Un bebé resbaladizo

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Muchos de nosotros recordamos con añoranza la época dorada de Nintendo, una etapa en la que la compañía nipona desarrollaba juegos que prácticamente nacían considerándose ya clásicos. Y es que, el día que Super Mario World 2: Yoshi's Island salió a la venta, hace ya 20 años, muchos seguidores del fontanero dudaron por el cambio de mecánica jugable que sufrió la saga, sin embargo, eran tiempos mejores y el resultado fue un título inolvidable, atemporal y brillante que se recuerda con la ilusión y el cariño que, lamentablemente, Yoshi's New Island para Nintendo 3DS nunca llegará a tener.

Expectación no le ha faltado a esta nueva entrega que pretendía rescatar la magia que hacía brillar al Yoshi's Island original, ya que, tras una esperada y algo decepcionante versión que se lanzó para Nintendo DS bajo el nombre de Yoshi's Island DS, Nintendo prometió volver a recuperar a los fans de la serie con una nueva entrega para Nintendo 3DS que retomase la esencia de la primera obra. Una entrega que nos trajese de nuevo todos aquellos buenos momentos que la saga se dejó en el camino y que volviese a arrojar luz a uno de los plataformas más incorruptos al paso del tiempo que jamás ha existido, devolviendo así la vida propia que movía a la entrañable pareja que hacen Yoshi y bebé Mario.

Por desgracia, nada más lejos de la realidad, Yoshi's New Island es un título que puede llegar a guastar a algunos y sobre todo entretener, pero en absoluto la joya que Nintendo podía haber pulido en esta generación de portátiles. Mucho menos una entrega que pueda honrar a la original, ya que no aporta nada nuevo, ni rescata aquellos detalles que hicieron triunfar a Super Mario World 2: Yoshi's Island.

Podemos pasar un buen rato jugando a Yoshi's New Island y disfrutar moderadamente, ya que, difícilmente un plataformas sencillo llegado de la mano de Nintendo podría hacernos soltar la consola por tedio. Aún así, no tengáis la menor duda de que vais a echar de menos la inspiración que irradiaba la obra de Nintendo EAD en prácticamente todos sus apartados, el reto que acentúe la picardía del jugador, la dificultad, el ingenio y sobre todo la magia que solía vestir de pies a cabeza a juegos como este.

Centrándonos en los diferentes apartados que definen esta entrega, empezaremos dejando claro que, como en el resto de títulos de esta índole, el argumento no es más que una mera excusa que abre y cierra una historia en la que los protagonistas son los saltos, los enemigos y los coleccionables. Sin embargo, vamos a hablar de qué es lo que mueve a Yoshi a transportar a este jovencísimo Mario en sus espaldas a través de los peligrosos escenarios de la pintoresca isla donde habitan estas coloristas criaturas. Todo comienza con una cigüeña cuyo cometido es llevar a los bebés hermanos, Mario y Luigi a sus padres, con tan mala suerte de que, al llegar a su destino, no son los padres de estos dos pequeños quienes vivían en la dirección a la que el ave se dirigía.

Lejos del camino correcto, el malvado brujo Kamek aparece de la nada y decide aprovechar este despiste para raptar a los bebes que la cigüeña debía transportar a sus hogares, pero solo es Luigi quien finalmente resulta ser raptado por Kamek, por lo que Mario logra escurrirse cayendo del cielo sobre una isla habitada por los Yoshis, que a su vez, se ve asolada por la tiranía de bebé Bowser. Es ahora cuando estos entrañables saurios deciden ponerse en marcha para ayudar al pequeño Mario a rescatar a su hermano perdido y así terminar el trabajo que la cigüeña comenzó.

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A partir de ahí, damos directamente el salto a la jugabilidad, la cual se expone bajo un sistema de juego heredada del original, pero pronto descubriremos que a pesar de tener en base los mismos medios y habilidades que poseíamos en Super Mario World 2: Yoshi's Island, el entorno no nos deja explotarlos de una forma que consiga engancharnos como debería. En la piel de Yoshi, podemos sacar nuestra larga lengua para atrapar a nuestros enemigos para así volverlos a escupir y emplearlos como arma a distancia.

También podemos convertirlos en un huevo que podremos almacenar en una fila de hasta seis y que además podremos lanzar mediante una mira móvil en forma de línea discontinua para destruir objetivos o activar mecanismos fuera de nuestro alcance. Como no, el protagonista es el salto, que como muchos sabéis, este personaje puede alargar unos segundos impulsándose en el aire. 

Como último detalle compartido con sus antecesores, el sistema de daños también es heredado. Este consiste en lograr alcanzar a bebé Mario cuando empieza flotar en una burbuja cada vez que recibimos daño, para recuperarlo tenemos por defecto diez segundos antes de perder una vida, aunque el rango temporal puede ser ampliable hasta treinta segundos. Respecto a las novedades de esta entrega, existen un par de detalles como las transformaciones de Yoshi y los huevos gigantes que amplían nuestras posibilidades pero que más que nada funcionan como elemento ineludible que no termina de aportar posibilidades a la jugabilidad en sí.

Por un lado están los huevos gigantes. En el caso de los de apariencia normal, serán los que emplearemos o bien para destruir el escenario y alcanzar monedas y coleccionables que no podamos conseguir de otro modo. Luego están los huevos metálicos, que además de realizar el mismo lanzamiento destructivo que los gigantes normales, serán los que obtendremos cuando nos acerquemos a una zona inundada del nivel y nos permitan quedarnos en el fondo del agua sin emerger.

En cuanto a la segunda novedad destacable, se presentará a lo largo de varios niveles en forma de portales que nos teletrasportarán a una especie de nivel extra o bonus, en los que Yoshi se transformará en distintos vehículos y objetos tales como un submarino, un helicóptero e incluso en una taladradora. En estas secciones, el sistema de control se basará en el movimiento de la consola, sin embargo no dejarán de ser secuencias jugables algo anecdóticas que aportan un poco de variedad al título a falta de estar bien integradas en cada nivel.


A pesar de todo, el ritmo de juego va mejorando de una forma bastante notoria nivel tras nivel, aportando así una gran variedad de entornos a lo largo de ocho mundos con seis niveles cada uno de ellos. Si es cierto que nuestro principal cometido en Yoshi's New Island será el factor coleccionismo, ya que debido a una curva de dificultad que parece adaptada a jugadores que jamás hayan tocado una consola, el reto se basará en la exploración y la observación a la hora de encontrar todos y cada uno de los objetos coleccionables. Estos objetos se dividen en veinte monedas rojas, no hay que perder menos de treinta segundos restantes en el temporizador de daños y encontrar las cinco flores ocultas en cada nivel. De este modo podremos alcanzar el cien por cien del juego y encontrar el que podría ser el mayor atractivo de este título.

De cara a los jefes finales, hemos de decir que la gracia que los suele caracterizar como la mecánica a la hora de abatirlos, la dificultad así como el desafío que supongan y el buen gusto en sus diseños brillan por su ausencia en Yoshi's New Island. Jefes de lo más simples que eliminaremos de tres golpes los cuales difícilmente nos llevará más de un minuto en ejecutarlos. En definitiva no son memorables, no suponen un desafío y no divierten, aún así, si no estuvieran, nos faltaría algo…

Hay otra novedad que no podemos dejar atrás, la cual funciona más como extra, ya que la encontraremos en el menú principal del juego. Se trata de un modo multijugador en el que una serie de minijuegos competitivos que iremos desbloqueando a lo largo de la historia nos enfrentaran a otro jugador de forma local sin necesidad de que este posea el cartucho del título. No deja de ser un detalle que se agradece pero que no invita realmente a utilizarse ya que ofrece una experiencia pasable, y de nuevo, nos vuelve a arrollar esa sensación de falta de inspiración.



El apartado gráfico de Yoshi's New Island es sin duda su mejor baza, un diseño artístico muy acertado y atractivo que imita técnicas pictóricas realizadas a lápiz realmente bien recreadas. Además, los escenarios lucen de un modo mucho más resultón si le sumamos el efecto 3D que, como en la mayoría de juegos, nos separa la plataforma de nuestro plano del fondo del escenario creando una sensación de profundidad que parece que Nintendo ya ha conseguido dominar a la perfección. Si es cierto que todo luce menos caricaturesco que en el original, y esto es debido a que en este título se ha prescindido del borde negro que contorneaba cada elemento del escenario como sucedía en Super Mario World 2: Yoshi's Island, pero aún así, en términos generales, el apartado técnico es bastante bueno.

Alejándonos de lo visual y refiriéndonos a lo que el apartado técnico puede ofrecernos respecto a la jugabilidad, hay que decir que el juego funciona a una fluidez pasmosa, con o sin el efecto 3D. El movimiento de cada elemento en pantalla es suave y no hay nada en este aspecto que pueda llegar a chirriar en ningún momento por lo que la experiencia de juego será en todo momento de una calidad sin altibajos.



El apartado sonoro de Yoshi's New Island es uno de esos temas que mejor dejar a un lado, y no por que sea malo, ya que no desagrada hasta ese punto, pero acostumbrados a las pegadizas y memorables melodías que podíamos escuchar en el título original, la banda sonora de esta nueva entrega resulta tan olvidable y pasable que no hará que prestes atención en ella en ningún momento. Totalmente carente de personalidad y sin ningún aspecto destacable. Simplemente, cumple a la hora de hacer compañía al nivel.

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VALORACIÓN FINAL

Jugabilidad: 
Tiene una buena base y entretiene por su sencilla mecánica, pero es prácticamente imposible ignorar la falta de inspiración que irradian los primeros niveles y la ausencia de desafío, sobre todo, para aquellos que tengan como referencia el original.

Gráficos: Pocas pegas se le pueden poner al apartado técnico. Nintendo ha sabido adaptar el estilo gráfico de Yoshi's Island a los tiempos que corren, consiguiendo que luzca de maravilla y haciendo que sea su imagen lo que termine atrayéndote a echar una partida más, en lugar de su jugabilidad.

Sonido: Simplemente cumple su función, hace que no nos sintamos incómodos al jugar a un juego en silencio, pero nada más. Esta vez no vamos a tararear nada ni recordaremos melodías que puedan resultar pegadizas durante la partida.

Duración: La duración encaja perfectamente con el tipo de juego que es, nada menos que ocho mundos con seis niveles cada uno en los que debemos encontrar un número determinado de objetos ocultos, coleccionar monedas y alcanzar la meta sin haber recibido daño alguno, ahí está el desafío de Yoshi’s New Island.

Conclusión

Definitivamente Yoshi’s New Island no era el juego que todos esperábamos. Un juego que bebe tanto de una joya como Super Mario World 2: Yoshi's Island, que es imposible no compararlo, y ahí es cuando nos damos cuenta de todo lo que le falta a Yoshi’s New Island. Como plataformas no está mal, entretiene y su apartado gráfico es muy atractivo, además, si nunca has jugado al original, seguro que te gusta. Sin embargo, si eres de esos jugadores que añoran su antecesor y esperaban el retorno de esta pareja tal y como la conocían, no podrás evitar echar de menos lo que un día fueron. Mi consejo, no os toméis Yoshi’s New Island como un reto, si no como un bonito viaje en el que nos mueva el coleccionismo y las ganas de ver algo nuevo nivel tras nivel.

José Ángel Silvera Moreno

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