El primo segundo de Minecraft

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Dice el artículo 47 de la Constitución Española que todos tenemos derecho a una vivienda digna. Lo que no dice es que esta vivienda es necesaria para repeler a los zombis.
 
Terraria es un juego de construcción y rol de estilo clasicote en avance lateral y dos dimensiones. Nada más arrancar y pasar por el tutorial, tendremos que crearnos un muñeco del que podremos personalizar sexo, color, vestimenta, tipo de pelo, color de cada rasgo de nuestro cuerpo… todo ello con una estética pixelada de estilo retro a más no poder.
 
Una vez hecho se nos creará el mundo donde vamos a jugar, en el que podremos elegir el tamaño que queremos que tenga: pequeño, mediano o grande. Os avisamos de que el pequeño es ya bastante grande de por sí. Y elegir, aunque esto podemos hacerlo cada vez que accedamos a nuestro mundo, si en la partida jugaremos solos o en línea (ya sea por invitación privada o de manera pública).
 
 
Ya estamos en la partida propiamente dicha y tendremos, a priori, un montón de cosas que hacer. Lo primero y fundamental es descubrir que el juego tiene ciclos horarios y que estos son fundamentales. Es decir, tendremos día y noche y esto va a afectar poderosamente a la jugabilidad del título. ¿Por qué?
 
Por el día tendremos enemigos, pero la cosa es medianamente feliz: vemos perfectamente, nos atacan bichos en mayor o menor grado de dificultad y dependiendo de la zona en la que nos encontremos y podremos pasar con mediana tranquilidad.
 
Pero al caer la noche, a parte de que sin una antorcha a ciertas horas es imposible darse un paseo, el mundo se infestará de zombis y otras criaturas malditas de las que no nos va a ser fácil deshacernos (la mayoría de travesías que hagamos por la noche van a suponer nuestra muerte).
 
 
Entonces, como os decíamos, lo primero va a ser construirnos una casa que nos sirva de refugio a nosotros y a los múltiples personajes no jugables que aparecen en el mundo. Para hacer la casa, evidentemente, cual cerdito del cuento, nos van  a hacer falta materiales.
 
Y estos materiales nos los va a dar el mundo. De primeras, contamos con una serie de herramientas como son un pico o una hacha: con el primero conseguiremos minerales o tierra y con la segunda talaremos los bosques. 
Una vez creamos tener el suficiente material tendremos que construirnos la choza. Tiene que quedarnos bien claro desde el tutorial como hacer este proceso medianamente rápido, pues en principio son un montón de cosas que hay que hacer prácticamente en un determinado orden y que si no hacemos así no conseguiremos que nuestra casa sea habitable y no podremos avanzar en el juego.
 
Para que os hagáis una idea, para que nuestra casa funcione, el cerco de piedra que suponen el techo y las paredes tiene que tener una anchura y altura mínimas. El siguiente paso es hacernos un banco de trabajo con madera que nos permitirá crear un montón de elementos nuevos para poder seguir explorando el mundo pero también terminar nuestra casa.
 
 
Una vez construido el banco de madera, tendremos que destruir parte de la pared que ya hemos construido para colocar una puerta (evidentemente, para entrar y salir de nuestro refugio) desde el banco; después hacernos unas antorchas para que la casa tenga luminosidad; construir por lo menos una silla para que los personajes no jugables puedan quedarse en casa y los tengamos controlados (fundamental para los muñecos que nos venden cosas); y ya por último y por fin, colocar una pared de madera que hay que hacer una a una en todo el fondo de la casa para que esté completamente cerrada. Una vez hecho esto, si cae la noche lo único que tendremos que hacer es cerrarbien las puertas y esperar a la vuelta del día. Tranquilos por los zombis, no pueden atravesar las puertas.
 
 
 
Aquí viene uno de los primeros problemas de Terraria: y es que el juego, a parte de un confuso tutorial, no cuenta con prácticamente ninguna ayuda dentro del juego y tampoco nos confirma, por ejemplo, cuando hemos conseguido completar la casa de manera satisfactoria por lo que podríamos habernos dejado uno de los muchísimos elementos que necesitamos sin colocar y no tener perfectamente habitable la casa. 
 
Una vez construida nuestra primera casa, decimos primera porque nos va a hacer falta una casa cada ciertos metros en el mapa tanto para poder resguardarnos como para dar cabida a todos los personajes no jugables (porque solo entra uno por casa), nuestro objetivo es explorar el mundo.
Segundo problema de Terraria: en ningún momento tenemos un objetivo claro en el juego. Nuestra constante será ir avanzando por el mapa, matando a todos los enemigos que se pongan a tiro de espada y estar pendientes de que el sol no se resguarde sin nosotros tener refugio.
 
Los objetivos nos los van dando los diferentes personajes no jugables que nos encontremos pero muchas de sus órdenes pueden ser tremendamente confusas. 
 
 
Cuando conseguimos descubrir lo que tenemos que hacer, que suele ser matar a determinado monstruo en un determinado momento, día o noche, nos damos cuenta de otra cosa: no somos lo suficientemente fuertes y necesitaremos seguir consiguiendo recursos para llegar a un nivel que nos permita enfrentarnos con garantías al reto, pero insistimos, apenas hay un indicativo que nos informe de esto.
 
De ahí que el juego se vuelta tremendamente complicado desde su propuesta totalmente sencilla. No ayuda en nada a este aspecto que no haya ningún punto de control (podremos guardar cuando queramos sí); pero que no haya ningún punto de control significa que aunque recorramos X kilómetros en el mapa, si nos matan, aparezcamos el punto de salida donde aparecimos la primera vez. Por lo que tendremos que repetir sectores del mapa una y otra vez, y volver a matar otra vez a los enemigos para llegar hasta lo que queremos hacer. Esto se puede hacer frustrante y conseguir que jugadores sin paciencia (y lo entendemos) abandonen el juego antes de descubrirle la gracia.
 
Tampoco están bien medidas las zonas horarias. Es decir, durante el día podemos hacer un montón de cosas, prácticamente todas las cosas; y durante la noche, en teoría desde nuestro refugio, deberemos gestionar recursos, construirnos nuevas herramientas y demás. El problema es que al durar ambas franjas de tiempo lo mismo, el día se nos hace muy corto y la noche demasiado larga. Y el problema es aún mayor con el paso de los días en el juego, cuando por la mañana tengamos cientos de cosas que hacer y por la noche solo una o ninguna.
 
 
Esto nos da otro de los problemas del título: su propuesta de entrada es muy pero que muy compleja con un montón de elementos que tendremos que memorizar, zonas del menú e inventario (que son bastante accesibles eso sí) que explorar y una jugabilidad simplona pero a la que hay que acostumbrarse. Y, sin embargo, con el paso de las horas, nos damos cuenta de que todo se vuelve demasiado sencillo en cuanto a propuesta y que no tenemos tantas cosas que hacer como creíamos en un principio.
 
Pese a sus problemas, lo que tiene Terraria es que engancha como él solo y nos recuerda a los juegos añejos en los que jugábamos una y otra vez la misma zona para descubrir sus secretos. Y la frustración que nos suponía intentar resolver una fase que sabíamos era imposible, no hacía más que acrecentar nuestro interés. Lo que pasa es que el tiempo de los juegos añejos es tiempo ya pasado y superado.
 
 
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Valoración final
 
Jugabilidad: En los primeros compases de juego hay demasiados elementos poco explicados que con el paso de las horas se vuelven demasiado sencillos. Nos recuerda a cuando aprendimos a conducir.
 
Gráficos: Con una estética deliberadamente retro y pixelada, el juego tiene un diseño artístico muy encantador y acorde con lo que pide la propuesta.
 
Sonido: La banda sonora puede hacerse repetitiva, pero gracias a los patrones musicales podremos descubrir como hacer las cosas de manera correcta.
 
Duración: Hasta que acabéis hartos. Completar una partida en un mapa pequeño, si es que se puede completar, lleva un montón de horas. Pero hay que sumar que no solo vais a echar una partida y que tenéis el juego en línea.
 
Conclusión: Terraria es como coger el popularísimo Minecraft y un clasicazo de Nes como The Battle of Olympus en la misma fórmula pero sin llegar a la brillantez, carisma y enganche de ambos. Eso sí, si estáis hartos del mundo de los mineros pixelados, id de cabeza a por él.
 
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Si te ha gustado te gustará
 
 
No te quedes solo en el juego:
 
Película: Los tres cerditos de Walt Disney (1933)

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