El hombre en el castillo

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Después de un enfoque más clásico en Super Mario Land, su secuela nos dejó uno de los juegos más extraños de Mario, pero al mismo tiempo estaba llamado a ser uno de los grandes clásicos de la Game Boy. Y de paso, nos presentó a un gran personaje.

Aquí está Mario. ¿Os conocíais ya? Qué pregunta, quién no conoce a este hombre, el tipo que encarna en su rechoncho y bigotudo cuerpecillo de autónomo saltarín la imagen que el mundo entero asocia a los videojuegos. Sí, a este hombre se le conoce de sobras, especialmente por su propensión a rescatar princesas que están retenidas por villanos, aunque ello signifique atravesarse medio mundo a base de carreras y saltos, pisoteando tortugas, seres con apariencia de hongo, esquivando fantasmas y plantas carnívoras, creciendo de tamaño y disparando bolas de fuego, en fin, el sinvivir habitual de un fontanero.

Si Mario no necesita presentación, tampoco le hace falta a la Game Boy, la primera consola portátil con cartuchos intercambiables. Todo un tanto a favor de Nintendo que se convirtió en un fenómeno mundial y abrió un nuevo mercado. Hasta se llegó a convertir en personaje animado para la serie del Capitán N, la producción infantil que mezclaba a protagonistas de varios videojuegos de sobras conocidos del mundo nintendero. La Game Boy y Mario estaban condenados a entenderse, porque en NES ya había un reguero de juegos, tres, que habían sido un éxito entre el público. Esto en Japón, claro. Aquí por entonces solo conocíamos dos y uno ni siquiera era un Super Mario de verdad, pero esa es otra historia.



Cuando la Game Boy conoció a Mario llegó Super Mario Land, una versión reducida de las correrías de Mario, algo más simplista pero fiel a la esencia de correr y saltar de aquello se había visto en NES. Sin embargo, parecía que había todo un mundo por explotar dentro de la portátil y que este primer desembarco de Mario fuera solo la punta del iceberg. Aún así, era un juego con una premisa que cambiaba a Bowser por un alienígena invasor llamado Tatanga, a la princesa Peach por la Princesa Daisy y al Reino Champiñón por un reino llamada Sarasaland, y no, no va con segundas, dividido en diversas regiones inspiradas en diferentes lugares de la Tierra. Podía parecer que visualmente no fuera demasiado impresionante, pero Super Mario Land no daba puntada sin hilo en el diseño de estas zonas. Su continuación, en cambio, no solo se soltó la melena a este nivel sino que se tomó unas cuantas vitaminas.

Super Mario Land 2: 6 Golden Coins es el título, traducción directa de su original japonés, con el que en enero de 1993, con algunos meses de retraso, llegaba a nuestro continente esta segunda parte de la serie recién iniciada en Game Boy. Y lo hacía con novedades. Para empezar, esta vez no hay nadie en apuros que necesite rescate. Bueno, esto no es del todo cierto, porque sí hay alguien que está metido en un buen lío, y es el propio Mario. Y es que durante sus correrías por Sarasaland, resulta que todo Super Mario Land, el reino que le corresponde a Mario por pleno derecho gracias a sus hazañas, le tiene por un malvado por culpa de un hechizo. Y para empeorar las cosas, el mismo responsable de esta artimaña le ha robado su castillo mientras estaba fuera. Así se las gasta Wario.

Todavía no nos habíamos recuperado del shock de este golpe maestro a cargo de esta nueva némesis para Mario, quien parece que ha encontrado la horma de su zapato, cuando al iniciar el juego veíamos de repente que ese Super Mario Land tan sencillote y sin complicaciones apenas quería parecerse más a Super Mario World que al Super Mario Bros. original. El cambio visual es asombroso, con un mayor definición del sprite de Mario en cualquiera de sus formas así como de sus enemigos, ahora mucho más grandes y bastante más detallados. Como también los fondos, tematizados según la región de Super Mario Land en la que nos encontrásemos para recuperar su Moneda de Oro, ya que reunir las 6 de ellas era la única manera de entrar en el castillo de Mario y enfrentarse a Wario. Tenemos niveles que nos son bastante familiares en su concepto, como las zonas subacuáticas de Turtle Zone o algunos tramos subterráneos de Tree Zone, al tiempo que tenemos otros en las alturas o aprovechando elementos que vienen al pelo, como el poder atravesar la savia del árbol para avanzar por la pantalla.



En general, estas zonas son un prodigio de diseño. Macro Zone nos miniaturiza y nos lleva por una casa gigantesca llena de peligros, Pumpkin Zone rescata el aire tenebroso propio de Halloween con la presencia estelar de una siniestra máscara de hockey con un puñal clavado entre otros seres de ultratumba, en Space Zone viajamos al espacio donde una vez más nos las vemos con Tatanga, y hasta el propio Mario tiene una zona dedicada a sí mismo en la que recorremos el interior de un robot gigantesco hecho a su imagen. En todas ellas se reparten una enorme variedad de enemigos que se ajustan a cada temática, como por ejemplo, la presencia de las hormigas gigantes tanto en el gran árbol como en la casa descomunal. No hay que temer, porque Mario conserva sus trucos.

Como es de rigor, Super Mario Land 2 no era la excepción a la regla de que Mario pudiera saltar sobre sus enemigos para derrotarlos, ni olvidaba los dos ítems potenciadores por excelencia: la seta y la flor de fuego. Pero hay algo más. Mario se trae algo de Super Mario World y aunque Game Boy carece del número de botones del mando de Super Nintendo, simplemente pulsando hacia abajo en salto en su forma de Super Mario o de Fire Mario puede realizar ese giro de trompo sobre sí mismo que podía romper los bloques sobre los que caía. Igualmente, Mario estrena otra apariencia aunque para una habilidad que ya es conocida. Y es que el famoso Mario con cola de mapache es aquí el Mario con orejas de conejo tras coger una zanahoria que le permite saltar más alto y planear en el aire. No puede, eso sí, tomar carrerilla para ascender, pero es que hablamos de conejos, no de mapaches, la diferencia está clara. O algo. Tampoco faltan las estrellas que concederán a Mario la invencibilidad temporal y que pueden servir para ganarnos vidas extra si liquidamos a varios enemigos seguidos bajo su efecto.

Y hablando de vidas, otra novedad es que las monedas recogidas en los niveles en esta ocasión tienen su función como eso, monedas. Es decir, la idea ya no es coger 100 de ellas para sumar otra vida. En lugar de ello, les podemos dar uso en cierta zona del mapa con un juego de gancho en el que según la cantidad gastada podemos optar a premios mejores, entre ellos un puñado de vidas de golpe. Además, al acabar cada nivel entraremos en un minijuego donde también nos aguardan premios, por lo que si hemos acabado por los pelos y sin mejoras, podemos prepararnos para lo que viene después.



Porque Super Mario Land 2 es de esos juegos que se cogen y cuesta dejarlos. Es un cartucho que vuelve a recuperar todo lo que hace grande a la franquicia Super Mario, unos niveles imaginativos, una jugabilidad perfecta, una banda sonora que se te clava en el cerebro y secretos, muchos secretos que invitan a rejugar una y otra vez. Por suerte, el guardado de partida es bastante más permisivo que en sobremesa, y nuestro progreso se va preservando automáticamente, lo cual viene mejor para un juego de portátil que completar varios niveles de carrerilla a la espera de la opción de guardar. Y sobre todo, el debut de Wario, un enemigo que se presentaba como una versión retorcida de Mario y que ciertamente le pone en un jaque mucho mayor de lo que Bowser había sido capaz hasta la fecha. Tal fue su éxito que la tercera y cuarta parte de la saga serían suyas y solo suyas, descubriendo las capacidades de este mastuerzo como primer anti-héroe de Nintendo, y hasta la fecha. La verdad es que en cierta forma, Wario sí robó algo de la fama de Mario. Y si para ello hizo falta un gran juego como Super Mario Land 2, lo sentimos por Mario pero por nosotros no hay ningún problema. Últimamente parece más por la labor de los minijuegos disparatados, pero puede volver a intentarlo cuantas veces quiera.

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego:

Película : Super Mario Bros.

Canción: Super Mario Land Rap

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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