Análisis de The Red Strings Club – Corazón de neón

 

 

Cae la noche sobre una selva de cemento, acero y cromo que empieza a brillar con la histriónica policromía de un enjambre de neones. Rótulos, bandas luminosas y pantallas con publicidad brillan por doquier en las fachadas y calles, y mientras la humanidad es cada vez más silicio y cobre y menos carne y hueso, el futuro y la transhumanización se abren camino de manera despiadada. Si eres seguidor de las obras de corte cyberpunk como Blade Runner o Ghost in the Shell, te resultará fácil visualizar este panorama distópico tan frío como desolador. Y para ponerle algo de alma, llega The Red Strings Club, una experiencia narrativa con estética retro.

Devolver Digital, su editora, y el estudio valenciano Deconstructeam definen este título que se lanza hoy mismo como “una experiencia narrativa cyberpunk sobre el destino y la felicidad con un uso extensivo de la alfarería, servicio de barra y suplantación de gente al teléfono para impedir una conspiración corporativa”. Y lo reproducimos con estas palabras porque son, al pie de la letra, de lo que consta este juego, una aventura point and click que nos llega avalado por el primer desarrollo de este estudio, Gods Will Be Watching.

Ciertamente, The Red Strings Club no es un juego normal y corriente. Lo de experiencia narrativa le va como anillo al dedo, y es una que harías bien en no perderte, porque reflexiona sobre temas muy interesantes. Además lo hace con un estilo muy característico, mezclando algunas mecánicas de juego, poniendo la prueba la propia capacidad de empatía del jugador y con cierto toque de elegancia. Disponte a conocer el futuro, porque va a suceder ahora.

Hay ambientaciones de ficción que están hechas para vivirlas, para empaparse de ellas y retozar durante un ratito en el fango en el que sumergen hasta el cuello al género humano con la tranquilidad de saber que en cuanto cierres el programa volverás a tu vida cotidiana. Pero con ese resquemor, y casi miedo, de ver cómo más allá de tu ventana, los peores y más alienantes aspectos que acucian a la sociedad asoman cada vez más su fea cara en el día a día. El triste, húmedo y desasosegante futuro que vaticina para mediados o finales de este siglo la corriente cyberpunk es, quizá, la más apasionante de todas ellas.

En obras definitorias como Neuromante y el resto de la Trilogía del Sprawl de William Gibson,  Sueñan los androides con ovejas eléctricas, de Phillip K. Dick o el descacharrante Snow Crash de Neal Stephenson, pintan bastos para los hombres y mujeres de a pie, y sin embargo, es como un metafórico choque de trenes que ves venir a distancia pero que no te deja apartar la mirada. Si tal es la pasión que despierta en tí este subgénero y la que te hace disfrutar de sus historias, estás de enhorabuena. Si no, no pasa nada. Deconstructeam está a punto de contagiarte la suya.

The Red Strings Club es, más que un juego, un relato interactivo en el que se nos cuenta una historia que empieza por su final. Con el destino de uno de los principales protagonistas, el hacker freelance Brandeis, que va a acotar una línea argumental a lo largo de la cual nos deplazaremos tomando decisiones y dando respuestas que van a hacer que dicha historia presente un número dado de variaciones en cada una de las partidas que queramos jugar. Aquí no vale el prueba y error, el progreso se graba de manera automática y con lo que decidas hacer es con lo que has de apechugar. Que esto no te agobie, porque es uno de sus puntos fuertes.

The Red Strings Club es el nombre de un local de copas en la ciudad por el que pasarán varios personajes con un papel principal en una trama de conspiraciones que rodea a un revolucionario invento corporativo que en poco tiempo redefinirá al ser humano como tal. Sin embargo, hay algo en las intenciones de la corporación, en su reciente cambio de máximo dirigente y en el funcionamiento del producto en sí mismo que no termina de estar muy claro. Desde detrás de la barra, el camarero Donovan podrá hacer uso de una habilidad muy especial, casi sobrenatural, para hacer aflorar determinadas emociones en su clientela a través de la combinación de ciertos licores, y que esto lleve a los parroquianos a dar las respuestas que busca a las preguntas adecuadas en cada momento.

Es a través de los esfuerzos combinados de Brandeis y Donovan como deberemos desenmarañar los hilos de esta historia de la que de inmediato se nos cuenta el principio y el final, y cuyo recorrido intermedio podrá realizarse en distintos trazados que podremos consultar a través de un icono en la parte superior izquierda de la pantalla. Con cada suceso de importancia, en función de qué resultado hayamos activado, la línea roja de la historia se va completando y ofrece al usuario el detalle de ese punto de inflexión para que, en sucesivas partidas, lo tenga en cuenta.

En ocasiones, Brandeis pasará a la acción y tendremos que intervenir usando algunas de sus habilidades conferidas por implantes cibernéticos para intentar esclarecer de qué trata todo el asunto. Pero realmente, el papel más predominante lo tiene Donovan, que ejercerá de camarero modélico brindando copas y conversación a un elenco que terminará confluyendo en el desenlace. De cada uno de ellos tendrá que extraer información con un minijuego en que debemos situar un círculo sobre la marca de la emoción que queramos conseguir, teniendo en cuenta que hay algunas más óptimas que otras para responder a la pregunta que queremos formular. Para mover el círculo, lo que haremos será mezclar bebidas, y su etiqueta nos dará la pista de hacia dónde se desplazará el círculo a medida que las vayamos vertiendo en el vaso. Una mecánica que poco a poco irá tomando algo más de complejidad cuando debamos optimizar la cantidad de alcohol para conseguir llegar a la emoción buscada antes de llenar el vaso.

Realmente, y aunque Brandeis tiene su momento de gloria cuando se deba lucir como hacker, la parte de Donovan es la que parece llevar la voz cantante en la aventura. Y es que por el Red Strings pasará gente de lo más particular. Y algo que otro que dejará dudas de si es siquiera de este mundo. Pero elaborar cócteles no es lo único para lo que necesitaremos pericia. A no mucho tardar se nos presentará la tercera pata de este taburete, y es el androide Akara, perteneciente a una línea de robots sintientes y dotados de una descomunal empatía que les permite leer a las personas como si fueran un libro abierto. Akara nos someterá a cuestionarios sobre los clientes para ver si los hemos calado bien, y si es así tendremos premio en forma de un objeto que nos ayudará en nuestros interrogatorios.

The Red Strings Club puede no ser un juego al uso, en el sentido de que no es un aventura gráfica especialmente larga, más bien todo lo contrario aunque sí muy rejugable, no dispone de demasiados puzles ni excesivamente complicados, y en realidad se dejar jugar de un tirón y terminar sin especial complicación. Será porque realmente la gracia está en vivir esta historia y conocer los detalles de cada versión diferente que jugamos, dando sentido a que se defina como experiencia narrativa. Una cuya principal virtud es apuntar a ciertos dilemas éticos que nos harán sorprender de nuestras propias respuestas ante ellos y hacernos replantear algunas convicciones. Más que nada, porque nos veremos reflejados en el juego, y puede que ese reflejo no nos guste.

Juan Elías Fernández

Gráficos: Por irónico que parezca, al futuro hipertecnificado le sienta de muerte el aire retro. Pura y preciosa poesía pixelada.

Sonido: Aires de synthwave para acompañar una atmósfera que combina nostalgia y futurismo y que vienen que ni pintados.

Jugabilidad: Point and click, eso lo debería decir todo. Pero en ciertos minijuegos tendrás que tener precisión casi quirúrgica con el ratón.

Duración: Entre dos y tres horas debería ser más que suficiente para terminar el juego, pero luego puedes retomarlo y presenciar nuevos matices de la historia, incluso intentar alterar su desenlace, múltiples veces.

Conclusión: Aún no sabemos si sueñan los androides con ovejas eléctricas o no, pero lo que sabemos es que nosotros sí podemos llegar a soñar con The Red Strings Club. Algunos no se emocionarán ante su escasa duración y que no sea una aventura convencional, pero  ni falta que hace. Lo que el juego quiere es contarte una historia que te hará pensar y ver que puede que seas un poco más hipócrita en tu moral de lo que creías. Si quieres ver el futuro que aguarda al ser humano y cómo éste nace de su propio interior, no te pierdas este relato interactivo, porque pese a su modestia, puede ser uno de los exponentes del género cyberpunk en este 2018.

 

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