Golpe en el pequeño Japón

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El plantel de héroes de Konami es mayor de lo que se cree, y muchos de ellos llevan ya demasiado tiempo retirados pese a haber sido verdaderas estrellas en su país de origen. Es el caso de Goemon, que dispuso de varios juego excelentes en varias plataformas, y que en The Legend of the Mystical Ninja inauguró un paso triunfal por Super Nintendo.

Los que conocimos las bondades de la Konami de los noventa no podremos lanzar bastante suspiros por lo que fue y nunca volverá a ser. Y especialmente cuando en su portafolios hay propiedades tan hilarantes y de tanta calidad como Ganbare Goemon, una serie prolífica a lo largo de varias generaciones de consolas, pero que solo vió unas pocas entregas localizadas para Occidente. Por ejemplo, el cartucho The Legend of the Mystical Ninja para Super Nintendo, un juego de plataformas con algo de exploración y mucho humor que resultaba algo diferente, pero sobre todo con algunos de los mejores personajes que surgieron de las oficinas de Konami.



Aunque su propia serie no haya sido muy bien tratada en Occidente, la imagen de Goemon es bastante reconocible. Un ninja tirando a bajito, con un traje rojo, un pelo como de afro desgreñado, maquillaje de teatro kabuki y una inseparable pipa que es su arma principal. De hecho, Konami se inspiró en la figura legendaria nipona de Ishikawa Goemon, un forajido que, a lo Robin Hood, robaba a los ricos para dárselo a los pobres. A él se dedicaron varias funciones de, una vez más, teatro kabuki. Y resulta que esa apariencia de los ninjas que todos tenemos en mente, con sus característicos uniformes, proviene de este tipo de teatro. El círculo se cierra. Y como en su contrapartida del teatro, Goemon tiene un fuerte sentido de la justicia, es un tipo de esos de sangre caliente, y le gusta amasar dinero, pero para usarlo como arma arrojadiza.

Goemon debutó en 1986 en el arcade Mr. Goemon, y sus primeras apariciones en este formato y en MSX, incluso algunas en NES, no tenían tanto que ver con el estilo de juego que dió fama a su saga, y que se retrata 5 años después, en 1991, en The Legend of the Mystical Ninja. Sí que van haciendo su aparición algunos de sus locos personajes, como el excéntrico Ebisumaru, un ninja azul de aspecto afable, con la extraña manía de traspasar el espacio personal y que se defiende con utensilios tan dispares como sartenes o matasuegras. Él es precisamente el compañero que hace las veces de segundo jugador cuando se aborda a dobles The Legend of the Mystical Ninja, algo que tampoco era especialmente frecuente ver en el género.



Goemon y Ebisumaru, horriblemente rebautizados fuera de Japón como Kid Ying y Dr. Yang, deciden haber frente a una invasión de fantasmas que asola Edo, la capital de la nación, y que están comandados por una mujer espectral. Sin embargo, las apariencias engañan y el fantasma resulta ser un gato ninja llamado Kurobei que busca a alguien lo bastante fuerte para ayudarle “con una cosa”. La cosa resulta ser el secuestro de la princesa Yuki por parte del ejército Otafu, que llevará a Goemon y Ebisumaru por diversas partes de Japón mientras deshacen entuertos en cada una de las paradas de su viaje.

 

 

 


Aunque The Legend of the Mystical Ninja es un juego principalmente de plataformeo, e incluso muy al estilo Konami con una dificultad creciente y escenarios que llegan a ser diabólicos, los nipones hacen una mezcla curiosa al insertar otro tipo de mecánica. Y es que antes de que Goemon y Ebisumaru se lancen de cabeza a la acción, primero han de avituallarse bien. No es obligatorio, pero sí recomendable, porque abordar los diferentes niveles con equipo en forma de sandalias que aumentan la capacidad de salto, armaduras y cascos para resistir los impactos enemigos y que la salud mengue menos, y hasta pizzas para reponer la energía cuando ésta decaiga sin llegar a perder una de las tres vidas iniciales, no es lo mismo que ir a pelo. Ahora bien, para conseguirlo hace falta dinero, y eso es lo que mejor se le da a Goemon.

Antes de la plataformas, primero viene una etapa de exploración a lo largo de la ciudad de turno, por cuyas calles vagan diversos elementos. Sobre todo suelen ser samurais y vigilantes, pero también pueden aparecer en determinantes momentos fantasmas, montañeses, ninjas con carros equipados con cañones, payasos, perros y demás fauna disparatada de los que Goemon o su compañero pueden dar cuenta y obtener con ello monedas de oro, pero también nuevas armas y pergaminos en los que entraremos luego. Casi nadie es inocente en The Legend of the Mystical Ninja, pero hay que guardar ciertas formas. No se pega a las damas, especialmente a la bella Omitsu, que es el ojito derecho de Goemon. Si le atizamos a una señora, o a un ciervo, que tampoco es de recibo, perderemos una cantidad de dinero como castigo.

Por otro lado, dentro de las residencias encontramos información, tiendas y otros negocios con diversas funciones. Por ejemplo, tenemos un local que nos insta a guardar un diario de nuestro viaje, es decir, nos da una contraseña para retomar luego nuestro progreso en el juego. Existen posadas y restaurantes que restauran nuestra salud y hay casas de apuestas donde podemos ganar dinero jugando a la lotería y a los dados. Pero el Japón de Mystical Ninja no es exactamente como el que había hace unos cuantos siglos. A menos que por entonces ya hubiera televisores, recreativos y concursos de preguntas y respuestas. Estos elementos anacrónicos abren la posibilidad de jugar minijuegos de varios tipos, pero sobre todo de liberar tensiones jugando a un clon de Breakout o al mismísimo primer nivel de Gradius, maravillosamente recreado para la Super Nintendo, donde no tuvo versión.



Pero volviendo a las opciones de ataque, tanto Goemon como Ebisumaru tienen sus propios instrumentos predilectos. Goemon siempre usa su fiel pipa, que al obtener un icono de un gato de la fortuna se convierte en un modelo mejorado y más valioso, y finalmente en un yo-yo con pinchos si se atrapa un segundo minino. Pero si recibe un impacto, el arma regresará al grado anterior. En el caso de Ebisumaru, éste no lo tiene muy claro y varía de juego a juego, pero en este caso se decanta por una flauta que, en última instancia, pasa a ser un alegre pero letal matasuegras, porque nunca debe faltar el jolgorio. No sería Konami si no hubiera armas secundarias, y en este caso son las propias monedas, que se pueden usar de arma arrojadiza al coste de 4 por cada disparo, así que mientras quede cambio en el bolsillo, vía libre a los tiros. O siempre se pueden comprar remesas de bombas para lanzar. Aparte de esto, nuestros héroes pueden aprender – por un módico precio – técnicas llamadas Judos, que se llevan a cabo gracias a los pergaminos antes mencionados. Cada 10 de éstos permite un uso del Judo activo, y éstos confieren temporalmente nuevas habilidades a los héroes, como la capacidad de echar a volar, montar un tigre o realizar algún movimiento mortal para dar cuenta de los enemigos presentes.



Los gráficos de The Legend of the Mystical Ninja no eran los mejores que se podían ver en una Super Nintendo – la verdad es que serían ampliamente superados por sus propias secuelas – pero la gracia reside en los pequeños detalles. Además del colorido y del uso del Modo 7 en determinados momentos para complicar un poco la cosa, es el diseño de personajes totalmente cómico y exagerado una de las cosas que sin quererlo te hace esbozar una sonrisa al poner este cartucho. Luego caes en que la banda sonora que estás escuchando está anidando en tu cerebro sin haber pedido permiso para entrar, y que te lo estás pasando en grande aunque tengas que medir los saltos para llegar a esa plataforma giratoria o conseguir eliminar a unos molestos enemigos mientras unos pinchos amenazan con caerte encima.

Luego ves las escenas entre niveles, conoces a personajes como la kunoichi Yae el ninja robótico Sasuke, que por alguna extraña razón es bueno o malo en base a un interruptor que tiene detrás, y al Viejo Sabio que hace las veces de Profesor Bacterio con inventos de lo más locos pero en versión japonesa feudal y cuando te quieres dar cuenta amas este juego. Esa era la magia que Konami poseía en los noventa y que se guardaba sobre todo para Super Nintendo, para crear series como Mystical Ninja, que puede desesperar como Castlevania pero al mismo tiempo es tan graciosa como Parodius y tiene un tono tan colorido y alegre como Twin Bee. Hasta Mystical Ninja Starring Goemon para Nintendo 64 no volvimos a saber de esta panda de chalados nipones mientras en Japón salían tres cartuchos más, y al menos dos de ellos siendo realmente remarcables. Por lo menos, hubo ocasión de poder conseguir un excelente juego de una por entonces excelente compañía. Cómo necesita ahora el mundo de los videojuegos, tan crudo y lleno de aventuras serias, del delirio de Goemon y compañía. Por pedir que no quede.

Juan Elías Fernández

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Mystical Ninja Starring Goemon


Anime: Los Gatos Samurai

Manga: Ninja Hattori

Canción: Vanilla Ice – Ninja Rap

Nacho Castañón

Editor y PR en Andro4all. Licenciado en Periodismo y Comunicación Integral. Formado en El Referente, Agencia Colpisa y AlfaBetaJuega, y escribiendo sobre el mundo de la tecnología, videojuegos y deporte desde 2013. Mi perfil en LinkedIn.
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