Una bestia impotente

El clásico de Amiga se reinventa en PlayStation 4 para ofrecer una propuesta adaptada a los tiempos que corren en el terreno de los videojuegos. Shadow of the Beast ofrece combates sangrientos con altas dosis de gore y puzles en entornos 2D tras 20 años de ausencia en las consolas.

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La reinvención de los clásicos es siempre una fórmula destinada al éxito. En los últimos años la industria del videojuego ha tenido el privilegio de adaptar algunas de las grandes obras del sector a los tiempos actuales en las consolas. Shadow of the Beast se une a este selecto grupo de títulos que reciben un remake, como ya lo hiciera en su día el eterno Oddworld: Abe’s Oddysee, recuperando la esencia de la propuesta de Amiga.

En Shadow of the Beast el jugador encarna a la bestia Aarbron, que una vez fue humano. En los primeros compases de la aventura, el personaje principal es controlado por un brujo que le ha lanzado un hechizo para arrasar una ciudad y a sus habitantes con la firme idea de robar a uno de sus bebés. Aarbron se da cuenta de la fatalidad de sus acciones e intenta detener al malvado brujo, aunque se topa con diversas complicaciones por el camino durante el periplo en Karamoon.

La propuesta del estudio Heavy Spectrum muestra todo lo que el clásico de Amiga era capaz de ofrecer, reinventando su sistema de combate y puliendo su aspecto técnico para equipararse a los grandes lanzamientos de los últimos tiempos. Al menos a nivel visual, el juego consigue sorprender con creces.

Uno de los principales puntos que destaca en Shadow of the Beast es que mantiene la esencia del juego al que está homenajeando. Esto es algo que destaca tanto en lo bueno como en lo malo. Para los jugadores más avezados de los títulos trepidantes y sangrientos, el videojuego es una propuesta rompedora y muy abrupta. Sin embargo, los puntos negativos permanecen, como la imposibilidad de acometer un ataque fallido o la escasa inteligencia artificial de los enemigos, mecanizados y que consiguen acoplar al jugador con todos sus movimientos.

Además, tampoco se dispone de muchos combos con los que hacer frente a las continuas hordas de criaturas a las que hay que hacer frente. Más allá de los golpes simples con los que encadenar rachas de muertes, se pueden aturdir y extraer sangre de los contendientes para recuperar un punto de salud, hasta un total de 10. Todo ello bajo la fórmula de obtención sanguínea a través de las muertes, que rellenan una barra es estiman con la que conseguir realizar ataques especiales. Una vez se consiguen las tres barras, Aarbron entra en cólera y a través de Quick Time Events, se permiten realizar ataques devastadores.

En definitiva, Shadow of the Beast se basa en una fórmula de ensayo y error y práctica del timing sin demasiado dinamismo. Es cierto que a todos aquellos a los que les guste la sangre a raudales, las eliminaciones al estilo gore y derrotar enemigos sin fin, disfrutarán a lo grande de la propuesta, pero se vuelve repetitiva con el paso del tiempo. Incluso los enfrentamientos con los jefes finales caen en una secuencia de repeticiones que no aportan una novedad respecto a lo jugable que resulta del todo atractiva.

Asimismo, en los escasos momentos en los que el juego trata de reinventarse y ofrecer nuevas técnicas, resultan prácticamente anecdóticos. Incluso para los usuarios a los que la propuesta les esté convenciendo, puede resultarles insuficiente, ya que el título no se extiende más allá de las tres horas de duración, aunque se puede extender algo más en caso de que se seleccione una dificultad mayor. Aunque ha conseguido avanzar en muchos aspecto, Shadow of the Beast no consigue marcar una referencia como sí lo hizo su inicio durante su debut en Amiga.

Aun así, la recreación de los escenarios de Shadow of the Beast es soberbia. Probablemente es el aspecto en el que más destaca este remake, consiguiendo sorprender con sus recreaciones y sus entornos. Consigue ser vistoso y recrear el aspecto tenebroso que define a la propuesta, mezclando escenarios en 2D y 3D (aunque bastante escasos), respetando lo que ofrecía su homónimo arcade. En el aspecto técnico, el juego cumple con lo que promete, que a estas alturas, no es poco.

Juan Montes

Jugabilidad: Comienza con un fuerte dinamismo y ofreciendo variantes que se quedan en el intento de ofrecer una alta variedad, repitiendo sus técnicas en todo momentos y dejando las nuevas propuestas en momentos puntuales. Frenetismo en los combates, con grandes dosis de sangre y escasa novedad en su modo de realizarlos. 

Gráficos: Lo mejor de Shadow of The Beast. Sus texturas están cuidadas, tanto en el diseño de Aarbron, como en el resto de criaturas a las que hay que hacer frente. Además, los entornos lucen a un gran nivel y consiguen paliar algunas de las carencias que dispone el título a nivel jugable en prácticamente todas sus vertientes.

Duración: Muy escasa. En una dificultad normal y accesible a todo tipo de jugadores, Shadow of the Beast ofrece unas tres pobres horas de juego. Si se quiere ampliar la experiencia hay que recurrir a la máxima dificultad y, aun así, como mucho se podrá disfrutar del juego durante unas 5-6 horas, dependiendo de la habilidad de cada uno.

Sonido: La banda sonora es fresca, dinámica y atractiva. Consigue trasladar todas las sensaciones que debe a través del viaje de Aarbron por Karamoon. Los diferentes efectos de sonidos también están cuidados, por lo que los mordiscos, los desgarros producidos por las garras y los chapoteos de sangre no chirrían en ningún momento.

Conclusión: 

Shadow of the Beast es uno de esos denominados quiero y no puedo. Intenta ofrecer una propuesta rompedora, que recuerde al clásico de Amiga en el que se basa y acercarse, de algún modo, a nuevos jugadores que no tuviera oportunidad de probarlo en su día. Finalmente, no consigue ni una cosa ni la otra. La jugabilidad es plana y con escasas variantes, mientras que los combates resultan repetitivos. Una propuesta corta e insuficiente para los jugadores que esperen grandes horas de diversión.

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La compra del juego incluye el clásico de Amiga.

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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