Sonic Resurrection

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Sonic es como los judíos en el Antiguo Testamento: se ha tirado 40 años (no tantos pero tampoco tan pocos) vagando por el desierto, sufriendo barbaridades y haciéndonoslas sufrir a nosotros. Pero por suerte, ha encontrado la famosa luz al final del túnel que ya nos gustaría se tradujera en otro ámbitos.

Sonic Lost World es, sencillamente, el mejor juego de Sonic si dejamos fuera los clasicazos de MegaDrive, por supuesto, y un título de plataformas sobresaliente que nos hace pensar que al fin el erizo que jamás debería llegar tarde a una cita, haya encontrado su auténtica personalidad.

Lo divertido del asunto es que Sonic ha necesitado aliarse con sus dos peores enemigos para volver por fin a la gloria. El primero de los enemigos ha sido Mario. Recordaréis los que llevéis muchos años en esto de los videojuegos y lo sabréis más que de sobra los que aún no hayáis alcanzado el estado de "abuelos cebolleta", que Sonic no solo ha sido siempre el emblema de Sega, sino que durante muchos años fue la piedra angular que sustentaba las consolas de la compañía al igual que el fontanero era el máximo icono de Nintendo. Los enfrentamientos entre ambas mascotas, tanto entre fans como a nivel publicitario y de marketing, dejaban en riña de salón de té la discusión por un Madrid-Barça.

La historia, para bien o para mal, hizo que Sega, al igual que Sonic, entrara en desgracia. La primera, abandonando la fabricación de consolas para siempre después de ese hardware de los sueños adelantado a su tiempo llamado Dreamcast. El segundo quedó como un objeto de culto, lleno de remasterizaciones, juegos malos y peores y viendo como la gente empezaba a preferir ratas de Tasmania con bandicuts que sonaban a ventana rota, experimentos independientes en blanco y negro y a que su archienemigo, el fontanero con bigote más popular del globo fuera sacando títulos cada vez mejores.

Sin embargo, cuando Sonic ya estaba comatoso y una voz le decía que fuera hacia la luz (nunca sigáis a esa voz y menos si os llamáis Caroline) fue Mario quien le tendió la mano y le empezó a sacar del abismo. Primero con cameos en títulos como Super Smash Bros, luego protagonizando crossovers soñados en las Olimpiadas para llegar a la culminación con este Sonic Lost World.

Y es que tenéis que tener en cuenta que el título nace de Sega en exclusiva para Nintendo tanto para su consola de nueva generación, Wii U, como para su portátil 3DS (al final de este análisis, le dedicamos una reflexión a la versión portátil).

El segundo enemigo con el que ha tenido que intimar Sonic para volver a ser grande no es otro que Eggman. Y es interesante resaltar esto: Sonic Lost World es un juego de plataformas que combina la tradición con la innovación (que es lo que llevábamos décadas buscando en el erizo azul). Pero además de eso, es un título de plataformas con un argumento de lo más sólido.

La premisa puede estar manida y su desarrollo no ser el más original, pero hay que aplaudir al Sonic Team que se hayan tomado la molestia de que tengamos cinemáticas en casi todas las fases del juego haciendo avanzar una aventura con sentido, encontrándonos con jefes finales con mucho carisma con sus giros argumentales y no simplemente saltando por saltar. Además de su completo y excelente doblaje al castellano.

Este esfuerzo argumental hace que la rígida repetición estructural que tenía, por ejemplo, un título magistral como Rayman Legends (que flojeaba en la nulidad de su argumento), aquí pase prácticamente desapercibida. 

El argumento no es lo más importante, ni lo más interesante en Sonic Lost World, de acuerdo, pero si tienes una jugabilidad muy pulida puedes mejorar todos los elementos para entregar una obra redonda.

Y ya que hemos mentado el tema de la jugabilidad, pongámonos a fondo con ello. ¿Por qué ha tardado tantos años en convencernos Sonic a los críticos? Pues hay una respuesta más sencilla de lo que podría parecer: Sonic no es un juego de rol, Sonic no es un juego de carreras de coches, Sonic no es un juego de combates, Sonic no es un título de acción ni un shooter… Sonic es un juego de plataformas, puro y duro, y muy clásico.

Sin embargo, el ser clásico no debe exonerarte de la innovación. Por eso, el episódico Sonic 4 podía ser interesante sí, pero era un calco sin apenas una chispa de modernidad de los Sonic grandes de toda la vida.

Sonic Lost World lo que ha hecho es no dedicarse a experimentos absurdos que hicieran que Sonic confundiera su personalidad y se pensara que es un simio. Lo que han hecho es darle una ligera vuelta de tuerca a la fórmula original.

Lo llamativo de Sonic Lost World es que ha cogido un título imprescindible como Mario Galaxy y se lo ha llevado a su terreno. Muchas pantallas de Lost World son entornos completamente en tres dimensiones que giran con nuestro movimiento al igual que hacían los planetas en Galaxy y además han sumado entornos también en 3D que emulan a la forma de un polo que nos comemos en verano para que la velocidad del personaje no esté reñida con el carácter tridimensional necesario que debe tener un título de plataformas moderno.

El equipo se podía haber quedado aquí pero no y aquí va uno de los aciertos más grandiosos que ha tenido Sonic Lost World: la variedad de las fases es tan grande que el juego no se hace pesado en ningún momento.

Pero lo importante de esta variedad es que en muchas de las pantallas (que suelen ser bastante, bastante largas para favorecer esa variedad) se han metido muchos tramos en dos dimensiones, es decir, en la fórmula tradicional que ha tenido siempre Sonic.

De esta manera, lo que ha conseguido el estudio es ofrecer un juego innovador pero que no olvida lo que hizo grande a Sonic. Y han acertado de pleno porque ni se pasan de revolucionarios ni se anclan en una cómoda tradición que nadie desearía.

A parte de los cambios de las zonas en 3 y 2 dimensiones, el juego propone un montón de tramos de soluciones la mar de imaginativas: las fases en las que somos una bola que no debe caerse por los laterales de las plataformas y que avanza inexorable sin que apenas podamos frenar; zonas sobre raíles a toda mecha; el mítico pinball; zonas de sigilo, y un largo etc.

Lo bueno, es que cuando aparecen pantallas con estas desviaciones al dogma, no suelen ser fases completas sino que en la misma zona encontramos tramos que van de una cosa y tramos que se juegan de otra por lo que el juego nunca se nos va a hacer pesado.

A esto debéis sumar la inclusión de potenciadores para Sonic que a su vez se convierten en minijuegos en la pantalla táctil del GamePad. El más logrado de todos es cuando Sonic se convierte en un taladro que debe excavar en la tierra. Haciendo líneas en el GamePad tendremos que ir aporreando potenciadores sino queremos ser enterrados en vida y, por ende, acabar muertos.

Una forma de entregar variedad en la jugabilidad tanto a nivel de fases como de controles. Debe decirse, que con los controles también pasa algo de lo más interesante: en los primeros compases del juego parece que estamos ante lo de siempre en Sonic: todos los botones sirven para saltar y uno sirve específicamente para hacer la bola turbo.
No es del todo correcto: todos los botones sí que sirven para saltar pero tenemos tres formas bien distintas de saltar que debemos dominar si no queremos que robots más blandengues que nosotros nos den muerte.

Tenemos un botón para el salto normal que podemos convertir en doble salto; otro botón para hacer lo mismo pero que cuando fijemos un objetivo nos lancemos directamente a por él (no solo para matarlo, muchas veces para no caer al vacío o acceder a zonas a priori inaccesibles); y por último tenemos un tercer botón que a parte de para el salto, sirve para machacar y patear enemigos.

¿Por qué estas tres funciones bien distinguidas? Para que, cuando dominemos el sistema, siempre hagamos lo que queremos hacer exactamente y no otra cosa. Por ejemplo: no siempre que hacemos un salto queremos fijar a un enemigo e ir a por él; no todos los enemigos fijados mueren cuando vamos a por ellos y es más, pueden matarnos si lo hacemos; y al revés, no todos los enemigos pueden ser pateados y lanzados contra otros enemigos. De ahí, que un sistema de control de lo más sencillo y clásico se haya pulido para ser casi perfecto una vez se domina.

A toda esta variedad en el juego que no hacemos más que destacaros en el análisis, tenéis que sumar los enfrentamientos contra los Jefes Finales en una fórmula de recreativa a más no poder.

Cada mundo está regido por un enemigo final, con su propia personalidad, su propia historia y su propia forma de combate. En cada mundo nos vamos a enfrentar siempre dos veces a este Jefe Final. La primera en la segunda fase de cada mundo y la segunda en la última. Lo bueno de estos enfrentamientos son dos cosas: ambas batallas no son iguales, y tendremos que ingeniárnoslas para aprender los tiempos y las formas de muerte con las que acabar con nuestro enemigo; en ambos enfrentamientos antes de llegar al Jefe tendremos que hacer toda una fase de plataformas larga y completa, por lo que no hay fases dedicadas en exclusiva a las batallas como sucedía en las entregas anteriores del erizo.

Y por si todo esto fuera poco, hay fases de bonus que no tienen nada que ver con lo anterior: recogiendo una serie de coleccionables, podremos acceder a pistas de circo. En ellas, tendremos que jugar a minijuegos tipo Arkanoid, pero a lo burro, y de manera táctil, lanzando tanto a Tails como a Sonic contra globos y anillos que pinchar y coger. Esto no es solo un extra, sino que en muchas ocasiones necesitaremos entrar a estas fases para liberar a más animalitos, puesto que sin un número determina de animalitos las fases no se abren. Todo un acierto que nos obliga a estar pendientes.

¿Que os parece poco? Pues Sonic Lost World también nos plantea pequeños retos como matar a "X" enemigos sin tocar suelo, o correr por una pared sin caernos tantos metros… para desbloquear objetos nuevos y naves para la versión de Nintendo 3DS muy en la tónica de los retos que nos encontrábamos en el título móvil Jet Pack Joyride.
Y ya que hablamos de portátil, vamos con el análisis de la versión en 3DS.

Sonic también corre en Nintendo 3DS

Sega es consciente de que Sonic tiene muchos fans en Nintendo 3DS y no quiere que se sientan discriminados, por eso nos ofrece una versión portátil de Lost World prácticamente calcada a la de su hermana mayor. Lógicamente, las limitaciones de la consola estereoscópica no permiten que sea 100% igual, pero en general la adaptación está muy conseguida.

A nivel gráfico se defiende bastante bien, con unos escenarios muy vistosos, muchos enemigos en pantalla y un modelado de los personajes rayando a gran nivel. La única pega la encontramos en las escenas cinemáticas que sirven de introducción a cada nivel. Quizá la compañía podría haberse esmerado algo más en conseguir que las animaciones se viesen mejor, ya que la impresión que da es que se han dedicado a comprimirlas sin más.

La gran baza a favor del título en Nintendo 3DS es que su jugabilidad no se resiente en absoluto con respecto a la de Wii U, aunque hay que decir que los niveles han sido rediseñados para adaptarlos a la potencia de la portátil y no ofrecen tanta libertad de exploración que en la versión de Wii U resulta fascinante.

Entre los cambios introducidos resaltaremos que al final de cada fase conseguiremos materiales que posteriormente emplearemos en el laboratorio de Tails para fabricar distintos objetos que nos ayudarán en nuestra misión. Estos pueden ir desde anillos adicionales hasta vidas pasando por escudos o habilidades especiales, pero sin duda los que más juego dan son los teledirigidos, que además pueden ser compartidos con nuestros amigos de Wii U para echarles un cable también.

En definitiva, Sonic: Lost World es un gran Sonic que hace honor a la saga, pero también es uno de los mejores plataformas que encontraremos para Nintendo 3DS en el mercado. Una compra más que recomendable para los aficionados al género y al personaje.

Néstor García y Jose Carlos Naranjo


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Valoración Final

Jugabilidad: Perfecta y variada no solo a nivel de controles sino en la variedad de situación y en lo magistral del diseño de fases. Además es un título bastante desafiante.

Gráficos: se podrá estar más o menos de acuerdo con el diseño artístico del título (hay juegos mucho más bonitos), pero técnicamente es un título sin fallos ni estridencias y su aspecto responde fielmente a la jugabilidad del título.

Sonido: un doblaje al castellano digno de elogio y una música que acompaño sin resultar ni demasiado llamativa ni demasiado pesada.

Duración: Si corremos a toda mecha con el erizo azul, la duración de una primera vuelta está en torno a las 12 horas. Ojo, aquí no hablamos ni de recolectar todos los objetos secretos, ni recopilar a todos los animalitos, ni la posibilidad de hacer las fases en modo carrera a dos jugadores. Es un título altamente rejugable.

Conclusión:

Sonic Lost World es, sin apenas dudas, el mejor juego que jamás haya sido protagonizado por el erizo azul si descontamos los más míticos de Mega Drive  y un plataformas sobresaliente. Su enorme variedad tanto en fases como a nivel jugable y encontrar el punto exacto entre innovación y tradición hará que tanto fans como nuevos fans del erizo azul disfruten de esta resurrección.

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