Aventuras épicas

Hemos tenido que esperar mucho para que, por fin, Link y sus aventuras se cuelen una vez más en una consola de Nintendo. Y tanta ha sido la espera que lo que en un principio iba a ser un juego para GameCube, al final ha terminado apareciendo también en la consola Wii, siendo el gran abanderado de esta máquina.

Con la excepción de Mario, si hay un personaje especialmente querido dentro del universo de estrellas de Nintendo, ese es Link. Este joven elfo, que lleva dándonos alegrías desde los dorados tiempos de la consola NES (allá por los 80), se ha ganado el cariño y reconocimiento de millones de fans en todo el mundo gracias a sus impagables aventuras. Y aquí le tenemos de nuevo, protagonizando otra aventura extremadamente larga, profunda y variada. Además, sirve como mejor gancho para acompañar el lanzamiento de la consola Wii.

Infinitas aventuras

Como es un hábito en la serie, Nintendo ha dotado de una vasta extensión y variedad a esta nueva entrega de Zelda. Y es que ya os avisamos que superarla os llevará un mínimo de 25-30 horas, aunque seguramente esta cifra se exceda ampliamente a poco que queráis descubrir los secretos (muy numerosos) que se esconden tras ella.

La mecánica de juego es la de siempre, lo cual no es nada malo –más bien lo opuesto-. Así, en el juego se entremezclan numerosos elementos jugables que dotan al título de una profundidad y variedad de situaciones pocas veces experimentado en otra saga similar. Y es que, así a bote pronto, en este Zelda es necesario acabar con múltiples rivales (jefes finales incluidos), adentrarnos en complicadas y lúgubres mazmorras, comprar objetos de todo tipo en tiendas, charlar con personajes, investigar mastodónticos mapeados, superar puzles ingeniosos que ponen a prueba nuestra materia gris… ¡Y que conste que nos dejamos muchas otras cosas más en el tintero!

¿Y para qué debemos llevar a cabo todas estas acciones? Pues para desentrañar el misterio que rodea a una princesa en apuros a quien debemos rescatar. La trama no es especialmente atractiva pero, aún así, nos ofrece una plétora de personajes con los que podemos interactuar que se dejan querer.

El control ha sido adaptado a las posibilidades del Wiimote y Nunchak. Y gracias a él es posible efectuar un amplio número de movimientos y ataques. De esta forma podemos nadar, correr, blandir nuestra espada, saltar, trepar, abrir cofres, engancharnos a diversos objetos, convertirnos en lobo… Precisamente esta última habilidad es la que más innova la jugabilidad típica de este nuevo capítulo de Zelda, dotándonos de nuevas formas de afrontar los combates. Y ciertamente le aporta frescura, lo que siempre es necesario en este tipo de sagas tan veteranas.

Para terminar, gráficamente el título hace un uso muy interesante del potencial de la consola, con entornos y personajes perfilados con maestría. Y además la banda sonora que nos acompaña nos ofrece temas realmente cautivadores. En definitiva, estamos ante una aventura larga y encantadora para Wii.

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