Con ciento ocho basta

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Konami no solo dejó grandes juegos de acción en PlayStation. También hizo lo propio con un juego de rol que desembocó en una franquicia numerosa. Hoy repasamos su segunda entrega, una de las más míticas.

Todos tenemos ciertos juegos que nos han llegado a calar en lo más hondo. PlayStation ha sido afortunada en ese sentido. Tuvo juego fenomenales en su catálogo, legendarios incluso. Y tuvo la suerte de contar con compañías en estado de gracia que no tenían miedo de diversificarse y crear nuevas licencias, y con ellas, de experimentar los límites de algunos géneros. Aquí y ahora, servidor se confiesa. Tenía miedo a los 32 bits y a los polígonos, miedo al cambio y a que nada volviera a ser igual. Un miedo que con los años se demostró totalmente infundado, aunque es cierto que pocas cosas volvieron a ser iguales.

Por ejemplo, la Konami de los run’n gun y de los arcades puros y duros empezaba a ser historia. A Castlevania le rescataban el componente de exploración de Castlevania II: Simon’s Quest para integrarlo como era debido en Castlevania: Symphony of the Night. Metal Gear pasó de ser una licencia olvidada a ser, básicamente, el pilar de la compañía. Hasta Ganbare Goemon tuvo una segunda juventud en Nintendo 64. Lo que nunca se había asociado en exceso a Konami eran los RPG, y es que en ese campo había dos claros dominadores: Squaresoft y Enix. Tampoco es que en Occidente hubiésemos tenido mucho contacto con el rol japonés, más bien estábamos más hechos a otro tipo de aventuras.



Pero cuando Konami pone la manos sobre una de las obras clásicas de la literatura china, no sabe lo que está a punto de desatar. Basándose en la novela A la orilla del agua, del escritor Shi Nai’An – y supuestamente en parte también de Luo Guanzhong, autor de la más conocida El romance de los tres reinos – Konami crea un juego que en un principio está pensado para nacer y morir en una única entrega. Se titula Suikoden, y nos pone en el papel de un héroe predestinado a cumplir con un gran destino gracias al uso de una runa legendaria. La trama de Suikoden se va desenvolviendo con las horas de juego para dar forma a un epopeya masiva, con la posibilidad de desbloquear y reclutar a nada menos que 108 personajes, las Estrellas del Destino, una por cada uno de los personajes de A la orilla del mar que formaban un ejército para luchar contra el invasor. Y al igual que en ésta, también el héroe se volvía el líder de una facción propia con las habilidades específicas y el uso de las runas con las que habían sido agraciados sus miembros.

Esto es en 1995, y para 1998 Konami ya ha visto que la cosa tiene miga. Bajo la dirección de Yoshitaka Murayama, Suikoden resucita de su muerte prematura y da pie a una secuela, Suikoden II, que lleva al original un paso más allá, no ya por apartado técnico y jugabilidad, sino que se convierte en uno de los juegos más apasionantes, emotivos y francamente infravalorados a los que la primera PlayStation dió cobijo en sus filas. Nuevamente nos encontramos con un personaje principal, un héroe en principio anónimo al que nosotros mismos daremos nombre, y decimos en principio porque lo cierto es que oficialmente Konami sí les otorgó una identidad. Junto al héroe conocemos a su amigo del alma Jowi Atreides y a su hermana Nanami, instruida en las artes marciales. La tragedia se masca cuando tanto el héroe como Jowi se unen a filas para tomar parte en la guerra entre la Ciudad Estado de Jostown y el Reino de Highland. Por azares del destino, nunca mejor dicho, el héroe da con una de las 27 Runas Verdaderas, símbolos arcanos con la capacidad de desencadenar efectos mágicos, que le escoge como receptor de su poder. Tras la noche fatídica, los caminos del héroe y de Jowi se separan tomando rutas opuestas e inmiscuyéndoles en un conflicto que parecía resuelto pero que alguien tiene interés en no dejar morir.

Suikoden II contiene los elementos que definen a la serie Suikoden y que la diferencian con una identidad propia dentro de los JRPG, y es que además de ser una aventura al uso hasta cierta proporción, en el resto se transforma en un juego de estrategia e incluso de microgestión a partir de determinado momento. Y es que nuestro elegido derrocha tanto carisma que, si visitmos los lugares concretos en el momento oportuno y hablamos con la gente adecuada, podrá llegar a reclutar a 108 personajes, cada uno de ellos identificado como una de las Estrellas del Destino, que pondrán sus habilidades a nuestro servicio. Y ya serán estas tanto para el combate, con estilos de lucha determinados y runas especializadas en un cierto tipo de magia, como para el día a día llegado el momento de que tengamos nuestro propio baluarte.

Porque lo cierto es que Suikoden II nos pone en una tesitura a la que no estamos acostumbrados y es que frente al típico grupo trotamundos de otros juegos de rol, el nuestro podrá echar raíces en una fortaleza debidamente obtenida y establecer allí su base de operaciones. Pero para ello necesitamos dar con la gente adecuada. Comerciantes que nos proporcionen una tienda donde poder mejorar nuestro equipo, médicos para tratar heridas, y hasta un cocinero que nos dará acceso a un minijuego cuando chefs de otras regiones sepan que se ha asentado en nuestros dominios y vengan a retarle a un duelo de cocina con nuestras propias tropas como jurado.

Claro que Suikoden II también necesitará que el héroe se ponga en marcha con un grupo de escogidos para hacer avanzar la historia en más localizaciones, combatiendo por turnos en un sistema propio donde el grupo se establece en seis miembros titulares más algunos de reserva dispuestos en vanguardia y retaguardia a conveniencia nuestra y de sus habilidades. También en determinados momentos clave tendrá que sacar el protagonista al estratega que lleva dentro y ejercer de comandante en una batalla a gran escala en la que habrá que mover tropas capitaneadas por personajes a nuestra elección. Éstos podrán beneficiarse de sus runas o bien emplear la fuerza bruta para atacar a los destacamentos enemigos y cumplir las condiciones de victoria de la batalla. Por último, la otra modalidad de juego propia de la saga es el Duelo, un combate singular mano a mano que enfrenta al héroe con un adversario de importancia usando un sistema similar al piedra, papel, tijera. Con todo ello se conforma un tapiz de acción, tragedias, intrigas y sobre todo épica que llega a conmocionar al jugador, especialmente en cierto momento muy impactante.

El por qué Suikoden II no ocupa el lugar que debería merecer con todos estos elementos tan ambiciosos lo podemos encontrar en parte en su atroz localización fuera de Japón. Konami descuidó ciertos detalles de la traducción al inglés para su lanzamiento en Estados Unidos, pero la versión en español es de traca. Clama tanto al cielo que a poco que se tenga un dominio del inglés como para poder defenderse en estas lides, es sumamente recomendable jugar a la versión anglosajona del juego salvo pena de querar arrancarse los ojos al leer saludos como “¡A los tiempos!”, joyas del calibre de “Tú lo tomaste poción” y demás puñadas a la lengua de Cervantes.



Pero patadas al diccionario aparte, Suikoden II es uno de los juegos más apasionantes que se puede encontrar en PlayStation. Es muy fácil dejarse absorber por un juego que es un viaje del héroe en toda regla, más de lo habitual, donde vemos con nuestros ojos y experimentamos de primera mano como un chaval de pueblo se convierte en un comandante legendario por obra y gracia del destino, consiguiendo alianzas y llevando a cabo conquistas en el camino. Y si solo no puedes no pasa nada, con 108 amigos seguro que sí.

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego:

Serie: Juego de Tronos

Manga: Gensou Suikoden II: Hiki Sakareshi Shukusei

Canción: Stratovarius – Eagleheart

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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