Xbox One, la nueva generación

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Los hechos históricos lo son dependiendo del arte al que estemos adscritos. Y en el mundo del videojuego vemos hacer historia cada vez que una de las grandes se anima a sacar una consola de nueva generación.

Cada 6 o 7 años tenemos la suerte de poder meter en nuestra casa una nueva consola que sabemos más que de sobra que, aunque inicialmente nos va a costar un desembolso importante, va a ser uno de esos aparatos en la casa que más rentabilidad, horas, diversión y, en muchos casos, más nos va a llenar intelectualmente en la temporada que nos espera.

La nueva generación ya está prácticamente aquí al completo (Nintendo ya lleva un año en ella aunque ya sabéis que desde Wii… vamos, más bien, desde siempre, ella siempre lleva sus propios tiempos) y como el 22 de noviembre por fin podréis tener una Xbox One en casa vamos con un análisis y las sensaciones que nos ha producido la consola de nueva generación de Microsoft en AlfaBetaJuega que, por suerte, ya tenemos una en la redacción y la estamos haciendo sudar de lo lindo.

Aspectos técnicos

Lo primero de todo, probablemente lo más pesado, es poneros las especificaciones técnicas oficiales de Xbox One para que sepáis a qué nos enfrentamos. Allá vamos:

  • RAM 8GB DDR3
  • CPU x86 de 8 núcleos
  • GPU AMD Radeon personalizada
  • 500 GB de almacenamiento
  • Salida para almacenamiento externo
  • 3 puertos USB
  • 2 puertos HDMI
  • Conexión Internet: Red Gigabit Ethernet, IEEE 802.11 b/g/n Wi-Fi
  • Lector: Blu-ray, DVD, CD, MP3
  • 8 mandos simultáneos

Entre Xbox One y Xbox 360, simplemente mirando las especificaciones podemos descubrir que estamos ante un salto de cuidado. Puede que en este salto generacional estemos ante uno de los menos revolucionarios a nivel técnico puesto que las máquinas han tenido que ajustar sus características para evitar que el precio se vuelva desorbitado. Y, por supuesto, si nos montamos un PC podríamos superar estas características pero la inversión sería mucho mayor, su optimización no sería la de una consola y, lo más importante de todo, perderíamos buena parte de las exclusivas que están en poder (cada una con las suyas) de Nintendo, Sony y Microsoft.

Sin embargo, aunque a nivel técnico no estemos hablando de una revolución con guillotinas, fogatas y arengas, lo que si que tenéis que tener claro es que el salto generacional en Xbox One es más que evidente en cuanto a concepto, organización y agilidad.

Y es que Xbox One es un auténtico avión y el rendimiento y agilidad son para dejar con la boca abierta. La consola tarda algo más en arrancar que su predecesora pero este tiempo extra de arranque se compensa al instante viéndola funcionar.

El paso por los menús es absolutamente inmediato, la carga de los juegos es la más rápida que jamás hayamos visto en una consola. Pero el remate y lo que os va a dejar más boquiabiertos en las primeras pruebas que le hagáis a la máquina, es que esta realiza procesos en segundo plano sin apenas inmutarse.

Nos explicamos: tú puedes abrir un juego pero decidir que quieras navegar por internet justo cuando ya le has dado a cargar el juego. Si pulsáis el botón de Xbox en el mando, instantáneamente (y es importante este término), la consola te lleva al Home de la interfaz y nos permite ir a buscar algo por internet. O a hacer lo que nos dé la gana que nos permita hacer Xbox One.

Y el juego seguirá en el mismo punto exacto en el que lo hayamos dejado. Solo cuando decidamos que hemos dado por concluida completamente la actividad (jugar al juego que hemos cargado) podremos pulsar el botón START y pedirle a la consola que cierre la aplicación (cosa que también hará de manera instantánea).

Esto es una auténtica maravilla puesto que se acabó aquello de que si quiero configurar un parámetro de la consola, o visitar la tienda o cambiar de actividad momentáneamente, tenga que cerrar el juego que probablemente querré retomar al rato. Incluso se pueden abrir varios juegos.

Por supuesto, llegaréis a la misma lógica que nosotros: estas actividades en segundo plano fomentan esa idea de la generación social definitiva que van a suponer estas consolas. Esto es, ya no tendremos que hacer uso de un PC o un móvil para tener abiertas nuestras redes sociales y poder compartir nuestros méritos o conversar mientras jugamos (capital y muy interesante es la importancia que va a cobrar Skype junto con Kinect en Xbox One).

El poder de la nube

Esta multitarea se puede hacer por una sencilla razón y es lo que Microsoft ha venido a llamar con un término tan divertido como el de "El poder de la nube". Y es que se nota que buena parte de los procesos que hace la consola no los hace desde su propio hardware sino que da uso de servidores en línea, lo cual consigue el rendimiento y la agilidad de la que os llevamos hablando todo el rato en este análisis. ¿Dónde lo vais a poder notar además de en esa velocidad que lleva la máquina? Por ejemplo en la descarga de contenido y el mercado digital.

Para que quede claro: ahora los juegos que adquirimos se descargan e instalan al mismo tiempo (lo que ahorra muy considerablemente lo que tarda la descarga). Pero no solo eso: podemos estar jugando a un juego y al mismo tiempo descargando una actualización o un DLC sin necesidad de parar de jugar o de hacerlo en línea (cosa absolutamente impensable en Xbox 360).

Además es curioso y ya lo hemos podido probar en juegos como Killer Instinct, que cuando el título llevaba una descarga e instalación del mismo en torno al 70%, Xbox One ya nos va a permitir jugar independientemente de que a ella todavía le quede un buen rato para terminar el proceso de instalación. Por supuesto, el juego va a estar algo capado, en el caso, no permitiéndonos jugar con todos los personajes hasta que termine la instalación, pero nosotros ya habíamos empezado una supervivencia con Yago y hasta se nos olvidó que el juego aún seguía instalando. Es tan bueno todo esto como suena

El poder de la nube, nos da más ventajas aún y vuelve a tener una importancia enorme en el aspecto social, por ejemplo, en la captura de vídeo. Xbox One hace que todos podamos convertirnos en Youtubers amateurs si lo deseamos, ya sea para compartir públicamente hazañas determinadas como para hacerlo de manera privada.

Xbox One permite ahora mismo capturar nuestros últimos cinco minutos de juego en vídeo y editarlos desde la propia consola, pudiendo ponerles voz con Kinect. Y desde la propia consola también podremos subirlos a la red. Este hecho es muy útil de cara a mostrar a la gente, por ejemplo, formas de superar una zona determinada en el juego o de que quede inmortalizado al instante y con comentarios esa chilena que nos salió en FIFA desde el medio del campo y que nadie cree que hiciéramos.

Por terminar con el tema del poder de la nube y el rendimiento de la máquina os avisamos que para notar que Xbox One pierde algo de velocidad o incluso colapsarla momentáneamente tenemos que someterla a pruebas de estrés propias de una tortura medieval: nosotros solo lo conseguimos abriendo varios juegos a la vez y tratando de jugar a la expansión de un juego que funcionaba sin el original, instalando al mismo tiempo el original (y lo único que conseguimos fue atascar puntualmente una cinemática). Así que en este punto no debéis preocuparos en absoluto por Xbox One.

Interfaz

Todo este carácter social y su agilidad podría quedar en nada si la organización de la consola no fuera la adecuada pero no es el caso. Xbox One es, a nivel de interfaz, tremendamente continuista con respecto a Xbox 360, lo cual es una alegría, pues los menús en la anterior consola ya estaban organizados con mucha lógica en sus últimas actualizaciones.

La administración de la interfaz funciona por ventanas que tienen su propia imagen para que las podamos distinguir. Tiene un aspecto muy similar al de Windows 8 por si queréis sacarle una analogía válida.

Pero lo mejor sin duda es que, estemos donde estemos en los menús de la consola, simplemente pulsando el botón de Xbox, esta nos volverá al inicio de la misma en el acto y dejando la ventana central para el último proceso que estuviéramos haciendo, por ejemplo, ver en la tienda las películas que podemos ponernos. 

Esto va a más gracias a Kinect pues si nos aprendemos los muchos comandos de voz que tiene la consola de nueva generación de Microsoft, descubriremos cómo podemos llegar a la zona que nos dé la gana simplemente diciéndoselo a Kinect.

Kinect

Kinect, la cámara de detección de movimientos de Xbox, ha sufrido a su vez una remodelación que se nota a nivel de diseño pero también funcional. La cámara responde tremendamente bien a nuestros movimientos y comandos de voz siempre y cuando, claro, la hayamos configurado perfectamente (proceso simplísimo y que no nos llevará más de un par de minutos).

Lo que todavía no podemos corroboraros al cien por cien es sí por fin Microsoft va a darle un uso predominante dentro de los juegos de la máquina (al menos en lo que a sus exclusivos se refiere). Hemos visto casos ya como en Kinect Sports Rivals donde ha funcionado a la perfección (mucho mejor que en Xbox 360) o Crimson Dragon que no es un juego de corte casual. Pero de momento, con respecto a estos juegos más tradicionales, la incidencia de Kinect es meramente anecdótica.

Hay que estar tranquilos, sin embargo, puesto que suponemos que ya que Microsoft ha tomado la decisión de que sus consolas carguen sí o sí Kinect, será un enorme fomento de cara a los desarrolladores first party y más que seguro una exigencia para ellos.

La fórmula puede darle muchos puntos a Xbox One a su cuenta si además de un uso activo de Kinect, conjugan este con un uso activo de Smartglass, la tecnología por la cual podemos utilizar nuestro smartphone o tablet (siempre que sea compatible), como un periférico más de la consola. El futuro está por ver en este aspecto.

Pero Xbox One no es solo continuista, para bien, en su interfaz sino también en su sistema de servicios en línea. Microsoft vuelve a apostar exactamente por el mismo Xbox Live que ya imperaba en su consola anterior. Es exactamente lo mismo, por lo que pagamos una cuota para poder jugar en línea y disfrutar de todas las características en red de la consola. Además, podemos abrir sin ningún problema ni proceso, la cuenta que ya tuviéramos en Xbox 360 en One, pasando el Live en caso de que lo tuviéramos contratado.

El mando de Xbox One

Dejamos para el final, una de las cosas que a buen seguro más os interesan y que vuelve a ser de lo mejorcito en la máquina: el mando. Podríamos entrar en discusión pero hay un consenso más o menos aceptado de que el mando de Xbox 360 es probablemente el periférico más ergonómico de la historia.

Bien, pues con esta premisa aceptada os diremos que el mando de Xbox One ha llegado para arrebatarle el trono. ¿Por qué? Porque es prácticamente el mismo, mejorando los aspectos que más se le criticaban a su predecesor.

El primero de ellos, la cruceta, que ahora está perfectamente entallada en el mando y responde con claridad a nuestros mandatos y no hace diagonales cuando a él le place pero a nosotros no. Evidentemente, este control ya no es activo porque los juegos han evolucionado de tal manera que nos es más cómodo hacer uso únicamente de los sticks. Estos sticks vuelve a tener una disposición muy cómoda estando el de la izquierda muy por encima del de la derecha lo que es tremendamente cómodo de cara a los shooters.

Por otro, el botón de Xbox está mucho más alto, fuera del alcance de los sticks y no es nada pronunciado, por lo que es absolutamente imposible que lo pulsemos a menos que lo queramos pulsar. Además, los botones ya no tiene un tacto tan suave, hacen "clack" al pulsarlos al máximo y se nota que la sensibilidad ha mejorado enormemente (lo mismo se puede decir de los gatillos, que tienen algo más  de recorrido incluso).

¿Qué es lo peor del mando de Xbox One? Que ahora mismo vaya a pilas y no tenga la posibilidad de cargar una batería propia al mando simplemente desde el USB de la consola. Otro tema sería el de que no haya compatibilidades con el mando de Xbox 360 cuando su disposición es exactamente la misma que el de One.

Conclusión

Xbox One es buena muestra de lo que nos va a ofrecer la nueva generación de consolas. Pese a que inicialmente podamos pensar que el salto técnico no es tan grande como el que se produjo en otras generaciones, las ideas que tiene la consola y, sobre todo, el rendimiento y la brutal agilidad con la que se mueve Xbox One, son sus grandes bazas. Además de su carácter social, multitarea y Kinect. Estamos ante una consola sobresaliente que ha mejorado todo lo mejorable del concepto Xbox 360 y que puede convertirse en la máquina en torno a la que vertebrar absolutamente todo nuestro entretenimiento multimedia (no solo el jugar), si los servicios y operadoras adaptan sus precios al sistema.

Terminamos de momento nuestro análisis de Xbox One pero, no dudéis en preguntarnos cualquier duda en los comentarios de AlfaBetaJuega que tengáis sobre la consola y que no hayamos aclarado. Estaremos pendientes e iremos a catarlo a Xbox One si es necesario. Además, cuando la tengáis en casa, venid a contarnos vuestras impresiones a AlfaBetaJuega que estaremos deseando escucharlas. 

Néstor García

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