El ladrón de la sombra

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La Edad Media está llena de casos en los que los ladrones, cuando eran pillados, si no pagaban la multa se les cortaba la mano derecha. Había incluso casos en los que se les cortaba la mano y también el pie izquierdo, que era con el que podían montar a caballo. Hay hasta hechos documentados, pocos pero los hay, de castraciones como castigo al robo.

Así que ya sabéis qué debéis hacer en Thief, el último trabajo de Eidos Montreal: que no os pillen porque pagaréis las consecuencias. Aunque realmente, en este juego, que sería el cuarto de la serie de las aventuras de Garret, no nos encontremos en la Edad Media, ni tampoco ante el cuarto juego de la saga.

Y es que el nuevo Thief es un título que supone el relanzamiento de la saga y el intento de que esta se asiente en consolas (hasta ahora solo la tercera entrega había hecho debut en ellas).

E insistimos que no nos encontramos en la Edad Media aunque no sepamos realmente donde estamos. La historia de Thief sucede en una ciudad inventada que parece sacada del Londres victoriano en plena era industrial.

Probablemente, la ambientación aunque uniforme, sea uno de los puntos fuertes del juego: todo está sumamente oscuro y el mundillo por el que se mueve Garret es sucio y tenebroso como pocos.

Y en él se desarrolla un guión que si bien podría tener una premisa digna de una gran historia, su desarrollo es patoso. El argumento del juego arranca cuando Garret se encuentra con Erin (no os decimos la relación que mantienen para evitar spoilers) y juntos deciden hacer un robo en la mansión del Barón, el tirano que asola la ciudad.

Las cosas salen mal, pues de la que entran se encuentran con que el Barón está realizando un rito que parece sacado de una secta intentando desembocar lo que se nombra como Energía Primigenia. Pero el rito no llega a su fin porque Erin cae en el foco de la Energía.

A partir de aquí, pasará un año que Garret no recordará y su objetivo ahora es desentrañar todo el entramado político valiéndose de algunos aliados tanto viejos como nuevos, cada uno con sus intenciones ocultas.

La premisa, como veis es interesante pero su desarrollo no tanto. Y no lo es primeramente porque los personajes no están bien escritos: es muy difícil empatizar con Garret porque apenas se dan detalles de su personalidad que fluctúa entre extremos y tópicos, básicamente el del ladrón sin principios.

Pero el problema es que los personajes que se van a antojar como parte capital de la historia no reciben una mera descripción de sus motivaciones. Ni los malos ni los buenos que adolecen de un maniqueísmo que no les sientan nada bien.

 

 

Haciendo caso omiso del guión, centrémonos en los aspectos de jugabilidad. Lo primero que se debe avisar en Thief es que estamos ante una aventura muy poco convencional y no se debe confundir el juego ni con un Assassin´s Creed en primera persona ni con títulos de corte relativamente similar como Dishonored.

Por empezar a entendernos todos Thief es un juego de sigilo en primera persona, exploración y puzles sin una concesión a la acción. Es de elogiar que la propuesta del título sea tan arriesgada aunque es muy probable también que no convenza a los jugadores que no sean apasionados del género del sigilo.

Nuestro objetivo básico en el juego suele ser siempre el de robar un objeto valioso en una localización. Está claro que, para llegar a dicho objeto, vamos a tener que superar a un montón de guardias, encontrar pasadizos secretos, sortear trampas…  

Lo mejor de la propuesta es que Thief nos ofrece cantidad de formas distintas de superar una misma misión, lo que podría fomentar su jugabilidad si os convence el juego. 

Porque hay unos cuantos caminos para llegar a Roma y dependiendo del que escojamos también tendremos diferentes formas de afrontar la situación.

Estas formas son tres y responden a ser un fantasma, es decir, ir en sigilo completo (sin que nos salte ninguna alarma ni trampa), ir en plan depredador, es decir, aniquilando guardias desde las sombras o una combinación de ambas.

Dependiendo de la forma que es escojamos, al final de la fase se nos mostrará qué tipo de jugador somos. Y podremos cambiarlo en la siguientes fases si queremos mejorar nuestro estilo.

El problema está en que, a pesar de que tengamos relativa libertad a la hora de afrontar las misiones, la fórmula es repetitiva y resultará tediosa si lo cogéis el gusto nada más arrancar el juego.

Porque si bien es cierto que podemos escoger el modo y que tenemos un armamento (táctico, no ofensivo) y una barra de concentración que nos hace más ágiles y nos desvela pistas del entorno, tampoco se presenta un gran abanico de posibilidades.

Nos explicamos: por ejemplo, nunca podremos ir de cara a por los enemigos pues el sistema de combate es prácticamente inexistente y en cuánto nos enfrentamos a dos guardias estamos muertos. Evidentemente, el título no es de acción, pero no hay concesiones para salir del encasillamiento.

También debéis tener una cosa en cuenta: para que el juego realmente haga valer todo su potencial deberéis jugarlo en la dificultad más alta. Si no es así, os tocará forzaros a buscar soluciones imaginativas para superar las fases puesto que pillar a los soldados por la espalda o incluso darles esquinazo es sencillo y podríamos convertir el juego en un simple avanzar despacito y en silencio de un punto A un punto B toda la aventura. 

Además, si no lo jugáis en difícil, el uso de las habilidades y armamento de Garret es casi innecesario para completar el juego, así que animaros a buscar el reto. 

Para darle algo de variedad a la fórmula se han incluido algunos momentos plataformeros y, sobre todo, un buen puñado de puzles. Estos no son como para pegarse cabezazos contra la pared pero algunos tienen soluciones imaginativas que si no conseguís resolver de primeras es porque no os estáis fijando bien.

Por último debemos hacer mención al apartado gráfico y sonoro. Con el primero ya os hemos comentado que la ambientación consigue su objetivo de hacernos ver una ciudad sumamente sucia y decadente.

No estamos ante un top gráfico de cara a la nueva generación y el título tiene algunas ralentizaciones y tiempos de carga que no deberían estar ahí, pero cumple su objetivo.

En cuanto al sonido, si bien el doblaje al castellano es notable y siempre es de agradecer que nos localicen los juegos, la banda sonora invita a desconectar pues se ha optado por darle un toque electrónico, futurista, a una música que debería ser mucho más clásica.

Néstor García

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Valoración Final

Jugabilidad: Una propuesta por el sigilo casi puro muy arriesgada. Su fórmula es un tanto repetitiva pero en el nivel de dificultad más alto cuenta con soluciones imaginativas.

Gráficos: No es un top de cara a la nueva generación y tiene ralentizaciones que no deberían estar ahí pero el ambiente es icónico.

Sonido: Un doblaje al castellano notable y una banda sonora que falla al intentar modernizar un periodo que huele a clásico.

Duración: En unas 10 horas lo habremos completado. Aunque bien es cierto que pueden ser más dependiendo del nivel de dificultad y la forma en que encaremos el juego, las misiones secundarias, los coleccionables… y su modo desafío.

Conclusión

El género del sigilo puro aún sigue siendo un rara avis en el mundo del videojuego, por eso una propuesta como Thief puede funcionar entre los que busquen algo muy diferente centrado en la exploración, la calma y estrujarse un poco el seso. Aunque si no se conecta de primeras con él o te gusta más la acción directa quizá no sea tu mejor opción.

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