Un fontanero de papel

El conocido personaje de Nintendo protagoniza una nueva aventura, en la que se mezclan géneros tan variados como los puzles o el rol. Menos mal que Mario es del todo infatigable.

El argumento de Super Paper Mario comienza cuando el conde Bleck, el malvado de turno, se empeña en destruir todos los mundos conocidos. Para ello recurre a un poderoso libro capaz de absorber la energía de todos ellos. Por supuesto tenemos que impedirlo, y qué mejor manera de hacerlo que en compañía de Mario.

Perspectivas cruzadas

Para hacernos una idea, Super Paper Mario es algo así como una mezcla de géneros, siempre sin perder la esencia de todas las aventuras del héroe más popular de Nintendo. Durante el juego tenemos que recorrer distintos niveles repletos de enemigos (comunes, intermedios y finales), llenos de rincones que explorar, puzles que resolver y, en definitiva, muchas situaciones distintas que superar.

Pero el aspecto más llamativo y peculiar del juego lo encontramos en sus escenarios. Vale, sí, estamos ante un juego en dos dimensiones, pero durante breves periodos de tiempo podemos cambiar esta vista, pasando a convertir el nivel en un lugar “tridimensional”. ¿Y qué conseguimos con esto? Pues aprovecharnos de los escenarios para superar pruebas que de otra forma son imposibles. Aprender a jugar con la perspectiva es la clave.

Aunque no la única. Por ejemplo, durante la aventura también tenemos que valernos de algunos de los personajes más conocidos del universo Mario para resolver algunas situaciones. Por ejemplo, necesitamos a Bowser para escupir fuego en algunos momentos determinados, a Peach para alcanzar ciertos lugares planeando con su paraguas y cosas por el estilo.

Pero a decir verdad, estamos ante uno de los juegos más variados de toda la historia de Mario. Los objetivos que tenemos que llevar a cabo no terminan ahí, ni mucho menos. También tenemos que dialogar con distintos personajes, correr, nadar… y hasta rescatar a unas pequeñas criaturas que nos dan poderes especiales, como el hecho de hacernos más pequeños de lo normal. Todo esto crea una jugabilidad única y muy especial, pero que tiene el inimitable estilo que Nintendo imprime a este tipo de juegos.

El juego, que dura alrededor de quince horas, tiene un control bastante sencillo. Para llevar a cabo todas las acciones necesarias, simplemente hay que poner el mando de Wii en posición horizontal y jugar con él como si se tratara de un mando clásico; o sea, utilizando la cruceta y los botones. E igual de sencillos son los gráficos, a pesar de contar con un llamativo colorido y un estilo artístico bastante singular e imaginativo. En definitiva, un juego que esconde bastante más de lo que parece a simple vista.

Cerrar