El día de la Bartdependencia

Los Simpson pedían a gritos un videojuego, y al final tuvieron varios. El que de verdad esperábamos lo vimos en arcades y lo realizó Konami, pero a nuestras casas llegó antes, para consolas y ordenadores, Bart vs. The Space Mutants. O cómo Bart Simpson, el mayor gamberro de 10 años, pudo detener una invasión alienígena. No sin esfuerzo, eso sí.

En casa del que esto escribe, fue realmente extraño ver que de repente, fuera de horario infantil por ser ya bien entrada la noche, Televisión Española emitía una serie de dibujos animados. Por entonces, el concepto de animación para adultos era casi inconcebible en los hogares españoles, pero ahí estaban Los Simpson en su primer episodio haciendo gala de un humor bastante poco inocente y regodeándose en situaciones cotidianas salpimentadas con incorrección política. El siguiente paso estaba muy claro. Los videojue- ¡no! El siguiente paso era salir en las pegatinas que regalaban dentro de los Bollicao. Luego ya venía sacar un disco y después, ya sí, los videojuegos.

El primero de ellos fue The Simpsons: Bart vs. The Space Mutants, largo título en el que, por supuesto, el gancho estaba en las dos primeras palabras. ¿Pero cómo se podían llevar a los videojuegos las andanzas de una familia americana de clase media que habían nacido como sketches cortos para un late show estadounidense? En Konami ya habían visto la tecla y se pusieron a lo suyo para llegar a los salones recreativos, que era su especialidad. Acclaim, no obstante, tenía la licencia para los videojuegos en formato doméstico y se buscó su propio camino para tratar de que los cinco Simpson estuvieran presentes y fueran relevantes. Aunque, claro está, el hiperpopular Bart Simpson tenía que ser el protagonista porque, hasta que Homer le pasó por la derecha, era el personaje favorito de todo el mundo.



Bart Simpson se encuentra en su habitación una noche cuando, de improviso, un platillo volante aterriza a pocos metros de su casa. Desde la ventana puede ver cómo un potente haz de luz deja en el suelo a dos seres alienígenas, claramente mutantes del espacio. Pero al ponerse unas gafas de sol para protegerse de la luz, Bart puede reconocer su verdadera forma. La Tierra depende de que logre frustrar sus planes, pero tantos años de hacer maldades han hecho que su fama le preceda y nadie va a creerle. Así que va a tener que ser un duelo cara a cara, Bart contra los mutantes del espacio.



Alienígenas y Bart Simpson. Por marciano que parezca, valga la expresión, debería ser una mezcla que atrajera al público juvenil al que iba orientado el juego de Acclaim, distribuido en nuestro caso por la mítica Ocean. Y lo cierto es que lo hizo, principalmente por el encabezado de su título, y es que el reclamo de llevar la licencia de Los Simpson era el gancho perfecto. La lástima es que el juego no era tan perfecto, pero para ser la primera vez que podíamos jugar a los mandos de Bart Simpson en nuestros ordenadores personales y consolas ya nos iba bien, y en peores plazas habíamos toreado.

La verdad es que si el primer contacto con el juego era con una versión de 16 bits, y más concretamente la de Commodore Amiga, el impacto era bastante mayor. Y es que no solo tenía una introducción animada que mostraba a Bart siendo testigo de la invasión, es que además contaba con la voz digitalizada de Nancy Cartwright, extraída de la serie, recitando algunas de las frases y expresiones más conocidas de Bart, sin que entre ellas falte el achifamoso “Eat my shorts, man”, que en castellano se localizó en televisión como “Multiplícate por cero”. Así pues, el gamberrete amarillo se embarcaba, al más puro estilo Kurt Russell en Están Vivos, en una cruzada personal contra los mutantes del espacio a lo largo de cinco niveles en cada uno de los cuales hay que conseguir objetos muy concretos.

Y es que como confiesan regodeándose los invasores, el trabajo sucio se lo hará una máquina que puede generar el arma necesaria para conquistar la Tierra, y para mayor comodidad funciona solamente con un tipo muy concreto de objeto a modo de ingrediente. Al principio son objetos de color púrpura, por lo que la primera misión de Bart no es otra que recorrerse Springfield en busca de los objetos de este color que encuentre para esconderlos a la vista de los aliens o bien cambiarles su color gracias a su fiel spray de pintura roja. En cada una de las sucesivas fases, los extraterrestres no tendrán mejor idea que cambiar el objeto que alimenta la máquina y seguir su loco plan con sombreros, globos, letrero de salida, y por último, barras de uranio.



Bart vs. The Space Mutants no es exactamente un juego de acción, aunque tampoco falta. Pero mayormente, los niveles requieren que Bart consiga, mediante saltos y el uso de objetos, llegar hasta los objetivos hasta neutralizar un número determinado para acceder al final del nivel, donde espera un guardián. En el camino, y gracias a las gafas de sol, Bart puede detectar a los aliens infiltrados y exponerles saltando sobre sus cabezas, momento en el que huyen dejando una evidencia de que son reales. Si en cada nivel colecciona las suficientes para completar los nombres de sus familiares, en dicha lucha contra el jefe estará presente un miembro de la familia Simpson ayudando a Bart, y finalmente, en el quinto y último escenario de la central nuclear de Springfield, la familia al completo colaborará para expulsar a los mutantes del espacio de su planeta.

Acclaim tuvo buenas ideas en el primer nivel de este juego, y es que es en él donde sí se pueden reconocer más elementos de la serie. Bart pasa en su búsqueda de objetos púrpura frente al Badulaque, el Castillo del Jubilado o la Taberna de Moe, al que por cierto debe gastar una broma telefónica para hacerle salir hecho un basilisco y pintar su mandil púrpura. Está también la estatua de Jebediah Springfield, “ensancheciendo” hasta al hombre al pequeño, y veremos a Jimbo Jones incordiando en un tramo que Bart deberá recorrer a bordo de su patín. Y si todo el juego fuera así, con puzzles llamativos como levantar persianas púrpuras a golpe de cohete o espantar pájaros a petardazos, muy del estilo de Bart, seguramente las notas con este juego hubieran sido más benévolas. Pero sucede que esto se diluye como un azucarillo en un surrealista segundo nivel donde Bart ya no se enfrenta a alienígenas saltarines en su camino, sino a zapatos que caminan solos en un centro comercial con su estilo propio (hay zapatillas de ballet que vienen de puntillas o unos zapatos rojos que llegan haciendo el moonwalker). Pese a que siguen apareciendo personajes y detalles de la serie, como el Actor Secundario Bob en el nivel de Krustylandia, el desmadre ya es patente.

Para terminarlo de arreglar, la dificultad del juego es bastante alta. Bart puede recoger vidas en forma de cajas con la cara de Krusty, y en cada una de ellas resiste dos impactos antes de caer. Pero el no muy idóneo control, que para saltar a secas bien, pero para saltar más alto y tomar carrerilla requiere de algunas florituras, puede hacer que vayan cayendo como moscas al topar con algún enemigo. Pero es 1991 y a esto ya estábamos acostumbrados los usuarios de ordenadores de 8 bits. Seguramente fuimos a quienes más gracia nos hizo Bart vs. The Space Mutants, hasta que entramos a los recreativos y vimos lo que había hecho Konami. En cualquier caso y aunque fuese mejorable, fue el desembarco de los Simpson en casa, y eso no se olvida. Lástima, porque el primer nivel prometía muchísimo.

Juan Elías Fernández

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