imposible distinguir lo que es la cinemática de lo que es desarrollo de juego. Hay cosas que darán para más en Xbox One pero Ryse es una gran muestra de lo ofrece Xbox One.

Sonido: Una banda sonora muy a lo Gladiator, como la que escucharíamos en cualquier gran película de romanos y un doblaje al castellano excelente.

Duración: Como ya os hemos dicho, la campaña dura poco más de 5 horas y media, a lo que podéis sumar el modo multijugador.

Conclusión

Ryse: Son of Rome, es un gran juego de lanzamiento en toda regla, con lo bueno y lo malo que acarrea la etiqueta "lanzamiento". Su puesta en escena y su sistema de combate (con sus taras), es genial y daría de sí para una franquicia con juegos que tengan más tiempo y cuidado en su desarrollo. Sin embargo, su escasísima duración y lo encorsetado de su fórmula podía hacerlo pasar algo desapercibido, al menos, hasta que forme parte del catálogo de precio reducido de la consola. Eso sí, Xbox One, ya tiene lo que necesitaba: su propio e identificable God of War.
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Si te ha gustado te gustará

No te quedes solo en el juego

  • Una película: Gladiator, de Ridley Scott
  • Una serie: Espartaco, Sangre y Arena
  • Una canción: Indomable, de Tierra Santa.

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