La Senda del Matadragones

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La guerra revienta Skyrim por dentro, los dragones han vuelto y arden los cielos. Pero Sangre de Dragón ha llegado, aquél que tendrá que impulsar a Tamriel hacia una nueva era. ¿Estás preparado para ser tú?

La sensación que Bethesda ha transmitido en todo momento con Skyrim es que tenía las cosas muy claras desde el principio. Ya su anuncio, en diciembre del año pasado, fue muy particular e impactante, con una curiosa fecha de lanzamiento divulgada desde el primer tráiler: 11/11/11. La razón era evidente, el proyecto ya estaba muy avanzado. Bethesda había tenido a un equipo de trabajo volcado totalmente en Skyrim desde que terminó, hace ya cinco años, el desarrollo de Oblivion. Un proceso llevado a cabo en un secreto absoluto al que cada poco tiempo se iban incorporando desarrolladores, especialmente tras la finalización de Fallout 3 (porque recordemos que New Vegas no fue creado por Bethesda sino por Obsidian). El objetivo final, desarrollar el juego más ambioso de la compañía norteamericana hasta la fecha. El más completo y redondo. ¿Lo han conseguido?

El advenimiento de los dragones

La historia transcurre 200 años después que la de Oblivion. Tras el asesinato del gobernador de Skyrim, perteneciente al Imperio, por parte de los separatistas nórdicos llamados Capas de la Tormenta, la región se encuentra sumida en una devastadora guerra civil.

Todo arranca con nuestro protagonista preso, como es tradición en The Elder Scrolls. Sólo que esta vez es transportado en un carromato junto con otros reclusos hacia el patíbulo, por razones que en un principio desconocemos. Uno de nuestros compañeros es el mismísimo Ulfric Capa de la Tormenta, jarl (regente) de Ventalia, la ciudad más grande de Skyrim, y líder de los Capas de la Tormenta, quien asesinó al gobernador. Pero en este hito de la guerra civil, justo cuando vamos a ser decapitados, aparece un dragón tras siglos enterrado y destroza Helgen, la ciudad en la que nos encontramos. Lo que en un principio supone nuestra salvación se convierte en una huída por las cuevas de la ciudad.

Según la mitología nórdica, los dragones aparecen solo en momentos extremadamente importantes en la historia de Skyrim. Y parece que este lo es. Pero es que no sólo han llegado ellos. También lo ha hecho el mismísimo Dovahkiin, el Sangre de Dragón, aquél que está destinado a acabar con ellos. Y ese, obviamente, eres tú.

Con nuestros objetivos en mente

La estructura del nuevo The Elder Scrolls es idéntica a la de los últimos juegos de Bethesda, un sello de marca y desarrollo. Tras terminar la primera misión somos lanzados a explorar el mundo con absoluta libertad. Una libertad que algunos adoran y a otros agobia porque es ilimitada. Podemos seguir el transcurso de la historia principal, que nos llevará en primer término a una ciudad importante a varios kilómetros de distancia, o acercarnos al primer pueblo que nos encontremos para hablar con los aldeanos y que nos encarguen multitud de misiones secundarias. Cientos y cientos de ellas, y muy variadas. Desde la clásica que nos llevará a acabar con los bandidos del fuerte cercano a matar a unos animales enloquecidos que atacan a los caminantes, pasando por imitar a un asesino de la Hermandad Oscura y eliminar a la malvada dueña de un horfanato o desvelar a un avispado ladrón que se hace pasar por fantasma y que atemoriza a unos aldeanos. Muchas de estas misiones, además, implicarán decisiones por nuestra parte, a veces incluso más de dos.

Pero junto con estas misiones secundarias, que podremos encontrar en cualquier ciudad, poblado, cueva o camino, también se encuentran los famosos gremios que tanto gustaron en Oblivion. Se trata de una serie de misiones con más enjundia que las típicas secundarias, que debemos cumplir para determinados grupos. Gracias a ellas ascenderemos en su clan, lo que nos permitirá conseguir ventajas de todo tipo, desde armas especiales a habilidades. En esta ocasión vuelven a ser cuatro, los mismos: Compañeros (guerreros), Ladrones, Magos y la Hermandad Oscura. Los tres primeros son conocidos por el pueblo, la cuarta es secreta, una leyenda que muy pocos saben que es verdad. ¿Cómo lograr acceder a ella? Siendo cruel, matando a gente inocente. Aunque cuidado, porque es posible que tú mismo seas un objetivo de la Hermandad.

Aún hay más. No podíamos pasar de puntillas sobre el conflicto que vive Skyrim. En un sistema de facciones con similitudes con Fallout New Vegas nos veremos obligados a elegir uno de los dos bandos: Imperio o Capas de la Tormenta. Cada uno con sus misiones propias y sus particularidades. Esto traerá consecuencias, ya que si nos ponemos de cara de unos nos enemistaremos con los otros, por lo que tendremos que andar con bastante cuidado. Y ojo con lo que eliges, tendrá una gran repercusión en el transcurso de la historia.

Bethesda ha mejorado el sistema de misiones respecto a sus anteriores juegos en dos vertientes. Por un lado, el sistema Radiant Story registra los lugares que ya conocemos, de tal manera que ninguna misión secundaria nos llevará a una zona que hemos descubierto anteriormente, sino que, aunque sea más lejos, nos ordenará que vayamos a cuevas o fuertes desconocidos para nosotros. Cada misión, por tanto, es distinta para cada jugador y hace de Skyrim un título extremadamente rejugable. Por otro lado, existe un motor que crea misiones aleatoriamente de tal forma que, una vez hayamos superado toda la aventura, no acabarán. Si vamos a hablar con un aldeano nos pedirá que le ayudemos matando a unos bandidos o rescatando cualquier objeto de valor.

¿El resultado de todo esto? Que, además de la historia principal, de unas 20 horas de duración, tenemos por delante, como mínimo, más de cien horas de juego entre misiones secundarias, facciones y gremios. Despídete de tu vida social durante meses.

Viajando por Skyrim

Skyrim se sitúa al norte de Cyrodiil, la región que visitamos en Oblivion. ¿Recuerdas la ciudad de Bruma, la que estaba más al norte? Pues ella y sus alrededores es lo más parecido que pudiste ver en The Elder Scrolls IV a lo que te encontrarás en la quinta entrega.

Skyrim es una región montañosa e inhóspita. Cuenta con un gran valle central, una explanada enorme de tundra, donde se encuentra una de las ciudades mayores del juego, Carrera Blanca, con fuertes influencias de la Rohan de El Señor de los Anillos. Al Sur de esta llanura se encuentran las zonas más verdes de la provincia, llenas de bosques frondosos que nos podríamos encontrar en las zonas centrales de Alemania. Al Norte y especialmente al Noroeste está la región más fría, con ciudades como Ventalia, Hibernalia (que no Invernalia) y Lucero del Alba. Éstas, pese a no estar en las montañas, están rodeadas de nieve e incluso desde Hibernalia, hogar del gremio de magos, se pueden ver imponentes icebergs por toda la costa.

Bethesda ha creado una región absolutamente desapacible, que transmite en todo momento las duras condiciones en las que viven las gentes de Skyrim. Caminando por las montañas se siente soledad, más incluso que en los Fallout. La región es dura hasta para pasear por ella. Los accidentes geográficos te jugarán malas pasadas y lo que parece que está a un palmo de piedra te obligará a realizar desesperantes rodeaos entre caminos pedregosos. Cansa en muchas ocasiones, pero en absoluto esto se puede ver como una tara. Bethesda ha sido plenamente consciente de cómo quería que fuese Skyrim y es, ante todo, realista y épica. La región más norteña de Tamriel no podía ser apacible y lo han conseguido. Si a esto le sumamos los peligros de los caminos, con enemigos que nos pondrán en grandes aprietos (osos, trolls, lobos, bandidos, esqueletos…), ir de un lugar a otro se puede convertir en un delicioso infierno. Por suerte, una vez hayas viajado por primera vez a un sitio, podrás volver automáticamente a él desde el mapa siempre que estés al aire libre.

Como en todo buen juego de rol, la creación de un “intrauniverso” es clave. Cada personaje hace su vida y tiene sus obligaciones, en las que tú, de vez en cuando, podrás intervenir. La relación de los demás contigo será diferente en función de tus acciones, y vayas donde vayas, todo el mundo tendrá historias que contarte, la gran mayoría interconectadas con los demás aldeanos y con la trama principal. Todo esto se potencia aún más con la multitud de libros que podrás ver en las estanterías de cualquier casa o taberna, que no son de obligada lectura aunque te pondrán aún más en situación. El entramado narrativo de Skyrim es uno de los más sólidos que hemos visto en la historia del género del rol y te mete desde el principio en su mundo.

El camino de un Sangre de Dragón

Si el sistema de misiones no ha cambiado demasiado con respecto a títulos anteriores de Bethesda, en el de habilidades y en todo lo que gira en torno al combate el cambio ha sido mucho más pronunciado. Hay un total de dieciocho habilidades: herrería, armadura pesada, bloquear, a dos manos, a una mano, arquería, armadura ligera, discreción, abrir cerraduras, robo, elocuencia, alquimia, ilusión, conjuración, destrucción, restauración, alteración y encantamiento. Todas ellas giran en torno a tres “clases” que en realidad no existen: guerrero, ladrón y mago.

¿Por qué no existen? Porque no hay en ningún momento una elección consciente y directa de lo que quieres ser. Las habilidades mejoran con su uso. Si utilizamos un escudo a menudo, seremos mejores con él. Si abrimos muchas cerraduras mejoraremos en esta habilidad. Por cada acción que mejore cada una de las habilidades aumentaremos de nivel lo que, por un lado, nos permitirá sumar diez puntos a nuestra barra de magia, vida o aguante (que nos ayuda a realizar ataques poderosos y correr); y por otro nos proporciona un punto de mejora. Cada habilidad es una constelación en un original y bello firmamento repleto de estrellas, y cada una de ellas es una mejora en una habilidad determinada. 20 % más de daño con el arco, 25% de bonificación a la armadura ligera completa, más probabilidad de daño crítico, más capacidad de bloqueo… Hay más de una veintena de mejoras para cada habilidad. Habrá a quien las dieciocho habilidades le podrían parecer pocas, pero la evolución real del personaje está en las mejoras, a las que sólo podremos acceder cuando alcancemos determinado nivel en la habilidad.

No hay que olvidar que entre las habilidades de las que te hemos hablado están las de herrería, conjuración y alquimia. Podremos trabajar el cuero tras recoger pieles de animales muertos, picar minerales y crear nuestras propias armas de diversos materiales (mejores cuanto más practiquemos). También añadir conjuros a nuestras armas o elaborar pociones. La recolección de materia prima ha cobrado más protagonismo que nunca en un The Elder Scrolls.

A esto hay que sumarle dos elementos más que terminan de redondear el sistema de habilidades. El primero de ellos son los Gritos de Dragón. Cada vez que matemos a uno de ellos absorveremos su alma, lo que nos permitirá aprender una palabra, y cada grito tiene tres. Cuando las tengamos, adquiriremos una habilidad especial, y estas son muy potentes: desde lanzar por los aires a los enemigos a provocar tormentas, invocar un dragón o ralentizar el tiempo. Son absolutamente desequilibrantes en combate, así que más te vale matar dragones. ¿Y cómo encontrarlos? No te preocupes, están por todo Skyrim y te los cruzarás con ellos en cualquier momento.

El último elemento que hay que sumar es la habilidad especial que nos da nuestra raza. Como en Oblivion, vuelven a ser diez las que podemos elegir: Argonianos, Orcos, Khajit, Elfos Oscuros, Altos Elfos, Elfos del Bosque, Guardias Rojos, Bretones, Imperiales y Nórdicos. Cada uno está mejor dotado para unas habilidades que para otras, y todos cuentan con una especial. Los Khajit ven mejor en la oscuridad, los Elfos Oscuros arden dañando a los que están cerca y los Nórdicos provocan terror en los enemigos y los hacen huir, por dar tres ejemplos. No os hemos comentado nada del editor pero ya os lo podréis imaginar, podéis cambiarlo prácticamente todo y en términos muy precisos: desde el sexo a la altura de nuestras cejas, pasando por el tono de nuestra piel, tatuajes o la profundidad de nuestros pómulos.

Luchando contra los dragones

Quizá, lo que menos parece cambiar a primera vista es el sistema de control. De nuevo, el manejo del personaje se lleva a cabo en primera persona de manera más óptima, aunque para alegría de aquellos a los que no les gusta la cámara subjetiva, el control en tercera persona se ha mejorado muchísimo. Sigue sin resultar tan bueno como el original, pero ahora los movimientos del personaje son mucho más realistas y es mucho más fácil apuntar que antes.

Pero el cambio principal, mucho más importante de lo que parecer, esque el control de nuestras manos es independiente. Podemos llevar en la derecha una espada y en la izquierda un hacha. Maza y escudo, dos dagas, espada y magia… La excepción son los arcos y los mandobles, que obligan a utilizar las dos armas. Es un sistema extraído en parte de Bioshock y que aporta una gran flexibilidad al sistema de combate, sobre todo en lo referente a los usos de la magia, ya que ahora es posible llevar magias distintas (una ofensiva y otra de apoyo, por ejemplo) y combinarlas de diferentes maneras, así como llevar la misma en las dos manos y potenciar su efecto.

El combate además es más dinámico. Sólo hemos encontrado un punto negro, que hay que medir más de la cuenta nuestros pasos, ya que nos podemos encontrar con que nuestro ímpetu en ir hacia un enemigos conlleve que avancemos más de la cuenta y nos quedemos dándole la espalda. Manejar las armas y el movimiento a la vez es algo complicado al principio, pero nada especialmente grave.

No encontrarás nada parecido al VAST de Fallout en Skyrim y, de hecho, el tiro con arco es bastante difícil de dominar, aunque los ataques críticos, cuando acaben con los enemigos, terminarán con espectaculares muertes que veremos en planos ralentizados muy cinematográficos y que, en función del arma que llevemos (dagas, hachas, espadas, mandobles…) serán diferentes.

La belleza del camino

No engañaremos a nadie. Quien busque en Skyrim la calidad gráfica de Uncharted 3 o Battlefield 3, no la encontrará. No se le puede pedir lo mismo a un juego de rol de cientos de horas de duración y libertad mareante que a un juego lineal de diez horas. Los modelados de los personajes y sus movimientos no están entre los más punteros, pero sí son lo mejor dentro de su género. Los gestos de los enemigos son aterradores cuando luchamos contra ellos, los animales están perfectamente recreados y una mención especial merecen los paisajes. Los grandes accidentes geográficos están construidos con una calidad espectacular, sobre todo las montañas y la vegetación. Ver a los grandes picos perderse en marañas de nubes es una delicia, igual que contemplar la región desde las zonas más altas.

Donde sí ha dado un plus Bethesda es en los dragones. Las docenas de batallas que tendremos que lidiar contra ellos se harán más amenas cuando contemplemos sus movimientos y ataques. Los combates contra estos gigantes alados son lo mejor del juego y uno de los grandes momentos que hemos podido vivir en los últimos años en un juego de rol. La música, sus caídas en picado, la colaboración de los guerreros que los avistan desde lejos y acuden en nuestra ayuda… Todo produce un clima absolutamente épico que nos transporta de lleno a un medievo fantástic, frío y aterrador. Es algo digno de jugar, de verdad.

No podemos terminar el análisis sin hablar del apartado sonoro. El juego viene totalmente doblado al castellano, en un trabajo mastodóntico que hay que agradecer enormemente a la compañía. Más de cincuenta dobladores han trabajado en el guión para interpretar a docenas de personajes. Y, ojo, que es un doblaje excelente. Más aún la banda sonora, inspirada en coros nórdicos y temas épicos medievales que aportan mayor sensación de grandeza a todo lo que llevamos a cabo en el juego.

Conclusión:

Cualquier amante de los videojuegos que sienta un mínimo de fascinación por los juegos de rol debería jugar a Skyrim. Es probablemente el mejor título de Bethesda hasta la fecha, una compañía que ha crecido apostando desarrollo tras desarrollo por los juegos de rol en primera persona hasta situarse a la altura de los más grandes. La trama, la profunda libertad que tenemos, el mejorado y acertado sistema de habilidades así como las batallas con los dragones y las más de cien horas de juego que tenemos por delante hacen de Skyrim uno de los mejores juegos del año. Y lo que es más importante, lo convierten en un referente del género en la generación actual. Felicitémonos todos, acabamos de subir un peldaño más.

 

David Navarro

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