El regreso de Lara

La arqueóloga más famosa del mundo vive en la generación actual una de sus aventuras más maduras y profundas hasta la fecha. Mitología, plataformas y acción al más puro estilo Tomb Raider. La buena de Lara Croft está de regreso.

El “nuevo” Tomb Raider de Crystal Dynamics, que tan buenos resultados ya dio en Legend y Anniversary, presenta en las máquinas actuales una aventura que, a pesar de seguir el estilo aventurero y la mezcla de géneros típicos de la serie, abre nuevas fronteras jugables en distintos sentidos. En esta ocasión la incansable Lara Croft se enfrenta a un nuevo reto: descubrir los restos del mítico Rey Arturo. Una misión que le llevará a tener que viajar alrededor del mundo, empezando por lo más profundo del Mediterráneo, y enfrentándose a todo tipo de peligros.

Un nuevo renacimiento

Con cada nueva entrega, Crystal Dynamics demuestra no conformarse con repetir una y otra vez los mismos conceptos, sino su intención de ir siempre un paso más allá. Eso resulta especialmente evidente en Underwold. Sin ir más lejos, el primer nivel del juego (bueno, el segundo si exceptuamos el tutorial con la mismísima mansión Croft en llamas) es ya un claro ejemplo de lo que nos espera más adelante: niveles menos lineales que de costumbre, escenarios mitológicos, un control preciso y, claro, toda la esencia de las aventuras de Lara Croft.

Esta evolución, sutil pero evidente, se nota enormemente en los puzles. Es cierto que en esencia siguen consistiendo en más o menos lo mismo que de costumbre: activar palancas, interactuar con el entorno, colocar objetos… Todo muy a lo Indiana Jones. Pero esta vez han ganado en profundidad. Por ejemplo, en un momento dado es necesario ir a un extremo de unas ruinas para que, encendiendo tal interruptor, se active un mecanismo que se encuentra bajo el agua. Esta mayor interactuación con los entornos se consigue, en gran medida, debido al diseño de los escenarios, que ahora resultan mucho más amplios y trabajados que antes. Se acabaron los pasillos y los entornos lineales; esta vez cada nivel invita más a la exploración y puede considerarse más abierto. ¿Qué más se consigue con esto? Pues que, en gran medida, tengamos la impresión de estar ante una aventura gráfica pero muy interactiva y sorprendente en ocasiones.

Por lo demás, Tomb Raider Underworld sigue intercalando algo de acción (contra algún pirata que otro, animales salvajes y demás) con muchas plataformas. De hecho, nuestra precisión a la hora de saltar y balancearnos por los escenarios es prácticamente la clave del juego. En este último aspecto, sí conviene criticar la gestión que los programadores han hecho de la cámara, ya que en demasiados momentos nos deja un tanto “vendidos” en mitad de un salto, o durante un tiroteo en el que ni siquiera vemos de dónde nos llueven las balas. No obstante, esto no empaña el resultado final de una aventura que cuenta con algunas de las localizaciones más hermosas de toda la saga.

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