Análisis de Xenoblade Chronicles 2 – Una gigantesca aventura en tamaño portátil

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Nintendo Switch no quería llegar a 2017 sin hacer un último gran lanzamiento antes de cerrar el año. La consola, que no lleva ni 12 meses entre nosotros, puede presumir de haberse preparado un catálogo bastante grande e interesante para todo tipo de jugadores. Sin embargo, no podía despedirse de este año sin dar una puntillita más, un último y titánico toque con el que rematar diciembre.

Xenoblade Chronicles 2, ese es el nombre de su última gran apuesta para el 2017 que estamos a punto de despedir. La consola se lanza al género RPG para traer de vuelta una experiencia que muchos pueden señalar como similar a la del primer Xenoblade, a la del joven Shulk que vimos blandiendo la Monado en tiempos de Wii. Descartad el planeta Mira y su brutalidad hecha escenario porque esta vez nos lanzamos a un esquema más fiel a las guías del rol nipón tradicional.

Más magia y fantasía de la mano de una Monolith Soft que se recrea gustosamente con cada paso que el jugador da en la aventura de Rex y compañía. Un videojuego enorme, cargado de horas y con un estilo oriental a derrochar por los cuatro costados y del que os vamos a hablar en profundidad tras habernos perdido durante horas y horas en él.

La historia de Xenoblade Chronicles 2 nos mete en la piel de Rex, un joven buzo que, por azares del destino acaba convirtiéndose en el piloto de Pyra, una Blade a la que todos conocen como la Égida. A raíz de este encuentro entre ambos y de esta relación tan especial que los une, ambos parten en busca del Elíseo, lugar donde se encuentra el Árbol de la vida y que se convierte en la última esperanza de la humanidad y todas las razas que conviven con ella.

Pero para explicar esto mejor hay que retroceder un poco más. Todos los seres vivos vivían en el Elíseo hasta que, un día, el Arquitecto los echó y los condenó a vivir sobre unas gigantescas criaturas llamadas Titanes que, como toda forma de vida, acaban pereciendo con los años. Su ciclo de vida se convierte en una contrarreloj para sus inquilinos, ya que bajo estos gigantes lo único que hay es un mar de nubes totalmente inhabitable.

Con esta meta, el joven y su nueva amiga parten para tratar de poner fin a este problema para la humanidad. Por el camino conocen a infinidad de personajes, como también a enemigos… y no podemos decir mucho más para no destripar nada del argumento, ya que es uno de los puntos más fuertes del videojuego. Puede que caiga inevitablemente en los grandes estereotipos de la animación y la narrativa japonesas, pero lo cierto es que sus protagonistas se desarrollan de manera sólida, incluso a veces se salen un poco del cerco japonés en diálogos y escenas importantes (algunas de estas, realmente espectaculares). No hay que dejarse engañar por esa apariencia tan anime que tiene ni por los arquetipos que comienzas a ver al principio porque hay mucho más detrás de todo.

Así, tu objetivo es ir cumpliendo una serie de misiones principales para ir avanzando por los diferentes capítulos que dividen el argumento. Lo cierto es que no es nada recomendable ceñirse solo a la historia principal, y es que Xenoblade Chronicles 2 tiene preparadas muchísimas secundarias perfectas para perder las horas yendo de un lado a otro. Algunas pueden ser realmente aburridas, sobre todos las de “recadero”, pero otras te sirven incluso para conocer mejor a los Blades que te cruzas por el camino, o hasta para mejorar una ciudad.

Hablando de Blades, estos son el pilar base de toda la jugabilidad. Son unos seres artificiales que se encargan de dar las armas a los personajes (cada uno puede llevar hasta 3 blades a los que se vincula nada más liberarlos) y también sus habilidades (Artes), todo esto definido por el elemento al que son afines y el rol al que pertenecen. Hay determinadas excepciones con esta mecánica, como el caso de Tora y Poppi, pero es la fórmula que encuentras durante toda la partida.

A partir de ahí, todo se ramifica en habilidades, equipamiento y lo que puedes esperar de cualquier videojuego RPG. Estas armas vivientes se obtienen de forma totalmente aleatoria a través de Cristales Primordiales. Es un sistema que recuerda a las cajas de botín, incluye hasta otras Premium con más posibilidades de obtener a un ser especial; pero totalmente gratuitas. Hay muchos por obtener, y resulta incluso emocionante ese momento previo a ver qué te puede tocar. Aunque cuando te topas ante el millonésimo Blade genérico comienzas a perder la paciencia.

Los personajes, esta vez, carecen de personalización alguna. La variedad de diseños la aportan sus compañeros, estos seres artificiales tan importantes para el juego. Bien es cierto que esto no les quita la posibilidad de desarrollarse también y equiparse objetos para contar con bonificaciones, pero el peso no recae sobre ellos.

Lo que importa, por si no había quedado claro, son los Blades. Si quieres cambios de peso debes ajustarlos a ellos. Una mejora de arma requiere usar un chip primordial; una mejora de estado el refinado de un núcleo auxiliar y el desbloqueo de pasivas y otras habilidades una mejora en la afinidad. Este último punto, además, se desarrolla a través de una serie de desafíos introducidos en el juego. Algunos bastante complicados, como acabar con monstruos concretos, y otros tan sencillos como hablar con un número determinado de personas.

En cuanto a su mundo cumple con lo que podrías esperar en un videojuego de la marca Xenoblade. Los paisajes se mezclan para dar pie a instantáneas de todo tipo, aunque la escala de Xenoblade Chronicles X sigue pareciendo mucho mayor y, sobre todo, más conectada. La gran desventaja de que todo transcurra a lomos de titanes es que se restringe aquello que hacía tan especial al juego ubicado en el planeta Mira. ¿Peor? No tiene por qué, pero desde luego es una diferencia que se nota cuando acumulas horas.

Aún así, la interacción ha dado un notable salto de calidad. Para empezar, se han introducido las Competencias, un sistema por el que los Blade llevan a cabo determinadas acciones sobre el entorno. Desde generar bloques de hielo hasta descifrar un texto antiguo o cocinar un poco, son interacciones que en ocasiones requieren de la colaboración de varios y que te obligan a revisitar ciertos lugares para poder avanzar por esa zona donde antes no podías. Es una buena manera de alimentar la curiosidad, pero sobre todo de invitarte a descubrir más y más rincones.

No es el único cambio introducido con respecto a lo que te rodea. Se ha implementado un sistema de mareas que influye en las zonas a las que puedes acceder, como también la posibilidad de hacer que las ciudades evolucionen, incluso hacerte dueño de alguna tienda. Hay numerosos núcleos urbanos que han pasado de ser un mero lugar de paso a convertirse en otro elemento más al que ayudar a crecer para que, a su vez, beneficie a tu equipo. Una ciudad mejor implica mejores tiendas, y mejores tiendas implican mejores objetos. Suena a círculo vicioso, pero qué vicio más sano.

Por lo demás, los escenarios siguen plagados de criaturas de todo tipo que vagan por ahí con total libertad. El único inconveniente de esto es que, mientras te enfrascas en una batalla contra un par de enemigos, puede aparecer otro que sea 40 niveles superior y acabe con todo de un plumazo. Hay que andarse con ojo, y también tomárselo con paciencia porque hay comportamientos de todo tipo, y llamar a refuerzos constantemente puede hacer que un combate se alargue mucho más de lo que imaginas.

Que sucedan este tipo de cosas no implica que la dificultad sea excesivamente elevada. Lo cierto es que las sesiones de “farmeo” y “grindeo” son mucho menos necesarias aquí que en cualquier otro juego del género, como también que la curva de dificultad está bastante bien ajustada. Las diferencias de niveles con enemigos superiores son algo que se nota, aunque sí sacas partido al sistema de combos puedes salir airoso de más de una pelea por mal que estuvieran las tornas.

Porque sí. Hay combos. La barra horizontal de los Xenoblade Chronicles ha desaparecido para ceder paso a un sistema mucho más directo de botones (Artes) y direcciones (Blades) y, aunque se ha conservado el ataque automático y los QTE, todo lo relacionado con la batalla se ha modificado casi por completo. Es mucho más divertido y exige más atención para coordinar a los miembros del equipo y encadenar golpes cada vez más desvastadores. Pero es que, además, hacer las combinaciones sirve para ganar más tiempo cuando se realicen ataques conjuntos. Todo se realimenta para obtener como resultado un sistema tremendamente satisfactorio. Difícil al principio, pero rápidamente asumible y efectista.

En lo referente a lo que entra por los ojos y los oídos en Xenoblade Chronicles 2, lo cierto es que en Modo TV es brutal. Puede que se haya perdido la sensación de escala de su antecesor, pero la riqueza de los diseños tanto de escenarios como de criaturas confluye de forma excepcional. Resulta chocante al principio toparse con personajes tan “anime” rodeados de un mundo que aspira al realismo, como también ese doblaje inglés que no encaja o esas animaciones tan mecánicas en algunas secuencias; pero por lo demás cumple con nota.

El problema viene cuando juegas en Modo Portátil. Llevarse a Rex y demás contigo es algo sensacional, pero tiene un precio demasiado elevado. La resolución a veces cae demasiado, como también la tasa de fotogramas por segundo. Y lo peor es que lo hace sin sentido alguno, ya que escenas con mayor carga pueden verse mejor que otras con menos. Parece que en este sentido se necesita un parche que remate esos cabos sueltos.

Hemos señalado el doblaje al inglés como algo negativo (gana muchísimo con las voces japonesas), pero eso no quiere decir que su banda sonora vaya por los mismos derroteros. De hecho, las composiciones de Xenoblade Chronicles 2 son de lo mejor que vas a escuchar en este mundillo. Irradian esa magia que impregna a la atmósfera de Alrest, acompañan a la perfección cada momento y encajan con el mundo que tienes ante tus ojos. Es muy difícil hacer algo así, pero la inmensa mayoría de temas que suenan son realmente memorables.

Jugabilidad: Monolith Soft se ha mantenido fiel a varios elementos del sistema de combate, pero se ha envalentonado con los suficientes cambios para darle un aire de novedad. La implementación de los Blades y todo el sistema que traen consigo cambia por completo los esquemas, consiguiendo algo mucho más interesante y repleto de posibilidades. Todos sus elementos requieren un buen tiempo de aprendizaje, pero una vez dominados son una delicia.

Gráficos: Un salto de calidad total tanto en efectos como en secuencias importantes. Alrest está plagada de paisajes que lucen fenomenal en la pantalla de la televisión pero que no terminan de brillar en la pantalla portátil. Necesita un buen empujón cuando Switch se encuentra fuera del Dock.

Sonido: La banda sonora ensombrece por completo y logra incluso que olvides lo mal que suenan algunas voces en inglés. Los temas ideados por el equipo de Mitsuda, ACE y el resto de compositores son una auténtica joya que remata un apartado donde la única pega se encuentra en un idioma. Si no te importa no entender lo que oyes, lánzate a por el japonés.

Duración: Completar la historia puede llevarte más de 90 horas con que te despistes un poco. Añade una ingente cantidad de secundarias, Blades por obtener y mejorar a través de un sistema de desafíos e incluso la capacidad para hacer evolucionar las ciudades y tienes un conjunto que supera el centenar con holgura.

Conclusión: Xenoblade Chronicles 2 es el adiós perfecto a 2017. Nintendo Switch ha comenzado su noveno mes de vida con un videojuego a la altura de la compañía que hay tras él. Recupera la magia del primer juego de la saga e incluso lo supera en varios aspectos, pero por otro lado pierde un poco la grandeza de lo visto en Wii U con X. Sin embargo, es algo que se te acaba olvidando cuando te das un par de paseos por Alrest. Engancha, entra por los ojos y se clava en tus manos como muy pocos RPG han sido capaces de hacer hasta ahora.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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