El espectáculo garantizado

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El año que descubrimos el wrestling fue el año en el que una serie de personajes se introdujeron en nuestras vidas para no salir ya ni con agua caliente. Y como no podía ser de otro modo, estos personajes acabaron a tortas en la recreativa WWF Superstars.

Qué universo de sensaciones y experiencias desencadenó la llegada de las cadenas de televisión privadas a nuestros receptores. Acostumbrados muchos años a tener dos canales de televisión, con suerte tres en las regiones con canales autonómicos, o quizá pudiendo ver la emisión alguna antena comunitaria o cadena pirata local, la emisión de nuevos operadores como Telecinco y Antena 3 fue todo un acontecimiento a nivel nacional. Y tras ver su parrilla, más aún. Especialmente en el caso de la cadena de los italianos Mediaset, que se convirtió en toda una fiesta para los ojos más juveniles los fines de semana, tanto por su selección de películas como por programas más desmelenados de lo que era acostumbrado.

Y es que es verdad que solo en Telecinco, en aquella Telecinco que aún no vivía exclusivamente de la farándula y el espantajerío pero que los abrazaba efusivamente, se podía uno dar de bruces con Benny Hill y su humor picaruelo pero con olor a naftalina, y a la vez con Jesús Gil, el icónico presidente del Atlético de Madrid y alcalde de Marbella, presentando un espacio propio metido en un jacuzzi. Los pequeños de la casa descubrimos allí Campeones, además de otras series que luego identificaríamos como parte del fenómeno anime, mientras que los padres se dejaban llevar por el misterio de Twin Peaks, y de cómo encajar la enrevesada trama de David Lynch. Pero cuando los mundos chocaban era cuando entraba en emisión Pressing Catch.



Porque Pressing Catch era uno de los programas de consenso entre grandes y pequeños. Se emitía en las mañanas de los fines de semana, y no había ciclo de siete días que no estuviera completo sin su visionado. En realidad, Pressing Catch era la recopilación de partes de la emisión estadounidense de los programas licenciados por la World Wrestling Federation, empresa que no solo ofrecía combates de lucha libre – debidamente guionizados, eso sí – a su público, sino que además introducía algo inédito: una trama por temporada. ¡Qué angustia cuando “Terremoto” Earthquake le dió aquella paliza a traición a Hulk Hogan en los camerinos! Pero qué jugoso se presentaba el combate de revancha cuando el Hulkster se pusiera en pie de nuevo y les diera lo suyo al orondo “Terremoto”.

Ahora sabemos bien que todo esto obedece a fuerzas creativas que deciden el rumbo de las estrellas y sus diferencias, quién va a ser “face” – de “los buenos” por así decirlo – o por el contrario quien será “heel” – los malotes que la acaban liando parda – y las secuencias dramatizadas fuera del ring. Pero visto con ojos adolescentes, la por entonces todavía conocida como WWF era, como bien decía Héctor del Mar, el espectáculo garantizado. Y si las tortas televisivas tenían el logo de la WWF, las de los recreativos eran especialmente notorias gracias a Technos y sus dos grandes referentes: Renegade y Double Dragon.

No obstante, cuando Technos se hizo con los derechos de varios de los luchadores de la WWF, su arcade no consistió precisamente en atravesar diversos barrios de la ciudad practicando piquetes de ojos y sillitas eléctricas a bandas de punkies. WWF Superstars nos planteaba una serie de combates en los que haciendo un equipo con dos de los luchadores disponibles deberíamos acabar combatiendo contra Ted DiBiase, “El Hombre del Millón de Dólares”, y su compañero André el Gigante por el cinturón de campeones por parejas.



Los contendientes no eran demasiados, pero sí que estaban algunos de los luchadores que conocíamos de la televisión. Hulk Hogan no necesita presentación, ya que por entonces era el “face” por excelencia. Le acompañaba otro de los campeones de todo, El Último Guerrero y su característico maquillaje. Más rústico pero no menos carismático eran Jimmy “Estaca” Duggan y su fiel listón de madera. Cerraban la alineación el también muy popular y estrafalario Randy "Macho Man" SavageBig Boss Man, bautizado en Telecinco como “El Poli Loco” y alguien a quien ya pillábamos de refilón, un sucedáneo de Elvis Presley que se hacía llamar The Honky Tonk Man.

Pero lo mejor no era que estuvieran estos mostrencos y que su aspecto fuera reconocible, ¡sino que también lo fueran sus movimientos! En WWF Superstars, podemos sacudir puñetazos y patadas, y si nos acercamos lo bastante al rival podemos realizar una presa tras la que el púgil en cuestión realizará alguna de las llaves propias de la lucha libre, e incluso alguno de sus “signature moves”. Por ejemplo, El Último Guerrero realizaba su Gorilla Press levantando a pulso a su rival sobre su cabeza y lanzándolo al ring, Hulk Hogan ejecutaba su Leg Drop o Honky Tonk su Shake Rattle ‘n Roll. El movimiento que resultaría dependía de la posición de los luchadores y de botón pulsado. El sistema era un poco caótico al principio y era habitual ponerse a machacar los controles como un loco y que pasase lo que tuviera que pasar, pero una vez controlado podía aprender a lanzar a nuestro rival a las cuerdas y embestirlo en carrera, saltarle desde las cuerdas o hasta bajar a los aledaños del ring para liarnos a sillazos bajo pena de ser descalificados si el conteo llega a 20.

En esta primera recreativa de la WWF, el indicador que veíamos en pantalla era la salud de nuestros propios luchadores, que podían darse el relevo con un manotazo como indican las reglas, pero tenemos que intuir cuando el adversario está a punto de caramelo e intentar provocarle la cuenta de 3 sobre la lona, momento en que su compañero se lanzará a intentar quitarnos de encima, a menos que nuestro socio lo evite. Tras tres victorias, los Mega Bucks, es decir, DiBiase y André serán nuestros rivales por el título. El juego incluye dos vueltas antes de que definitivamente acabe con la pantalla de Game Over, pero otra opción es participar con un amigo y luchar de manera competitiva.



WWF Superstars no tuvo adaptación a sistemas domésticos, y eso que en plena época de comercialización de las figuras de acción lo tenía a huevo, algo que tampoco aprovechó Technos con su secuela WWF Wrestlefest, la cual incluía combates en jaula y el modo Royal Rumble. Tendría que ser Acclaim con dispares resultados quien acercase a estos mostrencos a los ordenadores y consolas de entonces. Lo cierto es que no es ni mucho menos lo mejor de Technos, pero qué caramba, poder hacer que Hulk Hogan y El Último Guerrero repartiesen estopa ya era bastante premio para los mozos de la época. ¿Pero por qué nadie incluyó en sus juegos a Los Sacamantecas y su baile sobaquero? Injusticia…

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego

Programa de televisión: Smackdown

Canción: Rick Derringer – Real American

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