La vida es sueño

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Apenas nos estábamos recuperando de una de las mejores entregas que jamás ha tenido The Legend of Zelda cuando la Game Boy recibió una secuela con la lección bien aprendida de su antecesor. The Legend of Zelda: Link’s Awakening convertía la pequeña portátil en todo un gigante.

Desde luego, a estas alturas nadie va a descubrir esta franquicia, ni que sea de oídas. Aunque hay que decir que a principios de los años noventa, cuando todavía estábamos un poco legos de todo lo que se cocía en el panorama consolero, la llegada de cada una de estas joyitas era todo un acontecimiento. Nosotros, que nos habíamos criado a la luz del monitor de fósforo verde (o a color para los más acaudalados) de un Amstrad, o de una tele conectada a un Spectrum, desconocíamos todo este revuelo que se formaba alrededor de según qué cosas. Poco a poco íbamos viendo que era con razón.



The Legend of Zelda no era excesivamente conocido en nuestro país a comienzos de los noventa. Más bien se encontraba, igual que Metroid, bajo la alargada sombra de Mario, que era el que figuraba en todas las maniobras de márketing de Nintendo, en los carteles, en el concurso que llevaba a cabo una de las cadenas privadas de nuestro país en su programa contenedor infantil. Hasta la serie animada de The Legend of Zelda ocupaba uno de los segmentos de The Super Mario Bros. Super Show, y como tal la pudimos ver en nuestros televisores. El caso es que la leyenda de Link no parecía tener a nuestros occidentales ojos la enjundia que merecía.

Eso cambiaría en 1992, y mucho, con Super Nintendo y The Legend of Zelda: A Link to the Past, un juegazo de pies a cabeza y la mejor motivación para sacar provecho a las clases de inglés, puesto que en aquellos días no era lo habitual que los juegos llegasen traducidos. Para los más duchos en la lengua de Shakespeare, detrás de un gran juego se les apareció una historia atrayente que redondeaba un producto prácticamente perfecto. En Nintendo ya le estaban dando vueltas a trasladarlo a su consola portátil Game Boy, de cada vez mayor popularidad, y solo un año después, en 1993, veríamos el resultado de ese proyecto, solo que no acabó siguiendo el camino esperado. El port se convirtió en secuela y su director, Takashi Tezuka, nos dió otra razón más de peso para poner a la saga Zelda en el pedestal que merecía.


 



The Legend of Zelda: Link’s Awakening empieza con un Link que se encuentra navegando a bordo de una balsa sobre un mar peligrosamente tormentoso y embravecido. Tardaríamos años en saber que venía justo de completar su misión en The Legend of Zelda: Oracle of Ages y The Legend of Zelda: Oracle of Season, según corresponda. El caso es que la naturaleza termina saliéndose con la suya y Link naufraga en la Isla Koholint, donde es encontrado y acogido por un chica llamada Marin y por su padre, Tarin. Varado en la isla, y tras recuperar su espada del lugar de su naufragio, Link se encuentra con un misterioso búho parlante que le informa de que la única manera de abandonar el lugar y volver a zarpar rumbo a Hyrule es despertando al Pez Viento.

El problema es que esta criatura se encuentra en letargo y solo puede despertarse gracias a ocho instrumentos mágicos repartidos en varias localizaciones de Koholint. La búsqueda de Link de todos y cada uno de estos instrumentos le llevará a dominar nuevas habilidades y también a aprender más cosas sobre la isla sobre la que se encuentra. Revelaciones sorprendentes que iremos descubriendo conforme avancemos en el juego y que darán a la historia un giro que, ahora mismo lo tenemos por tópico, pero en la época era demoledor.



Habiendo nacido como un port de The Legend of Zelda: A Link to the Past, y considerado en aquel entonces como una continuación de éste (aunque realmente lo fuera de un juego dividido en dos ediciones que llegaría ocho años después), The Legend of Zelda: Link’s Awakening bebe a manos llenas de su antecesor inmediato. Cabe recordar que el primer Legend of Zelda era aquel juego de Nintendo que hacía uso de una cámara desde las alturas para mostrar un mapeado organizado en pantallas interconectadas entre sí, mientras que su continuación: Zelda II: The Adventure of Link, adoptaba el diseño de un juego de acción de scroll lateral. En Super Nintendo se había vuelto al esquema clásico, pero con mucho más colorido, escenarios y sprites mucho más detallados y el uso perfeccionado de ciertos objetos del juego. En Game Boy, pese a que se abandonó la idea del port por la dificultad de adaptar ciertos controles, se respetaban estas características del nuevo Zelda en la medida de lo posible. Y es que Game Boy, en el tema de colores no es que tuviera mucha cancha por motivos lógicos, pero aún así el parecido es más que evidente. Solo con el lanzamiento de la posterior versión DX para Game Boy Color se acentuó más el parentesco.

Visualmente, para ser un juego de Game Boy mostraba una calidad inusitada. La introducción combinaba una escena ilustrada y levemente animada con gráficos recreados con los sprites y el motor del propio juego, y esto mismo nos lo encontramos a veces según en qué momento y conforme avanza la trama. Las distintas zonas de Koholint, sus pantanos, sus bosques, y por supuesto, sus mazmorras, son lo suficientemente reconocibles, y en el caso de estas últimas, no solo son estancias lúgubres en el interior de una suerte de templos, sino que hay algo más de variedad como para que no de la impresión de que estemos siempre en el mismo sitio. No teníamos entonces tantas manías como ahora, pero eso nos gustaba.

Como también nos gustaba, nos hacía gracia más bien, encontrarnos con cameos de personajes de la saga Mario, como un Yoshi en forma de peluche que es el detonador de una de las “quests” alternativas, una bastante importante, por otro lado, o como los vergonzosos Shy Guy, a quienes les ha salido unos primos que rondan por mazmorras y que imitan los movimientos de Link espada en mano, por lo que hay que apañárselas para ganarles la espalda. Suerte que el ataque circular del héroe, así como el uso de varios objetos especiales, nos facilitaba la vida.



La banda sonora en la serie Zelda siempre ha sido un punto a favor. La excepción no es Link’s Awakening. Muy al contrario, escuchar semejante apartado musical en un dispositivo como la Game Boy en, recordemos porque nunca está de más, ese 1993 era simplemente fenomenal. No ya por el conocidísimo tema principal en sus varias versiones, sino que además incluía composiciones originales como la importantísima Balada del Pez Viento que Marin se empeña en cantar a la menor ocasión, que son fabulosas y que además no desentonan en absoluto con el estilo musical de la franquicia.

Se ve bien, se juega bien y es divertido, pero hay más. Lo que termina de ganarse al jugador en The Legend of Zelda: Link’s Awakening son determinados momentos de ruptura de la cuarta pared cuando no casi de parodia del propio género en sí mismo que son las entregas de la saga Zelda. Por ejemplo, el vicio que tiene Link de ir mirando en cajones ajenos ahora es remarcado al mostrar el diálogo la observación de que “¡Vaya! Es un buen cajón”, sí señor. O que Tarin y Marin le devuelvan a Link su escudo entendiendo que es suyo porque “lleva tu nombre detrás”, y es que héroe prevenido en un mundo donde cualquier puede entrar en casa ajena y llevarse cosas como Pedro por su casa, vale por dos. Nada más empezar la partida ya tenemos una cría de Bow-Wow adicta a la moda, un vejete que no gusta mucho de socializar en persona pero que al teléfono habla por los codos o la inestimable ayuda de unos niños que nos explican el uso de los botones y del guardado de partida, pero sin entender demasiado lo que significa ese guiño directo al jugador sentenciando “A mí no me preguntes, yo solo soy un niño”.

The Legend of Zelda: Link’s Awakening sigue las pautas que hicieron famosa a la serie con sus puzzles y sus tramas, sus múltiples objetos, los minijuegos para obtener otros objetos o partes de corazones con los que ampliar la vida y, en general, el encanto que rebosa la serie. Parecía difícil contenerlo todo en una portátil, pero ahí estaba para nuestra sorpresa, y sobre todo, nuestro goce y disfrute. Link, apenas te conocíamos.

Juan Elías Fernández


 

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The Legend of Zelda: Oracle of Ages/Seasons

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Cómic: The Legend of Zelda, de Akira Himekawa

Canción: Slayer – Black Magic

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.

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