El lado cyberpunk de Kojima

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A Hideo Kojima se le asociará irremediablemente con Metal Gear por los siglos de los siglos, pero no es la única obra magna que ha creado en Konami. Tomando varias referencias de peso dentro de la ciencia ficción nos presentó un apasionante thriller futurista en Snatcher.

Pensar en Konami es pensar en Hideo Kojima, su enfant terrible, mitad estrella del rock y mitad diseñador de videojuegos al que tan pronto vemos mostrando imágenes de sus nuevas entregas de Metal Gear como publicando en Twitter las fotos de su cena. A Hideo no lo tuvimos muy visto por occidente hasta que Metal Gear Solid hizo su aparición en PlayStation y empezamos a oir hablar de este nipón que le había dado una vuelta de tuerca cinematográfica a los videojuegos. Pero aunque nosotros lo conociésemos con muchos años de retraso, a Kojima lo de crear videojuegos de éxito no le venía de nuevas.

De hecho, el propio Metal Gear fue el inicio de la ascensión al estrellato de Kojima en Japón, pero no hablamos de 1998, sino de 1987. Hideo lleva ya más de 25 años al pie del cañón y dejando jugadores, especialmente japoneses, rendidos a sus guiones y a su narrativa trasladada a lo interactivo. Y por supuesto, la franquicia de infiltración no ha sido lo único que este hombre con aspecto de eterno adolescente ha dejado para la posteridad en Konami. En 1988, los ordenadores PC-8801 de NEC y el altamente mítico MSX2 recibían una especie de aventura gráfica que parecía mezclar en una sola trama tres clasicazos de la ciencia ficción como Blade Runner, Terminator, y la obra de la que extrae su título, La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of The Body Snatchers).

Semejante pedigrí es capaz de despertar enorme expectación entre los fans del género acompañada de leves pinchazos de gustirrinín, y más a finales de los 80 cuando el cyberpunk todavía seguía muy vivo. Y desde luego, Snatcher le aportó su granito de arena. Hideo Kojima se desmarcó con un juego de curiosa mecánica que bebía casi por igual de las aventuras gráficas que empezaban a tener su auge en Estados Unidos como de las conversacionales que de alguna manera les habían preparado el camino a estas. Sin embargo su interfaz no iba a ser ni el de unas ni el de la otras. Es más, habría incluso momentos de acción en los que nos veríamos envueltos en un tiroteo. Y todo ello de la mano de un argumento y unos personajes como pocos en la época.

Pero en occidente íbamos a tomarnos nuestro tiempo para disfrutar de Snatcher. Por suerte lo haríamos con la que probablemente es su mejor versión. Después de aparecer para los dos ordenadores antes mencionados, el juego contó con un remake para PC Engine en 1992, donde de paso daría el salto al CD aprovechando la unidad de este soporte óptico con la que contaba la consola de NEC, y sería dos años después en 1994 cuando Snatcher se pasaría a Mega CD y también, por primera vez, a los mercados europeos con una localización en inglés.


Lo primero que hacía Snatcher era ponernos en antecedentes de lo que había pasado en ese futuro cercano que era por entonces 1991. Debido a su tardanza en llegar a occidente, la versión para Mega CD fue convenientemente actualizada para tomar comienzo en 1996, momento en el que desde un laboratorio de Moscú se lanza a la atmósfera el virus Lucipher Alpha, desatando una plaga de proporciones bíblicas que erradica al 80% de la población de los continentes de Europa y Asia, condenado a la muerte a la mitad de la población humana del planeta en un hecho al que se denominó años después como “La Catástrofe”. Pero si Lucipher Alpha había puesto en jaque al género humano, lo que estaba por venir no era para menos. En 2046 se detectan los primeros sujetos que presentan una extraña naturaleza cibernética de origen desconocido, pero intenciones abiertamente hostiles. Estos bioroides, como se definen genéricamente, escogen víctimas humanas entre personalidades influyentes de la sociedad a las que asesinan e imitan su apariencia gracias a piel y sangre sintéticas con un grado de parecido tal que es imposible diferenciarlas sin un escaneo completo. Esto hace que dichos seres empiecen a ser llamados Snatchers y que sea necesario un cuerpo de seguridad especializado en su detección y eliminación.



Y aquí es donde conocemos a nuestro Rick Deckard particular, porque vaya si Gillian Seed, protagonista del juego, no es clavado en su estética al personaje interpretado por Harrison Ford. Gillian no recuerda su pasado más allá de los últimos tres años desde que el ejército les encontró a él y a su mujer en Siberia sin que ninguno de los dos recordase nada de lo sucedido. En la cabeza de Gillian se repite constantemente la palabra “Junker”, el término para denominar a estos cazadores de Snatchers, de modo que nuestro héroe decide ingresar como miembro activo en este cuerpo destinado en la ciudad de Neo Kobe para recuperar su pasado y sus recuerdos con la esposa para la que su relación ya no significa nada y terminar al mismo tiempo con la nueva amenaza que se cierne sobre la raza humana.

Así, con el control del torturado pero divertidamente promiscuo Gillian, nos zambullimos en un thriller cyberpunk contado en tres actos en los que habrá de todo, desde toques de humor hasta gore pasando por autohomenajes y referencias al panteón de personajes de Konami, empezando por el propio acompañante de Gillian, el Metal Gear Mark II, llamado así “por la amenaza de los Metal Gear que se cernió sobre el mundo en los noventa” según se nos cuenta. Pero en este caso, Metal Gear es una réplica a poca escala de su homónimo que, lejos de poder lanzar un ataque nuclear de manera autónoma, usará sus habilidades para ayudar a Gillian a avanzar en su investigación, siendo el encargado de guardar la partida, llevar a cabo análisis y procesar los indicios que hallemos en los escenarios, así como de otras labores que van desde ejercer de botiquín andante a soltar mordaces comentarios hacia la vida disoluta de Gillian, que no se corta un pelo en lanzar la caña a todo lo que se mueve y es susceptible de vestir falda. Y es que en el fondo Snatcher es una genial reinterpretación en forma de buddy movie de las tres grandes obras nombradas al comienzo, ofreciendo un contraste que funciona a las mil maravillas, pasando de la risa a la tensión y al drama, de la comedia a la paranoia con gran pulso y sin que duela lo más mínimo.


La jugabilidad de Snatcher es muy sencilla. Mediante un sistema de menús, se nos presentarán varias opciones equivalentes a los comandos que podemos ver en la interfaz de una aventura gráfica point and click o los que teclearíamos en una aventura conversacional, salvo que aquí nos viene todo algo más mascado. Haciendo uso principalmente de las opciones “Look” (mirar) e “Investigate” (investigar) iremos dando con las pistas en cada una de las pantallas por las que nos movamos que nos llevarán a poder desbloquear otras opciones para hablar con personajes, hacerles preguntas, conseguir nuevos datos (y números de videoteléfono a los que podremos llamar, incluyendo una línea erótica para alegría de Gillian) y poco a poco avanzar en el caso para lo cual contaremos también con la ayuda tanto de nuestros compañeros en Junkers como del superordenador Alpha One, en cuya mastodóntica base de datos podremos realizar consultas de cualquier individuo o hecho que se haya dado en Neo Kobe o reconstrucciones faciales de sospechosos.



Una vez estrechado el cerco sobre un sospechoso de ser un Snatcher, llega el momento de pasar a la acción. Con el botón A desenfundamos nuestro fiel blaster y pasamos a regirnos por un punto de mira que podremos ubicar en cualquiera de las 9 posiciones de la cuadrícula en la que se divide la pantalla y donde tendemos que apuntar y disparar a los enemigos que surjan. Una parte esta que en el caso del Mega CD podía jugarse con pistola óptica, lo cual mejoraba aún más la experiencia de este juego contribuyendo a ponernos más en la piel de Gillian.

Snatcher es un juego que por desgracia no contó con el mismo beneplácito en occidente que en su Japón natal, donde sí fue un éxito. Pero por todo nuestro viejo continente no tardó en resonar el rasgar de vestiduras por ver despanzurramientos, decapitaciones y demás carantoñas representadas en la pantalla del televisor, y eso que la localización de Snatcher para Mega CD ya venía censurada, retocando momentos de alta carga erótica para que esos pechos traviesos que campaban a sus anchas en el original quedaran convenientemente tapados. Pero la sangre, ya se sabe, no sale con nada. Quizá eso repercutiera en la fama de un juego que hoy en día tiene el estatus de culto y que es un producto realmente distintivo y sobresaliente en lo suyo, atmosférico, con una estupendísima banda sonora a cargo del Konami Kukeiha Club, un doblaje más que correcto y unas secuencias al estilo anime que fueron marca de la casa del Mega CD. Por ello, y con el permiso de Snake, queremos mandar nuestro recuerdo a Gillian Seed y su Metal Gear, con gran probabilidad la mejor pareja de personajes Konami y la más injustamente olvidada.

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego

Película: Ghost in The Shell, de Mamoru Oshii

Libro: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Phillip K. Dick

Canción: Kraftwerk – The Robots
 

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