La última frontera

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Parecía que los viejos simuladores espaciales que conocimos hace ya tres décadas eran cosa del pasado y allí iban a quedarse enterrados. Pero en la industria de los videojuegos jamás se puede dar nada por muerto. Bastaba con que alguien le picara la curiosidad por saber, con los recursos tecnológicos que hay hoy en día y con las posibilidad del juego online, cómo sería una nueva entrega de la saga Elite, una trilogía que sentó las bases de los simuladores espaciales. Elite era un juego que no solo impactó visualmente gracias a sus gráficos tridimensionales, sino que nos proponía un papel que iba más allá de pilotar naves mediante la posibilidad de poder establecer negocios con mercancías de diversos mundos.

Lo que en principio fue una trilogía acabó por dormir el sueño de los justos hasta que Frontier Software llamó a sus fieles a filas. Mediante un ambicioso proyecto, su campaña en Kickstarter para revitalizar esta serie con una cuarta entrega, se vio concluida con éxito tras reunir más de un millón y medio de libras con los que hacer realidad lo prometido. Y esto no era otra cosa que un título multijugador online en el que el cosmos sería nuestro patio de juego. A bordo de nuestra nave podríamos ser comerciante, pirata, cazarrecompensas o asesino. Ser honrado o jugar al margen de la ley es algo que queda a nuestra elección en nuestros viajes a lo largo y ancho de la Vía Láctea.

Ahora que la versión beta de Elite: Dangerous ya lleva un tiempo en marcha, es hora de ver si la promesa de Frontier Software tiene visos de cumplirse y ser el juego versátil de extensión astronómica, valga la expresión, que se nos vendió. Y vistos los resultados, Elite: Dangerous tiene pinta de poder llegar a ser eso y mucho más. Pero antes que nada hay que lanzar un aviso a navegantes: estamos ante un simulador espacial altamente hardcore, al estilo de los clásicos. Si alguien piensa que ser los reyes de la galaxia va a ser pan comido, pronto saldrá de su error por la vía dura.



Elite: Dangerous nos pone en la piel de un avezado piloto espacial del año 3300 a los mandos de su, en un principio, humilde nave y con unos pocos créditos en los bolsillos. A través del cumplimiento de diversos encargos que podrá encontrar al atracar en espaciopuertos o mediante transmisiones en las cercanías de algún sistema desarrollado, nuestros ingresos pueden ir aumentando y hacernos medrar en nuestra carrera. Esto nos permitirá renovar nuestra nave, tanto si es para reemplazarla por alguno de los numerosos modelos existentes como para reabastecerla y mejorarla con diversos módulos.

 

La nave, de hecho, es casi el verdadero protagonista de Elite: Dangerous. Basta con echar un vistazo a los controles del juego para entender que la cosa no se limita a acelerar, frenar, moverse y disparar. Numerosas opciones que para un primer contacto pueden resultar incluso abrumadoras, y que conviene tomarse unos momentos para ajustar a nuestro gusto y sentirnos cómodos cuando surquemos el espacio. En Elite: Dangerous disponemos de tres tipos de motores que nos harán movernos sobre los tres ejes posibles y permitirnos avanzar, girar o rotar por el vacío del cosmos. Por suerte, en los escenarios offline podemos familiarizarnos con el pilotaje y, de paso, ganarnos algunos créditos, que nunca vienen mal. Pronto aprenderemos que nuestra nave es más maniobrable cuando está al 50% de su velocidad máxima en condiciones normales. Pero si hemos de realizar un viaje largo, podremos entrar en un modo de velocidad aumentada que nos permitirá dar saltos de distancias increíbles, y que también tiene su propio manejo.

Algo que tendremos que tener muy presente también son los diversos paneles que muestra la interfaz de la nave. El que tenemos más a la vista está justo ante nuestros ojos, en el propio frontal, y en él veremos avisos de transmisiones entrantes o de los elementos próximos, denominados en el juego “contactos”. Estos contactos nos indicarán la presencia de naves, planetas, estaciones o algún otro punto de interés como zonas de conflicto. A nuestra izquierda tendremos un menú en el que podremos llevar a cabo acciones como el fijar como destino dichos contactos y desplazarnos hasta ellos, al igual que consultar las misiones que tengamos vigentes en el momento o escanear las naves que se nos aproximen. Y al lado opuesto podremos controlar algunas de las funciones de la propia nave, como la cantidad de energía que podemos destinar a motores o armas, el cargamento, gestionar mecanismos como el despliegue del tren de aterrizaje, o verificar el estado de nuestro vehículo estelar.

 



Pero el manejar nuestra nave no termina aquí. También podremos hacer algo muy propio de la serie Star Trek, como es el desviar energía a motores, escudos o armas para que éstos se restauren lo antes posible. Será crucial dominar esto en un combate donde el saber mantener nuestros escudos arriba para que el daño sea minimizado puede significar la diferencia entre la victoria y la estrepitosa derrota. Y es que el combate de Elite: Dangerous es intenso y ágil, tanto que tendremos que tener mucho cuidado con las maniobras del enemigo para evitar que nos gane la espalda y ser un blanco fácil. Si sus disparos consiguen penetrar nuestros escudos y hacer añicos el fuselaje de nuestra nave, se acabó todo. Pero como héroes del espacio que somos nos las apañaremos para caer de pie, hasta en mitad del cosmos, y seguir vivos para luchar otro día. Pero o bien dejándonos los valiosos créditos en reparar la nave, o quedándonos con una de gama baja, pero gratis.

A partir del momento en que nos quitemos los ruedines y nos lancemos a tumba abierta a la Vía Láctea, lo haremos para seguir el destino que queramos. Las misiones que nos ofrece Elite: Dangerous no tienen por qué ser muy ortodoxas, pero podemos ganar mucho dinero traficando en el mercado negro. O eliminando determinados objetivos. Pero si no queremos meternos en líos siempre podemos invertir nuestro dinero en comprar mercancías aquí y vendiéndolas allá como haría un buen comerciante. Hasta nos podemos dar a la piratería espacial. La elección es completamente nuestra.

 

El juego de mundo abierto en que se quería convertir Elite: Dangerous ofrece bastantes posibilidades, pero también requiere de algo de pericia. Por ejemplo, entrar en un espaciopuerto para repostar, comprar o buscar algún trabajo no es tan simple como entrar así como así. Hay que hacer las cosas bien hechas, y esto aumenta el realismo, si cabe la expresión, de este juego. Lo primero es localizar la entrada a los hangares para, a continuación, solicitar el permiso para atracar. Una vez concedido, debemos maniobrar a través de la apertura, acercarnos a la pista y, sin olvidar desplegar el tren de aterrizaje, posarnos suavemente. Este es solo uno de los casos que nos indica que en Elite: Dangerous todo tiene su proceder, y que si aspiramos a conocernos la galaxia como la palma de la mano tendremos que dominarlos todos.

 



Las cifras que aporta Frontier al respecto de la extensión de su obra son también estratosféricas. La beta lanzada en el mes de julio trajo consigo 55 sistemas estelares con una extensión de 38.000 años luz cúbicos, y se espera que esta cantidad vaya en aumento en futuras instalaciones. Contamos con decenas de modelos de naves y numerosos elementos de personalización. Y, por supuesto, podemos formar alianzas y facciones con los miles de jugadores que participan en ella. Recientemente, Frontier ha revelado que el juego tendrá un precio final de 49,99€, aunque podemos ahorrarnos parte al adquirir el pack de reserva en este enlace por 40€

Elite: Dangerous se lanzará definitivamente a la venta el cuarto trimestre de este año y, para entonces, el espacio estará más cerca que nunca.

Juan Elías Fernandez

Impresiones: ¿Alguna vez habéis conocido a una de esas personas de aspecto tosco pero buen fondo con las que da gusto tratar? El primer contacto con Elite: Dangerous es muy parecido. Su profundidad puede llegar a ser abrumadora, pero pasado el aprendizaje y cuando nos libramos de los complejos, la épica está servida. Con combates intensos, una gran libertad y la Vía Láctea disponible para movernos a nuestro antojo, ni siquiera el cielo es el límite.

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No te quedes solo en el juego:

Película: Serenity

Libro: Fundación y Tierra, de Isaac Asimov

Canción: David Bowie – Space Oddity

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