Análisis de Total War: Warhammer 2 – Conquista para aumentar tu poder

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Después de que hace algún tiempo Creative Assembly fascinara a todos los jugadores con Total War: Warhammer, la compañía ha decidido volver a ponerse manos a la obra para expandir este título que mezcla uno de los mundos fantásticos más extensos, con el desarrollo de una segunda parte, igual de impresionante que la primera y aún más grande.

Ahora, si bien es cierto que Total War: Warhammer 2 no se dedica a introducir un gran número de cambios demasiado significativos con respecto al título original, lo cierto es que, de nuevo la mezcla de estos dos universos, Total War y Warhammer, vuelve a sorprender muy gratamente.

Además, uno de los puntos positivos de esta nueva entrega se encuentra en el hecho de poder escoger la dificultad de la campaña, a través de la selección del personaje principal. Algo que permitirá entrar de lleno en el juego, tanto a los más veteranos que busquen una partida desafiante, como a aquellos que acaben de empezar a dar sus primeros pasos en títulos de estrategia.

Y si no fuera suficiente con eso, también podemos escoger comenzar algunas de las campañas a través de un sencillo tutorial que explica los primeros pasos a dar en las batallas, así como que ayuda también a comprender todos los puntos necesarios para llevar a cabo todas las acciones necesarias fuera de los enfrentamientos directos. Algo que, gracias a un ayudante, y a las distintas misiones disponibles, permitirá una total inmersión a quienes estén comenzando en este tipo de juegos.

Aunque en un primer momento, pueda no parecerlo, debido a que el comienzo de su modo campaña solo presenta cuatro bandos distintos, al ir avanzando uno se da cuenta de que Total War: Warhammer 2 es una obra titánica. No solo porque esos cuatro bandos se dividan a su vez en otras cuatro historias más, contando de este modo con ocho posibles caminos entre los que escoger. Sino porque la obra de Creative Assembly se desarrolla en un mundo impresionante dividido sobre el mapa en diferentes zonas, y a su vez marcado por las diferencias entre las razas, y por los personajes que lo pueblan.

En cuanto a la dificultad del juego, desde nuestra primera elección a la hora de seleccionar un personaje principal, ya tendremos claro si buscamos una partida más o menos desafiante. Porque cada personaje presenta una dificultad propia. Algo perfecto para evitar futuras sorpresas desagradables, ya sea porque la dificultad de la partida sea demasiado alta, o demasiado baja.  Una vez seleccionado el bando y el personaje a representar, el juego ofrece la opción de comenzar un pequeño tutorial que servirá para dar los primeros pasos tanto en las batallas, como en la administración de los distintos territorios. No obstante, quienes cuenten ya con una amplia experiencia en títulos de estrategia podrán saltarse esta introducción, y pasar directamente a la acción propiamente dicha.

Por otra parte, los controles son bastante sencillos, tanto en combate como fuera de él. Algo bastante resaltable, teniendo en cuenta la gran variedad de opciones disponibles en todo momento, y que simplifica en gran medida un gran número de acciones a realizar. Además, las distintas interfaces del juego cuentan con una división muy bien detallada, que de esta forma evita que el jugador se pierda entre distintas pantallas.

Aunque el combate es una parte primordial del título, no hay que olvidar que para poder progresar el jugador primero tendrá que ir creciendo y expandiendo su territorio, a base de conquistar provincias en manos enemigas, o formando distintos tipos de alianzas con diferentes pueblos, que pueden ayudar a salir victoriosos de enfrentamientos contra enemigos más poderosos, a conseguir poner en marcha el comercio con otras regiones. No obstante, este apartado habría que tomarlo como un arma de doble filo, ya que, mientras que nosotros podremos salir adelante gracias al apoyo de nuestros aliados, puede que ellos en ciertos momentos precisen nuestra ayuda para defenderse de ataques enemigos. Y de nuevo, la diplomacia en el juego no solo servirá para crear aliados, sino que podrá llevar a enemistarnos con otros personajes. Además, cada vez que decidamos establecer nuevas alianzas, o el resto de personajes decida lo propio, tendremos que establecer el cumplimiento de una serie de requisitos y negociar con la otra parte, que podrá aceptarlos o rechazarlos y proponer una nueva oferta.

En cuanto a los combates, de nuevo el terreno sobre el que marcharán nuestras tropas presentará todo tipo de ventajas o inconvenientes que tendremos que aprovechar para derrotar a nuestros rivales. Y aunque siempre será una opción eliminar el combate, permitiendo así que sea el juego quien elija al derrotado y al vencedor, basándose en una serie de factores determinantes, como pueda ser el poder de cada uno de los implicados, o el número de tropas y la fuerza que estas presenten, la mejor opción será siempre presentar batalla nosotros mismos. Además, en este punto, antes de entablar un combate directo, podremos elegir sitiar la ciudad a conquistar, o rodear al enemigo para, así impedir que pueda escapar y dejar que su fuerza vaya disminuyendo.

Por otra parte, si vemos que el combate no va a ser demasiado beneficioso para nuestro bando, siempre podremos optar por retirarnos antes de luchar para volver a considerar nuestras tácticas. No obstante, el final de las batallas, si significa nuestra victoria, supondrá también que podamos tener al enemigo en nuestras manos. De esta forma podremos decidir el destino de ese ejército, si es que no lo hemos arrasado por completo, y dependiendo del bando que eligiéramos al principio, podremos tomar unas decisiones u otras, que afectarán en gran medida, tanto a la economía de nuestra capital, como a la motivación de nuestros súbditos. Pudiendo, bien escoger eliminar a todos los miembros del ejército derrotado, esclavizarlos, hacer que se pasen a nuestro bando, usarlos como sacrificio, pedir un rescate por ellos, etc. Unas opciones que también variarán y ofrecerán distinos beneficios o perjuicios teniendo en cuenta la raza y el personaje escogidos al principio de la partida. 

En cuanto a la partida, para poder salir victoriosos de nuestras batallas, o simplemente, para poder presentar batalla, y para tener el control en las negociaciones; además de para lograr llevar a cabo acuerdos y establecer alianzas con éxito, será imprescindible ir mejorando, tanto nuestro ejército, como las provincias bajo nuestro mando. Para ello, contaremos con una cantidad de dinero que irá aumentando cada turno gracias a los impuestos, y otros tipos de beneficios generados por las provincias. Sin embargo, para evitar revueltas y que los nuestros se vuelvan contra nosotros, en muchos casos habrá que prescindir de los impuestos. Y de esta y otras formas, conseguiremos que la opinión que tiene nuestro bando de nuestra persona mejore, y contribuya más generosamente para nuestro beneficio.

Sin embargo, cabe recordar que cada partida se desarrollará a través de distintos turnos que tendremos que saber aprovechar, ya que el resto de personajes, tanto aliados como enemigos, hará lo propio. Algo que puede llevar a que, si bien no hayamos sufrido ninguna derrota en el campo de batalla, acabemos cayendo en una situación de lo más comprometida, donde, no solo estemos rodeados de enemigos, sino que nuestro poder sea muy inferior al suyo. Por lo tanto, invertir en los recursos correctos, o procurar el bienestar de nuestro pueblo, puede ser, en ocasiones, mucho más importante que avanzar e ir conquistando todas las provincias que haya a nuestro paso.

Y será precisamente este punto el que indique que estamos ante un título tan divertido como adictivo, ya que, aun teniendo cada campaña su propia historia principal, el poder ser nosotros quienes decidan con quiénes pactar tratados de paz, con quiénes enemistarnos, e incluso la táctica adoptada para hacernos con el máximo poder, abrirá un sinfín de distintas opciones. Lo que supondrá un gran número de horas de partida.

JUGABILIDAD: Las diferentes ayudas de las que hace gala el juego se agradecen bastante, sobre todo teniendo en cuenta el amplio abanico de acciones y resoluciones que pueden llevarse a cabo, y que dotan al jugador de una enorme libertad.

GRÁFICOS: La calidad gráfica de Total War: Warhammer 2 es muy notable, sobre todo a la hora de acercar la vista al terreno de batalla, para observar a nuestras distintas tropas arremeter contra el enemigo. Sin embargo, tampoco se nota una diferencia demasiado grande comparando este juego con el título original. Algo que sin duda demuestra el detalle que ya ofreció la entrega original en su momento, y que, en esta ocasión, vuelve a situarse a la altura.

SONIDO: En este punto, lo más destacable son los distintos apuntes que van realizando, bien el protagonista, bien nuestro ayudante o todos los personajes con los que hablemos, o contra los que nos enfrentemos. Por lo demás, solo cabe destacar distintas melodías y sonidos ambientales que logran ofrecer el efecto deseado. Tanto a la hora de luchar, como en el momento en que nos dediquemos a mejorar nuestras provincias.

DURACIÓN: Aquí es donde, sin lugar a duda, Total War Warhammer 2 ha puesto todo su empeño. Porque si bien al final todo depende de la habilidad del jugador, la cantidad de acciones distintas que llevar a cabo, y que no se reducen de forma alguna a atacar a nuestros enemigos, acaban suponiendo partidas de lo más intensas donde ver cómo crece nuestro poder y nuestra fuerza militar. Y esto sin contar el modo multijugador, que también puede suponer horas y horas de entretenimiento.

CONCLUSIÓN: Aunque el título presenta un planteamiento mucho más cercano a jugadores veteranos, Total War: Warhammer 2 ha intentado atraer a todo el público posible. Por otra parte, el juego, aun presentando el formato de avanzar a través de distintos turnos, no se ve limitado de forma alguna, dando una enorme libertad de decisión al jugador, que podrá enfrentarse a cada una de las distintas campañas de la forma que elija. Porque, y este es otro punto a favor del título, aunque las mecánicas básicas se repitan en cada una de las partidas, el hecho de seleccionar un bando u otro puede modificar por completo no solo el terreno de juego, sino la manera de sortearlo, ya sea a través del combate directo y la aniquilación de nuestros enemigos, o comerciando y confabulando con nuestros aliados para convertirnos en los más poderosos.

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