Virginia

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Virginia da nombre a uno de los Estados Confederados de América y también a este peculiar juego. Aparentemente, la historia gira en torno a dos mujeres, policías en el FBI, que tratan de investigar un suceso acontecido en la ciudad homónima a principios de 1990. Un niño ha desaparecido y con ello se dispara la historia, pero a medida que avanza, el jugador se dará cuenta de que el objetivo principal no es ni mucho menos el que parece. 
 
Los sucesos desconcertantes, los saltos en la narrativa y las sorpresas son los puntos fuertes de esta apuesta independiente. Debido a esto, su ritmo no es apto para cualquier tipo de jugador y solo los más aventureros sabrán apreciar las rarezas de Virginia. No hay diálogo en ningún momento a lo largo de la historia, y esta se construye por las interacciones por el medio, por la observación de los sucesos y por las expresiones de algunos de sus personajes. Las veces que se encuentra texto en la pantalla están contadas, pero también sirven de apoyo para conocer lo que está sucediendo alrededor. 
 
Cuando se trata de nuevas narrativas, siempre sorprende la capacidad de otros elementos, a los que no acostumbramos, de transmitir y de hacer entender. En este caso, la música juega un papel fundamental, generando tensión, malestar, nerviosismo desde el mismo comienzo. Virginia arranca de una forma tenue, sembrando muchas dudas en el jugador y sin que apenas suceda nada, dejando claro que está ante un juego algo misterioso y dramático.
 
Uno de los puntos fuertes para comprender la trama de este juego pasa por introducirse de lleno en esa América profunda. Curiosamente, las agentes a las que controlamos son de tez oscura, incluso con rasgos afroamericanos y en la actualidad, los episodios más grandes de racismo del país se están dando en zonas próximas a Virginia. Los lugares que visitamos tienen cierta sordidez: el típico pueblo americano con mucho que esconder, clásicas casas de madera con ciudadanos algo cerrados, carreteras oscuras y despobladas y hasta una mina. La narración se introduce tanto en el ambiente y busca confundir al jugador, que podría pasar por una película de David Lynch.
 
 

Virginia es un juego innovador y como tal podría decirse que tiene mucho que perfeccionar. La jugabilidad resulta bastante lineal y no solo por lo rígido de una primera persona, sino porque a medida que se nos presentan los entornos, parece que se va a poder interactuar con los objetos, y no es así. Casi siempre se nos permite dar una vuelta libremente y apreciar la peculiar estética, pero a la hora de avanzar, la interacción suele estar disponible con el objeto pertinente y nada más.  
 
Hay que tener paciencia, porque en ocasiones se torna algo simplista. Cuando esperas que suceda algo, que cambie la escena, que el propio juego lleve la iniciativa y no sucede, es muy probable que falte hacer un click sobre un determinado objeto que tienes delante. Es la dinámica que se sigue y que puede llegar a frustrar si no se tiene una predisposición adecuada antes de enfrentarse a este título. Podría parecer que cae en la monotonía, pero no resulta así, la virtud de Virginia reside en la capacidad de inmersión en su historia y ambientes, más allá del resto de los elementos.
 
Los saltos en la narrativa llegan a confundir, pero también incrementan la necesidad de saber qué está sucediendo y de avanzar en el supuesto caso que se nos plantea. Los cambios están muy bien hilados porque utilizan elementos del entorno semejantes, pero en ocasiones no es fácil diferenciar lo que son sueños, de lo que es realidad. La continuidad cinematográfica es absoluta en Virginia y es algo que lo convierte en especial. Además de la estética que ha logrado con sus dibujos y la forma de conocerlos: es muy interesante que presenten al personaje que manejamos a través de un espejo, y que después no podamos verle el rostro mucho más al tratarse de una primera persona.
 
Es justo esta perspectiva tan cerrada, que solo permite apreciar el entorno de primera mano, la que ayuda a generar una sensación angustiosa, o al menos inquietante. Sin duda, este juego gustará a los amantes de lo extraño, lo diferente, de las historias que no descubren sus cartas fácilmente, y de las nuevas formas narrativas que están en camino. Es realmente interesante tener que interpretar una mirada, un gesto, un movimiento, porque las palabras no van a ayudarte.
 
 
 
 
 
JUGABILIDAD: es bastante lineal, los escenarios están repletos de objetos con los que no se puede interactuar. Hacer click es la acción mayoritaria, o apretar el botón, pero como explicamos anteriormente, el plato fuerte no depende de esto.
 
GRÁFICOS: los gráficos consiguen crear una estética bastante particular. Un dibujo diferente, poco detallado quizás, pero que refuerza las sensaciones que se buscan transmitir a lo largo de la trama y se acentúa la sensación de angustia en algunos momentos. 
 
SONIDO: el sonido es fundamental. La ausencia de diálogos hacen que la música lleve el peso de la emoción de los momentos. Nada como un sonido desagradable para poner alerta al jugador. La banda sonora está muy bien escogida y resulta inmersiva en una trama policiaca como esta – aparentemente-.
 
DURACIÓN: la duración no es excesivamente extensa. Como viene siendo habitual en los juegos de corte independiente tiende a hacerse algo corto, pero tampoco es molesto. Se disfruta bien el tiempo que dura.
 
CONCLUSIÓN: un juego arriesgado, que apuesta por una nueva forma narrativa en los videojuegos. Cambios de escena, vuelta atrás y adelante, sueños y realidad, todo dispuesto para generar confusión en el jugador y aumentar sus ansias de respuestas. Un entorno atrapante y capaz de generar muchas emociones sin un solo diálogo por parte de los personajes jugables a lo largo de todo el juego. 

Elena Fernández "Elfvera"
 
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La trama ha sido relacionada con la serie Twin Peaks por lo enrarecido de la historia y el entorno.

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