El primer paso de un largo viaje

Aunque la fama de las principales sagas niponas de RPG les precede, para el jugador aficionado a este género hubo, hay y seguirá habiendo vida más allá de Square Enix. Por ejemplo, en Falcom, creadores de una de las series de juegos de rol de acción más importantes de Japón y de mayor relevancia en los PCs nipones. Ys: The Vanished Omens es el comienzo de la historia de Adol Christin, que dura ya 30 años.



Hay algo muy característico en los juego de rol japoneses, y eso que solo conocemos de ellos una ínfima parte. Para empezar, el contacto lo hemos tenido tarde y en consolas, cuando ya hay aventuras de este tipo que se gestaron en los ordenadores personales. Es verdad que las más influyentes han acabado por llegar a occidente y ser de sobras conocidas por todos. Sí, son esas que estás pensando. Y sin embargo, poco se le reconoce a Ys su importancia en ayudar a gestar la vertiente más afín a la acción en los JRPG sin renunciar a los valores y factores que lo hacen especial. Es más, junto a la necesaria ambientación de corte europeo, la presencia de variados enemigos fantásticos, la mejora de equipo, la exploración, el farmeo y el uso de determinados objetos clave para progresar de manera óptima, Ys también parte una lanza por dar peso a la narración de una trama principal en un juego que sobre el papel es más de acción.

Dado que este año llegará a las tiendas occidentales Ys VIII: Lacrimosa of Dana para PlayStation 4, PlayStation Vita y PC, y que recientemente la desarrolladora Falcom salvó de ir a parar al contenedor a varios discos originales del primer Ys, pensamos que esta entrega original merece algo de cariño. Cierto, no es un juego cómodo a día de hoy debido a su peculiar control y elementalísimo sistema de combate, pero tiene una serie de detalles a los que merece la pena prestar atención. Y al fin y al cabo, la aventura es la aventura.



El hechicero Dark Fact acecha en las tierras de Esteria que una vez estuvieron bajo el dominio del mitológico reino de Ys y la protección de sus deidades, pero tanto ellas como el reino desaparecieron hace mucho tiempo. Sin embargo, la llegada del espadachín Adol Christin a Esteria tras sufrir un naufragio es providencial para la vidente Sarah, quien le encarga recuperar los 6 antiguos libros de Ys y liberar a las diosas para obtener el poder que permitirá derrotar a Dark Fact y evitar que conquiste el mundo.



¿Puede haber en 1987 un action RPG tal y como los conocemos a día de hoy? Sí y no. Ys I: Ancient Ys Vanished, o Ys: The Vanished Omens, como se publicó en Norteamérica para Master System un año después y con una portada fea como un demonio pero extrañamente fiel, es la primera entrega de una saga abonada a este género gestada primero en los PC y luego portada a consolas como Famicom, TurboGrafx CD o Saturn. Y ciertamente es un RPG que abandona la mecánica habitual de lucha por turnos en la que el jugador es encarado al enemigo y decide la acción que llevará a cabo a continuación. En ese aspecto, Ys es mucho más directo, pero sobre todo mucho más simple y por ello también más extraño.

En Ys, el pelirrojo sprite del espadachín Adol, el protagonista recurrente de la saga (incomprensiblemente rebautizado como Aron en la versión inglesa) se mueve en un mundo visto desde una perspectiva superior que puede recorrer de pueblo en pueblo buscando información y equipo, luchando con bandidos y monstruos en las afueras de la civilización y recorriendo mazmorras para obtener objetos clave y derrotar a jefes. Hasta se podría pensar que Ys es un juego que busca imitar a Zelda. Nada más lejos de la verdad, y es que es aunque es innegable la influencia del juego de Nintendo en el género, Ys tiende un puente con el RPG tradicional haciendo de vehículo para el progreso de una historia que se va desarrollando conforme nos vamos enterando por boca de los varios PNJs.

Pero sobre todo, la grandísima diferencia entre Ys y Zelda es que Ys no tiene un botón un ataque para Adol. Los dos botones de acción de la Master System se usan meramente para aceptar y cancelar, y para acceder al menú del juego. El combate de Ys se rige por el menos es más, y funciona de una manera tan elemental como es lanzando a Adol a tumba abierta. Para ello, previamente el espadachín ha de tener equipada una espada, y preferiblemente, también armadura y escudo para poder soportar castigo. Cuando el sprite de Adol choca con el de un enemigo, las armas chocarán de manera automática y Adol causará daño, pero con algo de truco.



Y es que para que el golpe sea más efectivo, el choque no ha de ser totalmente directo, sino que el sprite ha de rebasar preferiblemente al otro para evitar su impacto. Es un sistema que es en cierta forma parecido al de Joust, la recreativa de Atari en la que se realizan justas sobre avestruces voladoras (en serio, y además es todo un clásico) de manera que gana el guerrero que embiste con la lanza a mayor altura. En Ys, lo importante es buscar los flancos y la retaguardia, pero si hay que golpear de frente, mejor tratar de evitar un impacto directo. Sobre todo porque no hay uso de objetos consumibles en este juego.

Es verdad, en Ys no hay pociones curativas ni hierbas ni nada por el estilo para poder restablecer nuestra barra de salud. No los hay porque no hacen falta, Adol está tan curtido que solo con tomarse un respiro en una zona libre de monstruos y a poder ser fuera de una mazmorra, regenerará su propia salud hasta devolverla al máximo. Pese a ello, Ys es un juego que no es precisamente fácil. Su desarrollo sigue las pautas de los RPG al uso, y eso implica una fuerte carga de grind, o lo que es lo mismo, la rutina de tener que matar monstruos a tutiplén para poder alcanzar varios niveles que nos den una mayor seguridad a la hora de enfrentarnos a los jefes. Y es que sin poder realizar acciones y teniendo que lanzar a Adol a lo kamikaze para librarnos de ellos, subir de nivel y ganar oro para comprar mejor equipo es algo vital.

Pese a ello, seguramente lo que ha hecho que el juego envejezca peor, hay algo en Ys que resulta atrayente e invita a seguir buscando los seis libros mazmorra tras mazmorra. Es una mezcla entre su colorido apartado gráfico, con unos diseños de personajes lo bastante reconocibles como podernos hacer la idea de con qué clase de bichos nos jugamos los cuartos, y una banda sonora sencillamente genial y bastante animada y moderna para ser una fantasía medieval, una marca de la casa que será sello distintivo de la serie y que en títulos recientes ha alcanzado niveles de verdadero regalo para nuestros oídos al tiempo que nos da un tremendo subidón de vitalidad. A este primer Ys le faltan muchas cosas, pero a cambio tiene otras como el segundo personaje principal de la saga, el brutote Dogi, que acabará siendo el mejor amigo y compañero de Adol. Tiene una historia que no es de premio y que obvia su prólogo dentro del juego, pero que no se limita a un par de párrafos en el manual de instrucciones para contarnos sus detalles, y sobre todo tiene ese regusto que ha hecho famosos a los juegos de rol japoneses, un savoir faire en varias áreas de diseño que les diferenciaba del rol occidental como agua de aceite en aquella época. Ys no es perfecto de ninguna manera, pero es un comienzo interesante para un viaje que se revelará como excelente con los años.

Juan Elías Fernández

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Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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