Precisión sangrienta

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En cualquier misión de un juego de acción común, siempre es agradable el momento en el que los incesantes tiroteos dejan paso a fases más metódicas en las que hay que echar mano de un rifle de francotirador. En esos momentos, ponemos a prueba nuestra precisión y paciencia, tratando de conseguir el disparo perfecto para limpiar la zona de enemigos.

Con esta premisa nació la saga Sniper Elite en el año 2005. Ahora, casi una década después, y con el soporte de las nuevas plataformas de nueva generación, llega la tercera entrega de la saga creada por Rebellion, con la pretensión de redefinir el género con nuevos conceptos. ¿Le habrán sentado bien estos cambios o por el contrario hubiera sido mejor mantener la misma línea? Veamos.

Lo primero que destaca de Sniper Elite III es el drástico cambio de ambientación. Si las dos anteriores iteraciones transcurrían en las grisáceas calles de Berlín, ahora la acción se traslada al norte de África, aunque conservando el marco de la siempre recurrente Segunda Guerra Mundial. Desafortunadamente, si lo que esperáis es una trama elaborada desechad esa idea. Tomamos el control de un protagonista plano, cuyo único fin es seguir órdenes y eliminar, con su fusil favorito, a todas las huestes nazis que pululen por el árido terreno africano.

Precisamente, encarnar a un experto francotirador es lo que lo desmarca del resto de las aventuras. Y lo que a su vez engloba unos cuantos pros y otros pocos contras. Cada una de las ocho misiones se pueden plantear de diversas formas según el estilo de juego de cada usuario. Sin embargo, el planteamiento está claramente enfocado a discernir con coherencia y no ir a lo loco por los escenarios como si fuera un Call of Duty más. Principalmente porque el juego, en las distancias cortas, es cuando resulta un completo desastre, además de una oda a la imprecisión y a los movimientos ortopédicos pertenecientes a los tiempos del propio conflicto bélico en el que se desarrollan los hechos. Suponemos que está hecho a propósito para que no se abuse de la metralleta o la pistola con silenciador.

Quizás se pueda decir que no se puede achacar esta tara al tratarse de un juego llamado Sniper Elite, pero en las alturas que nos encontramos, con la potencia del hardware de las nuevas consolas y después de diez años, no estaría de más un mayor esfuerzo a la hora de plasmar batallas en distancias cortas. De hecho, en determinadas circunstancias el juego nos insta en acercarnos sigilosamente a los enemigos, pudiéndolos ejecutar con un cuchillo. Pero la espesura de dichas acciones optan a dejar esta opción como último recurso.

En cambio, sí aciertan a la hora de disparar a larga distancia, apreciándose que todos los esfuerzos del estudio han ido dirigidos en este campo. Los niveles son ahora más amplios que nunca, lo que permite elegir el camino que creamos más adecuado, además de aportarle ligeras dosis de rejugabilidad. Antes de lanzarse a repartir plomo, hay que tantear el terreno, prismático en mano, y planear la mejor estrategia para limpiar la zona de centinelas enemigos para cumplir el objetivo indicado.

Lo más fácil es tratar de buscar las posiciones más elevadas o los nidos de francotirador e ir acabando con todo lo que se mueva. Pero claro, los enemigos pueden dar la alarma. Lo normal es disparar y cambiar velozmente de posición para que los nazis no localicen nuestra ubicación. Lo que viene a ser un verdadero juego del gato y el ratón hasta que se tranquilizan las cosas y podemos volver a apretar el gatillo. También es posible en ciertas secciones aprovechar los ruidos de explosiones o de generadores saboteados para lanzar el proyectil sin que los demás se enteren. También ayuda que la Inteligencia Artificial enemiga es más plana que la de una piedra. Los más exigentes pueden ponerse a prueba en el nivel de dificultad más alto en el que incluso hay que calcular la dirección del viento para dirigir la bala y los soldados nos escuchan hasta cuando nos arrascamos la nariz.

Pero donde reside la verdadera espectacularidad de Sniper Elite III, es de nuevo en la Kill Cam. Se trata de la cámara lenta en la que podemos ver el recorrido completo de la bala hasta que impacta con nuestro objetivo y toda la pantalla se convierte en un festival de huesos rotos, vísceras saltando por los aires y sangre salpicando por todos los lados. Esto resulta tremendamente efectista y divertido las tres o cuatro primeras veces. Después, termina cansando y disminuyendo drásticamente el ritmo del juego. Afortunadamente, se puede quitar esta opción o ponerla en “moderado” para que solo aparezca de vez en cuando.

Sin embargo, y aunque guarda bastantes cosas buenas, nos da la sensación de que el resultado de todas estas intenciones resulta bastante desaliñado. A pesar de la extensión de los escenarios, no transmite esa sensación de libertad. Intenta añadir una pequeña ración de sigilo al más puro Splinter Cell (nuestra última obligación se desvela igual) pero es un auténtico despropósito en las batallas cuerpo a cuerpo debido a su pésimo control en estas situaciones, lo que aboca una muerte segura cuando somos detectados y no salimos por piernas. En las situaciones de ataques a distancia, el tiro no sale por la culata, pero en ocasiones puede resultar frustrante a los menos pacientes. No es un juego para todo tipo de públicos y se recrea en ello.

No hay que dejar sin mencionar el apartado multijugador, que ofrece hasta cinco modos de juego para un máximo de doce jugadores. Son interesantes, especialmente el apartado “No cruces”, donde todo se basa en realizar disparos a larga distancia y demostrar el que tiene mejor puntería. Pero de nuevo, son solo menester para aquellos que tengan sangre de francotirador y sepan esperar pacientemente a que su víctima asome es pescuezo.

José L. Ortega

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Valoración final

Jugabilidad: Desastrosa en las distancias cortas, su gracia reside en enfocar cada movimiento en el campo de batalla desde la larga distancia. Para eso se ha destinado el desarrollo, pero se echa de menos un mayor equilibrio en este aspecto.

Gráficos: Cumplen sin demasiados alardes. Las versiones de nueva generación no destacan especialmente salvo por algunos detalles en la iluminación.

Sonido: El doblaje a nuestro idioma es bueno. Se ha respetado el idioma de los soldados nazis, un buen detalle.

Duración: Son ocho misiones, y puede llevar una hora completar cada una de ellas. Se puede probar en niveles de dificultad más elevados o en el multijugador para ampliar la experiencia.

Conclusión: Sniper Elite III es un buen juego, pero que se queda lejos una vez más de convertirse en una producción triple A que siente las bases de un concepto. Depende mucho en el cómo. Si un jugador pretende jugarlo como si de un Call of Duty o un Battlefield se tratara, la experiencia será terrible. Si por el contrario la cautela, la paciencia y el fusil de francotirador se contemplan como buenos aliados, es una producción disfrutable a pesar de sus bastantes fallos, tanto técnicos como de desarrollo.

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No te quedes solo en el juego

  • Película: Shooter: El tirador
  • Canción: La bomba, de King África.

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