¡Cobawunga!

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Las Tortugas Ninja fueron uno de los fenómenos juveniles de los años ochenta, y como tal no podían permanecer ajenas a las recreativas. Servíos un trozo de pizza mientras repasamos la segunda de ellas y sus versiones domésticas: Turtles in Time.

Primera regla de la cultura pop de los años ochenta: los ninjas molan. Bajo esta máxima pudimos ver en nuestros años mozos toda una época de ninjamanía que originó fenómenos tan curiosos como el de los ninjas de colores de producciones cinematográficas de medio pelo. Eso de los guerreros que se funden con las sombras es lo de menos, aquí de lo que se trata es, repetimos, de que los ninjas molan, con subrayado en molan. Sus apariciones se prodigaban en cómics, juguetes, series de animación y en lo que se les pusiera a tiro de shuriken. Tenemos, cómo no, a ninjas ilustres en los videojuegos, pero si mezclamos tres o cuatro mundos de una tacada, mejor que mejor.

Se dice que Kevin Eastman y Peter Laird dibujaron el primer sketch de las Tortugas Ninja en una humilde servilleta de bar, con la forma de un anfibio con cara de malas pulgas que lucía un antifaz, un cinturón y una mueca con dientes apretados que no inspiraba amistad precisamente. Su cómic independiente Teenage Mutant Ninja Turtles tampoco retrataba a cuatro amigos de los niños precisamente. Se trataba de páginas con un trazo feísta, muy sucio, en las que se relataba una historia de venganza mezclada con ciencia ficción y en la que no se escatimaba en crudeza llegando a mostrar incluso una decapitación en el momento climático del primer volumen. Nada que ver con la imagen que quedaría en el público cuando el grupo de quelonios mutados, conocidos desde entonces como las Tortugas Ninja, diese el salto a la pequeña pantalla en una producción claramente destinada al público infantil y juvenil, con muchísimo humor absurdo y ligero pero con unos momentos de acción, sobre todo en su primer arco argumental, que eran lo que la chavalada quería ver mientras se tomaba la merienda frente a la tele. Del cómic a la tele y de la tele a los videojuegos, entrar a unos recreativos y toparse con un arcade sobre la serie era un shock del que, para cuando nos recuperábamos, ya estábamos a los mandos y con cinco duros menos.

Cuando Konami lanzó su segunda recreativa, la fama de las Tortugas Ninja ya estaba a niveles estratosféricos. Tuvieron buen ojo al adquirir la licencia para su primer arcade de 1989, un beat’em up en toda regla que por entonces era una de las especialidades de la casa. La máquina triunfó y, viendo que la marca daba de sí con tres videojuegos en total distribuidos en el mercado doméstico, no parecía mala idea elaborar una nueva recreativa, esta vez con mayor calidad técnica y con algún que otro cameo procedente de las dos películas que ya estaban estrenadas. Teenage Mutant Ninja Turtles: Turtles in Time regresó a los salones con un aspecto mucho más cercano al de la animación, y precisamente con una fluidez de movimientos y variedad de sprites alucinante. Leonardo, Donatello, Raphael y Michaelangelo se movían estupendamente, igual que las legiones de soldados del clan Foot que aparecían en pantalla a puñados con armas variadas y diversos tonos. Una vez más, ninjas de colores. El círculo se cierra. Pero además de correr, saltar y luchar, las Tortugas también recibían lo suyo, y de maneras bastante hilarantes en ocasiones. Podíamos verles saltar de dolor al pisar algún elemento puntiagudo, o quedar aplastados bajo algún gran peso, o recibir un golpe en plena cara por un tablón suelto, por poner tres ejemplos.

La presentación de la máquina nos ofrece en directo, con April O’Neal al micrófono como no podía ser de otra forma, el robo de la Estatua de la Libertad en el sentido más literal del término por parte de Krang, el ser de la Dimensión X alojado en un enorme robot. El por qué Shredder, más conocido como El Triturador/ Despedazador en nuestro país, se agencia una estatua de varios metros es algo que no queda muy claro, pero que basta para que los cuatro héroes de medio caparazón salgan de su alcantarilla y se líen a mamporros al estilo ninja. Hasta que llegados a un determinado punto, a Shredder se le acaba la paciencia y opta por hacer lo que debió hacer desde el primer momento, que es lanzar a las cuatro tortugas a un vórtice temporal que les hará recorrer varias épocas en las que, convenientemente, ya se encuentran sus sicarios. No solo los ninjas al por mayor de su clan sino otros tipos de enemigos como los seres de piedra de la Dimensión X o algunas creaciones mecánicas fruto de la ciencia del Tecnódromo. Y coronando cada nivel, los necesarios jefes, que serán reconocibles por los fans de la serie, pero también por quien se coleccionara los juguetes o por los espectadores de las películas. Y es que en este juego se da un batiburrillo curioso entre todas sus versiones. 

Teenage Mutant Ninja Turtles: Turtles in Time es un curioso tributo al universo de las Tortugas, ya que su mismo tema principal en su versión de recreativa era un fragmento digitalizado de Pizza Power, una de las canciones del espectáculo musical Coming Out of Their Shells Tour. Quieras que no, un arcade del año 1991 con una intro cantada no se veia todos los días. La sintonía de la serie tomaba el relevo en sus ports para Super Nintendo y Mega Drive, en donde se perdía la opción para cuatro jugadores quedando solo dos simultáneos, y de los que el primero conservaba la estructura de sus fases, cambiando, eso sí, en una de ellas el scroll horizontal por un recorrido en modo 7 similar a F-Zero. La principal diferencia, como hemos comentado, eran los jefes de nivel, donde se mantienen algunos como el caimán mutado Leatherhead, el científico chalado transformado en mosca Baxter Stockman, Rahzar y Tokka, los dos mutantes que debutaron en la segunda película o la tortuga robótica Metalhead.

 

 

Pero a cambio entran algunos como Slash, una versión retorcida y salvaje de las propias tortugas, el Rey de las Ratas o los imprescindibles Bebop y Rocksteady, directos desde la serie de televisión. En Mega Drive, la diferencia es mucho más palpable al ser un juego distinto casi por completo. Nada de viajes en el tiempo, aquí Shredder usa el poder de un objeto llamado Hyperstone para reducir el tamaño no solo de la Estatua de la Libertad sino de todo Manhattan y añadirlo a su colección. Repiten Leatherhead y Baxter Stockman, y se unen a la fiesta Rocksteady, en solitario y directamente extraído del primer arcade, y Tatsu, el lugarteniente de Shredder en los largometrajes. El propio alter ego enmascarado de Oroku Saki es quien cierra la función en su forma, también procedente del cine, de Super Shredder, para servir de enemigo final con tres demoledoras magias diferentes con las que ataca continuamente. Una vez encontrada la pauta no es precisamente el jefe final más duro de la historia, de todas formas.

Cabe decir que estas diferencias no merman la diversión del juego. Al contrario, son muy disfrutables e incluso complementarias entre sí. Turtles in Time era Las Tortugas Ninja en estado puro en cualquiera de sus encarnaciones y su nivel técnico era sobresaliente. Si el apartado gráfico ya era bueno, el sonoro no se quedaba atrás, siendo otro gran trabajo de Konami incluso en la versión de Mega Drive, máquina que no destacaba precisamente en este aspecto y que aún así disfrutaba de sintonías la mar de pegadizas, sobre todo en una de las fases, Shredder’s Hideout, con ambientación japonesa. Pero ante todo, la diversión era el punto fuerte en cualquiera de los casos.

Turtles in Time era un juego de acción excelente, con un control que permitía hacer ponernos en las conchas de sus protagonistas y hacer frente a cuatro o cinco enemigos a la vez sin sufrir más de la cuenta gracias a secuencias de golpes, movimientos específicos, diferentes ataques en salto, un golpe de espaldas y hasta embestidas en carrera y deslizamientos por el suelo.

El culmen era, claro está, una partida a cuatro jugadores en el arcade, pero las ediciones domésticas no le iban para nada a la zaga, y así se les reconoció en la época. Un grandísimo juego de una grandísima licencia  que nos tuvo chillando “Cowabunga!” durante mucho tiempo y al que su remake Turtles in Time: Re-Shelled no le hace ninguna justicia. Rescatad el original si podéis y disfrutad de él, porque incluso a día de hoy merece la pena. Tal es el poder de las tortugas.

Juan Elías Fernández, colaborador de AlfaBetaJuega

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No te quedes solo en el juego

Canción: Pizza Power – Coming Out of Their Shells Tour

Película: Las Tortugas Ninja, de Steve Barron

Cómic: Teenage Mutant Ninja Turtles, de Kevin Eastman y Peter Laird

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