Sigilo Seguro

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Los que ya éramos jugones a finales de los 90 y principios de los 2000, cuando la información de videojuegos aún se leía solo en papel, pudimos asistir al surgimiento y auge de los juegos de infiltración.

Un subgénero con una buena base de fans, aunque minoritaria respecto a otros juegos como los títulos de acción pura, que vio como en el 98 se paría una de las obras cumbres del sector (Metal Gear Solid), su primer rival en el 99 (Syphon Filter) y el que hasta ahora ha sido, con sus altibajos, el que mejor ha mantenido el tipo frente a los Snake, Splinter Cell.

Las comparaciones son lógicas pues no es un género tan prolífico pero Metal Gear Solid siempre estuvo centrado en una potente narrativa, su carácter cinematográfico y el carisma de todo el elenco de protagonistas. Splinter Cell era un juego más inteligente a la hora de la jugabilidad, muy centrado en la planificación casi exacta de las fases.

Ahora es el turno de Splinter Cell: Blacklist, la última aventura de Sam Fisher y, por suerte para la saga, se palpa esto que estamos comentado: Fisher quiere ser su propia marca, que sea reconocido por su jugabilidad y no por sus míticas gafas verdes y ofrecer un juego a la altura de este subgénero. Y lo consigue.

Blacklist cumple con la norma para bien que le sucede a toda secuela: ha sido cogida por una nueva división de Ubisoft y se nota nada más arrancar el juego que el nuevo equipo quiere que descubramos toda la valía que tienen.

Además, insistimos en que es una secuela de libro porque es un título que se deja jugar y enganchará a los que jamás hayáis disfrutado ni de un título de sigilo, ni de un Splinter Cell, sin ser por ello un juego accesible. Pero, por supuesto, encantará a los fans más acérrimos de la saga.

¿Por qué? No solo porque la historia esté llena de guiños sino porque Ubisoft se ha dejado de experimentos y de focalizar el título en asuntos que no debía (como la carga en la acción), para devolver a Blacklist al espíritu del original en 2002.

Con Splinter Cell: Blacklist estamos asistiendo a la que es probablemente la mejor entrega de la saga por la sencilla razón de que coge lo mejor de los primeros títulos y lo exprime tecnológicamente ofreciendo un juego completo y tremendamente cuidado ya sea en la campaña solitaria, en el cooperativo o en su adictivo multijugador.

¿Por qué el título puede interesar entonces a amantes del género y novatos? Por lo que le está sucediendo a este subgénero de la infiltración en los últimos años: se nos ofrece la posibilidad no solo de tomar un montón de vías para resolver un mismo problema sino de actuar con diferentes estilos dependiendo del jugador que queramos ser. Ojo: con matices.

Lo que queremos decir es que si quisiéramos pasarnos el juego siendo un súper soldado universal, entrado de cara en todos los mapas y haciendo las explosiones y tiroteos más ruidosos, podemos hacerlo. La experiencia no será tan divertida (ni por asomo) como hacerlo de manera sigilosa pero puede hacerse. Ojo, con el matiz de que esto es factible en el nivel fácil y hasta podríamos decir que en el normal del juego pero imposible en las dos dificultades superiores.

Pero si queréis vivir una auténtica experiencia Splinter Cell y ver todas las posibilidades que os va a ofrecer Blacklist os recomendamos jugarlo ya sea en nivel Realista o si estáis muy locos, en Perfeccionista.

¿Por qué? Porque en ambos niveles si nos descuidamos y nos detectan, hacer frente a tiros a las hordas de enemigos que se nos van a venir encima se nos va a hacer insuperable. Y esta sensación es la que nos va a mantener en tensión constantemente y nos va a dar esa sensación que queremos disfrutar de cuando nos colamos en un sitio que está prohibido y tenemos mucho que perder. Además, tranquilos porque el juego no frustra debido a la excelente colocación de los puntos de control (fundamental en estos juegos donde el ensayo-error es norma).

Pero que optemos por jugar de manera sigilosa no nos va a exonerar de tener momentos de verdaderas matanzas a tiros. Es todo un acierto que en las misiones se ofrezcan momentos muy variados en los que, aparentemente, tendremos que dejar el sigilo de lado.

Habrá puntos en los que tendremos que acometer tiroteos en la fase. Sin embargo, si somos avispados, casi siempre podremos descubrir una forma para evitar un enfrentamiento frontal contra los enemigos por recovecos que nos llevaran a poder flanquear a esos grupos para aniquilarlos sin piedad y sin ser detectados.

Es más, una de las innovaciones más curiosas a nivel jugable es que Sam Fisher parece haberse transformado en un asesino sacado de Assassin´s Creed: ahora sus movimientos de escalada y exploración vertical son mucho más fluidos. 

Esto no solo mejora las posibilidades de pillar desprevenidos a nuestros contrarios sino que hay zonas en fases en las que abiertamente se opta por un estilo plataformero. Son pocas, no son especialmente brillantes, pero que una campaña tenga variedad siempre es de agradecer de cara al ritmo de la historia.

Más, cuando el guión del juego es uno de sus puntos más flojos. Splinter Cell: Blacklist parte de una premisa interesante pero muy manida. Un grupo de terroristas, conocido como Los Ingenieros, están hasta la gorra de que el ejército norteamericano tenga las narices metidas en todo el planeta.

En vez de lamentarlo y discutirlo en el bar, los terroristas pasan a la acción y deciden que cada siete días morirá un objetivo dentro de una lista negra si Estados Unidos no retira las tropas del mundo.

Pero como ya sabréis por el cine de acción y espías Made in Hollywood (y de esto saben mucho los productos Tom Clancy), "Estados Unidos no negocia con terroristas" por lo que entra en juego el bueno de Sam, que tendrá que formar un equipo para acabar con la amenaza.

El guión es divertido, tiene sus giritos medianamente sorpresivos y hace que la aventura tenga algo más de interés fuera de que la queramos jugar, pero el argumento y su desarrollo no son más que una mera excusa para recorrer el mundo en diferentes localizaciones y un colchón necesario para empatizar con nuestros personajes. Aquí es donde Sam Fisherdebería aprender algo de su hermano mayor Solid Snake.

Pero lo bueno, es que Splinter Cell: Blacklist, convierte el defecto en virtud. Pese a la excusa, la vuelta al mundo nos anima a seguir con la aventura para ver cuál será el siguiente punto del globo que visitaremos, lo que afectará de manera significativa a la ambientación y hasta a la jugabilidad del título. Por lo que la campaña no se hace absolutamente pesada en ninguno de sus tramos; su ritmo es fantástico. Y ya os decimos que hay algunas localizaciones que pueden llegar a ser excéntricas (y no desvelamos más).

Este ritmo se ve muy favorecido por los diferentes modos de juego que no están ahí como meros añadidos sino que son parte fundamental de la experiencia y le otorgan más variedad al título.

Por ejemplo, vamos a pasar un montón de horas en las misiones de la campaña cooperativa. Ojo, dentro de esta campaña hay un puñado de misiones que se pueden completar con un solo jugador, aunque habrá zonas que no podremos explorar sin el segundo.

Estas misiones lo que hacen es colocarnos sobre mapas completamente inéditos (no sacados de la campaña) donde se nos propondrán objetivos variados como recoger algo en una zona determinada del mapa, acabar con alguien o incluso, y este tipo de misiones son muy divertidas, aguantar oleadas de enemigos cual horda de supervivencia.

Hay momentos en el cooperativo que si os sincronizáis bien con un amigo (ya sea en línea o en casa) son auténticamente mágicos (como las ejecuciones a cuatro manos).

Pero es que aunque completéis las dos campañas con sus muchos secretos, objetivos secundarios y modos de actuación… Recordad que podéis recibir medallas al final de cada misión si habéis optado por ser Fantasma, es decir, haciendo prevalecer el sigilo; Pantera, es decir, asesino sigiloso; o Asalto, a lo Action Man… aún os queda el multijugador competitivo al que hay que dedicarle un buen momento.

El multijugador de Splinter Cell: Blacklist es lo que se conoce como Spies Vs Mercs y ya os decimos, como os hemos adelantado antes, que no es un añadido ni una excusa de cara al juego principal. No tiene nada que envidiar a los multijugadores más populares y trabajados de los grandes juegos de acción pero, encima, ofrece un modo de juego muy original que no encontraréis en títulos de ese corte.

Básicamente tenemos dos equipos de cuatro contra cuatro (dependiendo del modo hay aspectos que varían). Cuatro son espías, como el papel que desempeñamos con Sam Fisher, y los otros cuatro son soldados de asalto.

Cada equipo tiene sus particularidades y ventajas: los espías son muy débiles en los enfrentamientos directos y van a salir perdiendo en los cara a cara si son detectados; pero a cambio, su sigilo es máximo y su victoria en la partida dependerá de los asesinatos que logren hacer por la espalda.

Los mercenarios son tipos duros pero no les pidas ni que se suban a una escalera. Su capacidad de maniobra es inferior pero si detectan a un espía este ya puede darse por muerto.

Pero es que además los equipos están soberbiamente diseñados para que todo el mundo tenga su función determinada en la partida: los espías a su vez pueden ser Exploradores de datos, es decir, marcan a enemigos; Depredadores, tiene un habilidad que los hace invisibles; o Sabotadores, que provocan sobrecargas a equipos enemigos. Los mercenarios por su parte son Pacificadores, activan la adrenalina lo que les vuelve más rápidos y con mejor vista; Cazadores, que pueden activar un drone volador y hacerlo explotar; o Disruptores, que desactivan equipos enemigos.

Y un detalle genial: los espías se manejan en perspectiva de tercera persona, favoreciendo los movimientos acrobáticos como en la aventura principal y los mercenarios juegan en vista subjetiva como en los shooter tradicionales, cambiándonos el chip por completo y, por supuesto, haciéndonos más vulnerables por la espalda.

Si a todo esto le sumáis las cinco modalidades que tiene el multijugador, que van desde equipos fijos en busca de un objetivo hasta equipos mixtos de espías y mercenarios cuya única función es aniquilarse unos a otros… si Splinter Cell: Blacklist consigue comunidad podríamos estar ante un multijugador memorable.
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Valoración Final

Jugabilidad: Miles de formas de hacer el mismo objetivo y diferentes estilos de juego para completar una misión que va desde el sigilo extremo a la acción desmedida, hacen de la jugabilidad uno de los puntos fuertes del título.

Gráficos: una producción elevadísima tanto en entornos como en la fluidez de movimientos de Fisher con la solvencia que otorga un motor como el Unreal Engine 3 (aún con sus taras).

Sonido: la banda sonora cumple como en cualquier producción media de Hollywood pero de aplauso es la labor de doblaje al castellano.

Duración: La campaña principal tiene 10 misiones que en la mayoría de los casos nos durarán más de una hora (sin detenernos a objetivos secundarios), más otra en cooperativo y las casi ilimitadas horas que nos puede enganchar su multijugador.

Conclusión

Splinter Cell: Blacklist es un juego más que notable y, a buen seguro, la mejor entrega de la longeva franquicia. Su variedad, duración y lo grandes que son sus tres modos de manera independiente lo convierten en una compra obligada para los amantes del sigilo y un opción muy a valorar por el resto. Flojea en su argumento y en no ofrecer nada verdaderamente revolucionario (salvo Spies Vs Mercs) pero muchas veces es mejor mantenerse fiel a una idea que liarse la manta a la cabeza y fastidiarla.

 

Néstor García
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