En el espacio todos oyen tus tiros

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Le ha costado, se ha hecho de rogar y el cese de la actividad de THQ nos hizo temer lo peor, pero por suerte Relic ha encontrado en Sega el aliado ideal para que las tropas del futuro de Warhammer vuelvan al combate en Warhammer 40.000: Dawn of War III, un bestial regreso de esta serie de estrategia en tiempo real por sus fueros.



Warhammer 40.000 es una licencia que da mucho juego. En el más extenso sentido de la expresión, porque hay todo un catálogo de videojuegos que disponen de los derechos de la marca de Games Workshop y que cubren varios géneros de juego. Pero aunque la vertiente espacial del universo de fantasía oscura con humanos, elfos y orcos (aquí clasificados como “xenos” o sencillamente, alienígenas) se presta tanto a la acción como a la estrategia por turnos, es en el género de la estrategia en tiempo real donde seguramente ha sabido tocar mejor la tecla. Y la culpa es de Relic Entertainment y de la serie Dawn of War.

Publicado inicialmente en 2004 bajo el sello de THQ, Warhammer 40.000: Dawn of War se acoge a los RTS como el medio al que poder trasladar el factor táctico clave en el juego de miniaturas de Warhammer 40.000, pero al mismo tiempo sumergir al jugador en una cruenta batalla sin ningún cuartel. Una fórmula que su segunda parte revolucionó acercándose más al RPG táctico. Eso fue en 2009, y ahora, 8 años después, con THQ desaparecida y Sega tomando el testigo para seguir conquistando los dominios de la estrategia en el PC, nos llega Warhammer 40.000: Dawn of War III, con elementos de ambas entregas pero sobre todo con una contundencia y una intensidad en sus batallas que te atrapará por la pechera a las primeras de cambio.



¿Alguna vez te ha pasado que has vuelto a ver un viejo amigo después de mucho tiempo y lo has encontrado en mejor forma que nunca? Porque eso es justo lo que le ha pasado a Warhammer 40.000: Dawn of War III, que ha sido caro de ver, pero cuando ha asomado lo ha hecho con un gran estrépito. Había ganas del regreso de esta serie de juegos de estrategia en tiempo real, sobre todo por ver hacia dónde tiraban Sega y Relic tras una primera parte magistral y una segunda en la que se innova de una manera que chocó a muchos, pero que no dejó de ser otro éxito. Y claro, no hay dos sin tres, dice el refrán. A saber si de aquí al siglo CDI, el año 40.000 para ser más precisos, sigue vigente el refranero pero desde luego el estudio se lo ha querido aplicar a conciencia.

Warhammer 40.000: Dawn of War III nos trae la vuelta la sangrienta guerra que está teniendo lugar en el espacio entre los humanos, organizados en el ejército imperial de tintes gótico-eclesiásticos de los Marines Espaciales y sus diferentes Capítulos, y las diferentes razas de los denominados xenos. Un abanico de seres no precisamente amigables, pero en el que por el momento, y a falta de expansiones que – presumiblemente – amplíen la lista solo tendrán relevancia los locos Orkos y los avanzados Eldar. Pero en este nuevo episodio de su lucha encarnizada, hay un elemento externo que irrumpe repentinamente y que puede cambiar las tornas del conflicto a favor de la facción que antes consiga controlar su poder.

A lo largo de las misiones del modo campaña, Relic nos cuenta esta trama que tendremos ocasión de vivir desde el punto de vista de cada uno de los bandos implicados. Y claro está, tendremos que adecuar nuestro juego a las diferentes características de cada ejército. Si bien hay una serie de lugares comunes que tendremos que tener muy en cuenta. El primero es que, como en todo juego de estrategia en tiempo real, nuestra base es el centro neurálgico desde el que se producirán recursos, básicamente militares salvo un tipo de unidad de construcción. Estos recursos serán principalmente dos, los puntos de requisa que actúan como unidad monetaria del juego y la energía generada. Con estos dos elementos tendremos que levantar construcciones para poder construir unidades especializadas y mejorar estas unidades, y la forma de obtenerlos será capturando los emplazamientos del mapa que generan estos recursos. Puntos que pueden fortificarse con defensas y potenciarse para aumentar su producción.



Con recursos ya asegurados en nuestra mano, entran en juego las tropas. Los Marines Espaciales son humanos mejorados genéticamente y preparados para el combate en un adoctrinamiento espartano. Los Orkos por su parte son hordas de guerreros bárbaros y poco disciplinados, con no muchas luces pero que disfrutan de una buena carnicería. Y los Eldar son una misteriosa y antigua raza que en sus buenos tiempos dominaba el universo gracias a su tecnología y sus poderes psíquicos. Cada uno de ellos cuenta con unidades de infantería, tiradores, vehículos, soldados acorazados, exploradores y demás que tendremos que ir generando y poner a buen uso. Pero cada una de estas unidades también tiene sus particulares habilidades, y es que según vayan mejorándose podremos ordenar a cada tropa que use sus capacidades, ya sean en forma de distracciones, ataques alternativos u otras características tácticas que pueden girar las tornas de una batalla.

En cada bando, además, hay personajes destacados denominados “Élites”, que son los campeones que podremos invocar si es que tenemos los puntos requeridos para ello, los cuales obtendremos tras cada misión o cada combate multijugador según nuestro rendimiento. Estos personajes son mucho más poderosos que las tropas de a pie, pueden ser invocados de nuevo al terreno de batalla un tiempo después de que que caigan, y disponen de habilidades especiales bastante devastadoras. Por ejemplo, Gabriel Angelos puede asestar un tremendo golpe con su mazo desde el aire y afectar a un área en círculo. El jefe orko Gorgutz usa la cadena de su brazo mecánico para atacar a su alrededor y llegar a zonas inaccesibles, y la Vidente Macha puede canalizar a través de su lanza sus poderes psíquicos para crear barreras o dejar a los enemigos atrapados en extasis.

Por si esto fuera poco, en Dawn of War III hay unidades especiales para cada ejército como parte de estas élites que no son sino tropas de gigantesco tamaño, generalmente robóticas, y que permiten desplegar auténticos titanes sobre el terreno. Y aún hay más, porque cada ejército dispone de “súper habilidades” que pueden borrar fuerzas enemigas de un plumazo: el Ataque Orbital de los Marines, la Tormenta de Caos de los Eldar, los Piedroz que lanzan los orkos… Es un despliegue terrible y a la vez fascinante de fuerza que escala junto con la batalla, y que bebe mucho de los RPG y de los MOBA actuales, sin llegar a caer del todo en su terreno, porque lo cierto en que en Dawn of War III hay que tener mil ojos para todo.



Sí podemos, eso sí, personalizar nuestro ejército, y no solo en lo que a su apariencia se refiere con una opción que parece que cunde después de Might & Magic Showdown, y es el taller de pintura. Además de poder personalizar los colores de nuestras tropas, que pueden tomarse de los diferentes destacamentos de figuras reales del juego, antes de cada misión tendremos que configurar qué Élites nos llevamos y con qué Doctrinas, características que harán que se pongan en juego efectos adicionales, y es que con ellos podemos inspirar a las tropas y darles aumentos, o curarles en masa. Algo que si es importante en la campaña, en el multijugador es crucial, puesto que con ello marcaremos una estrategia a largo plazo a la que nos abonaremos en enfrentamientos de dos bandos de hasta tres jugadores.

Warhammer 40.000: Dawn of War III es un juego que recoge elementos nuevos y actuales, pero que se dicta por unos principios que no deben faltar en ningún RTS, y es que marca un ritmo que aumenta a medida que escala el conflicto. Al igual que en otras series como Age of Empires, nuestro baluarte puede ser mejorado para desbloquear nuevos efectivos, y solo podrá evolucionar si cumplimos ciertos requerimientos de recursos. Con ello, no solo basta con acumular fuerzas, aunque siempre ayuda, sino que tendremos que medir bien cuándo hacer despliegues, cuándo guardar la posición y dar tiempo a que lleguen las mejoras, cuándo y cómo proteger los puntos de recursos… Para todo ello, el juego permite agrupar varias tropas bajo una tecla de acceso rápido, favoreciendo la agilidad y permitiéndonos organizarnos en la guerra. El resto ya queda a tu capacidad táctica y tu toma de decisiones. A lo mejor eres el Napoleón del año 40.000.

Juan Elías Fernández



JUGABILIDAD: La guerra se gana a base de clics con todo bien a mano, y el poder agrupar a las tropas se agredece bastante.

GRÁFICOS: No se puede pedir más a este género, que no es de muchos alardes y donde importa que todo esté bien representado, como es el caso.

SONIDO: Aunque el juego no viene doblado al español y nos hubiera gustado escuchar a los orkos ceceando en nuestra lengua, las voces no están mal y la banda sonora no distrae de nuestro cometido.

DURACIÓN: La campaña ofrece misiones bastante extensas, y en el modo multijugador también es fácil que cada enfrentamiento se alargue un buen rato.

CONCLUSIÓN
: Los ejércitos de Warhammer 40.000 siguen en forma. No solo el tiempo no ha pasado factura, sino que como el buen vino, han sabido envejecer y absorber lo mejor del ambiente. Las tropas de los Marines, los Eldar y los Orkos van a conquistar tus horas de juego a poco que seas aficionado al género y te guste embarcarte en épicas batallas contra la IA o contra otros jugadores. Lo harán arrasando todo a su paso, sin dejar títere con cabeza. Y, fíate de nosotros, te vas a dejar. Y te va a gustar. 

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Nacho Castañón

Editor y PR en Andro4all. Licenciado en Periodismo y Comunicación Integral. Formado en El Referente, Agencia Colpisa y AlfaBetaJuega, y escribiendo sobre el mundo de la tecnología, videojuegos y deporte desde 2013. Mi perfil en LinkedIn.
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