Estás a punto de morir, gusano

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¡Aquí mi fusil, aquí mi pistola, uno dispara, la otra consuela! ¡Vamos gusanos, levantad de las literas que nos toca ir a la guerra! ¡Y cuando os llamo gusanos es porque realmente lo sois! ¡Lo sois literalmente, leñe!

La longevísima saga Worms sigue en plena forma en su última entrega, Worms: Battlegrounds que es el debut de los gusanos antipacifistas en la nueva generación de consolas.

Y lo cierto es que este último capítulo ha dejado un tanto a un lado la innovación gorda que supuso un juego como Worms Revolution (al que le iba que ni pintado el nombre) para centrarse en perfeccionar una fórmula clásica.

Así pues, los que estéis familiarizados con la saga Worms, Battlegrounds no supone un punto y aparte sino un punto y seguido para clavar algunos de los fallos que atesoraba Revolution.

Pero antes de entrar en estas consideraciones hay que dar una explicación. Y hay que dar una explicación porque puede que los padres de algunos de los lectores firmaran antes de que estos nacieran que los primeros 20 años de su vida los iban a pasar incomunicados en una burbuja opaca sin saber que es Worms.

Worms es un juego de estrategia por turnos muy peculiar y con una fórmula definida: consiste en acabar con los gusanos de los equipos rivales y conseguir que los rivales no acaben con nuestros gusanos.

Para ello tenemos a nuestra disposición un enorme y muy variado arsenal de armas que van desde cosas tradicionales como la escopeta hasta cosas más delirantes como la Súper Oveja (una bomba que se controla cual Superman que va a por su objetivo y explota).

Para acabar entonces con nuestros rivales tendremos que valorar la mejor estrategia en cada caso dependiendo de la configuración de la partida. Por un lado podemos optar en nuestro turno por hacer disparos desde posiciones fijas por lo que tendremos que estar pendientes de la dirección e intensidad del viento. Podemos optar sin embargo por movernos y hacer ataques cuerpo a cuerpo a nuestros enemigos (quién no tiene bien afilado su bate de baseball en busca de un Home Run gusano). O incluso podemos optar por tácticas más gallinas y construirnos un laberinto de túneles para que a los rivales les cueste dañarnos en nuestras madrigueras.

Lo bueno que tiene Worms y que en Worms: Battlegrounds ha sido perfeccionado es que las posibilidades de estrategia para ganar una partida son muy pero que muy variadas y nunca hay dos combates iguales. Es más, cuando se domina lo básico ya no nos contentaremos con ganar las batallas sino que estaremos deseando ganarlas de la manera más humillante posible… para nuestro rival. Las risas están aseguradas.

Worms: Battlegrounds, en este camino al perfeccionamiento, como estamos diciendo a lo largo de todo el análisis, vuelve a optar por el sistema de gusanos con clase que se introdujo sabiamente en Worms Revolution. Es decir, ahora cada gusano de nuestro equipo tiene habilidades especiales: por ejemplo, el explorador es rápido pero débil, el fortachón es el inverso o el ingeniero que da +5 puntos de vida al equipo por turno.

Lo bueno en Battlegrounds es que estas habilidades han sido perfeccionadas en mayor medida y estos gusanos tienen nuevos atributos muy interesantes. Por ejemplo, el gusano normal ahora es el único que tiene la capacidad de explotar las granadas en el momento que a nosotros nos plazca (habilidad potente donde las haya); el fortachón, en su caso, al morir hace una onda de destrucción muy bruta (puede llegar a quitar más de 60 puntos de vida si hay otro gusano cerca); o el explorador que tiene la capacidad ahora de saber al principio de turno qué hay en las cajas cercanas y optar entonces por ir o no a por estos suministros.

Se sigue manteniendo también, aunque ya no es el centro de la propuesta, el tema del agua activa en el escenario, que sigue siendo tan interesante como en anteriores entregas (ahogar poco a poco a los gusanos enemigos es algo que no tiene precio). Y se han mejorado los objetos destructibles del escenario, que ahora son más claros de ver cuando van a romperse y lo que van a provocar (además de salirles vida para saber si los rompemos o no).

Así pues, en líneas jugables, Worms: Battlegrounds ha clavado la fórmula de Revolution mejorando un montón de detallitos que rechinaban en el anterior juego. Cosas como el inventario de armas que ahora se puede ver en una única pantalla, con las armas bien categorizadas por secciones y la tienda de armas directamente incluida. Es decir, para comprar solo tendremos que pulsar un botón sobre el arma que queremos siempre y cuando tengamos dinero (aunque ahora es más fácil conseguirlo y las armas no tienen precios desorbitados).

También, aunque esto depende de la configuración de la partida, es más normal que salgan armas especiales en partidas estándar lo que hace aún más divertidas las partidas.

Aunque, sin lugar a dudas, uno de los puntos que más se ha mejorado en Worms: Battlegrounds es la campaña en solitario. La idea de Battlegrounds es que estamos en un museo con dioramas de diferentes épocas históricas (que condiciona para bien los tipos de mapa que estarán disponibles) y tenemos que detener a un malvado gusano que utiliza sus poderes hipnóticos para crear un ejército de gusanos zombi. La propuesta es muy loca y su desarrollo más aún llegando a puntos de delirio en los que la historia deja de tener sentido. Todo esto bañado con una narradora que en este caso es una parodia total, descarada y muy graciosa de Lara Croft llamada Tara Pinkle.

Lo bueno que tiene la campaña es que ha sido diseñada como un gran tutorial del juego en el que podemos probar todas las armas que luego vamos a tener en los enfrentamientos normales. Pero no es un tutorial en sí, tendremos desafío en la campaña pero las misiones están pensadas y con el armamento muy limitado, para que vayamos probando y aprendiendo. Además se han introducido algunos puzles a las misiones que se agradecen para darle variedad. Y luego, además de la campaña, tenemos las misiones gusanas que suben más la dificultad.

Néstor García
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Valoración final

Jugabilidad: todos los detallitos feos que fallaban en Worms Revolution han sido limpiados en Battlegrounds, dejando la mejor fórmula jugable y más equilibrada de toda la saga.

Gráficos: el juego luce bien en la nueva generación y su estilo cartoon sigue siendo encantador. El decorado de los escenarios ha mejorado sustancialmente, aunque a veces los colores elegidos hacen que no siempre tengamos claro qué es suelo y qué caída.

Sonido: Worms es el libro de texto del que muchos videojuegos deberían aprender en lo que se refiere a efectos de sonido. Lástima que llevemos años sin poder elegir voces españolas para nuestro equipo y partirnos con sus comentarios. El juego está subtitulado.

Duración: Ilimitada. La campaña puede darnos para unas 8 horas más un montón de horas más de misiones gusanas. Sin embargo, la gracia del juego está en los enfrentamientos y aquí manda lo que os pueda cansar la propuesta (que, con amigos, suele ser nunca).

Conclusión

Worms: Battlegrounds ha perfeccionado la fórmula innovadora que tenía Worms Revolution y ha dejado el juego libre de un montón de fallos menores que tenía éste. Un título con mucho encanto y horas por delante que es absolutamente recomendable para quienes nunca, locos ellos, se hayan echado una guerra de gusanos.
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No te quedes solo en el juego

  • Una canción: Crown of Worms de Megadeth
  • Una película: La Chaqueta Metálica de Stanley Kubrick.

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