La batalla de los planetas

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Hay una guerra sobre nuestras cabezas y, para variar, nos enteramos tarde y malamente. El género humano es de lo que no hay. Pero así y todo, la Alianza de Estrellas Libres cuenta con las fuerzas de la Tierra para combatir a la Jerarquía Ur-Quan en Star Control.

Ahora que a nivel de videojuegos tenemos de nuevo una alienmania entre manos tras el lanzamiento de XCOM 2, no es mal momento para echar un vistazo a otros de nuestros amables visitantes y algunos que no lo han sido tanto. Qué habrá hecho la Tierra para estar en medio de todos los fregados que cuando no es una cosa es otra. Y es que si el ser humano siente verdadera fascinación por las estrellas, los habitantes de los planetas más lejanos parece que no se resisten a invadirnos de vez en cuando. Ha sucedido desde los mismos comienzos de los arcades, donde nos hemos visto envueltos en trifulcas cósmicas para todos los gustos.

Lo que pasa es que, por lo general, siempre era una solitaria nave (con tantas copias como vidas extra) la que se encargaba de repeler la amenaza de allende nuestra órbita. En Star Control, la cosa cambia, y cambia bastante. Pero antes vamos a ponernos en situación, porque el juego lo merece. Primero que nada hemos de recordar uno de los primeros videojuegos de la historia, es más, muchos dicen que fue realmente el primero y que los anteriores, una versión del tres en raya y el famoso Tennis For Two del profesor William Higginbotham, entran más en la definición de juego electrónico que de videojuego. Sea como fuere, lo que sí está claro es que Spacewar!, un simulador de combate espacial que tan lejos como el pasado domingo cumplió la friolera de 54 añazos, fue el pionero en lo de desatar verdaderas pasiones… y en el modding.

Spacewar! solo se podía jugar en MIT, en el computador donde Steve Russell, junto a un grupo de estudiantes del instituto tecnológico, lo había programado a modo de demostración para una jornada de puertas abiertas. Consistía en un simulador de combate espacial, con una nave alargada y otra en forma de cuña que podían propulsarse, rotar sobre sí mismas y dispararse proyectiles. Spacewar! jugaba principalmente con la inercia, con lo que la base de la diversión era moverse, esquivar y apuntar para tratar de eliminar al contrario, pero ahí se le podía echar más azúcar. Fueron los propios estudiantes los que acabaron por perfeccionar Spacewar! con nuevas versiones que incluían nuevos elementos. Por ejemplo, el efecto de soles, la presencia de meteoritos o los campos gravitatorios de planetas y planetoides, que acabarían por arrastrar a las naves a su superficie y destruirlas si la fuerza centífruga o sus propulsores no lo evitaban. El honor que tiene Spacewar! es el de haber acabado siendo la primera máquina recreativa, pero también puede apuntarse el tanto de inspirar la parte de combate de Star Control.

Aún hay que mencionar otro nombre y un juego más antes de pasar al juego en cuestión. Uno muy importante, porque también es historia de los videojuegos. El nombre es el de Paul Reiche III, programador que saltó a la fama en 1980 por tomar algo tan sobradamente conocido como el ajedrez y darle una vuelta de tuerca. Con nuevas reglas, habilidades especiales y nuevos tipos de unidades, el género de la estrategia cobraba una nueva dimensión con Archon, un épico enfrentamiento entre dos ejércitos fantásticos disfrazado de juego de tablero. Una genialidad a la que luego mirarían muchos desarrolladores, y entre ellos el propio Reiche. Y es que el padre de esta criatura lo es también, a pachas con Fred Ford, de Star Control, en el que por fín vamos a entrar. Pero es que la mezcla de estretagia y shoot’em up que consigue este juego de Accolade es más fácil de entender si estos dos referentes se tienen en cuenta.

Pero empecemos por el principio. El primer contacto de la Tierra con una civilización alienígena es para darnos un digusto. Tantos años creyéndonos solos en el universo y resulta que no, que hay montones de otras razas, y que para colmo están luchando entre sí en dos bandos organizados. El más belicoso de ellos, la Jerarquía Ur-Quan, se encuentra liderado por la especie del mismo nombre, y lejos de ser de los que reparten abrazos gratis son unos conquistadores de tomo y lomo. Por ello, la especie cristalina de los Chenjesu ha acudido a solicitar nuestra ayuda y que la Tierra se una a su Alianza de Estrellas Libres para repeler el avance de la Jerarquía. Y nosotros no sabemos decir que no, qué le vamos a hacer.



Star Control es un juego que va bastante directo al grano, pero que esconde más de lo que deja ver de primeras. Mucha gente piensa en este juego como un simple shooter competitivo, cuando en realidad se puede albergar en un subgénero estratégico denominado 4X, las de “explorar, expandir, explotar y exterminar”. Es, en el fondo, un juego de conquista en el que desde sendas bases situadas en extremos opuestos, cada facción construye sus propias naves, se desplaza a los diversos puntos del mapa estelar, donde puede establecer colonias o recoger recursos a través de minería y enzarzarse en combates cuando sus naves coinciden en un mismo punto con el fin de destruir al enemigo, sus asentamientos y, finalmente sus bases. Pero este aspecto está sepultado bajo sus modalidades más inmediatas, las cuales nos ponen directamente en medio de este combate espacial, ya sea entre dos naves en concreto o haciendo que toda la flota de cada bando vaya tomando el relevo conforme la nave anterior caiga hasta que el contrario sea enteramente exterminado.

Y desde luego, es ahí donde reside la esencia de Star Control, en un combate a imagen y semejanza de ese antiguo Spacewar!, con planetas de mayor o menor atracción gravitatoria y asteroides que nos pueden entorpecer, pero que toma de Archon un componente de diferenciación de cada una de las naves, diseñadas de una manera que realmente parecen obra de diferentes civilizaciones por cuanto a que cada una se maneja de una manera. Tomemos a los terrestres, por ejemplo. Nuestra nave insignia es el Earthling Cruiser (crucero terrestre) y recuerda bastante a la USS Enterprise de Star Trek. Como el resto de naves de Star Control, tiene unos valores de velocidad, aceleración, maniobrabilidad, alcance y potencia de disparo, en nuestro caso de unos torpedos, pero además dispone de una habilidad secundaria que nos consumirá una parte de nuestro combustible. No hay nada que temer, éste se va reponiendo cuando no empleamos esta acción, que para el crucero es un rayo láser de corto alcance que nos permite destruir algunos proyectiles enemigos. Pero si perdemos a la tripulación, que vendrían a ser nuestros punto de salud, eso ya es otro cantar. Si ésta llega a cero, la nave es destruida y perdemos el combate.

Como si de un juego de lucha se tratase, el resto de naves son esencialmente personajes en sí mismas y disponen de estos ataques propios, tanto principales como secundarios. Así, los Chenjesu cuentan con su Broodhome, un mastodonte robusto y de gran tamaño, con un proyectil que podemos hacer estallar en fragmentos cuando lo deseemos y la habilidad de lanzar una sonda que persigue al objetivo y agota su combustible dejándolo a su merced. Por contra, es lento como el desarrollo de una berza. El caso del Syreen Penetrator es… bastante peculiar. Una nave con forma fálica pilotado por sensuales hembras cuyo especial consiste en lanzar un canto de sirena que atrae a la tripulación enemiga, la cual se lanza al vacío para que el Penetrator la recoja y engrose sus propias filas. También dentro de la Alianza están los Shofixti con su nave suicida Scout, que puede autoinmolarse y llevarse consigo un buen pedazo del enemigo, los Ariloulaleelay y su Skiff, que es básica un platillo volante con la ventaje de no sentir el efecto de la inercia y la capacidad de teleportarse, el Yehat Terminator y su útil escudo de fuerza, y el curioso Mmrnmhrm Transformer y sus dos configuraciones de combate.



Y en el bando enemigo, veremos al temible Ur-Quan Dreadnough, el vehículo de mayor poder crudo de la Jerarquía, de destructivo disparo y la habilidad de enviar cazas a atosigar y destruir a su enemigo, el poderoso pero inmaniobrable Mycon Podship, el Androsynth Guardian y su ataque de ácido, el destructivo Ilwrath Avenger con su campo de invisibilidad, el Spathi Eluder con su enorme maniobrabilidad y su torpedo trasero, el lamentable pero dañino de cerca VUX Intruder y el Umgah Drone con sus saltos retropropulsados y su cono antimateria. En realidad, cada una de estas naves viene a tener su equivalente en el otro bando, y hay algunas más efectivas que otras contra según cuales, resumiendo, que tenemos que pensarnos bien cómo y con cuál atacaremos.

En aquel año 1990, los ordenadores aún tenían algo de idiosincrasia en sus juegos. Es decir, que uno distinguía entre los conceptos de “juego de ordenador” y “juego de consola” porque sus filosofías estaban bastante definidas. Star Control es un “juego de ordenador” de libro, a pesar de que apareciera en Mega Drive, una máquina que no tuvo miedo de experimentar con simuladores y juegos más complejos que el resto de su catálogo habitual. Star Control era de esos títulos que un jugador podía ponerse a jugar cada noche y no cansarse, porque sus múltiples escenarios en la modalidad de Juego Completo, con distintas configuraciones del mapa y las unidades iniciales, así como sus diversos modos de dificultad, le daban juego para mucho tiempo. Es más, Accolade lo ponía tan en bandeja que ofrecía la posibilidad de que la propia CPU se ocupara de los movimientos de la fase estratégica dejando el combate al jugador, o al contrario, que sea la CPU la que libre los combates y seamos el mariscal de campo que sitúa las naves.

Su combate dinámico y las geniales habilidades de sus naves son lo que confiere una pátina especial a Star Control y marcan esa evolución a caballo entre Spacewar! y Archon. Y por si fuera poco, tanto este título como su secuela, más volcada en ese factor estratégico, pero con un mundo mucho más amplio y nuevos factores a tener en cuenta, son juegos de culto. No es descabellado que volvamos a saber de Star Control, ya que es Stardock, creadores de Galactic Civilizations, el estudio que hace pocos años compró sus derechos. No estaría mal volver a inmiscuirse en la guerra entre la Alianza y la Jerarquía, sobre todo si consiguen preservar el sabor añejo que nos enamoró hace ya más de un cuarto de siglo.

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego:

Película: Starfighter

Canción: Steve Miller Band – Serenade From The Stars

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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