Sangre, robots y gente que habla con la boca llena

10720

Wolfenstein: The New Order llega con la clara intención de devolver a una de las sagas más míticas de la historia de los videojuegos al lugar que le corresponde. Contundente, extremo y muy divertido. Ingredientes perfectos para satisfacer y desfogar a los jugadores sedientos de un shooter diferente.

El pionero de los FPS vuelve para reclamar su trono. Y su regreso es tan contundente como el contenido de su nueva aventura. Wolfenstein: The New Order es desenfreno y contundencia. Un título que sabe lo que quiere y lo plasma importándole un pimiento las consecuencias. Y eso, señores, es maravilloso.

Llama la atención que tras el producto no se encuentre Id Software, que, por lo visto, está ocupada en un delicioso menester llamado Doom 4. Esta vuelva a la cumbre corre por parte de MachineGames, un estudio sueco que probablemente no os suene de nada, pero vuestra percepción cambiará si os decimos que está integrado por antiguos miembros de Starbreeze, responsables de los videojuegos de Las Crónicas de Riddick o The Darkness. Además, en la producción se encuentra Bethesda, lo que ya es un sinónimo de seguridad.

El puñetazo en la mesa de Wolfenstein: The New Order llega con su excepcional ambientación, que es su principal reclamo. La aventura transcurre en unos años 60 afortunadamente alternativos. Los nazis han ganado la II Guerra Mundial gracias a una descomunal supremacía tecnológica que les permite atemorizar más todavía a todo el mundo a base de mechas, drones o perros robots. Además del propio temor de su ideología fascista, de la que el juego va dejando pinceladas incluso en momentos de pura transición, como a la hora de escuchar una conversación entre transeúntes y los miembros del ejército de Hitler.

Pero va mucho más allá. En esta realidad alternativa la historia se reescribe del todo. La bomba atómica cayó en Nueva York, desolando la gran manzana. Los alemanes fueron los primeros en llegar a la Luna, algo que se plasma en uno de los dieciséis niveles que componen la aventura. También hay lugar para pequeños guiños musicales. Los Beatles aquí se llaman Die Käfer y triunfaron con su disco Das Blaue U-Boot. O la particular versión en teutona del tema 'The House of the Rising Sun', interpretada por Wilbert Eckart Und Seine Volksmusik Stars, que además es la melodía escogida para el tráiler del juego. Todo un compendio de detalles que aportan humor a la vez que dan que pensar cómo podría haber acabado todo.

Como vemos, y a pesar de no ser el eje angular que se le exige a un Wolfenstein, la trama argumental tiene su importancia. Encarnamos a B. J. Blazkowicz, quien. tras una trepidante primera misión, se pasa doce años en una residencia en estado vegetativo cuidado por una familia polaca, especialmente por Anya Oliwa. Esta joven se convierte en el principal reclamo de atención del protagonista, quien más adelante le compensa en un par de ocasiones por los servicios prestados. Tras recuperar casi por completo su conciencia, a pesar de los restos de metralla en su cabeza, este soldado americano se convierte en el típico héroe de guerra ochentero, clamando venganza contra cualquier nazi que se le plante por delante con el objetivo de localizar a sus camaradas y de poner fin con la vida de Wilhelm Strasse. 'Calavera' para los amigos.

En ocasiones, el guión trata de profundizar en varios aspectos como el amor, el horror de la guerra y otros clichés rutinarios que normalmente alabaríamos por su profundidad, pero esta emotividad no pega absolutamente nada con una máquina de matar como es el bueno de Blazkowicz, quien a pesar de todo consigue caer realmente bien, transmitiendo bastante empatía con el que está a los mandos. Se agradece el intento, pero tampoco se podría calificar como un defecto. En un título como Wolfenstein: The New Order no podemos exigir que la historia nos atrape ni nos emocione.

Porque lo que todos buscamos en un juego así es desestresarnos y divertirnos delante de la pantalla. Y el de MachineGames en este aspecto se lleva matrícula de honor. Podríamos decir que plasma lo bueno de los FPS de la vieja escuela con los componentes mediatizados y estandarizados del género en la actualidad. Combina ambos registros y da como resultado una absoluta genialidad.

Recuerda a los shooter clásicos debido a su ausencia total de sutileza. Aquí puedes llevar armas sin limitaciones e incluso portar dos metralletas o escopetas simultáneamente para masacrar con estilo. La munición no se recoge automáticamente, sino que hay que pasar por encima para hacernos con ella. Y la regeneración (aunque la hay, es algo peculiar) deja paso a la búsqueda de botiquines de salud medida en números hasta el cien. Del videojuego moderno se sustenta en el uso de coberturas, con un sistema de asomo que pocas veces resulta efectivo. También de situaciones scriptadas que le aportan espectacularidad y ayudan a la inmersión, a pesar de no ser nada originales.

Aunque el frenesí de repartir plomo como si no costase dinero prima sobre todo lo demás, hay determinados sectores de la aventura en los que ha de primar el sigilo y la cautela. En los dos primeros tercios de la aventura hay muchos tramos en los que hay que tratar de avanzar siendo una sombra y acabar con los comandantes sin que nos detecten, ya que ellos dan la voz de alarma y piden refuerzos a la mínima, lo que acarrea en una muerte prácticamente segura. Lanzar cuchillos o realizar ejecuciones por la espalda se convierten ahí en nuestros mejores aliados. Los escenarios son los suficientemente amplios y con varias rutas, ideal para planear qué táctica nos conviene más.

Pocos defectos se pueden sacar a este nuevo Wolfenstein, pero quizá uno de los más chirriantes es la IA de los enemigos. Normalmente actúan con coherencia, atacando en grupo o flanqueando nuestra posición. Sin embargo, en otras ocasiones pasamos a su lado y no se inmutan, o por el contrario incomprensiblemente nos ven estando detrás de una cobertura que está bastante alejada de su posición. Y en determinados sectores de infiltración nos ha pasado que vienen caminando tranquilamente hacia nosotros como si fueran a pedirnos un cigarrillo. Son situaciones puntuales, hay que aclarar.

Hemos pasado antes de refilón por el arsenal de armas, y lo dejaríamos ahí porque la gran mayoría es lo habitual en el género. Pistolas, fusiles, escopetas… Pero hay algo que destaca sobre todo lo demás: el Laserkraftwerk. Es una herramienta que comienza siendo un perforador de metal, pero a medida que se va mejorando, se convierte en un arma capaz de aniquilar en pedacitos a cualquiera que hable un poco raro. Huelga decir que es un juego bastante violento, con escenas muy explícitas y donde la sangre impregna de rojo todos los escenarios. Si sois muy sensibles, hay dos escenas bastante crudas. Avisamos.

Otro elemento moderno que destaca de Wolfenstein: The New Order es su sistema de mejoras, al que le han añadido su particular sello de distinción. Olvidaos de árboles de habilidades progresivas. Aquí los nuevos elementos para nuestro personaje se obtienen automáticamente al cumplir objetivos como matar a un número determinados enemigos con cierta arma o ejecutándolos de una forma concreta. Una especie de minilogros en el propio juego que recompensan al jugador por su habilidad. Aunque bien es cierto que salvo un par de perks, como la regeneración o la recarga más rápida, prácticamente no tienen incidencia en el desarrollo.

Se ha criticado mucho a MachineGames por prescindir del modo multijugador y desde aquí no queremos hacer otra cosa que alabar su valentía. Puede que pierdan ventas por este hecho, pero hay que ir con unas ideas hasta el finaly desde luego Wolfenstein tiene material suficiente para entretener al jugador sin un modo online añadido con calzador que, posiblemente, a los pocos meses habría sucumbido por el irrefrenable poder de atracción que arrastran las dos grandes franquicias de siempre. Es muy valorable que hayan destinado esos recursos que satisfarían fácilmente a un nutrido grupo en pos de ofrecer una campaña con muchos secretos.

Porque la vida de The New Order es bastante longeva. Completar la campaña principal puede llevaros fácilmente entre quince y veinte horas, dependiendo del nivel de dificultad que escojáis de los cinco disponibles. Además, insta a completarlo dos veces. Al final del prólogo hay que elegir entre sacrificar la vida de uno de los dos compañeros que nos acompañan. Según la decisión, pequeños resquicios de la aventura varían y el protagonista obtiene una habilidad diferente entre hacer puentes o forzar cerraduras, según la elección.  Además, hay un sinfín de coleccionables escondidos por los escenarios para desbloquear retos adicionales. Y una versión del Wolfenstein clásico que todos deberíais encontrar.

En lo referente al apartado técnico, cumple sin alardes. Usa el motor gráfico Id Tech 5 desarrollado por John Carmack para R.A.G.E. Luce bien, pero se nota demasiado que se trata de una creación intergeneracional y no sorprende, además de esconder alguna que otra textura bastante pobre. A su favor hay que decir que, gracias al talento del fundador de Id Software, la imagen se mantiene de forma estable a 60 frames por segundo sin importar la acumulación de enemigos, sangre y plomo en pantalla. Todo ello aderezado a una resolución nativa de 1080p.

La banda sonora como ya hemos dicho es brillante. Además de la citada versión de “The House of the Rising Sun” hay que hacer mención especial al tan solemne como maravilloso tema de los créditos finales. Se llama “I Believe” y está interpretada por Melissa Hollick. Por último, y no por ello menos importante, decir que las voces de los personajes se encuentran en perfecto castellano, rindiendo a un muy buen nivel. Como es lógico, los soldados nazis esputan palabras en su idioma. Me he pasado toda la vida completando aventuras en las que acabar con el ejército alemán y sigo sin entender nada más que “Achtung”.

José L. Ortega

——————————————————

Valoración final

Jugabilidad: Exceptuando las últimas tres o cuatro misiones, casi todo el resto del desarrollo da la opción de poder disparar a todo lo que se mueva o avanzar sigilosamente. Este componente le sienta de fábula y aporta un toque diferente y especial a la aventura.

Gráficos: Pese a que se aprecia que es un desarrollo intergeneracional, no luce del todo mal a pesar de que ciertas texturas den bastante el cante. De agradecer la fluidez a 60 frames por segundo en un shooter de este calibre.

Sonido: La banda sonora es verdaderamente magnífica y la localización a nuestro idioma más que correcta.

Duración: No tiene multijugador y da exactamente igual porque no lo necesita. La campaña oscila entre las quince o veinte horas, es rejugable y hay multitud de coleccionables repartidos por el escenario.

Conclusión

Wolfenstein: The New Order es fantástico de principio a fin. Hace lo que mejor se le da y lo culmina a la perfección. No revoluciona ni lo pretende, pero aporta un granito de arena para continuar la historia que hace un par de décadas lo impulsó como un referente dentro de la industria del videojuego. Recrea el antes y el después de un género. Plasma sus ideas sin contemplaciones, prescindiendo de sutilezas, y eso lo convierte en algo tremendamente divertido. Aunque ciertos fallos lo alejen de la excelencia, es una propuesta valiente. Y eso, a día de hoy, es digno de admirar.

——————————————————

No te quedes sólo en el juego:

  • Una película: Malditos Bastardos, de Quentin Tarantino
  • Una canción: Du hast, de Rammstein
  • Un libro: El diario de Helga

Publicaciones relacionadas

Cerrar