Acción en las plataformas

Con la llegada de Nintendo 3DS, la Gran N prometió a sus usuarios nuevas experiencias de juego. Y qué mejor forma de dar valor a sus intenciones que desarrollando juegos como Steel Diver.

Nintendo siempre ha sido una compañía que ha destacado por dotar a la inmensa mayoría de sus creaciones de una imaginación y originalidad muy destacadas. Precisamente Steel Diver es un buen ejemplo de esto, siendo un simulador bélico protagonizado por submarinos. ¿Os lo podéis creer?

Minas y torpedos

El argumento del título (no especialmente trabajado) nos sitúa en una guerra actual y de talante ficticio en la que una poderosa fuerza militar ataca a unos países más bien débiles. Dichos países deciden unir sus fuerzas y crear la denominada división submarina Steel Diver, grupo al que pasamos a pertenecer nada más conectar el cartucho a la consola. Y uno de los principales valores de esta división son tres submarinos, aparatos que se convierten en los principales reclamos (y protagonistas absolutos) del título.

Así las cosas, a lo largo de los niveles debemos ir cumpliendo diversos objetivos, como evitar zonas comprometidas y atestadas de minas, eliminar ciertos objetivos marítimos y, como toque de fantasía, ¡hacer frente a monstruos subacuáticos!

Clásica jugabilidad

Si hay algo que destaca en Steel Diver es su jugabilidad. Esta supone un guiño total a las antiguas producciones realizadas para consolas de 8 y 16 bits, factor que seguro que agradecen los jugadores más “talluditos”. Toda la acción transcurre en el mismo plano (es decir, en 2D), con un seguimiento de la cámara siempre lateral. Su sencillez es extrema, lo que supone una grata noticia para los usuarios más noveles de la consola… pero no tanto para los más expertos, dado que su dificultad es muy baja. Y si a esto añadimos un número de fases no especialmente cuantioso, nos damos de bruces con uno de los defectos más importantes que ostenta el cartucho.

El control de los tres submarinos (contando cada uno de ellos con sus propias particularidades) que están a nuestra disposición no puede ser más llamativo. Todos ellos aprovechan las características y la funcionalidad táctil de la pantalla inferior de la consola, lo que confiere al título un toque simulador que contrasta con su sencilla oferta jugable.

En temas técnicos, el juego no explota ni de lejos el potencial de la consola, si bien tampoco lo pretende. Eso sí, el efecto 3D está muy logrado, mostrando todo el esplendor de los océanos.

Tampoco nos gustaría olvidarnos del modo para dos jugadores que incluye el título. Este se desmarca claramente de la propuesta básica del juego, tratándose de una especie de versión mucho más moderna, avanzada y compleja del famoso juego de mesa Hundir la Flota. Cuesta cogerle el aire al comienzo pero, cuando se consigue, descubrimos una profundidad de juego muy a tener en cuenta.

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