Generación EGB

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Los niños, esos locos bajitos capaces de todo con tal de salirse con la suya. Menos mal que el férreo sistema educativo británico es uno en el que se puede confiar. Mano dura, estrictos horarios y el castigo de copiar líneas a rajatabla si no se siguen las reglas es lo que espera a Eric en sus días escolares. Y no ha sido precisamente un buen chico, así que va a haber que tomar medidas desesperadas…



Las videoaventuras, un término que a mí personalmente me tiene arrebatado porque es que da gloria de solo decirlo, eran bastante locas en sus inicios. En el Reino Unido fue un género que hizo especial gracia a los desarrolladores y a los usuarios, y hay bastantes títulos que dejan huella de su existencia, especialmente en el ZX Spectrum, el ordenador de 8 bits que triunfaba en la pérfida Albión y en buena parte de Europa. Lo bueno de las videoaventuras era que daban pie a soltarse la melena y ponerse creativos a un nivel que un juego de plataformas o un shooter no permitían. En ellos, su libro de instrucciones podía plantear una situación de lo más original y turulata, pero la mecánica de estos géneros seguía unos cánones fíjos que no dejaban mucho pábulo a que luego el propio programa desarrollase su narrativa propia. O sea, que sabías a lo que ibas desde el minuto cero. Y no es que sea un problema, ni mucho menos.

Pero las videoaventuras eran otra historia, una más sorprendente, y también hay que decir, bastante más retorcida. En ellas podías ser un hombre lobo en pleno Londres buscando revertir su maldición mientras cae presa de la sed de sangre bajo el influjo de la luna llena. O un humilde currante, un autónomo para más señas, que debe apañárselas para conseguir que ese mes todo el mundo en el taller tenga sus nóminas. O ese mismo currante, ya puestos, que vive una apasionante aventura en el África negra con su familia y que debe evitar que su mujer y su hijo sean la cena de la tribu local. Estos juegos tiene en su propio planteamiento gran parte de su atractivo, y Skool Daze, desarrollado en 1984 por Microsphere, cuenta con ello además de un plus de complicidad. Y es que qué joven usuario de Spectrum en edad escolar no se apuntaría a intentar falsificar sus notas para no tener que repetir curso.



Si crees que en tus tiempos lo pasaste mal en el cole, da gracias a que no diste con tus huesos en el rígido instituto inglés donde el gamberrete Eric asiste a clases con el equipo docente que forma a los gentilhombres del mañana. No obstante, Eric tiene unos cuantos esqueletos que guardar en el armario. Sus notas no son excelentes, y además los profesores lo tienen entre ojo y ojo. Si no se hace con su boletín de calificaciones y le pone remedio, no podrá avanzar con sus amigos al siguiente curso. Así que de tí depende que Eric pueda descubrir la combinación de la caja fuerte del colegio y hacerse con la prueba del delito. Pero no descuides sus obligaciones, porque si no cumple las reglas del instituto se verá expulsado fulminantemente.



Skool Daze es un clásico del Spectrum, y no solo por su año de crianza, a caballo entre 1984 y 1985. Más de treinta añazos le contemplan, puede que hasta tenga más años que tú que estás leyendo esto. Si es el caso, has de saber que estás ante un juego que devoró no pocas horas de muchos jugadores frente a su entrañable “gomas”, su fiel ZX Spectrum, en sus ratos libres. Skool Daze es una videoaventura que se aparta de los cánones de los videojuegos en aquel momento. No hay malvados monstruos a los que vencer, ni naves que pilotar. Su ambientación y su propósito son mucho más mundanos, y es que hay que conseguir que Eric acceda a la caja fuerte del recinto escolar y altere sus notas para poder pasar de curso. Por suerte, el manual de instrucciones del juego nos orienta sobre los pasos a seguir, porque tienen tela.

La combinación de la caja fuerte está formada por cuatro letras que están en poder de los cuatro profesores del instituto, a saber: El director Wacker, el profesor de ciencias Rockitt, el profesor de geografía Withit y el carcamal profesor de historia Creak. Eric debe acudir a sus clases en el lugar indicado cuando suene la campana de cada cambio de hora, y por supuesto debe comportarse como un alumno formal en su presencia. Nada de usar su tirachinas, nada de pegarse con otros alumnos y nada de escribir tonterías en la pizarra. Lo malo es que para conseguir su objetivo, Eric debe hacer todo esto bajo pena de que le castiguen a ese clásico de la docencia que es copiar líneas hasta que escarmiente.

Skool Daze presenta una vista transversal del edificio de manera que vemos los pasillos, escaleras y aulas, y en ellas una serie de escudos colgados de la pared. Si Eric consigue golpearlos bien de un salto o gracias a su tirachinas, el escudo empezará a parpadear. Cuando todos los escudos estén parpadeando, los profesores quedarán desorientados, y al recibir un golpe y quedar noqueados, presa de la confusión desembucharán la letra secreta. Pero todo no va a ser tan fácil. Skool Daze esconde más de lo que muestra, por ejemplo, que para hacer hablar a Creak, que de memoria no va muy bien, hay que hacer palanca en su subconsciente mostrándole en la pizarra un mensaje subliminal, y ese es la fecha de su nacimiento, que averiguaremos si asistimos a sus clases.



Además, Eric no lo va a tener fácil para acceder a los escudos. Algunos están a tiro, pero para otros necesita un pequeño impulso, como usar de trampolín el cuerpecito inconsciente de un alumno modelo británico recién noqueado. O inclusive, que también sirve, hacer rebotar el perdigón contra la cocorota de un profesor derribado. El peligro es que si los maestros nos ven fuera del lugar donde debemos estar o haciendo algo que no debemos hacer, nos pondrán un castigo en forma de líneas que se sumarán a un contador total. Si este contador rebasa las 10.000 líneas, Eric será expulsado del instituto y todo habrá sido en vano.

Por otra parte, no todos los escolares son timidos y apocados niños pera. Hay alumnos diferenciados a los cuales podemos renombrar de antemano (por si nos recuerdan a alguien) que juegan un papel importante. El matón Angelface no se corta lo más mínimo en sacar a pasear sus puños y dejarnos tumbados en el suelo. Boy Wander es otro pieza que gusta de emplearse a fondo con el tirachinas. Y Einstein es un repelente empollón que hará de acusica en clase para chivarse al profe. Si alguno de ellos hace de las suyas y el primero al que ven los profesores es a Eric, pagará el pato. Pero eso funciona también a la inversa, y Eric puede salirse de rositas si escoge el momento propicio para que la bronca recaiga sobre otro.

Y más detalles de este juego que, recordemos, roza ya la edad de Cristo, amigos. En determinados descansos entre clase y clase se producirá algún evento que hará que tengamos que dedicarle toda nuestra atención. Suelen ser o bien que Boy Wander nos quiere colgar el muerto dejando un canuto con nuestro nombre en cierto sitio para que un profesor lo encuentre si es que no llegamos nosotros antes y se lo impedimos, o bien que alguno de los compañeros ha contraído paperas y nos contagiará si nos toca, lo que provocará que nos manden a casa y se acabe la partida. Skool Daze no es un juego que se pueda completar a la primera partida, es decir, lo es pero es raro. Es de esos juegos que se cuecen a fuego lento, tarde tras tarde, haciendo uso de la prueba y error, averiguando paso a paso cómo puedes llegar a ese escudo que no alcanzas, haciendo probaturas en las pizarras con las combinaciones de las letras, intentando que no te caigan más líneas de castigo que las necesarias, pero es que basta un mal momento en un mal lugar para que los esfuerzos de Eric se vayan al garete.



El principal punto oscuro que se le puede achacar a Skool Daze, y básicamente el único, es su control. Y es que aunque permite el uso de un joystick, el teclado sigue siendo necesario porque para otras acciones como sentarse, saltar o escribir en la pizarra es necesaria una tecla concreta. Es un juego que se adelanta al uso de los mandos de cuatro botones, y hasta de seis. Pero pese a ello, en cuanto se le coge el truco y dado que todos esos botones no son necesarios de una manera contínua, Skool Daze es bastante jugable. Presenta un aspecto gráfico estupendo para su momento, con sprites distinguibles para los personajes principales, que ya es, y un ambiente que te retrotrae a esos tiempos del cole. Con razón tuvo un port para Commodore 64, pero sobre todo, una secuela, Back to Skool, en donde Eric descubre el género femenino… pero esa es otra historia. Lo que sí demostró Skool Daze, hoy en día un clásico que ha contado con remakes no muy lejanos en el tiempo, es que las aventuras en los ordenadores domésticos progresaban adecuadamente.

Juan Elías Fernández

Juegos relacionados: Si te gusta juega a… No te quedes solo en el juego: 

Back to Skool

 

Película: Curso 1984

Canción: Pink Floyd – Another Brick in the Wall

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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