Análisis de Worms W.M.D. en Switch – El retorno del gusano

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Hablar de Team17 es hablar de gusanos con ganas de mucha guerra. Desde 1995, Worms ha estado trayendo a los jugadores algo tan manido como un conflicto bélico, pero con unos protagonistas poco usuales. Ni marines, ni extraterrestres, ni robots, gusanos armados hasta los dientes han estado desfilando por nuestras pantallas luciendo su arte con el bazuca y con un arsenal tan peculiar como una granada que explota al canto de “Aleluya”.

Se dice pronto, pero ya han pasado más de 20 años desde que los vimos por primera vez. El enfrentamiento de estos “bichitos” se ha repetido infinidad de veces con muchas plataformas diferentes como testigo, pero tratando de guardar fidelidad a su esencia: mezclar el humor (partiendo de que son gusanos, el resto lo podéis imaginar) con delirantes armas y la acción por turnos.

Los hemos visto en 2D, en 3D, en consolas, ordenadores y hasta móviles. Y ahora, su última entrega vuelve tras un año de su lanzamiento original para acercarse a una compañía que hacía tiempo que no acogía estas guerras. Nintendo Switch ha recibido hace muy poco en su catálogo a Worms W.M.D., un título de la franquicia que da la mano a los que cayeron encandilados con los dos primeros juegos de toda la saga y les enseña todo aquello de lo que son capaces ahora.

Hay cosas que jamás sabremos: la fórmula de la Coca-Cola, qué hay tras la muerte o por qué pelean los Worms. No hay una explicación, tampoco hace falta. Worms W.M.D. apela a su pasado, lo trae de vuelta, lo pone al día y te lo planta en pantalla; y dejarse las historias para otro tipo de juegos es uno de los elementos que forman parte de su historia, valga la redundancia. Aquí lo que importa es pasarlo bien echando partidas y tratando de destrozar al equipo enemigo. No quieres saber qué hay detrás de estas guerrillas, y el juego no es que se moleste en despertar tu interés.

Y creednos, cuando decimos que se centra en hacértelo pasar bien, es porque lo hace. Puede que no tenga un hilo argumental que te haga reflexionar sobre el horror de la guerra (no hay apenas hilo), pero Team17 se ha encargado de dar un aliciente para el jugador solitario. La campaña individual cuenta con un total de 30 misiones (algunas ideadas por algún tipo de ente maquiavélico) que proponen retos de todo tipo, a superar cumpliendo un objetivo principal y otros secundarios que dan recompensas adicionales, junto con otras modalidades cargadas de retos que, en ocasiones, tienen un fuerte regusto a acontecimientos históricos. Como decíamos antes, puede que apenas tenga historia, pero sí que se fija en la nuestra.

Pero seamos francos. Cuando te pones a jugar a un Worms no estás pensando en hacerlo solo. Lo realmente divertido de Worms W.M.D. es echar partidas con amigos tanto a nivel local como online, el poder gritarle a alguien en la cara un “¡Cómete esa!” cuando cuelas una granada por un lugar imposible. Ahí, esta entrega, como en casi todos sus aspectos, no ha perdido ni un ápice de la magia de la IP a la que pertenece.

Antes de que entremos a abordar su componente multijugador, permitidnos un inciso necesario. El que ya haya jugado alguna vez a un título de esta franquicia debe respirar con tranquilidad. Las mecánicas son prácticamente idénticas, salvo un par de novedades que comentaremos a continuación, y siguen funcionando tan bien como siempre. Para los que sean neófitos en materia “bélicogusanil”, las mecánicas de Worms W.M.D. consisten en acabar con el enemigo equipo usando todo el arsenal que tienes a tu disposición. Para ello, a través de un sistema de turnos, te mueves por el campo de batalla y aprovechas el entorno para utilizar las armas que consideres más adecuadas.

Las físicas, como han hecho siempre, influyen en esto. El viento puede hacer que un proyectil se desplace más o menos, que una ráfaga de llamas se propague en una dirección, o incluso la marea puede subir y hacer que varios mueran ahogados. Hay muchos elementos escondidos bajo ese simpático estilo cartoon que lo impregna todo, y por mucho que te guste escuchar la música del Home Run no siempre va a ser buena idea usar el bate. El componente estratégico tiene casi tanto peso como tu habilidad usando tu armamento, o el que recibas del cielo… Hasta que alguien lanza al Burro (y no, no es una metáfora).

Ahora bien, hemos dicho que en este sentido hay novedades, y es totalmente cierto. El total de armas sigue siendo abrumador, como también sigue manteniendo la locura suficiente como para poner a una oveja o plátanos como explosivos; pero ahora se ha introducido un elemento de “crafteo” que te permite deshacer armas para conseguir materiales y rehacer otras nuevas, además de la inclusión de vehículos (tanques, helicópteros o incluso mechas), armas fijas en el escenario y la cobertura en el interior de algunos edificios.

La verdad es que la fórmula de Worms es algo que ha logrado mantenerse casi sin erosionar a pesar de su antigüedad, Worms W.M.D. es la prueba más clara de ello; sin embargo, los elementos que incluye esta entrega terminan de rematar algo que era muy bueno para hacerlo aún mejor. Puede que seas un purista y te dediques a reventar medio escenario con tu bazuca, pero te aseguramos que experimentar con estas novedades hace las partidas aún más divertidas y estratégicas.

Y ahora sí, vamos a hablar del multijugador. La gran baza de este juego, además de sus pulidas mecánicas, cuenta con un grado de personalización altísimo y ya tradicional en la saga. Puedes configurar todo tipo de partidas a tu gusto, restringiendo armas, eligiendo entornos y creando equipos en los que puedes colocar hasta el himno de España si te apetece (o a algún animal berreando, que también). La personalización casi total de tus equipos es algo perfecto para crearte una identidad, pero la personalización de los reglamentos puede dar pie a todo tipo de locuras. Prácticamente puedes hacer una partida a tu total medida, e incluso guardar sus reglas, para compartirla con 5 jugadores más en la consola, contra otro que tenga su Switch y una copia del juego (en red local) o a través de internet.

La gran pega de esta versión viene precisamente en ese último punto. Worms W.M.D. para Nintendo Switch no ofrece la posibilidad de crear partidas privadas ni de invitar a amigos a jugar. Todo el componente online se basa en la búsqueda y los encuentros aleatorios con gente de mismo o diferente nivel que tú. Desconocemos el motivo tras esto, pero lo cierto es que con semejante despliegue de bondades, este paso atrás con respecto a otras versiones nos resulta ilógico.

Por otro lado, cabe mencionar que el título funciona totalmente bien en el televisor, pero no se puede decir lo mismo a la hora de jugar en Modo Portátil. El tamaño de las fuentes y de algunos menús (como el inventario) son difíciles de distinguir, obligando a acercarse al máximo posible y obligándonos a nosotros a deciros que, si tenéis la oportunidad de juntar a varios, mejor que sea frente a un televisor.

Jugabilidad: El Worms más clásico, con tintes renovados y esas mecánicas más duras que una roca. La mezcla entre estrategia, acción por turnos, scroll lateral y armas descacharrantes funciona tan bien como siempre. Además, las novedades con el sistema de crafteo y los vehículos lo hacen todavía más divertido. Una pena lo del online con amigos…

Gráficos: Su estilo deja claro que la cosa va de guerra, pero que no puedes tomártela en serio. La apariencia de los Worms ha cambiado en esta entrega, pero sus animaciones siguen siendo tan fluidas como siempre y se logra crear una imagen fácil de recordar incluso cuando tienes ante tus ojos un escenario reducido a nada, literalmente. Por otro lado, la interfaz no termina de ser adecuada para Switch debido a su tamaño.

Sonido: Voces en todo tipo de idiomas, con tonos diferentes y siempre capaces de sacarte una sonrisa. Puede que la música no sea la gran clave de Worms W.M.D., pero tanto sus efectos de sonido como el gran abanico de voces que tiene logran mantener ese espíritu desternillante que se esconde entre bombas y pólvora.

Duración: Un modo principal con 30 misiones, objetivos primarios, secundarios, desafíos y retos adicionales. Coge todo eso, mézclalo con su multijugador totalmente personalizable y tienes algo que te va a durar mucho tiempo, o al menos tanto como para aguantar hasta el siguiente Woms.

Conclusión: Worms W.M.D. llega a Nintendo Switch con casi todo lo bueno que tenía el original. Volver al pasado ha sido la mejor idea que el Team17 ha podido tener para volver a afianzar a unos gusanos que han estado unos años algo más flojos que de costumbre. Mezcla esa antigua fórmula tan sólida con nuevas mecánicas que lo hacen más interesante, y encima ahora puedes llevártelo para jugar donde quieras. ¿El único problema? Que tener amigos en el modo online no te va a servir de nada, al menos no por ahora.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.
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