Plataformas lunáticas

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En los años noventa se vivió un resurgir de la animación que tuvo su reflejo en los videojuegos. Sus principales exponentes llegaron de Warner Bros., y concretamente Tiny Toons fue uno de ellos. Esta es una de sus adaptaciones para Mega Drive en forma de un gran juego de plataformas.

Una de las cosas por las que damos gracias muchos de los que hemos crecido en los años 80 ha sido por haber podido disfrutar en nuestra infancia de los cortos de los Looney Tunes que, sobre todo Televisión Española, emitía en las franjas de programación infantil. Y con mucho acierto, porque los personajes de Warner Bros. tienen pocos rivales en lo suyo. No solo son desternillantes sino que además la calidad de sus capítulos solía estar bastante por encima de la habitual animación limitada de Hannah Barbera, y dado que otros cortos animados como los de Disney no tenían una emisión tan habitual, Bugs Bunny, el gato Silvestre, el Correcaminos, el gallo Claudio o Willie E. Coyote acabaron por hacerse los reyes de nuestras horas de ocio durante esas sesiones de pocos minutos.

Pero hete aquí que llegaron los finales de los ochenta y principios de los noventa, y en Warner comenzó a asomar gente como Paul Dini, Tom Ruegger, Andrea Romano o el archifamoso Steven Spielberg. La unión de talento y del estudio Amblin Entertaintment del Rey Midas de Hollywood propiciaron la explosión de series más irreverentes, de un tono bastante más alocado de lo usual y, sobre todo, con algunos medios técnicos que poco a poco marcarían la evolución de la animación televisiva. Tiny Toons fue una de estas series. Producida por Steven Spielberg y creada por Tom Ruegger, Tiny Toons representaba algo así como la cantera de Warner, mostrando una nueva generación de animales chalados que pese a tener un nuevo nombre y apariencia eran versiones infantiles de los personajes de la vieja guardia, los cuales para más señas resulta que hacían las veces de los propios profesores y tutores que les enseñaban en la universidad cómo ser personajes de animación al estilo Warner.



El éxito de Tiny Toons hizo que Konami se lanzase a por la licencia con vistas a desarrollar juegos para consolas, exactamente para NES y Game Boy en el terreno de los 8 bits, mientras que para 16 bits los títulos saldrían para Mega Drive y Super Nintendo. Pero con una particularidad, y es que cada juego sería específico de una plataforma, salvo Tiny Toon Adventures: Wacky Sports Challenge que salió para Super Nintendo y Game Boy. Los demás sí fueron exclusivos y a pesar de que llegaron a tocar varios palos, el género predominante fue el arcade de plataformas, un terreno siempre agradecido para estas adaptaciones coloristas con sus toques de humor.

En el caso que nos ocupa, Tiny Toon Adventures: Buster’s Hidden Treasure fue la primera entrega correspondiente a Mega Drive, y también la primera que recibimos para 16 bits en nuestro país. Los lectores habituales de prensa de videojuegos la época recordarán haber recibido en alguno de aquellos números una cinta VHS que bajo el título de Top Secret y con la voz de Fernandisco, el locutor de los 40 Principales, se nos presentaban algunos minutos de juego de próximos lanzamientos para la consola de sobremesa de Sega. Tiny Toon Adventures estaba entre ellos, y ya se podía ver muy bien qué es lo que Konami pretendía con el título. Sobre el papel, aunque también sobre todo lo demás en realidad, los amos de las plataformas eran Mario y Sonic en sus respectivas casas, así que la mezcla de varios componentes de ambos junto con algún que otro elemento propio debería ser una fórmula adecuada para conquistar las listas de ventas.



Lo cierto es que Konami se graduó cum laude en esto de las plataformas con varios títulos lanzados para los 16 bits de Sega y Nintendo. Entre ellos podríamos contar el genial Rocket Knight Adventures, el supercolorido Pop’N Twinbee: Rainbow Bell Adventures o, como no, este mismo Tiny Toon Adventures: Buster’s Hidden Treasure. El secreto era un apartado gráfico que daba lo mejor de lo que era capaz en la época Mega Drive, y sobre todo un uso de los colores que dotaba al juego de mucha vida. En Tiny Toon Adventures manejábamos a Buster Bunny, uno de los protagonistas principales de la serie y trasunto en miniatura de Bugs Bunny, al cual Max Montana, repelente niño rico y villano recurrente de la serie, le había robado el mapa de un tesoro con miras a hacerse con él. Para complicar las cosas, el doctor Gene Splicer había colocado dispositivos de control mental en varios de los compañeros de Buster, de modo que serían sus propios amigos los que hicieran las veces de jefes de nivel antes de que el conejo les dedicase algunas frases tras su derrota.

Antes hemos comentado que Tiny Toon Adventures pica un poco de aquí y de allá de los platos de Sonic y Mario. Y es que similitudes hay alguna que otra. Si Sonic es capaz de coger velocidad y correr endiabladamente para luego hacerse un ovillo y rodar contra sus enemigos, Buster puede hacer algo similar, aunque en su caso se trata de un deslizamiento a ras de suelo una vez presionado el botón correspondiente en el mando, lo cual le permitirá barrer a los enemigos que haya por delante. Del fontanero italiano es imposible no acordarse cuando vemos el mapa de niveles, en una referencia muy similar a Super Mario World. Igualmente, si en ambos juegos recogíamos anillos y monedas respectivamente, Buster tiene suculentas zanahorias que coleccionar a lo largo de los niveles. Pero Tiny Toons no solo se queda aquí y nos ofrece también un elemento de su cosecha como es un especial que nos permitirá llamar a uno de tres Tiny Toons diferentes según el nivel donde estemos, y cuyo uso se activará una vez por cada 50 zanahorias que consigamos recoger. Eso, o demos con el ítem correspondiente que nos conceda un uso extra, además de corazones para rellenar nuestra salud, invulnerabilidad o vidas adicionales. 

Konami jugaba también con la rejugabilidad en este Tiny Toon Adventures no limitando los niveles a ser un mero recorrido que atravesábamos una vez y nos olvidábamos. El final de cada fase del juego lo marcaba otro de los personajes de la serie, el pájaro Gogo Dodo, a cuyo contacto nos desplazaríamos al mapa para asaltar el siguiente nivel. Bien, la elección de salir o no era nuestra al final, porque en algunos casos no había un solo Gogo Dodo en el mapa. El diseño de niveles incluía rutas secretas alternativas, y no pocas además, en cuya busca podíamos acudir de nuevo tras haber finalizado estos. De igual modo, el diseño de varias de esta fases hacía que no solo tuviéramos que avanzar corriendo como posesos sino que alguna que otra vez nos veríamos en un mapeado un tanto laberíntico, como uno de los escenarios ubicados en el bosque donde usamos troncos de árbol huecos a modo de ascensor para viajar por sus diferentes partes. Con todo ello, lo cierto es que Tiny Toon Adventures buscaba mantener la esencia de los mejores plataformas sin ser uno de ellos al uso.

Si Tiny Toon Adventures era divertido de jugar, también era divertido de escuchar gracias a una estupenda banda sonora que comenzaba, como no podía ser de otra forma, con el tema principal de la serie y luego variaba en cada una de las diferentes zonas en las que nos encontrásemos. Unido a las animaciones de Buster y al tono general del juego, el cartucho resultaba alegre, lleno como de una energía especial al estilo de los chiflados personajes que lo poblaban. Lo cierto es que, en definitiva, Tiny Toon Adventures: Buster’s Hidden Treasure acabó siendo de lo mejor del género de plataformas no solo en Mega Drive sino que casi podríamos afirmar que en términos generales. La prueba para estos casos es la misma que para el buen vino, probarlo a día de hoy y descubrir que sigue siendo tan divertido como el primer día.

Juan Elías Fernández

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