Instinto de superviviente

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Los responsables de la saga Uncharted demuestran su madurez con una aventura post-apocalíptica imprescindible.

Los usuarios de PlayStation 3 pueden estar felices. Tras una larga espera, The Last of Us es toda una realidad. Y lo nuevo de Naughty Dog no solo cumple con las enormes expectativas puestas en él, sino que incluso las supera, estando sin duda ante uno de los grandes juegos del año.

The Last of Us es casi todo lo que un amante de las aventuras podría esperar a estas alturas. Su historia, que detallaremos a continuación, no es de lo más original, pero sí su propio planteamiento. Aquí no estamos ante héroes imposibles ni una lucha constante por ser el más fuerte. En lugar de eso no encontramos con dos protagonistas –Joel y Ellie– completamente creíbles, que solo tienen un objetivo en mente: sobrevivir.

Y he ahí el primer gran acierto de Naughty Dog, que ha presentado personajes que, como veremos luego, dependen mucho más de su instinto para superar las situaciones de peligro y adversas que de unas habilidades extraordinarias. No esperéis estereotipados tipos duros aquí. 

The Last of Us nos sitúa en un mundo post-apocalíptico en el que la sociedad tal y como la conocemos es cosa del pasado. Al igual que en films como Soy Leyenda o en juegos como I am Alive, la civilización prácticamente ha sucumbido ante una amenaza invisible. En este caso un hongo que ha diezmado la población, convirtiendo a los pocos supervivientes que quedan en prisioneros recluidos en campamentos altamente militarizados.

Han pasado veinte años desde que comenzó la crisis, y ahora la naturaleza ha ganado terreno, convirtiendo urbes, calles y rascacielos en meras ruinas por las que estos “infectados” campan a sus anchas. En el juego hay principalmente dos tipos de enemigos. El primero todavía tiene aspecto humano, pudiendo atacar en grupo y comportándose de una manera aún lúcida, menos animal. El segundo ya está en una fase más avanzada de la mutación y, aparte de tener un aspecto más grotesco, resulta menos inteligente pero más letal. Si nos logra enganchar, tenemos pocas posibilidades de contarlo.

En este sentido, The Last of Us logra incluir unas interesantes pinceladas de survival horror. No es un juego de terror como tal, pero sí una aventura angustiosa en muchos momentos que logra ponernos la carne de gallina y, sobre todo, hacernos sentir vulnerables ante un peligro que habitualmente nos supera en número y oportunidades. Porque, como ya en su día sucedía en Resident Evil, durante el juego encontramos un número limitado de armas y munición, por lo que olvidaos de ir por ahí disparando a todo lo que se mueve.

En lugar de eso, el sigilo resulta mucho más importante. En la mayoría de los casos debemos aprovechar nuestra astucia (y una visión especial) para saber dónde se encuentran los enemigos, e intentar despistarlos para poder seguir hacia delante. Lo cual no siempre resulta sencillo, la verdad.

Por suerte, por el camino encontramos un gran número de objetos que podemos utilizar para engañar a las criaturas, pudiendo así encontrar una ruta segura. Por ejemplo ladrillos o botellas que podemos arrojar para llamar su atención.

De la misma forma, también podemos combinar ítems para crear cócteles molotov, explosivos caseros y demás ayudas que resultan muy útiles. Siempre al más puro McGiver, aprovechando unas tijeras y cinta aislante para hacer una maravilla bélica. 

Otro detalle importante que demuestra el buen hacer del juego lo encontramos en su inteligencia artificial. Esta no solo presenta unos enemigos bastante inteligentes, coherentes y por lo general implacables, sino también unos compañeros humanos que saben comportarse como es debido. Estos no nos ponen en compromisos habitualmente, y en cambio sí resultan de inestimable ayuda, en la práctica y a nivel moral. Es imposible no entablar vínculos afectivos con ellos.

Ahora bien, ¿es The Last of Us un juego lineal? Sí, pero con matices. Está claro que el título sigue un patrón muy claro, al igual que lo hacía por ejemplo Uncharted. Pero esto no quiere decir que durante el juego no encontremos rutas relativamente alternativas para escapar de los enemigos o superar un tramo de varias formas diferentes.

Además, el brillante diseño de niveles, no solo disimula cualquier rastro de limitación jugable, sino que hace que explorar los edificios abandonados, las ruinas o los selváticos entornos sea todo un placer. En este sentido, se nota la experiencia que Naughty Dog ha conseguido con sus anteriores trabajos de Uncharted, firmando plataformas realmente adictivas y bien llevadas.

De hecho, quizás el aspecto que hace de The Last of Us un juego sobresaliente sea que todo esté donde debe de estar, y en su justa medida: las plataformas, los enemigos, los aliados, los objetos, los sustos, el ritmo… Se nota cuando un trabajo ha sido mimado punto por punto, y en este caso ha sido indiscutiblemente así.

Por ejemplo, el juego sabe nutriste perfectamente de un desarrollo perfectamente establecido, dándonos los respiros de exploración necesarios después de haber estado con el alma en vilo para escapar de varios enemigos, o viceversa.

Mención aparte merecen, como comentábamos antes, los personajes. En el juego manejamos a Joel, un buscavidas que, pese a estar muy alejado de la figura del típico mercenario, cuanta con recursos forjados a partir de un pasado complicado, que le ha permitido ir haciéndose a él mismo.

Su relación con Ellie, una adolescente más dependiente pero despierta al fin y al cabo, convierte a ambos en una de las parejas más atractivas que hayamos visto nunca en un videojuego. Y aunque la chica no es controlable, su ayuda es imprescindible en muchos momentos, ayudándonos a superar obstáculos, sujetar puertas y demás. Afortunadamente, en algunos puntos también contamos con la ayuda de un tercer compañero, que sí es capaz de disparar y hacer frente a los enemigos.

Pero si el perfil psicológico de los protagonistas está a un gran nivel, no lo está menos su realización técnica. Sus animaciones, movimientos y texturas ponen al límite el hardware de PlayStation 3, lo mismo que los excelentes escenarios. Parecía que después de ver Crysis 3 o Enslaved difícilmente nos podría sorprender un juego de estética post-apocalíptica, pero The Last of Us lo hace.

Movernos por sus entornos es una auténtica gozada, con una profundidad y una realización visual alucinante. Lo mismo que los efectos (lluvia, luz) o la iluminación. En algunos momentos nuestra linterna será nuestro mejor aliado y, a la vez, un peligro si no sabemos utilizarla con precaución.

Por supuesto, Sony ha sabido dotar al juego con una banda sonora fantástica, que se adapta a la naturaleza épica y a la vez intimista de la aventura. Por no hablar del cuidado doblaje, propio de cualquier superproducción de Hollywood y que termina de complementar unos personajes tan reales que meten al jugador de lleno en la acción.

Y si por alguna casualidad no tuvierais suficiente con la campaña del juego (cosa que dudamos), el multijugador de The Last of Us os va a tener enganchados horas y horas. ¿Por qué? Tal vez no estamos hablando de una revolución en el terreno de los multijugadores de tipo acción (aunque no sea acción pura y básicamente porque ya está todo inventado en el género), pero tiene suficientes alicientes diferenciadores para que guste tanto a los muy duchos en este tipo de propuestas como a los enamorados de la jubabilidad deThe Last Of Us.

Modo Multijugador

Lo que sucede con el multijugador es que se ha trasladado la esencia de survival horror que desprende todo el juego pero a una dinámica de acción. ¿Qué quiere decir esto? Pues que el ritmo de los combates es lento, y lo decimos como todo un elogio. Y hacer buenas dianas es harto complejo, como ya pasa en la historia principal.

Para que os hagáis a la idea: si decidimos ir nosotros solos por nuestra cuenta y riesgo sin pensar en el resto de nuestro equipo, vamos a durar el primer disparo que hagamos. Esto se debe a que la inmensa mayoría de armas tardan en cargar, y las que no tardan, tienen un contador de munición escaso. Por lo que el juego en equipo es obligado y fomenta el carácter de supervivencia del título.

Pero no es solo esto lo que nos da ese halo de supervivencia: cada vez que consigamos matar a alguien (las ejecuciones cuerpo a cuerpo son de una brutalidad pasmosa) tendremos que saquear su cadáver en busca de suministros o piezas que nos van a ayudar y serán imprescindibles para ganar la partida.

Con los suministros (además de desbloquear desafíos diarios y semanales que nos hagan mejorar la personalización de nuestro personaje), por ejemplo, podremos potenciar el nivel de nuestras armas de manera permanente (para esa partida concreta, se entiende) o aumentar su cargador, o comprarnos un chaleco y un casco que se desgastan… es decir, que aumentaremos nuestro propio nivel que perderemos en la siguiente partida.

Con las piezas que encontremos, ya sea en nuestros enemigos, o en las numerosas cajas repartidas por los mapas, podremos hacer lo mismo que hacemos en campaña: crearnos botiquines, mejorar nuestras armas cuerpo a cuerpo para hacerlas más mortíferas y cosas por el estilo.

Claro, este tipo de mejoras hay que hacerlas en tiempo real y en mitad del combate abriendo nuestra mochila (igual que en la campaña), por lo que tendréis que tener ojos en la nuca, y a ser posible, a un compañero vigilando, para evitar que os den caza mientras tratáis de mejoraros.

Eso sí, estas habilidades se suman a las que ya tenemos por cada una de las cuatro clases que nos permite escoger el multijugador (sin contar las que personalicemos). Estas clases son: asalto (con metralleta y destinado al combate directo), francotirador (su propio nombre lo indica), apoyo (es el que lleva más suministros y botiquines pero es el que va peor armado) y sigilo (que es la clase armada con el arco y que bien utilizada da más de un susto y de dos al equipo rival).

En resumidas cuentas, lo que hace grande al multijugador de The Last of Us, es que ha calcado la jugabilidad de la campaña y la ha pasado punto por punto a combates entre equipos. De ahí que la propuesta sea distinta a lo que estamos acostumbrados, ya sea por el ritmo de los combates, por la necesidad imperiosa de colaborar o por las enormes capacidades que tenemos de personalización no solo entre partida y partida, si no todas las que tendremos que hacer en tiempo real mientras el equipo rival nos quiere erradicar del post-apocalipsis.

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Valoración final

Jugabilidad: Adictiva y muy equilibrada. Exploración, plataformas, sigilo, acción y puzles en su justa medida.

Gráficos: De lo mejor de PlayStation 3. Los personajes y los escenarios son increíbles.

Sonido: Tanto el cuidado doblaje en castellano como la banda sonora son dignos de esta gran superproducción.

Duración: La campaña principal ronda las doce horas, dependiendo de lo que nos entretengamos por el camino y lo hábiles que seamos. 

Conclusión

The Last of Us es una aventura imprescindible, y que ningún usuario de PlayStation 3 se debería perder. Todo en ella está a un nivel altísimo: la ambientación, la jugabilidad, los personajes… Un título que encumbra a Naughty Dog a lo más alto y que sin duda se convertirá en uno de vuestros favoritos desde ya.

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Libro: Instinto de Superviviente de Darío Vilas.

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