Vikingos de dieciséis bits

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El vikingo más rápido, el más fuerte y el más fiero no tienen rivales en sus tierras escandinavas, pero cuando una nave espacial los arranca de su hogar, los tres se encuentran perdidos en tierras extrañas. Nos corresponde ayudarles en The Lost Vikings.

El año 1992 presenció el asentamiento definitivo en los hogares de los sistemas de 16 bits. El PC, el Amiga y el Atari ST ya eran bastante populares en los medios especializados y la producción para Spectrum, Amstrad, C64 y MSX comenzaba a caer en picado. Por si fuera poco, las consolas venían pisando fuerte con Super Nintendo y Megadrive a la cabeza. La mayor potencia de estas máquinas era terreno abonado para dar unas cuantas vueltas de tuerca a algunos géneros clásicos que no pasaban de moda, pero que podían dar más de sí.

El género de los arcades de plataformas, por ejemplo, es uno que es prácticamente perenne. Ya es difícil que un juego de este tipo, a poco que esté bien hecho, resulte aburrido al jugador ya que por lo general pone a prueba su habilidad y reflejos. En Interplay, sin embargo, quisieron ir un paso más allá e introducir un nuevo elemento en la ecuación: la inteligencia. Plataformas y puzzles, una combinación que suena muy bien y que realmente no es del todo nueva. Por poner un ejemplo, en Solomon’s Key, de Tecmo, ambos elementos ya estaban presentes. Pero lo que Interplay tenía en mente era algo ligeramente distinto.

En 1992, bajo el nombre de Silicon & Synapse se esconde un grupo de programación que va a sorprender a más de uno. Si no por el juego que vamos a tratar lo hará por la revelación del nombre con el que se le conoce en la actualidad: Blizzard Entertaintment. El por entonces jovencísimo estudio ya había tenido algún lanzamiento que otro, pero este que se traían entre manos tenía algo diferente. Su mecánica era muy característica y tenía serios visos de convertirse en un referente instantáneo, y es que The Lost Vikings lucía la insignia de la innovación a pecho hinchado.

El juego nos cuenta en su introducción como Erik el Veloz, Baleog el Fiero y Olaf el Fuerte hacen gala de sus respectivas habilidades durante una  jornada de casa antes de volver al calor de sus cabañas con sus esposas e hijos. Todo en orden hasta que una noche, sin comerlo ni beberlo, una enorme nave espacial los arranca de sus hogares. La abducción es obra del alienígena Tomator, al que lo cierto es que con ese nombre de salsa es muy difícil tomarse en serio. Ante tal panorama y sin saber muy bien qué ha pasado ni dónde están, Erik, Baleog y Olaf se encuentran con que deberán poner sus aptitudes al servicio del bien común y colaborar para escapar de ese raro castillo de metal flotante y volver a ser hombres devotos a Odín con el cielo sobre sus cabezas y no bajo sus pies, como debe ser.

De esta manera, y alternando el control entre cada uno de los tres personajes protagonistas, en The Lost Vikings recorremos 37 niveles de plataformas, enemigos y puzles en los que tendremos que usar sabiamente los saltos y embestidas de Erik, la espada y las flechas de Baleog y el escudo de Olaf, con el que podrá bloquear, situarlo en horizontal para darnos una plataforma y usarlo como parapente para planear. El objetivo es llevar a los tres vikingos a la salida de cada nivel, siendo indispensable que todos y cada uno de ellos lleguen sanos y salvos. Esto quiere decir que si uno de ellos recibe los tres golpes que muestra su indicador de salud, perderá la vida y aunque el resto alcance la salida tendremos que volver a intentar el nivel, por supuesto tras ofrecerle al fallecido un emotivo funeral vikingo.

Por tanto, es recomendable pensar muy bien a cuál de ellos vamos a usar y para qué, puesto que si bien Baleog es mano de santo para encargarse de los enemigos que salgan al paso, no tiene forma de esquivar o bloquear sus disparos, algo en lo que entra en escena Olaf y su escudo. A cambio, puede activar interruptores con una certera flecha. Igualmente, Erik puede llegar con sus saltos hasta objetos inalcanzables para los demás y luego intercambiarlos con ellos, o abrir nuevos caminos con sus contundentes embestidas con la cabeza. Huelga decir que los niveles no estarán libres de trampas, y una mala caída o paso indebido puede hacer que los vikingos pisen donde no deben y queden reducidos a cenizas nórdicas.

Dado que el juego está muy orientado al método de la prueba y error para saber a quién usar en determinados puntos, decidiendo desde ahí la habilidad a los mandos de cada uno, Silicon & Synapse añadió un sistema de contraseñas para cada uno de los niveles para evitar que tuviésemos que atravesar de nuevo todos los escenarios previos. De esta forma podíamos retomar nuestro progreso a lo largo de los mundos por lo que discurríamos en el juego, comenzando por la nave espacial de Tomator y siguiendo por la época prehistórica, el antiguo Egipto, una planta de fabricación y nuevamente la nave especial donde tendrá lugar el enfrentamiento final.

 

 

En cada uno de ellos haremos frente a enemigos adecuados a cada una de sus ambientaciones y que tendrán diferentes pautas de acción. Todo ello mientras recogemos llaves para abrir las puertas que nos bloqueen el camino, comida para recuperar salud u otros objetos que nos ayudarán en nuestro periplo mejorando nuestras habilidades o aniquilando a los enemigos.

Pese a que hoy en día asociamos a Blizzard con Diablo o con World of Warcraft, no conviene olvidar que The Lost Vikings fue su primer gran clásico. Un juego que vió la luz en PC, Amiga, CD32, Super Nintendo y Megadrive, los principales sistemas de 16 bits de la época, haciendo gala de un intenso colorido, unos diseños de personajes distintivos y muy caricaturescos (a Olaf le vemos la hucha cuando el buen hombre se agacha para descender o erguirse de una escalera) y unos diálogos al comienzo y final de cada fase entre los personajes que casi son dignos de Los Tres Chiflados, hasta el punto de que en un momento dado dos de ellos se rifan las pertenencias del otro si éste llegase a morir. Y es que no hay nada como tener buenos amigos.

Para los jugadores, The Lost Vikings fue un soplo de aire fresco muy agradecido, una fusión prácticamente perfecta entre los géneros antes mencionados de puzles y plataformas que representaba un descanso del arcade puro y duro pero tampoco invitaba a dormirse en los laureles.

Una mecánica de juego propia que incuso hoy en día es perfectamente válida, como ha demostrado con más dosis de poesía y componente multijugador Trine, un título de descarga que bebe a manos llenas de este título de Interplay. Y es que cuando una fórmula funciona lo demás viene rodado. La prueba es que en su día ya hubo una secuela para este juego, aunque desde entonces poco más hemos sabido de este trío de nórdicos. Estaría bien que The Lost Vikings dejasen de estar perdidos y se dieran una vuelta por las plataformas actuales. Pero que se busquen un villano de nombre más digno, por favor…

Juan Elías Fernández, colaborador de AlfaBetaJuega

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No te quedes solo en el juego

Canción: Tierra Santa – Vikingos

Película: Los Vikingos, de Richard Fleischer

Cómic: Astérix y los Normandos, de René Goscinny y Albert Uderzo.

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