Tácticas de diversión

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Lo de lanzarse a combatir el mal a tumba abierta y sin orden ni concierto ya no se lleva. No desde que el concepto de juego de rol táctico nos enseñó lo fascinante que era mandar sobre las tropas. Como, por ejemplo en Shining Force.

Mega Drive era una gran consola, no lo vamos a negar. Tenía geniales juegos tanto por parte de Sega como de otros desarrolladores, y las conversiones de recreativas míticas fueron un potente gancho para empezar a captar usuarios en su lanzamiento. Sin embargo, conforme pasaron los años y pudimos ir viendo lo que la competencia se llevaba a los mandos, había una cierta envidia sana hacia según qué cartuchos. Por ejemplo, mucho se hablaba de algo llamado Final Fantasy, que al parecer era la monda, pero que quedaba relegado a la importación. No así The Legend of Zelda, un cartucho de la Nintendo Entertaintment System que maravillaba a propios y extraños. También empezábamos a tener noticias de los animes japoneses, y ese género parecía ser más afín a la máquina rival en sus conversiones.

Pero claro que había juegos de rol para Mega Drive, tanto occidentales como los pertenecientes al género de los JRPG. Uno de los grandes juegos de la máquina, sin ir más lejos, era parte de este género, Phantasy Star. Y hubo un buen puñado de títulos más que interesantes y variados adscritos a esta clasificación. Ahora bien, algo a lo que no estábamos acostumbrados, ni por parte de un fabricante ni del otro, era a la variante táctica del género del rol. Juegos donde no solo las clases de personaje, el equipo y el ganar experiencia en los combates fuese importante, sino también el saber mover las tropas, con qué unidades atacar, y en definitiva, qué movimiento realizar en cada turno.



Lo más parecido lo había mostrado, con menos éxito del que merecía, el bueno de Julian Gollop con sus rompedores juegos Rebelstar y Laser Squad. Especialmente el segundo, un juego que visualmente no volvía loca a la muchachada, pero al que concederle unas horas significaba caer en sus redes. Era como un tablero de juego en el que se movían tropas en base a unos puntos disponibles, pero lejos de ser una especie de Risk o de Stratego, Laser Squad daba pie a que nuestros soldaditos llevaran a cabo algunas maniobras novedosas y de gran valor táctico. Nos podíamos sentir como un verdadero general. Una mezcla entre juego de rol y wargame podía ser un gran triunfo, y Shining Force se encargó de demostrarlo.

Shining Force es obra del estudio Camelot Software Planning, y en realidad no es la primera entrega de su saga. Ese honor le correspondería más bien a Shining in the Darkness, cuyo villano principal es en realidad el hijo de los dos antagonistas del juego que nos ocupa. Ahora bien, en la serie Shining se da la circunstancia de que sus juegos alternan diversos subgéneros del rol como el dungeon crawl o los action RPG, además de este RPG táctico que tenemos entre manos, y concretamente Shining in the Darkness es un juego de rol bastante clásico de corte dungeon crawl y perspectiva en primera persona. Pero en Shining Force la mecánica es muy distinta.

Para empezar, lo primero que se nos cuenta es la necesaria historia sobre eventos cataclísmicos y un gran mal que fue confinado tiempo atrás para permanecer retenido durante un periodo de mil años. Mil años que, maravillosa coincidencia, están a punto de caducar en nuestras narices, pero no pasa nada, para eso estamos. Para poder defender el reino de Guardiana de los peligros que la acechan a manos de la hordas del país de Runefaust para despertar al Dragón Oscuro y cumplir los siniestros augurios. Pero enfrente tienen a Max, el protagonista de la historia que podemos renombrar a nuestro gusto, y que se convertirá en el general de las tropas que han de detener la invasión.



En Shining Force, el grueso de la acción se lleva a cabo mediante batallas sobre un escenario determinado y con unos objetivos dados de antemano. Una vez en este escenario, los miembros de nuestro grupo se despliegan en la cuadrícula y dependiendo de la clase y capacidades de cada uno lo podemos mover una cantidad de cuadrados. Igualmente, una vez termina el movimiento, sus acciones tienen un rango de alcance tanto para atacar como para usar hechizos, aunque también podemos emplear objetos. Así, disponemos de personajes con la capacidad de atacar cuerpo a cuerpo en combate cercano, pero también de otras clases como los arqueros que pueden quedarse algo más atrás e impactar igualmente con sus flechas desde la retaguardia.

El saber combinar todos ellos de manera sabia es crucial para el éxito, como también lo es aprovechar las características del terreno perteneciente a la casilla en la que estemos, ya que influirán en el ataque o defensa cuando actuemos o actúe el enemigo. Lo tendremos que calcular todo bien, especialmente en el caso de Max, que como general que es, si cae en combate significará el fracaso instantáneo por mucho que el resto de compañeros esté como una rosa.

Por otro lado, en las poblaciones podemos abastecernos, descansar y hasta traer de vuelta a compañeros caídos si acudimos al sacerdote. Y listos otra vez para la aventura mientras avanzamos en la trama de este juego, con tintes épicos y bastante similares a lo que se puede esperar de una historia de este tipo. Pero los jugadores de Mega Drive no cayeron fascinados por el guión de Shining Force, sino en buena parte por su apartado técnico.



Cuando Max ejerce de peatón en los pueblos y ciudades, Shining Force parece un juego de rol más al uso, con sprites sencillos y sin demasiadas complicaciones, todo muy convencional. Pero cuando estamos en batalla, una imagen mucho más elaborada con los personajes que intervengan en el enfrentamiento nos mostrará cómo se resuelve la acción. Los protagonistas aparecen de espaldas mientras que frente a ellos se muestran los enemigos, se produce una breve y limitada animación en el que se asesta el golpe o se ejecuta el conjuro, y se nos informa de la resolución. Pero es el diseño de esta imagen y su estilo más cercano a la animación lo que da sello a este juego.

Shining Force también dispone de una banda sonora con algunos temas que se pueden llegar a quedar grabados en el cerebelo, pero no cabe duda de que el punto fuerte son las batallas en sí mismas. Los enemigos tendrán sus propias tácticas, con tropas más propensas a huir o a emboscarnos o a buscar a los personajes más débiles, lo que allá por 1992 daba mucho interés añadido a un juego de estas características.

No es un machacabotones, al contrario, Shining Force es un juego para jugar reposado, meditando bien y buscando la máxima eficiencia. Y sí, esto puede llegar a ser muy, muy absorbente. No hay más que ver la saga Fire Emblem por si hay dudas. La única queja, la de costumbre, que nos llegó en inglés. Pero para un juego fabuloso y uno de los acorazados del catálogo de Mega Drive, es un obstáculo que vale la pena salvar.

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego:

Anime: Record of the Lodoss War

Canción: Europe – The King Will Return

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