Una batalla contra el azote de Dios

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The Creative Assembly lo vuelve a hacer una vez más. La veterana compañía británica ha vuelto a demostrar que en el género de la estrategia en tiempo real no tiene rival. Y parece mentira que una compañía que parece tan arraigada a un género, dada la calidad de los resultados, posea el mismo equipo que desarrolló el reciente éxito de terror, Alien Isolation, tal y como os contamos semanas atrás en este avance.

Esta vez, la serie Total War nos hace viajar a la era conocida como “el siglo de los Bárbaros”, siglo V para ser exactos. En esta ocasión la historia nos narra de una forma muy detallada, cómo sucedió la caída de uno de los imperios más importantes de la historia del hombre. Y de cómo “el azote de dios” más conocido como el temible Attila, caudillo de los Hunos, tomó su papel de protagonista en la caída del Imperio Romano de Occidente, haciendo incluso huir a su emperador además rozar con la punta de sus dedos el poder de las principales ciudades romanas de dicha época, Roma y Constantinopla.

Con esta nueva entrega, The Creative Aassembly pretende poner punto y final a un bloque de sucesos históricos para abrir las puertas a una nueva era en la que centrarse. Concretamente en la Edad media según las palabras de Simon Mann, diseñador de batallas en Total War, quien durante la Cumbre Total War que se celebró en Londres en diciembre declaró: "Con Total War: Attila cerramos el libro de la época clásica y nos acercamos a los años oscuros de la Edad Media, una época de destrucción, escasez, enfermedad, y de caída de los imperios".

Metiéndonos de lleno en el análisis de Total War: Attila, empezaremos dejando claro que, a pesar de las múltiples mejoras que implementa y de una ejecución impecable, la nueva entrega de la serie no es ninguna revolución en ninguno de sus aspectos, por lo que mantiene la jugabilidad clásica pero tampoco está exenta de agradables sorpresas y novedades que son más que bienvenidas.

Por ejemplo, nada más completemos el tutorial de la campaña y comencemos una partida en una región determinada, nos daremos cuenta de cómo el mapeado se muestra mucho más amplio y con mucho más detalle que en previas entregas. Esta mejora gráfica no solo se aplica a este apartado, ya que también las batallas serán muchísimo más multitudinarias en esta ocasión, contando con grandes cantidades de unidades en pantalla además de unas animaciones que parecen más elaboradas. Todas ellas cargadas de un realismo más que notable consiguiendo unas altas cotas en cuanto a la inmersión en el campo de batalla.

Otro nuevo factor muy a tener en cuenta será el clima. La época en que se desarrolla Total War: Attila, coincide con un cambio climático que se traducía en unos largos y duros inviernos, que hacían mermar los recursos naturales del norte de Europa. Debido a las bajas temperaturas y a la pérdida de materia prima, surgieron las hambrunas y los pueblos que allí habitaban se internaron en el sur del continente. De esta forma, el avance del frío se convierte en un acicate para que los pueblos situados al norte se desplacen al sur.

Todos estos factores serán elementos a tener en cuenta a la hora de plantar cara al enemigo. En todo momento debemos emplear la naturaleza a nuestro favor haciéndonos con el control de la estrategia a la hora de prever los turnos vinculados a los cambios de estación, así como administrar a los combatientes que se encuentren dentro o fuera de los refugios. Los inviernos afectarán directamente a los ejércitos que no están en una ciudad disminuyendo su moral y afectando al resultado de los combates que se disputen en esta época del año, a no ser, claro está, que procedan de un territorio que tenga a sus habitantes acostumbrados a las bajas temperaturas.

En Total War: Attila nos encontraremos con una interfaz renovada y muy clara que cumple a la perfección, priorizando la claridad a la hora de vislumbrar elementos como la política. Características como por ejemplo la familia o el sistema de desarrollo tecnológico se encuentran ahora organizados en forma de árbol, compuesto de diferentes ramas que podemos alcanzar mejorando el paso previo. Sin lugar a dudas se trata de un sistema mucho más intuitivo, que los jugadores agradecerán, más si tenemos en cuenta la grandeza del juego y la cantidad de características y posibilidades disponibles. El resto de información importante se establecerá en las partes superior e inferior de la pantalla.

Uno de los nuevos aspectos de esta entrega que nos ha llamado mucho la atención y que amplía realmente la experiencia durante el juego, es la implementación del sistema de integridad de los personajes. Y es que tendremos que tener muy en cuenta en qué estado se encuentra la moral de nuestros guerreros a la hora de plantarnos en el campo de batalla.

Imagina que durante una partida nos despreocupamos de nuestro ejército y nos enfocamos solamente en abatir al enemigo dejando a un lado los demás apartados de la estrategia. Lo que ocurriría en este caso es que vuestros soldados podrían comenzar a rebelarse contra ti, aunque en este caso podemos optar por diezmar nuestra armada llevando a cabo algunos sacrificios humanos para concienciar a los soldados de que no deben apartar la vista del campo de batalla ya sea por el bien del imperio o por el de ellos mismos.

Pero no podemos redimirnos de todos nuestros errores diezmando a la población, ya que, por ejemplo, la política tiene un papel fundamental: el usuario también deberá permanecer pendiente a todo lo que ocurre en nuestro pueblo y con nuestros gobernadores así como de las relaciones que mantengamos con la familia e incluso con otras facciones.

No podemos dejar de lado los pactos y las jugadas que podemos llevar a cabo con la política interna de nuestra facción, ya que el comercio y la expansión de territorio serán factores muy importantes a la hora de controlar al pueblo si no queremos lidiar con una guerra civil o con un grupo de revolucionarios o separatistas que interfieran en nuestros planes de conquista. De este modo, si no queremos perder el control de nuestro legado debemos tener en cuenta dos variables muy importantes.

En primer lugar debemos controlar todo aquello relacionado con la familia y los miembros de tu facción, es decir, la influencia que afecte sobre el dominio que poseas sobre estos. En segundo lugar, debemos buscar un equilibrio sobre el control teniendo siempre en cuenta las acciones que podamos llevar a cabo a la largo de la partida, tanto nosotros, como nuestra familia. A raíz de los resultados de la balanza de tus actos en estas dos vertientes, se decidirá tu poder como gobernante, también reflejado en un medidor que posee nueve niveles en los cuales se reflejan valores de integridad, orden público e impuestos, entre otros elementos que determinarán la actitud y el respeto que tu pueblo te tendrá.

Realmente, al uso no es un sistema tan complejo como parece, y como hemos dicho anteriormente, es gracias a la sencilla e intuitiva interfaz que se implementa en Total War: Attila. En la familia se ven de un vistazo todos sus miembros y los demás personajes destacados de la facción. El desarrollo tecnológico también utiliza este sistema, y está en una sola pantalla, de forma que es mucho más cómodo decidir si investigas en la parte civil o la militar y los caminos que seguirás en los siguientes turnos, además de diferentes cuadros de texto que nos detallan en todo momento cómo y en qué afecta cada una de las características al resto de lo que les rodea.

El sonido es un factor al que posiblemente no le prestemos demasiada atención en este título, pero no porque no sea de calidad, si no por que se basa sobre todo en efectos, dejando casi de lado una banda sonora. Pero es que estos efectos son tan realistas que se funden con la ambientación que se crea al juntarse con elementos como lo jugable y lo visualNo tiene desperdicio acercar la cámara a una zona del escenario que en breves instantes cruzará el ejército que envías a atacar un objetivo, y escuchar como la tierra empieza a estremecerse y vibrar por las pisadas de los soldados.

Realmente, un espectáculo, y un apartado que se mantiene a la altura del resto, con unas altas cotas de calidad que no flaquean en ningún momento de la experiencia. Cerrando este capítulo centrándonos en su apartado técnico, debemos decir que, si tenéis una máquina en condiciones, disfrutaréis de una experiencia visual cargada de detalle y efectos que os impresionará realmente al jugar con la cámaraEs un espectáculo como, tras ejecutar una estrategia con la cámara más lejana, nos vamos aproximando al mapeado y a nuestro ejército y ver la inmensa cantidad de detalles, animaciones y elementos que podemos vislumbrar a tan alta calidad sin tiempos de carga o molestas nieblas.

Eso sí, no estamos ante un título que corra en cualquier máquina, ya que para que os sirva de ejemplo, para este análisis empleamos un PC con las siguientes características: Intel Core i7 a 3,2 GHz, 16 GB de RAM y una gráfica Geforce GTX 880m. Y con estas características el juego rozaba los 40fps con las características al máximo, siempre y cuando bajáramos la resolución a 1600×900, por lo que, en definitiva, para disfrutar de Total War: Attila al cien por cien, necesitaréis un equipo de una potencia considerable.

José A. Silvera

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Valoración final:

Gráficos: Total War: Attila No es lo que podríamos llamar un juego visualmente goloso, pero no necesitaremos más que dedicarle un par de sesiones de juego para apreciar el trabajo tan sobresaliente que The Creative Assembly ha desarrollado en esta saga y, sobre todo, en esta entrega por ser la que más novedades implementa hasta el momento. 

Jugabilidad: Para los veteranos, una delicia que entrega tras entrega se va puliendo, reinventando y completando aún más. Pero quizá a los nuevos, al principio les asuste la enorme carga de información que se le envía a primera instancia. Eso sí, nada que no se solucione prestando atención tanto a los elaborados tutoriales como al consejero que podremos activar desde opciones y que nos echará una mano a la hora de dirigir a nuestro ejército o tomar cualquier decisión relevante.

Sonido: Todo un conjunto de elementos que forman la atmósfera perfecta en un terreno de guerra que se quedaría a medias de no ser por la ambientación que aporta un archivo de sonidos que no deja ningún elemento atrás.

Duración: Las posibilidades que nos brinda Total War: Attila son casi infinitas. Si hablamos de la duración de la campaña, quizá nos ronde las 12 horas de juego. Pero si hablamos sobre las horas que nos puede durar la diversión en este título, podíamos decir que es incalculable. Si eres fan del género, este nuevo Total War te durará hasta el lanzamiento de una nueva entrega.

Conclusión:

Quizá Total War: Attila no se presente como una entrega numerada, por lo que muchos podrían pensar que las novedades podrían no tener el peso en cuanto a contenido que contendría tal. Sin embargo, no es así, ya que esta nueva entrega de Total War viene cargada de novedades, sorpresas y mejoras que harán las delicias de los que ya conocen la saga al igual que impresionará a los nuevos jugadores. Y es que Total War está pensado tanto para el veterano como para el que se embarca por primera vez en la saga. Todo se presenta muy claro y con una interfaz que mejora con cada entrega. En definitiva, Total War: Attila vuelve a poner nombre al título de estrategia en tiempo real por excelencia.

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