Avance de Detroit: Become Human – Revolución de metal y sentimientos

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Quantic Dream siempre ha sido conocida por buscar experiencias de juego en las que la narrativa sea el eje central. Todo gira en torno a la historia, a los personajes, a los acontecimientos mientras el jugador es quien se encarga de dar a la manivela que hace que el giro sea más rápido, más lento, se detenga o comience a girar al revés. Lo comprobamos con Heavy Rain y sus finales, con Beyond: Dos Almas y la relación entre Jodie y Aiden y lo vamos a ver a una escala superior en Detroit: Become Human.

Este título es lo próximo del estudio capitaneado por David Cage. Con PlayStation 4 como plataforma destino y la primavera del presente 2018 como ventana de lanzamiento, su idea es plantarnos ante una revolución que enfrentará a robots y personas que viviremos a través de tres personajes clave. La narrativa quiere volver a ser el punto fuerte, pero también la interacción con personajes y entornos, el realismo y, por supuesto, las consecuencias a nuestros actos. Sus creadores están dándolo todo para traer su trabajo más ambicioso a la actual consola de Sony, para que aquella Kara que vimos como una demo técnica de PlayStation 3 hace años traiga consigo un buque insignia para Quantic Dream.

Las líneas características de la compañía quieren seguir presentes, salvo que esta vez las ramificaciones del guion y las posibilidades aspiran a dispararse de forma exponencial. Sacar partido del nuevo hardware no es algo que se quiera limitar a mostrar algo más real y creíble, también a trasladarnos ante un mundo que nos absorba y que nos demuestre que todo lo que hacemos trae consecuencias, desde la decisión más pequeña y casi carente de importancia.

Durante los últimos meses hemos visto cómo las noticias relacionadas con los avances sobre la Inteligencia Artificial crecían como la espuma. La ciencia no deja de avanzar y la tecnología, por consiguiente, tampoco. Llegará un momento en el que los humanos estemos acompañados de entidades robóticas capaces de tener un raciocinio propio, un día en el que esos panoramas de ciencia ficción que hablaban sobre un futuro repleto de humanoides se haga realidad, y es a ese punto al que Detroit: Become Human quiere llegar para contextualizar su historia.

Realmente, Quantic Dream parece subirse a un carro más que rodado en esto del sci-fi; sin embargo, su traslado al papel de juego es lo que quiere aprovechar para dotarlo de un carácter diferenciador. La idea aquí es plantarnos ante tres personajes: Markus, la mecha y líder de una revolución que quiere conseguir la libertad de los androides para zafarse del yugo de los humanos; Connor, un robot detective que trabaja con la policía para resolver todo tipo de casos y especializado en negociar con criminales; y por último, Kara, una humanoide doméstica que se salta las normas para librar a una pequeña de los maltratos de su padre

Esta tríada protagonista es la que se encarga de llevar el peso del argumento. Son tres historias separadas, pero que poseen un punto de conexión, el desarrollo emocional y la respuesta frente a los actos de los seres humanos. Cada uno, evidentemente, lo lleva de forma bien diferente. Mientras que Markus es alguien capaz de cometer cualquier crimen con tal de conseguir ese futuro libertario, los otros dos son mucho más pacíficos… o no. Recordemos que, como ya hemos dicho, las decisiones del jugador juegan un papel clave en todo esto, hasta el punto de definir por completo el comportamiento de las figuras principales.

Nuestro papel a los mandos es el de hacer que la historia avance en función de nuestras decisiones. Podemos, prácticamente, montar la historia que nos apetezca con cada cosa que hagamos. Quizá la negociación con un androide que no está en sus cabales vaya mejor si dedicas un poco más de tiempo a investigar la zona del crimen, o puede que seas más una persona de acción y decidas plantarle una bala entre ceja y ceja para que deje de causar molestias; pero todo traerá consigo unas consecuencias que, a veces, serán totalmente inesperadas.

Todo cuenta, y para conseguir esta variedad el equipo de Quantic Dream ha tenido que trabajar muy duro. Ha quedado más que claro que es así, ya que, como han confesado en más de una ocasión, el guion escrito para Detroit: Become Human tiene miles de páginas repletas de texto. Puede sonar a algo descomunal, pero cuando tienes que estudiar cada variable y planificar hacia dónde llevan, incluso parecería escaso para todo lo que promete en cuanto a variedad de posibilidades. Está por ver hasta qué punto consiguen elaborar una historia repleta de bifurcaciones, hasta qué punto estás son numerosas y cuántos finales van a traer consigo; aunque ya señalan que van a ser muchos, muchísimos.

Con esto, lo que el estudio realmente quiere conseguir es que cada jugador escriba su propia historia. Trabajar tanto elaborando caminos distintos es la única forma de hacer que cada uno encuentre algo que se amolde a su forma de jugar o incluso de actuar, y no parece que vaya a haber muchas restricciones en este sentido. Puede que, a consecuencia de lo que hagamos, uno de nuestros personajes muera a mitad de partida; pero la historia seguirá adelante de otra forma, teniendo muy en cuenta esta pérdida y trayendo consigo un desenlace distinto. No tiene pinta de que vayamos a toparnos con dos partidas iguales, ni tampoco con tres, ni cuatro…

A esta diversidad de cara al jugador y al potente peso del argumento hay que añadir otro factor crucial para Detroit: Become Human: la credibilidad. La carga emocional, que apunta a ser una constante, se perdería por completo si el equipo de desarrollo no fuera capaz de conseguir algo humano, que resulte completamente real. De ahí que estén tan confiados de aprovechar hasta el último circuito de PlayStation 4, quieren que lo que veamos por pantalla nos impacte y nos sumerja de lleno en la historia que se nos cuenta, o más bien, que escribimos con nuestro mando.

Para ello, no solo se ha planteado una evolución gráfica más que evidente con respecto a sus predecesores, sino que también se ha apostado por la introducción de acciones gestuales que obliguen al jugador a usar el panel táctil del pad de PlayStation 4. Quieren romper con lo tradicional de los controles convencionales para que se consiga una mayor conexión con los personajes, para intentar que la interacción con entornos vaya más allá de menús y opciones. De hecho, uno de sus objetivos es conseguir un nivel de empatía tal que haya auténtica tensión en momentos cruciales, hasta el punto de que pensar seriamente qué hacer.

Esa libertad, junto con otros tantísimos aspectos, apunta a ser lo que defina a Detroit: Become Human y se convierta en su caballo de batalla. El jugador, tan habituado a experimentar y causar el caos en los mundos que aparecen en la pequeña pantalla, ahora va a toparse con algo que recaiga completamente en sus manos y que refleje cada acto. ¿Hasta dónde llegaremos en esta revolución robótica? Esta primavera lo averiguaremos.

Lo que Quantic Dream está preparando parece la evolución natural de su visión del videojuego. El estudio siempre ha apostado por la narrativa y poco a poco ha ido introduciendo más elementos que aporten variedad a la jugabilidad mientras los guiones ganaban en tamaño, variedad y mensaje, y Detroit: Become Human es otro peldaño más en su escalera, algo más elevado de lo habitual.

Nos intriga ver cómo se conectan y se desarrollan las situaciones de los tres androides, de Kara, Marcus y Connor; pero todavía nos queda un poco para poder averiguarlo. Afortunadamente, sabemos que el listón está muy alto, que sus creadores lo saben y que todo lo que enseñan apunta a superar con creces nuestras expectativas. Un juego mucho más libre, que plantee serios dilemas y que nos sumerja de lleno en su historia y en su mundo.

Ahora, la única pregunta que nos queda por hacer es… ¿de qué lado estaréis cuando comience esta revolución en vuestras PlayStation 4?

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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