Tamriel en tu mochila

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The Elder Scrolls Online ya es una realidad. Tras las primeras betas, llega la versión final del juego, puesta a punto y pulida, para tratar de cautivar a un público fiel a esta saga, pero también al resto de jugadores afines a los MMORPG. Tamriel es nuestra para hacer y deshacer.

La sola mención del nombre de The Elder Scrolls es algo que a los aficionados al género de los RPG occidentales, a buena parte de ellos al menos, les provoca el ponerse en pie y hacer una sentida reverencia. Seguramente estemos hablando del referente del género en los últimos tiempos, la marca que, especialmente a partir de su tercera entrega, se ha erigido en el estandarte de las aventuras de épica fantástica al llevar el rol a un mundo abierto en el que ya no tendremos que buscar la taberna más cercana para que nos encomienden una misión y así poder iniciar nuestro camino a la gloria sino que podemos ir a donde nos plazca.

The Elder Scrolls Online, por su parte, dice muchas cosas en las cuatro palabras que forman su título, y todas ellas hacen temblar de emoción a sus compradores potenciales. Un The Elder Scrolls con el que poder jugar con otros usuarios humanos a través de la red es, sobre el papel, una bendición caída del cielo. Se acabó el recorrer cuevas, minas o mazmorras a solas. Ahora también podríamos podremos recorrer cuevas, minas o mazmorras en compañía. Por no hablar de la flexibilidad de su sistema de habilidades. Pero por supuesto, las posibilidades van mucho más allá. Usar un reino como Tamriel, con sus regiones, sus facciones y su rico bestiario como tablero donde colocar las piezas de un juego masivo es un concepto que casi da vértigo. Porque, ¿qué no podrían hacer multitudes de héroes luchando o colaborando entre sí ya sea para conquistar territorios o hacer frente al mal que se cierne sobre el mundo?

Sin embargo, durante el periodo de beta abierta, el juego no ha levantado excesivas pasiones. Más bien al contrario, ha habido críticas que han arremetido contra el juego, y es posible que se deba a un problema de expectativas. Quien quiera encontrar en The Elder Scrolls Online exactamente lo mismo que ofrecía Skyrim pero en un juego multijugador masivo, es mejor que pase de largo porque se trata de comparar churras con merinas. Un MMORPG ha de diseñarse con la idea en mente de albergar a cientos si no miles de jugadores batallando entre sí y contra los enemigos controlados por la IA de manera simultánea. Dicho de otro modo, virguerías las justas porque cada porción de recursos cuenta. Y sin embargo, The Elder Scrolls Online se las apaña para conservar bastantes de sus señas de identidad. 

No tanto en su trama principal, porque lo cierto es que se han contado historias mucho mejores. Para empezar, lo primero que va a hacer nuestro personaje es dar con sus huesos en Oblivion porque, así es la vida, según empiece la aventura vamos a estar muertos, tiesos, en el otro barrio. Esto nos dará el pie para dos cosas: un inicio prometedor y un tutorial que nos informará debidamente sobre cómo desenvolvernos con los controles y la interfaz de usuario mientras buscamos la salida de dicho reino para volver al mundo de los vivos. Por increíble que parezca, volver a la vida en Tamriel acaba no siendo tan difícil como parecía y es ahí donde realmente vemos el verdadero percal. Estamos en una época muy anterior a la que conocemos de las anteriores entregas de la saga, concretamente situada un milenio antes de los hechos de The Elder Scrolls V: Skyrim, y Cyrodill, la ciudad imperial, no tiene ahora mismo ningún emperador que llevarse al trono.

Como en todo vacío de poder, no faltan los pretendientes a este cargo, y para ello se forman tres facciones conformadas por diversas razas: El Dominio de Aldmeri (Aldmeri Dominion), donde coinciden altmer, bosmer y khajiitas; la Alianza de Daggerfall (Daggerfall Covenant), formada por bretones, orcos y guardias rojos; y el Pacto de Ebonheart (Ebonheart Pact), en el que se integran nórdicos, dunmer y argonianos. De la raza y facción seleccionada para nuestro avatar en Tamriel dependerán sus habilidades así como la zona del mapeado por la que se moverá inicialmente cuando vuelva a ser de carne y hueso, algo que por fortuna no tardará mucho en cumplirse.



Y en medio de esta situación política, el príncipe daedra Molag Bal planea aprovechar este caos reinante en Tamriel para intentar imponer su propia conquista de la manera más radical, fusionando el continente con el plano de Oblivion, de manera que su dominio sería absoluto. Por suerte, un personaje que se hace llamar el Profeta parece tener las claves para detener los planes de Molag Bal, aunque ellos nos lleve por todas y cada una de las esquinas de Tamriel desempeñando, solos o en grupos de hasta cuatro jugadores, misiones de variada naturaleza, aunque bien es verdad que muchas de ellas y especialmente al principio nos parecerán bastante genéricas y ya vistas en otros juegos del género. Sin embargo, lo que hace especial a The Elder Scrolls Online es precisamente que se trata de un The Elder Scrolls.

Si en el último avance que hicimos del juego cuando pudimos acceder a su versión beta, nos quedaba una sensación de ambigüedad como si el juego no terminada de mojarse del todo hacia un lado o hacia otro, el de su pasado como juego de entorno abierto, libertad de acción y evolución a gusto del jugador a través de sus decisiones o el de otras fórmulas mucho más asentadas en el campo del multijugador online de las que aprovecharía la mecánica para camuflarla con el bestiario, el trasfondo y el sistema de progresión de habilidades de The Elder Scrolls. Felizmente, en su versión final parecen haberse hecho algunos ajustes y la moneda ha caído del lado de la primera opción de manera que The Elder Scrolls Online puede proclamar a los cuatro vientos que se trata de un verdadero juego merecedor de llamarse The Elder Scrolls.

De este modo, el personaje que anteriormente habremos personalizado por fuera gracias a un completo editor también podrá ser personalizado a nivel interior mediante el consabido sistema de progresión de la saga. Se acabó el estar lastrado por una raza o clase de personaje, y si nos apetece trotar por Tamriel con un guerrero que además sea un crack lanzando hechizos sin privarse de blandir un espadón enorme o de enfundarse en una armadura pesada, no hay problema. Nuestras habilidades aumentarán conforme hagamos uso de ellas, de manera que lo que queremos dominar lo aprenderemos con la práctica, lo cual también nos permitirá ajustar la manera en la que jugaremos al juego a nuestro gusto. ¿Atacamos a distancia o nos lanzamos a la meleé? ¿Optamos por un tanque o por un DPS? Estas opciones cruciales en los MMORPGs quedan a nuestra completa elección e incluso podemos corregirlas relativamente sobre la marcha.



La forma en la que entraremos en combate tampoco será excesivamente complicada. Con un botón del ratón atacaremos y con el otro nos protegeremos si llevamos equipado un escudo. La acumulación de experiencia al completar misiones y derrotar enemigos nos permitirá aumentar el nivel del personaje, y con ello aprender nuevas técnicas que podremos asignar a la imprescindible barra de acceso rápido y, a su vez, hacer que éstas ganen sus propios rangos al ir potenciándolas. Hasta aquí todo en orden, pero algo que The Elder Scrolls Online aporta a este respecto es la posibilidad de transformar estas técnicas, o lo que es lo mismo, hacerlas “evolucionar” en cierta manera para ganar otras distintas. Llegados al máximo rango en una habilidad podremos elegir al comprar el siguiente nivel de entre nuevas técnicas mejoradas. La elección nos acompañará el resto del juego, ya que una técnica solo puede transformarse, en principio, una sola vez. Pero a cambio nos concederá mayores bonificaciones y nuevos efectos sobre su objetivo.

Dispersos por el mundo encontraremos también una serie de cristales, llamados Skyshards, que nos permitirán acelerar el crecimiento de nuestro personaje al concedernos un punto de habilidad adicional por cada tres de ellos que encontremos por Tamriel, algo que además supone un aliciente para explorar su territorios, ya que los Skyshards se encuentran en diversos parajes como cuevas o mazmorras repartidos por todo el mapeado. En total, The Elder Scrolls Online suma 336 Skyshards, lo que haciendo la división nos da 112 puntos extra de habilidades si conseguimos hacernos con todos. Sin contar, claro está, con que este número varíe con posteriores actualizaciones.

Los elementos conocidos para los fans de The Elder Scrolls están incluidos sin ningún tipo de completo en este juego, añadiendo una sensación de familiaridad al ver que podemos registrar las cajas, sacos y demás recipientes que vayamos encontrando por ahí así como rebuscar en las estanterías de las librerías que veamos en busca de algún libro que nos ayude a aprender más cosas sobre Tamriel o, ya a efectos de juego, que conceda un aumento en alguna habilidad determinada para nuestro personaje, de modo que nunca está de más darse a la lectura. Pero si os van más otras tareas más manuales, nuestras amigas las artesanías vuelven a la palestra para permitirnos preparar nuestras pociones, comidas e incluso piezas de equipo con nuestras propias manitas. Y los ingredientes necesarios, por supuesto.



Así pues, y frente a las zonas iniciales de la beta, al parecer no muy del agrado de los jugadores, en The Elder Scrolls Online sí que tendremos la sensación de estar en un juego de la franquicia que le da nombre, solo que pagando el peaje de algunos dejes de los juegos multijugador masivos. Y es que como ya hemos dicho antes, esto no es exactamente Skyrim u Oblivion. Y si bien es cierto que Zenimax ha sabido beber de las virtudes de The Elder Scrolls, no se han librado de algunos de sus defectos. En los combates es donde más se aprecia, ya que si de por sí la mecánica de batalla de esta serie no era precisamente la mejor creada si jugamos en tercera persona, este mecanismo, claramente ideado con la primera persona en mente, tampoco termina de cuajar en ésta. El motivo es que mientras que en los juegos offline la cámara acompaña nuestro movimiento haciendo el combate más orgánico y, de alguna manera, natural, en The Elder Scrolls Online la necesidad de tener que rascar recursos de aquí y de allá lo hacen un tanto anquilosado, más ortopédico hasta el punto de sacudir mandoblazos con la esperanza de que en una de estas a nuestro enemigo le dé por ponerse delante. 

Un aspecto importante en los MMORPG es el PvP, las batallas de jugador contra jugador, y aquí hemos de usar un plurar muy grande. Si una palabra puede definir a The Elder Scrolls Online esa es “descomunal”, y un juego descomunal necesita de luchas multitudinarias. Recordemos que no hay emperador vigente en Tamriel en estos momentos. Pues bien, son los propios jugadores los que pueden aspirar a este puesto, lo que indudablemente les reportará una serie de ventajas mientras se mantengan en el trono. Pero cuidado, porque las fuerzas enemigas no se van a quedar de brazos cruzados. Hay varios puntos donde enzarzarse en una batalla PvP, pero posiblemente sea Cyrodill donde se concentra buena parte de la miga. Lo que el juego nos propone es organizar asaltos contra fortalezas dispersas por toda la región de manera que cuantas más controlemos, más ventajas tendrá nuestra facción en este modo de juego. La manera de controlarlas, cómo no, pasa por invadirlas y repartir estopa hasta que cambie de dueño, o mantenga el que ya tiene. Para esto, Zenimax ha querido ser justa y ha hecho que todos los personajes que entren en la zona PvP vean sus características aumentadas hasta nivel 50, independientemente de su nivel real. De este modo, será el equipo que lleven activo, así como la manera de jugar del usuario, lo que de verdad marque la diferencia.

Pero si hemos de hacer un asedio, necesitaremos armas de ídem. En The Elder Scrolls Online se ponen a nuestra disposición catapultas y ballestas gigantes de varias clases con las que castigar inmisericordemente las murallas y portones de las fortalezas que queremos invadir. En su interior, no obstante, habrá también personajes controlados por la IA como apoyo para evitar que algún incursor avispado se cuele hasta la cocina. Cuanta más conquista hagamos mejor para nuestra alianza y, por ende, para nosotros, pero es que además nos podemos hacer con los Elder Scrolls que dan título a la saga, los mismísimos pergaminos antiguos que nos concederán aún más poder y que podrán cambiar de manos si son robados y llevados a lugar seguro tras disputar auténticas batallas campales entre ejércitos.



La grandeza del mundo de Tamriel quedaría deslucida si no estuviera acompañada de buenos gráficos y por ello el apartado visual de The Elder Scrolls Online es más que notable… para un MMORPG. Cierto es que lo que veamos no nos va a disgustar y que incluso a la máxima configuración en los equipos más potentes nos muestra un mundo realmente bello y majestuoso, pero como ya hemos dicho antes las filigranas técnicas no son la prioridad en este género. Y sí, sus gráficos son buenos, más que buenos para, repetimos, un MMORPG, pero están algo alejados del realismo del que hacía gala Skyrim. La banda sonora cumple a la perfección su propósito ambiental, pero esos diálogos no nos importaría escucharlos en español, un idioma que a diferencia del inglés, francés y alemán está totalmente ausente del juego, con lo que a menos que dominéis alguna de las dos últimas lenguas acabaremos leyendo los textos en inglés y escuchando las voces en el mismo idioma.

Aunque esto nos afecte a nivel local, tampoco es el único problema del que hace gala The Elder Scrolls Online, y nuevamente es porque su condición de juego masivo le pasa factura. Existen algunos fallos en el juego que aunque quizá no basten para poner a nuestro personaje permanentemente en fuera de juego, sí que pueden ser una seria molestia. Por ejemplo, recientemente Zenimax ha arreglado un bug bastante grave que permitía duplicar objetos, algo que en un juego como este que debe aguantarse sobre un equilibrio bastante delicado por todos los factores que intervienen, puede ser devastador. Esta clase de fallos en un programa que se vende a precio de juego comercial y que además requiere de cuotas mensuales para poder jugarse es algo que es muy difícil pasar por alto.

En líneas generales, hay que decir que si la beta nos dejó con bastantes dudas, la versión final parece haberse redimido de muchas de ellas, aunque en momentos puntuales se quede a medio gas por las causas antes mencionadas. Es difícil calibrar debidamente un juego masivo, y en el caso de The Elder Scrolls Online muchas veces se peca de racanería en las recompensas, traduciéndose en un progreso de personaje lento para los primeros niveles. Se trata de un juego enorme que nos ofrece todo un mundo para nosotros, un mundo que hasta podemos llegar a regentar. Y al mismo tiempo, se las apaña para dejar una sensación agridulce en determinados momentos que le priva de que consideremos este juego como el rey que muchos esperaban que fuera en su género. The Elder Scrolls Online ha mejorado, pero aún tiene mucho margen para seguir haciéndolo introduciendo algo más de variedad y lidiando con el corsé autoimpuesto de tener que atender a la vez a hordas y hordas de jugadores. Skyrim se podía permitir el lujo de ir despacito y con buena letra, pero en este caso no. A pesar de que sus puntos fuertes lo son y mucho. Y más que quedan por descubrir.



Juan Elías Fernández

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Valoración final

Jugabilidad: Dentro de la familiaridad con otros juegos de su género, al menos Zenimax no ha querido complicarse la vida ni complicárnosla a nosotros y nos ofrece una interfaz sencilla, con mucha pantalla visible, y unos controles no muy complejos. Su desempeño, a veces, es lo que falla.

Gráficos: Vistos desde la óptica de un videojuego actual, hablando en términos generales, no harán estallar muchas cabezas de la impresión, pero si nos paramos a pensar que esto es un juego multijugador online, la verdad es que su aspecto es fantástico.

Sonido: Buena banda sonora para ambientarnos mientras estamos en faena, y en la que no falta el consabido tema principal de The Elder Scrolls para subir el ánimo.

Duración: Es un MMORPG. La que cada cual le quiera dar. O hasta que se canse de pagar las cuotas.

Conclusión

En el avance dijimos que The Elder Scrolls Online había querido abarcar mucho y como consecuencia apretaba poco. En su versión comercial sigue queriendo abarcar mucho, pero al menos ya aprieta bastante más y ofrece más dosis de esos elementos marca de la casa por los que todo el mundo suspira con cada entrega. El resultado no es redondo, y cojea en algunos aspectos sobre todo relativos a su propia naturaleza. No es el mejor Elder Scrolls, y seguramente no sea el mejor MMORPG de ahí fuera, pero decir que es un juego que puede lucir su título tranquilamente ya significa mucho.

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